La tierra del chavico

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 5 de Mayo de 2017
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Me van a permitir ser hoy un poco travieso por identificar a Granada con la tierra del chavico. El origen de esta expresión no está muy claro, pero lo que sí se sabe es que chavico era como se denominaba en Granada al ochavo, una moneda de 10 céntimos de la malograda y a veces añorada peseta. Se dice que en el Día de la Cruz, la gente ya pedía desde el siglo XIX un chavico para la Cruz. La costumbre acabó generalizándose hasta tal punto que llegó a ser asfixiante para los ciudadanos por lo que a finales de ese mismo siglo se prohibió la fiesta.

Personajes tan famosos como el propio Federico García Lorca ayudaron a extender la idea de que Granada era la tierra del chavico a través de un artículo publicado por el periódico Sol en junio de 1936 en el que aseguraba que después de la Toma en 1492 el Reino de Granada perdió todo su esplendor  y riqueza: “fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre, acobardada; a una tierra del chavico donde se agita actualmente la peor burguesía de España”.

El hecho es que hoy en día, especialmente los granadinos reconocemos esa expresión como propia y si bien algunos, Lorca incluido, aluden a ella para criticar a las clases más pudientes por haber llegado a acumular fortuna a través del engaño a los demás, en realidad, seamos sinceros, todos los granadinos señalamos a la tierra del chavico cuando queremos reconocer que aquí somos tacaños o agarrados.

Lo que hace diferente al agarramiento del granadino con respecto al resto de los mortales es que da la sensación de que aquí, los tacaños no lo ocultan

Verán, uno que vino del País Vasco hace 15 años y ligado a esta tierra a través de sus padres durante toda la vida, que soy yo, y que quizá vea las cosas por ello con algo más de distancia, tiene que reconocer que la expresión es tan real en Granada como en el resto del mundo.

No es que aquí seamos muy engurruñidos, otra expresión por cierto adoptada por el granadino como propia. Vamos, que en Euskadi he convivido con amigos a los que les apretaba la vejiga justamente en el momento previo al pago de la cuenta en los bares, que llevaban las gafas pegadas con cinta aislante por no comprarse otras o que estaban siempre desganados cuando íbamos a comer, nunca pedían nada, pero después acababan con todas las raciones que pedíamos los demás.

Ahora que la pobreza energética está tan a la orden del día, recuerdo cómo me impactó ver a una familia granadina en invierno, en su casa, con guantes, gorro y muy abrigados por no encender la calefacción. La cosa sería lógica si habláramos de personas con baja renta, pero me llamó más la atención cuando supe que tenían una cuenta corriente muy abultada de fondos económicos. O sea, que no es que no pudieran pagar la calefacción, es que eran muy agarrados para hacerlo.

He conocido a granadinos que nunca encienden el aire acondicionado del coche en verano, aunque estén sudando a pleno sol de agosto, por no consumir más gasoil, a amigos que te invitan a comer a su casa y después te piden que lleves la lista de la compra entera, no vaya a ser que te salga gratis, a adultos, con un trabajo solvente, que salen a tomarse unas copas llevando escondida una petaca con ron y así solo tienen que pedir la coca cola y después rellenan con la petaca para no pagar tan caro, a quienes piden un vaso de agua en un bar y sacan sin pudor sus bocadillos y sus bebidas…

Todos estos son casos verídicos que he conocido en Granada, pero estoy seguro de que en el resto del universo los agarrados se comportan de una manera muy similar. Es una especie tan abundante en el mundo que todos conocemos a varios a nuestro alrededor y se identifican porque llevan siempre la misma ropa, no tienen coche y si lo tienen apenas lo usan, no frecuentan lugares de ocio, acaban no relacionándose con nadie por si alguien les pide algo y les parece una barbaridad gastar por gastar. Lo malo es que nos acaba repercutiendo a los demás.

Lo que esa especie humana no entiende es que su tacañería les está estrangulando hasta impedirle vivir mejor

Lo que hace diferente al agarramiento del granadino con respecto al resto de los mortales es que da la sensación de que aquí, los tacaños no lo ocultan. Quiero decir que yo siempre había pensado que no era una característica de la que alardear,  y de hecho, por lo general, es hasta gracioso observar las triquiñuelas que inventan para que no se note el motivo por el que lo hacen; sus justificaciones acaban siendo una prueba aún más visible de por qué lo hacen: “A mí es que no me gusta el aceite de oliva, me gusta más el sabor del de girasol”; “Prefiero mi tele con culo, que tiene 20 años, porque se ve mejor que las de ahora”, “Yo no pago 2 euros por una bebida en un bar cuando en casa me sale mucho más barata, porque me la tomo más a gusto ahí”; sin embargo, en Granada no nos hacen falta excusas extrañas: “Soy muy engurruñido, lo reconozco, es que me da no sé qué gastar”.

Recuerdo a un supuesto amigo que me preguntó por el precio de mi última novela y cuando le respondí que costaba 15 euros se echaba las manos a la cabeza: “Yo no pago más de 5 euros por un libro, seré muy agarrado pero es superior a mí”. Mi respuesta no pudo ser otra que: “Pues sí, lo eres”. Entiendo que este hombre jamás compraría una novela de estreno, se tendría que conformar con ediciones de bolsillo de obras clásicas o de saldo por ese precio, pero en fin, es una elección personal. Lo que me llama la atención es que haya personas que consideren la tacañería como una virtud. ¡Ojo! Que eso no quiere decir que ahorrar sea malo, que hay una diferencia ostensible entre ser ahorrador y ser tacaño y estoy seguro de que todo el mundo sabe distinguirla, que buscar la forma más barata de viajar con la familia de vacaciones es ahorrar y además casi una obligación hoy en día, y quedarse todo el verano sin salir de casa por no gastar un euro aunque en el banco haya un suculento bocado económico, tenga días disponibles y pese a que tu mujer y tus hijos clamen por marcharse unos días, eso es ser miserable y muy agarrado.

Lo que esa especie humana no entiende es que su tacañería les está estrangulando hasta impedirle vivir mejor. Estoy escuchando ahora la voz de un amigo que se vanagloria de su condición de tacaño diciéndome: “Yo soy feliz así”. Lo siento, pero no lo creo. El dinero no es más que papeles que por sí mismos no sirven para nada, excepto cuando los cambias por aquello que necesitas o que quieres. Acumular monedas o billetes no puede llevar a la felicidad, al contrario, te obliga a estar siempre pendiente de no gastar en una sociedad donde el consumo se ha convertido en la base de la economía.

Realmente, la tierra del chavico debería ser una isla en la que pudieran vivir todos los engurruñidos del mundo, con un lenguaje y forma de vida común, porque no hay problema en ser agarrado con uno mismo pero eso acaba afectando inevitablemente al resto, que nos vemos obligados a pagar más para equilibrar la balanza…y encima tenemos que aguantar las risas de los tacaños por hacerlo.
Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).