Piropos poéticos
LEYENDAS DE LOS NUESTROS

Capítulo V: Entre paratas y chumberas

Ciudadanía - José María García Labrac - Domingo, 1 de Noviembre de 2020
Quinta entrega de Leyendas de los Nuestros, la serie de historias y anécdotas de la familia de José María García Labrac, testimonios también del pasado de Granada. Un viaje por la memoria íntima y colectiva de varias generaciones de granadinos. ¿Nos ayudas a localizar en esta nueva entrega la vieja cueva de sus antepasados del Monte Sedeño? Porque fueron, somos; porque somos, serán.
Manuela Archilla Martín (centro), Angustias Martín López (izquierda) y José Antonio Archilla Martín (derecha), en una imagen tomada entre 1954 y 1957.
IMÁGENES CEDIDAS POR EL AUTOR, TRATADAS POR (*) SONIA MONTES
Manuela Archilla Martín (centro), Angustias Martín López (izquierda) y José Antonio Archilla Martín (derecha), en una imagen tomada entre 1954 y 1957.

El origen de esta nueva Leyenda hay que buscarlo en el presente retrato de tres de mis antepasados, los bisabuelos Angustias Martín López (1891-1969) y José Antonio Archilla Martín (1883-1957), y su hija pequeña, la tita Ica, Manuela Archilla Martín (1930-2002), realizado entre mediados y finales de los años cincuenta del siglo XX.

Las vidas de la pareja se ven reflejadas en sus semblantes, morenos y tostados, producto de unas existencias dedicadas a trabajar al sol, en los bancales de su Alpujarra natal, a la vera de las pencas del Monte Sedeño o repartiendo la leche de sus cabras por las calles del centro de Granada

Las vidas de la pareja se ven reflejadas en sus semblantes, morenos y tostados, producto de unas existencias dedicadas a trabajar al sol, en los bancales de su Alpujarra natal, a la vera de las pencas del Monte Sedeño o repartiendo la leche de sus cabras por las calles del centro de Granada.

José Antonio, oriundo de Mecina Tedel, anejo de Murtas (el núcleo del que provienen muchos de los actuales Archilla de las provincias de Granada y Almería), y criado en Cástaras, fue llamado a filas en el reemplazo de 1902, suponemos que tras faenar duramente en el campo en su niñez y adolescencia. Entre 1904 y, al menos, 1907, ya en la ciudad de la Alhambra, sirvió en el Regimiento Cazadores de Vitoria 28º de Caballería, a las órdenes del coronel Andrés Saliquet y Grillot, padre del futuro general franquista Andrés Saliquet Zumeta, al que el dictador premiaría con un marquesado, como recompensa a sus méritos en la sublevación y guerra contra la República (terminada la contienda, el general fue presidente del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo, el órgano que encausó al concejal socialista Antonio Dalmases Miquel cuando llevaba una década fusilado).

Carnet de dependiente de lechería de Josefa Archilla Martín, abuela materna del autor (09-09-1939).

Por aquel tiempo, quizás debido a la mediación de algún paisano, el bisabuelo conoció a la bisabuela, Angustias, nacida también en la Alpujarra (en su caso, en Mecina Bombarón), pero residente desde chica en la capital, a la que se trasladó, hacia 1895, junto con su madre, la tatarabuela Gabriela Martín López (1867-1954), y su abuela, la trastarabuela Ana López Murcia (1836-1910).

Angustias, hija de madre soltera, llevó siempre los dos apellidos de su progenitora porque su padre jamás la reconoció. Su infancia transcurrió en el Perchel, en la zona alta del Barranco del Abogado, un arrabal en el que entonces convivían payos y gitanos

Angustias, hija de madre soltera, llevó siempre los dos apellidos de su progenitora porque su padre jamás la reconoció. Su infancia transcurrió en el Perchel, en la zona alta del Barranco del Abogado, un arrabal en el que entonces convivían payos y gitanos. Seguro que pronto aprendió a trabajar fuera de casa, recolectando higos chumbos y criando cabras para vender su leche, obligada a aportar lo máximo posible en un hogar pobre pero numeroso, al que se sumarían sus hermanos pequeños, José Antonio (1902-1944), el Piojito, y Encarnación Martín López (1909-1976), la tita Nena.

Panorámica del barrio del Barranco del Abogado circa 1953 (Archivo Municipal de Granada). La flecha localiza la vivienda de los Archilla Martín en Monte Sedeño, 5.

Los bisabuelos contrajeron matrimonio el 25 de enero de 1909, en la iglesia parroquial de San Cecilio, en el Realejo, mudándose posteriormente a la que sería su casa durante medio siglo, situada en las estribaciones del Barranco: la cueva de Monte Sedeño, nº 5, hoy desaparecida. La vivienda se encontraba justo encima de la Acequia del Cadí (o del Candil), entre el Camino Nuevo del Cementerio y el Camino Viejo de Cenes, en la ladera del cerro que fue propiedad del procurador Felipe Sedeño Fernández.

La cueva de Monte Sedeño, nº 5, hacia 1953, señalada con una flecha. La vía de arriba es el Camino Nuevo del Cementerio, a la altura del actual asador Bar-Ranco (Archivo Municipal).
La cueva nº 5 del Monte Sedeño sobre 1953, ubicada por una flecha. En la parte de abajo destaca el desaparecido edificio central del antiguo cuartel de las Palmas (Archivo Municipal).  

En aquel sencillo domicilio alquilado, que jamás perteneció a la pareja ni a nadie de la familia, Angustias daría a luz a todos sus vástagos, entre ellos, a mi abuela Pepa, Josefa Archilla Martín (1922-2005). Allí también vinieron al mundo algunos de sus nietos, como mi madre, Concepción Labrac Archilla (1952).

Una vez casado, José Antonio se colocó, como operario, en la fábrica del Gas Lebón de la ribera del Genil, en la que prestó servicios a lo largo de varias décadas y en la que parece que se jubiló, en 1951

Una vez casado, José Antonio se colocó, como operario, en la fábrica del Gas Lebón de la ribera del Genil, en la que prestó servicios a lo largo de varias décadas y en la que parece que se jubiló, en 1951. El mayor de sus retoños, el tío abuelo Cecilio Archilla Martín (1911-1974), fue obrero de la misma factoría, antes de emigrar a la Argentina con uno de sus hermanos menores, el tito Paco, Francisco Archilla Martín (1925-2015).

La bisabuela Angustias desempeñó el oficio de cabrera durante la mayor parte de su vida, ayudada por algunos de sus retoños, sobre todo por mi abuela, que llegó a poseer el carné de dependiente de lechería del Ayuntamiento de Granada.

La madre del autor, Concepción Labrac Archilla, en la entrada de la casa-cueva del Monte Sedeño, con los paseos de la Bomba y del Salón al fondo (30-04-1958).

La instantánea que encabeza estas líneas tuvo que tomarse entre el fallecimiento de la tatarabuela Gabriela, ocurrido en 1954, y la defunción de su yerno, el bisabuelo José Antonio, acaecida tres años después, en 1957. El luto que lleva Angustias es la clave para datar la fecha aproximada en la que se hizo la fotografía. La bisabuela había perdido dos hijos de joven y todavía no se había convertido en viuda, por lo que lo más probable es que, en la época en la que posó para esta foto, vistiera de negro en memoria de su madre (poseemos otras de una Angustias madura, luciendo ropas claras y sin rastro de lutos).

Tras perder a su marido, Angustias continúo habitando en el Monte Sedeño hasta 1963, cuando la casa-cueva se vio seriamente afectada por las terribles inundaciones que desalojaron a multitud de vecinos de los barrios trogloditas granadinos, el Sacromonte y el Barranco del Abogado

Tras perder a su marido, Angustias continúo habitando en el Monte Sedeño hasta 1963, cuando la casa-cueva se vio seriamente afectada por las terribles inundaciones que desalojaron a multitud de vecinos de los barrios trogloditas granadinos, el Sacromonte y el Barranco del Abogado. Murió en el verano de 1969, enferma de demencia senil, en un piso del Camino Viejo de Cenes, en el que residía junto a la benjamina de la saga, la tita Manuela (la muchacha de la imagen), el marido de esta, Felipe Puente Ballesteros (1923-2000), y la hija de ambos, María del Carmen Puente Archilla (1959-2020).
El procurador Felipe Sedeño Fernández, dueño del cerro al que dio nombre, retratado con su esposa en torno a 1880 (foto de José Camino Vaca, cedida por Pablo Rodríguez Chaoui).

Durante los últimos años he buscado, con ahínco y sin suerte, la localización exacta de la vieja cueva familiar del Monte Sedeño, perdida entre las múltiples urbanizaciones que han ido invadiendo y desnaturalizando un entorno tan querido por los míos

Durante los últimos años he buscado, con ahínco y sin suerte, la localización exacta de la vieja cueva familiar del Monte Sedeño, perdida entre las múltiples urbanizaciones que han ido invadiendo y desnaturalizando un entorno tan querido por los míos. Siendo un niño es posible que visitara las ruinas de la morada de Angustias y José Antonio, en una de aquellas excursiones improvisadas que guiaba mi tío Salva, Salvador Labrac Archilla (1950-2010). Del día en cuestión solo recuerdo, muy vagamente, el vértigo que me produjo contemplar, desde lo alto de la colina, los tejados de las gasolineras hermanas de la carretera de la Sierra.

La montaña mágica de los Archilla Martín, en cuyas faldas descanso a veces los fines de semana, se ha acabado convirtiendo en una de mis patrias sentimentales más recurrentes. Sin lugar a dudas, el jardín ideal para cultivar la nostalgia por un tiempo que nunca viví.

El autor en la calle Robliza, junto al letrero particular que indica el comienzo del Monte Sedeño.
(*) Imágenes editadas por Sonia Montes, a la que agradecemos su colaboración y compromiso con Leyendas de los Nuestros.
 José María García Labrac, natural de Granada (1985), es el presidente de la asociación Granada Republicana UCAR, fundada en 2005 en la ciudad de los cármenes. Empeñado en hacer realidad una España distinta, se dedica profesionalmente a la asesoría laboral y es un apasionado de la historia de su tierra y de sus gentes
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