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EN EL 425 ANIVERSARIO DEL COPATRÓN DE GRANADA

El Voto a San Cecilio, la rogativa de salud más antigua que renueva Granada

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 1 de Febrero de 2026
Una lección magistral de Gabriel Pozo Felguera sobre el copatrón de Granada, en el 425 aniversario.
Composición alegórica al origen del Voto a San Cecilio a partir de las apariciones de Valparaíso entre 1595 y 1599.
LUIS RUIZ RODRÍGUEZ.
Composición alegórica al origen del Voto a San Cecilio a partir de las apariciones de Valparaíso entre 1595 y 1599.
Este no es un artículo periodístico al uso, como los de cualquier otro domingo en este diario. Aprovecho que hoy coinciden la fiesta litúrgica y domingo en la celebración del Día de San Cecilio ─uno de los patrones Granada─ para dar a conocer el contenido de una reciente conferencia que di en la Curia. Se trata de un repaso al cristianismo antiguo por estas tierras; atravieso la etapa de convivencia entre las tres religiones del libro (judía, cristiana y musulmana) y el contexto morisco que dio origen a la reaparición e impulso de la figura de San Cecilio, uno de los mártires de la época de Nerón. Se cumplen 426 años desde que la ciudad de Sevilla fue la primera en encomendar al santo granadino la curación de su terrible epidemia de peste de 1599 y 425 desde que Granada siguió su ejemplo. Nunca en este tiempo ha dejado de lucir la lamparilla en señal de agradecimiento, aunque han sido muchos los avatares y altibajos de la festividad religiosa y posterior aparición de su romería aneja. Esta es parte de su historia a grandes brochazos.

El cristianismo antiguo en Granada

Es incuestionable que el cristianismo en la provincia Bética romana, y en el Municipium Florentinum Iliberritanum, (Eliberri o Florentia), era una realidad asentada a finales del siglo III d. C. No puede entenderse de otra manera si tenemos en cuenta que aquí tuvo lugar el primer concilio cristiano, el de Elvira. En los primeros años del siglo IV. No sabemos si lo celebraron en el núcleo del actual Albayzín o en la ciudad de Elvira (Atarfe). Incluso la última teoría no descarta que se hiciera en la recientemente aparecida Villa de los Mondragones. Teoría aún muy verde.

Actas del Concilio de Elvira, celebrado en algún lugar de Ilíberis en el primer cuarto del siglo IV.
Perímetro aproximado que tuvo la ciudad iberorromana de Florentia a principios del primer milenio, circunscrito al alto Albayzín actual. GOOGLE.

Ya no había miedo a las persecuciones de cristianos de tiempos pasados. Llegaban buenas noticias desde Roma, donde el emperador Constantino había autorizado el cristianismo en todo el imperio romano. Corrían los primeros años del siglo IV.

La población tardorromana granadina continuó siendo cristiana. Ahí tenemos la figura de San Gregorio Bético o de Elvira

La población tardorromana granadina continuó siendo cristiana. Ahí tenemos la figura de San Gregorio Bético o de Elvira. Reconocido teólogo, obispo de Ilíberis que acude al Concilio de Rímini en el 359. Con lo complicadas que eran las comunicaciones por entonces para llegar a la Península Itálica.

Imagen de San Gregorio Bético, el primer santo de Granada, en la segunda mitad del siglo IV. CATEDRAL DE GRANADA.

El siguiente periodo histórico, el visigodo, poco cambia para el cristianismo granadino. Pues muy pronto, en el III concilio de Toledo (año 589), Recaredo adopta la doctrina de Cristo como religión oficial de esos bárbaros llegados de Centroeuropa.

Los godos de la Península quedaron unificados con los habitantes hispanorromanos. Surge por primera vez la unidad espiritual, cristiana católica, en lo que hoy son España y Portugal.

Hay referencias históricas, que no arqueológicas, a la existencia de tres basílicas visigodas en la vieja Ilíberis granadina

Hay referencias históricas, que no arqueológicas, a la existencia de tres basílicas visigodas en la vieja Ilíberis granadina. Se menciona una en el lugar de Natívola, otra al lado del río Genil (Escolapios actuales) y, sobre todo, una iglesia en el camino de Sevilla, en las inmediaciones de lo que más tarde sería el cementerio musulmán de Ben Malik y la Puerta de Elvira.

El 711 y la llegada de oleadas de musulmanes árabes y norteafricanos no supuso, en principio, el final de la práctica cristiana en nuestra tierra. Al contrario, los invasores ostentaban el poder político y militar, pero se apoyaron mucho en los grandes grupos sociales, económicos y religiosos, ya asentados aquí, para organizar su administración y la vida social. Era lógico, pues suponían mayoría de población. Esos grandes grupos eran cristianos y judíos en menor media.

Surgió un pacto tácito entre la élite dominante musulmana, el rico colectivo judío y los cristianos. A éstos se les empieza a llamar mozárabes o rumíes

Surgió un pacto tácito entre la élite dominante musulmana, el rico colectivo judío y los cristianos. A éstos se les empieza a llamar mozárabes o rumíes. Eso significaba que gozaban de un estatuto por el que el musulmán les permitía la práctica de sus costumbres, sus actividades, conservar sus propiedades y su religión.

Prueba de que aquel pacto tácito funcionó durante siglos fue que los judíos llegaron a copar la hacienda y los visiratos en el periodo Zirí de 1013 a 1090. Recordemos las importantísimas figuras de Nagrella y su hijo Josepf como primeros ministros de los emires ziritas.

Reconstrucción de la torre del palacio del rey Badis, siglo XI, con su afamada veleta del gallo de viento. L. R. R.

Una muestra más de aquella convivencia entre culturas era la importante presencia de los obispos cristianos en las provincias musulmanas del Califato. Recordemos a Recemundo de Ilíberis, obispo en tiempos de Abderramán que incluso fue nombrado por el califa para encabezar una embajada ante la corte heredera de Carlomagno.

La vida discurría no sin algún que otro conato de celos por las familias musulmanas desfavorecidas y con algún que otro pogromo, matanza o expulsión. El más sonado fue el del año 1066, que expulsó a todos los judíos a Lucena

Era habitual que los mozárabes de entonces fuesen llamados indistintamente con un nombre hispanorromano y otro musulmán. Recemundo de Ilíberis era el rabí Ibn Zyad al Qurtubí de los musulmanes.

La vida discurría no sin algún que otro conato de celos por las familias musulmanas desfavorecidas y con algún que otro pogromo, matanza o expulsión. El más sonado fue el del año 1066, que expulsó a todos los judíos a Lucena.

Cuatro siglos de convivencia entre religiones

En aquella situación de permisividad, pacto o convivencia entre las tres religiones del libro trascurrieron cuatro largos siglos en Granada. Del VIII al XI.

Nos plantamos ya a principios del siglo XII. La invasión de los intransigentes almorávides había acabado con el caos de los reinos taifas tras la muerte de Almanzor, y la consiguiente descomposición del Califato de Córdoba.

El equilibrio entre las tres religiones se había roto por exigencia de los Almorávides, que eran neoconversos y, como ocurre con los neoconversos, unos extremistas

El equilibrio entre las tres religiones se había roto por exigencia de los Almorávides, que eran neoconversos y, como ocurre con los neoconversos, unos extremistas. Deciden derruir sinagogas judías e iglesias de culto cristianas. Hemos llegado a los años 1100-1120.

Los mozárabes del reino Almorávide de Granada, cansados de abusos, decidieron recurrir al rey cristiano de moda, Alfonso I de Aragón, el Batallador. Le pidieron ayuda para acabar con aquella opresión.

Recreación de Alfonso el Batallador frente a las murallas de Granada, a partir del retrato de Pradilla (1879) y de la Batalla de la Higueruela (1431).

El resto de la historia la conocen: una cruzada en los años 1125-6 viene con miles de soldados desde Zaragoza, con la promesa de que al menos 12.000 guerreros cristianos se unirían a ellos y les facilitarían la rendición de Granada.

El asunto no salió bien. Pero quedó una referencia: Cuán elevada sería la población mozárabe de Granada que alrededor de 12.000 cristianos se fueron tras los cruzados para asentarse en tierras de Aragón.

La consecuencia de aquella ofensiva cristiana fue la represalia almorávide: asesinatos, esclavitud y deportaciones masivas de cristianos a tierras africanas. El año 1126 fue el principio del fin de la presencia masiva cristiana, reconocida o al menos tolerada tácitamente, en tierras de Granada

La consecuencia de aquella ofensiva cristiana fue la represalia almorávide: asesinatos, esclavitud y deportaciones masivas de cristianos a tierras africanas. El año 1126 fue el principio del fin de la presencia masiva cristiana, reconocida o al menos tolerada tácitamente, en tierras de Granada.

Quedaban todavía por delante casi otros cuatro siglos de dominación musulmana por estas tierras, en las que ya el cristianismo pasó a ser una minoría. Lo podríamos comparar con el criptocristianismo practicado en las catabumbas romanas de los siglos I y II.

Para apuntalar todo lo dicho anteriormente, recurramos al Episcopolio granatensis. En él figuran nombres de obispos para la provincia de Granada desde los primeros varones apostólicos, San Cecilio como número 1, los que asistieron al Concilio de Elvira; San Gregorio bético en la segunda mitad del siglo IV; en todo el periodo visigodo no faltó su obispo en Granada. Y donde hay pastor es porque hay ovejas.

El primer obispo mencionado, ya bajo dominio musulmán, fue Égila (777-784). Y el último Recemundo, entre 956-961. Pero debieron seguir existiendo hasta las prohibiciones almorávides de 1116.

Grabado con el episcopolio de obispos granadinos desde el siglo I hasta principios del XVII. GRABADO DE HEYLAN, 1624.

Tras el paréntesis de cuatro siglos

La Toma de Granada por los cristianos en 1492 supuso, en cuanto a los seguidores de Cristo, la oportunidad de enlazar con el cristianismo primitivo, el mozárabe granatensis, que se había perdido oficialmente a partir de 1126.

Las Capitulaciones de Santa Fe fueron realmente respetuosas y permisivas con los musulmanes vencidos

Las Capitulaciones de Santa Fe fueron realmente respetuosas y permisivas con los musulmanes vencidos. Se les autorizaba la conservación de sus tradiciones, costumbres, mezquitas y prácticas religiosas.

En cierto modo, ahora el pacto se producía a la inversa: el poder político y militar pasaba a manos cristianas y la gran masa de población era mudéjar, es decir, musulmana.

Rendición de Granada, el cuadro de Pradilla que mejor representa el tránsito de la Granada musulmana a cristiana.

Al menos así fue la sociedad granadina durante los primeros ocho años tras la Toma de Granada. Pero la convivencia dual, con instituciones paralelas, se rompió tras las primeras quejas y levantamiento mudéjar de la navidad de 1500

Pero no se puede hablar del resurgimiento del pacto entre las tres culturas del libro que existió entre el 711 y el 1126, pues muy pronto, en mayo de 1492, los Reyes Católicos van a ordenar la expulsión de la comunidad judía de las tierras del reino castellano. Se elimina una de las tres patas de aquella alabada convivencia de religiones. Todo apunta a la unidad religiosa impuesta por la monarquía española, como condición indisoluble de la unidad política. Todos bautizados en la fe de Cristo.

Al menos así fue la sociedad granadina durante los primeros ocho años tras la Toma de Granada. Pero la convivencia dual, con instituciones paralelas, se rompió tras las primeras quejas y levantamiento mudéjar de la navidad de 1500.

La práctica musulmana, y su cultura, empieza a ser presionada, perseguida e invitada a diluirse en las nuevas clases sociales, las de los cristianos nuevos o moriscos. El estatus de mudéjar es eliminado y sustituido por la condición de morisco.

El cristianismo cada vez más potente de la primera mitad del XVI convivía con los cristianos nuevos, moriscos criptomusulmanes en su mayoría, que se resistían a ser integrados o absorbidos en la nueva sociedad que se iba imponiendo poco a poco

Granada es epicentro de una fiebre recristianizadora. Digo re y no Cristianizadora, porque entendían que se había dado un largo paréntesis de cuatro siglos. Se retomaba algo que existió con anterioridad. La semilla del cristianismo volvía a brotar tras siglos sin germinar por estas tierras. El largo paréntesis había coincidido con los dominios de almorávides, almohades y nazaritas.

Surgen iglesias ex novo ya en 1492, muchos conventos, otras muchas parroquias crecen de los cimientos de mezquitas y morabitos. El obispado se eleva a categoría de arzobispado y empieza a crecer una de las catedrales renacentistas más imponentes.

El cristianismo cada vez más potente de la primera mitad del XVI convivía con los cristianos nuevos, moriscos criptomusulmanes en su mayoría, que se resistían a ser integrados o absorbidos en la nueva sociedad que se iba imponiendo poco a poco.

Bautismo obligado de mudéjares a partir de la rebelión de 1500. Tabla de la Capilla Real.

Surgió el pacto de la Capilla Real, de 1526, por el que Carlos V les concedió a los moriscos 40 años de plazo para su progresiva incorporación a la sociedad castellana. Previo pago de 80.000 ducados.

Cada vez afloraban mayores problemas de convivencia entre ambas comunidades, la cristiana y la morisca. Hasta llegar a la pragmática de Felipe II, 1567, en que les dice que hasta aquí hemos llegado. Hay que erradicar por completo las reminiscencias musulmanas: eso afectaba a su religión, costumbres, lengua, tradiciones, etc.

Siguió la guerra de las Alpujarras como reacción a aquellas prohibiciones, las expulsiones masivas de moriscos hacia otras tierras castellanas y de la baja Andalucía. Se da por definitivamente finiquitado el periodo morisco. Toda Granada era ya cristiana, apostólica y romana

Siguió la guerra de las Alpujarras como reacción a aquellas prohibiciones, las expulsiones masivas de moriscos hacia otras tierras castellanas y de la baja Andalucía. Se da por definitivamente finiquitado el periodo morisco. Toda Granada era ya cristiana, apostólica y romana.

O aparentaba serlo. Habían quedado aquí las élites de cristianos nuevos, con el corazón partío, mas pequeños grupos de moriscos imprescindibles por sus conocimientos y oficios.

De todas formas, la amenaza de expulsión de todos los moriscos, los repartidos por Castilla, como los que habían quedado en Granada, siempre estaba presente en el tercio final del XVI. La amenaza afloraba de vez en cuando.

Intento de sincretismo

Es entonces cuando aquellas élites criptomusulmanas o mezcladas con cristianos nuevos, ponen en marcha su plan para evitar ser segregados y expulsados. La ocurrencia o la tesis es sencilla:

Cómo nos dais tan mal trato, cómo nos vais a expulsar si nosotros somos descendientes de los cristianos antiguos, de los árabes cristianos de Siria y Palestina que llegaron a la Bética en el siglo I y también a partir del 711. Somos de la misma sangre que los Varones Apostólicos que vinieron a evangelizar y los martirizó Nerón. Ahí al lado, en Valparaíso. El primer obispo Cecilio era nuestro antepasado. Los cristianos de raigambre somos nosotros, los llegados de Palestina hace siglos, y los cristianos nuevos sois los llegados después de Castilla, los que descendéis de bárbaros godos.

Un intento de sincretismo en toda regla.

(Todo lo anterior era la síntesis de argumentos que el letrado de origen morisco Francisco Núñez Muley remitió a Felipe II para justificar las quejas moriscas).

Fragmento de la cura y bautismo de los árabes Tesifón y Cecilio, en tierras de Galilea, allá por el siglo I, de manos del mismísimo Jesucristo. ESCUELA DE RAXIS, ABADÍA SACROMONTE.

Pusieron en marcha su programa de falsificaciones que mezclaron sabiamente con restos reales de martirios en caleras de Valparaíso. Ya saben, el pergamino de la torre turpiana y el reguero de libros plúmbeos que fueron apareciendo en el último lustro del siglo XVI

Aquellas élites moriscas eran muy ilustradas. Pusieron en marcha su programa de falsificaciones que mezclaron sabiamente con restos reales de martirios en caleras de Valparaíso. Ya saben, el pergamino de la torre turpiana y el reguero de libros plúmbeos que fueron apareciendo en el último lustro del siglo XVI.

Eso sí, con la colaboración emocionada del arzobispo Pedro de Castro y una sociedad muy obsesionada en el entroncamiento del cristianismo moderno de los castellanos con el de los antiguos hispanorromanos granadinos y mozárabes bajo paréntesis musulmán.

Emerge San Cecilio

La figura de San Cecilio no había destacado en Granada durante todo el siglo XVI. Le fue dedicada una iglesia, en la ladera alta del barrio de los Alfareros. Pero era uno más entre los muchos santos y varones apostólicos del martirologio antiguo.

Hasta que esas astutas élites criptomoriscas se fijaron en él. Conocían desde tiempo atrás que se le mencionaba como el primer epíscopo que tuvo Granada. Un cristiano árabe al que curó el mismísimo Jesucristo

Hasta que esas astutas élites criptomoriscas se fijaron en él. Conocían desde tiempo atrás que se le mencionaba como el primer epíscopo que tuvo Granada. Un cristiano árabe al que curó el mismísimo Jesucristo.

Lo convirtieron en el centro de sus hallazgos, aunque acompañado de algunos de sus compañeros. La mayoría de ellos habrían sido concentrados en las cuevas de Valparaíso para sufrir martirio en tiempos de Nerón. Allí estaban sus huesos y sus cenizas calcinados para atestiguarlo.

Plancha de Heylan que representa el proceso de excavación en cuevas de Valparaíso con aparición de huesos de santos y Libros Plúmbeos, a partir de abril de 1595.
Plano del laberinto de Santas Cuevas y centenares de cruces que erigió en el Monte Sacro la población granadina y los peregrinos que llegaron de otros lugares.

San Cecilio es el nuevo Santiago de España, surgido de la tierra como su maestro en Compostela, pero aflorado seis siglos después. Además, traía consigo lo que parecía el Quinto Evangelio.

Granada ya era una ciudad muy atractiva y deseada durante todo el siglo XVI. La de mayor población de toda la Península y una de las mayores de Europa

Granada ya era una ciudad muy atractiva y deseada durante todo el siglo XVI. La de mayor población de toda la Península y una de las mayores de Europa.

Aunque la decisión de Felipe II de asentar su corte en el Centro de España había empezado a hacerle mella. Granada comenzaba a estancarse cuando se le retiró la condición de panteón real de la dinastía Austria, ni la Alhambra tendría el palacio de gobierno del imperio que había pensado su padre.

Pero, a pesar de todo, Granada era el centro de España. Estaba en ebullición.

Para aumentar aún más la atención, habían aparecido los restos de varios santos martirizados en tiempos de Nerón. Y con ellos un hueso de San Esteban y un trozo del manto de la Virgen al demoler la Torre Turpiana para la Catedral; unos libros de plomo y huesos de santos martirizados a las afueras, en unas cuevas

Qué más hacía falta para ser considerada como ciudad santa.

Granada era el no va más. Empezaron las peregrinaciones de extraños, también las de los propios granadinos. Granada hervía de fe

Granada era el no va más. Empezaron las peregrinaciones de extraños, también las de los propios granadinos. Granada hervía de fe.

Granada estaba en fase de convertirse en la nueva Jerusalén, otra ciudad elegida. O, por lo menos, al nivel de Roma y Compostela. Una ciudad santa donde acudir en busca de remedio para los males y las enfermedades.

Hablaban y no paraban de milagros y curaciones. Bien las recogió Heylan en sus grabados y las describió tiempo después el arzobispo Antolínez de Burgos en su historia eclesiástica:

Grabados con los miles de peregrinos que acudían y viñetas de los milagros que se iban sucediendo tras encomendarse a San Cecilio. HEYLAN.
Grabados sobre las visitas nocturnas del arzobispo Pedro de Castro a las excavaciones. A la derecha, retratado frente a un dibujo que representaba la subida al Monte, las Santas Cuevas y su abadía. 1740.

Se empieza a construir la basílica primitiva. Se ponen guardias para que nadie revuelva o rebusque más huesos o libros de plomo. Granada ha sido tocada por la mano de Dios. Así lo consideraba el arzobispo Pedro de Castro

Miles de personas subían en procesión cada día hasta el monte Valparaíso. Que, en pocos meses, adquiere el nombre de Monte Sacro o Sacro Monte.

Se empieza a construir la basílica primitiva. Se ponen guardias para que nadie revuelva o rebusque más huesos o libros de plomo. Granada ha sido tocada por la mano de Dios. Así lo consideraba el arzobispo Pedro de Castro.

Plantan centenares, si no miles, de cruces en señal de agradecimiento por los favores alcanzados o como peticiones futuras. Valparaíso fue el equivalente a Fátima o Lourdes actuales. Aunque sin viajes organizados por agencias.

Y san Cecilio el centro de todas las peticiones. Ya no es un santo más con una iglesia modesta en las afueras de la ciudad. Ahora es el gran santo de Granada

Y san Cecilio el centro de todas las peticiones. Ya no es un santo más con una iglesia modesta en las afueras de la ciudad. Ahora es el gran santo de Granada. El santo que todo lo protege y nos concede todos los favores. Hay que levantarle una gran basílica de peregrinación, un gran monasterio, al estilo de El Escorial. Y formar un cabildo con los religiosos más notables de la Diócesis.

También construir una Vía Sacra que vaya desde la Catedral a las Santas Cuevas. Un verdadero camino de espiritualidad al nuevo Calvario, donde purgar nuestros pecados y recabar la salvación eterna.

La peste de Sevilla, el voto sevillano y la lamparilla

Nos plantamos en el año 1599. El santuario de San Cecilio se limitaba todavía a las cuevas. Estaba in mente de don Pedro de Castro la iglesia nueva y los claustros.

Granada, convertida en la envidia de España, fue vista como solución a todos los males. Y por Granada entiéndase su nuevo santo, San Cecilio

Granada, convertida en la envidia de España, fue vista como solución a todos los males. Y por Granada entiéndase su nuevo santo, San Cecilio.

Surge una terrible epidemia de peste en Sevilla, parece que llegada a través de su puerto. Los sevillanos mueren como chinches, ya está afectada un tercio de su población. Se contaron hasta 9.000 cadáveres por sus calles. Las rogativas de Sevilla a sus santos locales no hacen efecto.

Alguien se acuerda de los milagros y prodigios que se contaban en Granada, protagonizados por San Cecilio. Los que he mencionado anteriormente.  

A alguien de Sevilla se le ocurre mirar hacia Granada. El concejo de la ciudad hispalense, impotente, recurre a su Cardenal Rodrigo de Castro, éste se pone en contacto con don Pedro de Castro, nuestro arzobispo, y le pide mediación

A alguien de Sevilla se le ocurre mirar hacia Granada. El concejo de la ciudad hispalense, impotente, recurre a su Cardenal Rodrigo de Castro, éste se pone en contacto con don Pedro de Castro, nuestro arzobispo, y le pide mediación.

Le solicitan permiso para enviar devotos sevillanos al Sacromonte, aquí orarían, en las Santas Cuevas. Pero Pedro de Castro no lo ve conveniente, por el trasiego de contagios de peste. (Además de jurista y fino teólogo, Don Pedro debía saber de medicina). Se oraría aquí y pediría a San Cecilio por la curación de nuestros hermanos sevillanos.

A cambio, el cabildo de Sevilla promete aportar 2.000 ducados para contribuir a la erección de la Abadía en ciernes. Una parte se destinaría a labrar una lámpara de plata como recuerdo del voto que se formulaba a San Cecilio. Debería arder eternamente para salvaguardar a los sevillanos de la enfermedad.

Y ahí está la lámpara y su lucecita desde entonces, ardiendo sin cesar. Todo por iniciativa de los sevillanos.

Lámpara regalada por los sevillanos a la Abadía del Sacromonte para que intercediera por su terrible epidemia de peste en 1599.

Mientras remitía la peste en Sevilla, en Granada se celebraba por estos días de enero, pero del año 1600, el concilio que declaró como verdaderos el manto de la Virgen, el hueso de San Esteban, las cenizas y la amalgama de huesos hallados en las caleras de Valparaíso

La peste empezó a remitir en Sevilla en el año 1600, a los pocos meses, tras el envío de aquellos 2.000 ducados (traducidos a oro, unos 7 kilos). La ciudad de Sevilla fue la primera institución de peso en echarse en manos de San Cecilio. Granada, para entonces, sólo lo había hecho a título individual de cada uno.

Mientras remitía la peste en Sevilla, en Granada se celebraba por estos días de enero, pero del año 1600, el concilio que declaró como verdaderos el manto de la Virgen, el hueso de San Esteban, las cenizas y la amalgama de huesos hallados en las caleras de Valparaíso.  

Concilio de 1600 que calificó como auténticos los restos de santos hallados en las cuevas del monte Ilipulitano. Y una de las imágenes más antiguas dedicadas a San Cecilio en el siglo XVII.

Empezaba paralelamente el proceso de traducción de los Libros Plúmbeos. Todas las órdenes religiosas pugnaban ante el arzobispo Pedro de Castro por hacerse cargo del futuro monasterio, basílica y santuario que empezaba a construir. Al final, decidió adoptar otra fórmula, la del cabildo de ilustres externos. Fórmula que pervive en la actualidad.

Nada más acabar aquel concilio calificador, la peste empieza a afectar a Granada. Nos encontramos a 8 de junio del año 1600

Nada más acabar aquel concilio calificador, la peste empieza a afectar a Granada. Nos encontramos a 8 de junio del año 1600.

El cabildo de Granada, el ayuntamiento, adopta la misma decisión que un año antes había hecho el sevillano: ponerse en manos de San Cecilio. Encargó otra lámpara de plata, aunque más exagerada, de casi 21 kilos de metal.

Lámpara de plata regalada por el Concejo de Granada en 1601 a la Abadía por salvar a la ciudad de la peste. Luce desde entonces delante de las reliquias de San Cecilio, en el retablo de la iglesia.

Con el añadido de subir toda la corporación a participar en los actos religiosos el día de San Cecilio y proceder a renovar el voto. Lo haría el concejo o corporación en pleno, lo que se entendía por la Ciudad sube al Monte. Además, se decidió nombrar a San Cecilio el copatrón de Granada, junto a San Gregorio Bético.

Dos incisos:

1. Muy pronto la ciudad de Sevilla debió entender que su promesa había expirado y dejó de renovar su voto anual.

2. Las dos lámparas de plata, la sevillana y la granadina, lucieron primero en las Cuevas. Más tarde pasaron a la iglesia provisional, a partir de 1610. Han sufrido varios cambios de ubicación y retoques de plateros. Estuvieron una en el lado del Evangelio y otra en el de la Epístola. En la actualidad, la sevillana ha pasado a la capilla de San Dionisio y la granadina es la que vemos siempre luciendo delante de la imagen de San Cecilio, en el retablo y cerca de la urna que guarda sus cenizas.

Se institucionaliza "Granada sube al monte" como romería

Así fue como quedó instaurado en aquel inicio del XVII la tradición devota y religiosa de Granada sube al Monte a cumplir con el que sigue siendo hoy día el voto más antiguo con que cuenta esta ciudad.

Nunca en estos 425 años ha fallado una sola vez el cumplimiento del voto desde el punto de vista canónico o religioso. Por muy difíciles que hayan sido los acontecimientos sociales y políticos de España y de Granada

Nunca en estos 425 años ha fallado una sola vez el cumplimiento del voto desde el punto de vista canónico o religioso. Por muy difíciles que hayan sido los acontecimientos sociales y políticos de España y de Granada.

Los indicios apuntan a que aquel cumplimiento del voto de la ciudad a San Cecilio se estuvo haciendo durante las primeras décadas del XVII en forma de representación política. Es decir, subían al Monte los Caballeros XXIV que eran los que gobernaban la ciudad. No se sabe de cuánto boato se hacían acompañar.

Tuvo que ser una ceremonia similar a los actuales cumplimientos que se hacen con el Voto a las Angustias y al Cristo de San Agustín, que sólo se desplazan unos concejales y unos cuantos funcionarios.

Henríquez de Jorquera y otras crónicas de la época no hablan de subidas masivas en la primera mitad del XVII. No aparece por ningún sitio la palabra romería. El acto se limitaba a una visita de los políticos que cumplimentaban a los canónigos del Sacromonte y compartían el acto religioso de renovación de promesa.

Es a partir de 1682, con el breve de Inocencio XI, declarando heréticos los Libros Plúmbeos, cuando Granada queda en shock

Es a partir de 1682, con el breve de Inocencio XI, declarando heréticos los Libros Plúmbeos, cuando Granada queda en shock. Ya se había asimilado por aquí, sobre todo a nivel popular, la veracidad de aquel quinto evangelio, cuando el Vaticano enfría las expectativas y dice que son falsarios. Menos mal que siguió apoyando la autenticidad de las reliquias martiriales.

Habrá que esperar unos años, al tardobarroco granadino, ya muy finales del XVII y albores del siglo XVIII, para que se vuelva a relanzar la abadía, su colegio y sus estudios. Una vez repuestos del duro golpe de Inocencio XI. Será el momento en que recobre fuerza el inmaculismo. Personajes de la vida social y cultural de la importancia de Pedro Pascasio de Baños y compañía, también caballeros XXIV, ponen sus ojos en Valparaíso y el Sacromonte.

Erigen la columna a la Inmaculada, a imitación de la del Triunfo de la Virgen. Se compran cármenes en el Camino del Monte, habilitan vergeles de sosiego

Erigen la columna a la Inmaculada, a imitación de la del Triunfo de la Virgen. Se compran cármenes en el Camino del Monte, habilitan vergeles de sosiego. Instauran fiestas y agasajos para las élites. Hacen del cumplimiento municipal del Voto a San Cecilio una fiesta más de la ciudad, la de la salida del invierno y el inicio de la primavera.

No sólo suben los políticos y pudientes, también traen tras de sí servidumbre en abundancia. El pueblo se va sumando poco a poco y así, en el primer tercio del siglo XVIII se consolida la Romería de San Cecilio. San Cecilio es ahora una de las principales fiestas locales del calendario.

Portada del libro de Ceremonias de Granada, de 1752, y primer párrafo del recargado protocolo que se seguía para cumplimentar al santo en el siglo XVIII.

Aquel barroquismo les lleva a establecer un protocolo entre la Ciudad, el Ayuntamiento, y la Abadía, su Cabildo. Lo fijan, lo pactan y lo escriben ya en 1601. Es la llamada consueta. Es el protocolo que sirvió de base para otro posterior, el de 1752. En qué consiste: cada año, unos días antes, comisiones de canónigos y concejales intercambian visitas de cortesía para fijar las novedades, fechas y protocolos.

Es el libro de protocolo que, en cierto modo, sigue vigente en la actualidad para la mayoría de los actos de la ciudad de Granada. Fue el recuperado por José Miguel Castillo Higueras en el año 1980

En 1752 se plasmó la consueta de manera detallada en el primer libro de protocolo que tuvo el Ayuntamiento de Granada, redactado por Juan de Morales Hondonero. Era pleno auge del barroquismo y la pomposidad granadinos.

Es el libro de protocolo que, en cierto modo, sigue vigente en la actualidad para la mayoría de los actos de la ciudad de Granada. Fue el recuperado por José Miguel Castillo Higueras en el año 1980.

También hay intercambios de regalos. Se hizo tradicional que los mayordomos municipales regalaran incienso y ramos de flores. Estampas de iconografía Sacromontana. Poco a poco el incienso en barritas se fue sofisticando hasta meterlo en cajas de cartón, madera y hace medio siglo en cajas de plata que son verdaderos joyeros.

La prensa solía recoger reuniones de concejales comisarios y los canónigos del Sacromonte para preparar cada año la fiesta de San Cecilio. PATRIA.
Postales que se imprimían como invitaciones para asistir al cumplimiento del voto a finales del XIX y hasta mediado el XX. Este año se quiere recuperar esta tradición.
Cajitas de madera con incienso que el Ayuntamiento regalaba a los canónigos.
Desde 1974, las cajas con el incienso son elaboradas en plata por la joyería Moreno Romera.

Cuando se estableció San Cecilio como día festivo y romero, el Ayuntamiento colaboraba llevando comida a los canónigos y colegiales.

La romería de San Cecilio fue una más de las romerías populares que abundaron en Granada durante todo el siglo XIX y, en la mayoría de casos, llegaron hasta principios del XX: San Antón el Viejo, la del Aceituno, San Marcos, San Isidro, la de Puente del Cristiano… Todas hoy desaparecidas

La romería de San Cecilio fue una más de las romerías populares que abundaron en Granada durante todo el siglo XIX y, en la mayoría de casos, llegaron hasta principios del XX: San Antón el Viejo, la del Aceituno, San Marcos, San Isidro, la de Puente del Cristiano… Todas hoy desaparecidas.

Hubo romerías de tipo general de la ciudad, como lo es San Cecilio, y algunas que se podrían calificar como romerías de barrio, algo parecido a lo que ocurre hoy con el Corpus como semana grande y fiestas de las barriadas.

Convulso siglo XIX

Ya he avanzado que el Voto de San Cecilio no ha fallado nunca en estos 425 años de existencia desde el punto de vista religioso. Ha sido muy diferente en cuanto al acompañamiento festivo popular o romero. Muy ligado y condicionado a las situaciones políticas cambiantes.

En sus momentos de esplendor, siempre era fiesta romera local que coincidía con la celebración religiosa. Aunque también se la añadía la tarde anterior.

En el convulso siglo XIX español la situación se vio un tanto alterada. Afectada por el incremento del movimiento aconfesional y anticlerical experimentado en ese tiempo

En el convulso siglo XIX español la situación se vio un tanto alterada. Afectada por el incremento del movimiento aconfesional y anticlerical experimentado en ese tiempo. Digo alterada en su aspecto oficial, que no lúdico, porque los granadinos pronto asumieron que en el día de San Cecilio era una fiesta más, un pretexto para tomarse un día de asueto yendo a comer al campo. Más aún si se presentaba un buen día anunciando primavera.

Las clases populares se tumbaban a retozar y comerse un hornazo. Los más pudientes formaban cuadrilla y guisaban caldereta o migas por las laderas. Y las familias que tenían cármenes en la zona aprovechan para juntar a compromisos y conocidos para agasajarlos.

Si las Eras de Cristo eran el pretexto para pelar la pava y buscar novia los días de San Marcos y San Isidro, el ensayo previo solía ser la romería de San Cecilio

Si las Eras de Cristo eran el pretexto para pelar la pava y buscar novia los días de San Marcos y San Isidro, el ensayo previo solía ser la romería de San Cecilio. ¡Cuántos amoríos darían comienzo en la romería de San Cecilio! Sobre todo cuando se popularizó la tradición de ir a tocar las piedras blanca y negra para casarse en el año o romper con la pareja que no te gustaba. El antecedente de tirar del badajo a la campana de la Vela.

Pudieron más los fríos y las nieves para que no hubiese romería de San Cecilio que la presencia y las prohibiciones de los franceses en 1810-12, la represión del trienio liberal de 1821-23 o la de la Primera República de 1873.  La romería estaba tan arraigada que sólo los elementos climatológicos desfavorables fueron capaces de afectarla.

Sólo hubo un año, 1847, el de la revolución del pan, que fue suprimida la romería. Ni siquiera durante el Sexenio Revolucionario (1868-74) los republicanos del periódico la Idea consiguieron que se suprimiera la asistencia de sus concejales.

Pero, no nos engañemos, la parte central del XIX, repleta de revoluciones, quejas, hambres y desórdenes no fueron buenos tiempos para la fiesta de San Cecilio

Pero, no nos engañemos, la parte central del XIX, repleta de revoluciones, quejas, hambres y desórdenes no fueron buenos tiempos para la fiesta de San Cecilio.

Hubo que esperar a 1874 con la llegada de la Restauración borbónica y su largo periodo de estabilidad política para que se recuperase con fuerza la romería que tanto brilló durante todo el siglo XVIII. La eclosión de periódicos empezó a apoyar la fiesta desde el punto de vista literario y periodístico. Las publicaciones modernas olvidaron las vetustas y gongorinas octavas de tiempo atrás, incluso en un latín que casi nadie entendía. Ahora se hablaba de función religiosa, pero también de fiesta, bailes, trajes típicos, alegría y gastronomía.

Empezó a nombrarse el plato típico de la ocasión: la tortilla Sacromonte. Supongo que ya existiría desde tiempo atrás, pero es a partir del nacimiento del Defensor, en 1880, cuando se la nombra por primera vez.

La romería y las artes

San Cecilio salta al periodismo y a la literatura. Aunque no tanto como se hubiese deseado. Cada año va en aumento debido al incremento de competencia entre la infinidad de cabeceras de prensa que nacieron y murieron durante el periodo de intersiglos XIX a XX. También coincide ese momento con la bonanza económica propiciada por la actividad azucarera y alcoholera de la remolacha, la apertura de la Gran Vía, la llegada de los ferrocarriles, los tranvías eléctricos. Granada, a pesar de sus problemas de paro y pobreza, vivió un momento de plata en los ambientes culturales.

Los periodistas recurrían a escribir crónicas, reportajes y noticias al estilo periodístico de entonces. Rebosantes de imaginación, folklore y chascarrillos

Los periodistas recurrían a escribir crónicas, reportajes y noticias al estilo periodístico de entonces. Rebosantes de imaginación, folklore y chascarrillos.

Las crónicas de prensa del periódico católico la Gaceta del Sur solían ser tan detalladas que hasta ponían el menú que degustaban canónigos y concejales. Por ejemplo, esta de 1909 nos dice la carta con detalle:

Todavía colea la gran afición y gustos posrománticos por la poesía. Por eso abundan las composiciones poéticas dedicadas a San Cecilio en tono religioso y también a su romería. Raro era el año en que no aparecía un poema referido a San Cecilio en la prensa local

Todavía colea la gran afición y gustos posrománticos por la poesía. Por eso abundan las composiciones poéticas dedicadas a San Cecilio en tono religioso y también a su romería. Raro era el año en que no aparecía un poema referido a San Cecilio en la prensa local.

Una tradición, la de los romances, que dio grandes satisfacciones a autores y aficionados a la poesía. (Al final de la charla comprenderán ustedes por qué lo digo).

Sólo quisiera leerle estos versos de una cancioncilla de tipo popular que dedicó Gabriel Galdo en 1922 a aquel día festivo. Un retrato muy acertado de lo que era la romería de principios del XX:

Sube, sube granadino

Al Sacromonte y visita

El sitio en que está la ermita

De San Cecilio el divino

Verás mozas y mozuelos

Mientras al santo le rezan

Pensando en dulces anhelos

Verás desde aquella altura

Que cual divina beldad

Se recuesta la ciudad

Sobre tapiz de hermosura

Y sus blancos caseríos

Que palomas asemejan

Y verás cómo reflejan

Los rayos del sol los ríos

Verás al frente la Alhambra

Y sus viejos torreones

Mientras percibes los sones

De una gitanesca zambra

Y la sierra en lontananza

Vestida de níveo manto

Mientras escuchas el canto

Que alguna gitana lanza

Como atalayas verás

Las torres cual centinela

Hacia la izquierda la Vela,

Al frente san Nicolás

Del Generalife al pie,

Allí en un pequeño llano,

La fuente del Avellano

Frente a la Abadía se ve

Y de los rayos solares

Verás múltiples reflejos

Que lanzan los azulejos

De las torres mudéjares

Y verás con la notoria

Ilusión del peregrino

Como parece el camino

Que va derecho a la gloria

Y las chumberas y pitas

Que los caminos bordean

El espíritu recrean

Con sorpresas infinitas

Oirás en loca quimera

En cuevas bajo una parra

Como rasguea una guitarra

El son de una petenera

Sube, sube granadino

Al Sacromonte y visita

El sitio en que está la ermita

De San Cecilio divino.

La poesía culta también se fijó en el Voto de San Cecilio. Hay ejemplos a centenares. Me permitirán que les lea uno de los últimos sonetos que compuso el recientemente desaparecido canónigo D. Federico Rodríguez Ratia. Dice así:

Pero la pintura que podríamos llamar popular o profana, la que debería haber reflejado a gente comiendo, bailando, yendo y viniendo por las siete cuestas, pelando la pava en estas laderas, cogiendo nidos en las huertas…. no existe

Esta abundancia de atenciones escritas, tanto en prosa periodística como en verso, me lleva a hacer una salvedad acerca del tratamiento que le han dado las otras bellas artes a la romería de San Cecilio y al voto más antiguo de la ciudad de Granada.

Existe una abundante iconografía sacromontana y de San Cecilio referida a la aparición de los libros plúmbeos y construcción de la Abadía. Pero la pintura que podríamos llamar popular o profana, la que debería haber reflejado a gente comiendo, bailando, yendo y viniendo por las siete cuestas, pelando la pava en estas laderas, cogiendo nidos en las huertas…. no existe. La pintura costumbrista de los pintores granadinos de la edad de plata se olvidó de la romería de San Cecilio.

Mientras que sí abundan del XIX y principios del XX de las romerías de San Antón, San Isidro, el Aceituno, las Angustias… no conozco que ningún pintor costumbrista tan aficionado a plasmar escenas populares (como Isidoro Marín) jamás pintaran la romería ni el voto de San Cecilio.

Si alguien conoce alguna escena, que me lo comunique para añadirlo.

El día 1 de enero de 1909 filmaron unos minutos en la Abadía. Hoy lo llamaríamos un documental con imágenes de otras partes y actividades de Granada

En cambio, el séptimo arte, el cine sí se fijó pronto en la Abadía y la romería de San Cecilio. Las imágenes en movimiento más antiguas que existen de Granada datan del año 1905, las que filmó las francesa Alice Guy Blanché de San Nicolás y la Alhambra.

Las segundas tomadas de la ciudad, y también de la romería de San Cecilio, las filmó la empresa del cinematógrafo Lux Eden. El que tenía su salón en la Gran Vía, en el solar donde después levantaron el Banco Hispano, al lado de la calle Oficios.

El día 1 de enero de 1909 filmaron unos minutos en la Abadía. Hoy lo llamaríamos un documental con imágenes de otras partes y actividades de Granada. Informaba la prensa el día 5 de febrero que ya la habían revelado en Madrid y montado para ser exhibida en Granada. El título de aquel primer documental en que aparecía la romería de San Cecilio se llamó “Notas granadinas”.

Lo llevo buscando desde hace años. Pero no he conseguido encontrarlo.

Le hablaron del Voto e iba a volver a la romería del 1 de febrero de 1908. Se encontraba en la finca de Láchar, propiedad de su amigo el Duque de San Pedro. Pero aquella mañana regresó inmediatamente a Madrid por el asesinato del Rey de Portugal y su príncipe heredero

Los reinados de los Alfonsos, el XII y el XIII, fueron tiempos gloriosos para la Abadía del Sacromonte como colegio y como centro religioso. Aunque le quitaron la categoría de universidad privada. También para su romería. Son precisamente los años del Padre Manjón. Incluso Alfonso XIII vino el 30 de abril de 1904, en su visita a colegio del Ave María. Recorrió detenidamente todo el edificio y las Santas Cuevas. Allí se registró una anécdota: le ofrecieron besar la piedra para casarse en el año, a lo que respondió: Eso para ustedes, yo no quiero compromisos ahora. Se comprometió a devolver a la Abadía los estudios que le habían sido suprimidos, pero nunca más se supo.

Le hablaron del Voto e iba a volver a la romería del 1 de febrero de 1908. Se encontraba en la finca de Láchar, propiedad de su amigo el Duque de San Pedro. Pero aquella mañana regresó inmediatamente a Madrid por el asesinato del Rey de Portugal y su príncipe heredero.

Noticia de la visita de Alfonso XIII al Sacromonte (30 de abril de 1904). Como se ve, el lenguaje periodístico del momento trataba a las mujeres como ganado selecto.
Retrato que encargó la Abadía a Manuel Gómez-Moreno del joven rey Alfonso XIII para conmemorar su visita.

Aprovecho para recordar una investigación del abad Juan Sánchez Ocaña en la que nos contó que también subieron a honrar la Abadía Felipe IV en 1624; Isabel II en 1862, a quien le predicó el padre Claret. También los reyes Juan Carlos y Sofía lo hicieron en el año 1997. Sólo quedan por hacer su visita los actuales monarcas.

Prueba de que San Cecilio estaba muy arraigado en la vida granadina por los principios del siglo XX fue la abundancia de niños que eran bauzados con este nombre. Había más varones que llevaban el nombre del patrón San Cecilio que de la patrona Angustias

Prueba de que San Cecilio estaba muy arraigado en la vida granadina por los principios del siglo XX fue la abundancia de niños que eran bauzados con este nombre. Había más varones que llevaban el nombre del patrón San Cecilio que de la patrona Angustias.

También al primer gran hospital público se decidió bautizarlo como Clínico San Cecilio. Y a sus dos primeros bebés de la maternidad, Cecilio y Cecilia.

La romería fue un arraigo que se llevaban en el corazón los emigrantes granadinos. Hay algunas referencias a que la casa de Granada en Córdoba y Madrid se reunió para rememorar el día de San Cecilio, en 1928 y 1929. También se llegó a hacer algún recordatorio similar en Buenos Aires las dos primeras décadas del siglo XX.

Granada Gráfica de 1928 publicó esta fotografía de granadinos en Córdoba celebrando San Cecilio.

Aquella tendencia cambió muy pronto. Los nombres de las Angustias empezaron a imponerse, que siguen y suman, así como Juan de Dios, el otro copatrón, también se ha multiplicado. Ahora es raro oír que bautizan a un niño como Cecilio.

La II República

Se preguntarán si no me referiré a qué pasó en la etapa anticlerical más dura que ha sufrido Granada, la de la II República. Pues, efectivamente, por primera vez y oficialmente los gobernantes municipales decidieron dejar de cumplir con el Voto de la lamparilla de San Cecilio. No quisieron renovar el secular juramento. Sólo los años 1932, 1933 y 1934 el Ayuntamiento incumplió su promesa hecha tres siglos y un tercio antes por nuestros antepasados.

Leemos noticias, críticas e incluso chanzas dirigidas a los políticos católicos sobre aquella suspensión

Representantes de partidos de izquierdas y la prensa republicana incluso arremetieron contra los concejales que sí decidieron subir a cumplir el voto, aunque tuvieron que hacerlo a título personal. Leemos noticias, críticas e incluso chanzas dirigidas a los políticos católicos sobre aquella suspensión, sobre todo de la pluma de Constancio (Constantino Ruiz Carnero), el director de El Defensor que sería fusilado en agosto de 1936.

La prensa informaba en 1932 de que, por primera vez, la ciudad de Granada había decidido no cumplir con el Voto a San Cecilio. Fue día laborable y sólo concejales a título personal y la banda subieron a visitar al Santo.

En aquel ambiente de hostilidad política de los primeros años de la República no es de extrañar que las clases populares, sobre todo del Albayzín, con grandes masas de obreros anarquistas y socialistas, dejaran de asistir a la Romería. El decaimiento fue un hecho.

El año 1935, ya con gobierno de la CEDA, volvió a ser recuperada la Romería. Aunque con la mala fortuna de que una intensa nevada la deslució por completo

El año 1935, ya con gobierno de la CEDA, volvió a ser recuperada la Romería. Aunque con la mala fortuna de que una intensa nevada la deslució por completo.

Y en 1936, en una campaña electoral de alta tensión, tampoco se puede decir que brillase San Cecilio.

Aquel pequeño paréntesis de la República fue la única vez que la ciudad de Granada, es decir, su Ayuntamiento no cumplió el Voto iniciado con San Cecilio en 1601. Repito que quienes nunca dejaron de cumplirlo fueron los canónigos, estudiantes y religiosos del entorno de la Abadía y su Universidad privada.

Y, aunque el horno no estaba para bollos, los años de guerra civil (1937, 38 y 39) también tuvo lugar una modesta romería de San Cecilio, copada y alentada por la corporación municipal que formaron los militares

Y, aunque el horno no estaba para bollos, los años de guerra civil (1937, 38 y 39) también tuvo lugar una modesta romería de San Cecilio, copada y alentada por la corporación municipal que formaron los militares.

El franquismo y la recuperación, posterior por Castillo Higueras

El franquismo recuperó, fomento y procuró hacerse protagonista de la Romería de San Cecilio y el cumplimiento del Voto centenario. Al menos durante sus dos primeras décadas. Coincidió con otro momento de esplendor de la Abadía y su colegio. Las bandas militares, la Agrupación de Coros y Danzas y grupos de bailes tradicionales se adueñan de los campos inmediatos. Fue cuando de verdad cobró más fuerza la expresión de Granada sube al monte.  

La prensa del franquismo le dedicó grandes espacios a informar y comentar asuntos relacionados con las tradiciones romeras de San Cecilio. En estos casos, las cualidades de las piedras casamenteras o divorciadoras de las Santas Cuevas.
El cofrecillo con el incienso de San Cecilio también iba impregnado de política en los años del franquismo: llevaba impresos el yugo y las flechas.

Pero la irrupción de otros modos de diversión con discotecas y coches empezó a restar interés con la recuperación económica de los años sesenta. El Ayuntamiento intentó apoyar la fiesta con el reparto de un plato de caldereta y, más tarde, se institucionalizó el regalo de habas, jamón, salaíllas, jayuyas, etc.

Pero la crisis hizo su presencia a principios de los años setenta. No sólo en la romería, también en la propia institución sacromontana

Pero la crisis hizo su presencia a principios de los años setenta. No sólo en la romería, también en la propia institución sacromontana. En 1975 se echaba el cierre al colegio. El golpe fue duro. El lugar perdió vida. La romería se resintió, así como el cumplimiento del voto. Hubo un par de años en que sólo subió una representación de concejales a cumplir con el Voto.

Ya no asistían las familias completas a pasar un día en el campo. Ahora eran sólo grupos de jóvenes los que se acercaban.

Tuvo que ser un concejal comunista, el camarada señorito como se definía él, José Miguel Castillo Higueras, quien buscase la esencia del barroquismo del XVIII para devolver boato y grandiosidad a la romería

Contradictoriamente, en lo referente a la atención que le prestaba la prensa, se nota la dedicación de mayores espacios. Lo propició que tanto Patria como Ideal ya no eran los vetustos periódicos de sólo cuatro páginas. Ahora disponían de mucho más espacio para desarrollar la temática sacromontana. Raro era el año en que no aparecían reportajes, sobre todo de tipo folklórico. Como, por ejemplo, las múltiples versiones sobre las dos piedras milagrosas de las Santas Cuevas.

En lo referido a la renovación del Voto por parte de la ciudad, el protocolo se había ido deformando hasta perderse su esencia.

Tuvo que ser un concejal comunista, el camarada señorito como se definía él, José Miguel Castillo Higueras, quien buscase la esencia del barroquismo del XVIII para devolver boato y grandiosidad a la romería.

José Miguel Castillo (en el círculo), recuperó e impulsó la tradición del Voto llevándose a toda la corporación de socialistas y comunistas a la Abadía.

Estábamos con la democracia recién recuperada, era 1980. Convenció a sus compañeros de corporación, socialistas y comunistas, y se los llevó a todos a misa. Incluyó al resto de autoridades civiles, militares y sociales.

A José Miguel Castillo se deben las alegrías que trajo la recuperación del día de San Cecilio, el Voto y su romería. No obstante, San Cecilio quedó devaluado como fiesta local. Hoy caminan por un lado la celebración litúrgica y por otra la romería y el cumplimiento del voto

A José Miguel Castillo se deben las alegrías que trajo la recuperación del día de San Cecilio, el Voto y su romería. No obstante, San Cecilio quedó devaluado como fiesta local. Hoy caminan por un lado la celebración litúrgica y por otra la romería y el cumplimiento del voto.

Hoy, con el gran impulso que se ha dado a la recuperación de los edificios, gracias a la inquietud del actual abad y a la instauración de la misa por el rito Mozárabe, San Cecilio goza excelente buena salud. Esperemos que aún más este año que coincide en domingo. (Aunque se espera mal tiempo).

Tampoco hay que olvidarse de la vida que le añade la cofradía de los Gitanos, la decidida apuesta del Arzobispado y la creación de la fundación que rige los destinos actuales.

Tampoco hay que olvidarse de la vida que le añade la cofradía de los Gitanos, la decidida apuesta del Arzobispado y la creación de la fundación que rige los destinos actuales

Aprovechando que menciono a la Cofradía allí acogida, hago una propuesta: Ya va siendo hora, San Cecilio, de que devuelvas la visita a Granada y bajes a vernos en una magna procesión. Deberías pasar por la ermita que te tienen dedicada en la antigua puerta de Hernán Román, en el Albayzín; también pasar por la capilla que te tienen dedicada en la Catedral. Y sin faltar a tu parroquia de San Cecilio. Ahí dejo el guante, a ver si el Abad y los cofrades lo recogen.

Que San Cecilio continúe protegiéndonos de enfermedades y males. Que la luz de lamparilla siga iluminándonos. Que siga extendiendo su mando protector cada día sobre la ciudad, como ángel de la guarda, y que nosotros podamos tener mucha salud y buenas piernas para peregrinar cada febrero al monte Valparaíso.

Les agradezco mucho el haberme aguantado esta extensa charla, a base de brochazos históricos con trazos gruesos. Se merecen que les dé un premio. Y grande. Y se lo voy a dar.

El Centro Artístico de Granada me ha prestado a parte de los miembros de su sección de Artes Escénicas. Son Charo Calle y Francisco de Paula Muñoz.

Todo esto que yo les he contado durante tanto tiempo, abusando de su paciencia, se lo van a escenificar ellos con la lectura y dramatización de un precioso romance que dura sólo cuatro minutos.

Lleva por título La subida al monte. Fue escrito por Joaquín Afán de Ribera y publicado en su libro de tradiciones granadinas de 1885. Una preciosidad en verso. Espero que les guste la guinda con que acabamos esta charla sobre nuestro patrón San Cecilio.

¡VIVA SAN CECILIO!

Charo Calle y Francisco de Paula Muñoz, del grupo de artes escenas del Centro Artístico, declamando el romance de Afán de Ribera.

SUBIDA AL MONTE

I

En pintoresca colina

De sitio alegre y ameno

Donde el Dauro se avecina

Y se disfruta y domina

Paisaje de encanto lleno.

 

Allí donde los rigores

Templan de invierto y estío

Arroyos murmuradores,

Y a las perlas del rocío

Abren su cáliz las flores.

 

Y con su atmósfera pura

De eterna paz y quietud

Goces sin cuento procura,

Y llaman por su hermosura

El Valle de la Salud.

 

Se eleva hasta el firmamento

Una insigne colegiata,

De la fe duro cimiento,

Y que en sus muros recata

De gracias rico portento.

 

¡Oh monte Ilipulitano!

La sangre que derramó

El santo Obispo cristiano,

Fue resplandor sobrehumano,

Que al Universo alumbró.

 

Y así como el crudo hielo

En agostar se complace

La planta que cubre el suelo,

Que al raso del sol que nace

Levanta su tallo al cielo;

 

Del martirio la crueldad

Que aplicó a aquellos varones

La gentílica maldad,

Fue nueva luz de verdad

Que tocó los corazones.

 

Por eso el pueblo se inflama

Y la granadina tierra

Por su Patrono le aclama.

Y Sacro-Monte le llama,

Por el tesoro que encierra.

 

¡San Cecilio! ¡nombre amado!

Consuelo de humanas cuitas,

Mira al pueblo entusiasmado

Cómo adora arrodillado

A tus cenizas benditas.

 

II

¡Año de terrible memoria! [1600]

La terrible ira celeste

Doquiera que se hace notoria

Con una horrorosa peste

Cual no registra la Historia.

 

La epidemia en su furor

Tendió sus alas de luto,

Todo es espanto y temor,

Que lleva a su alrededor

La muerte como atributo.

 

Y lágrimas y dolores

Mira Granada en su duelo,

Que se borran sus primores

Y espinas en vez de flores

Brota estremecido el suelo.

 

Llora el hermano a la hermana;

La madre el pesar profundo

Del hijo por quien se afana;

Y responde a la campana

El gemir del moribundo.

 

En la terrible orfandad,

Sin más remedio en su abono

Impetrando su piedad

Hace voto la ciudad

De visitar su Patrono.

 

Y una solemne función

Le dedica entusiasmada,

Y para más devoción

Consigna la obligación

De una luz continuada.

 

Que brillando ante el altar

De las eternas verdades

Sirva para atestiguar

El caso tan singular

A las futuras edades.

 

Y oyó el Supremo en su altura

La voz del Santo, a su hechura

Perdona, y cesa en su ira,

Que ya en el cielo se mira

Iris de paz y ventura.

 

Vuelva la dicha en redor

Y el pecho tranquilo queda,

Y el canoro ruiseñor,

Entona canto de amor

Otra vez en la arboleda.

 

Y el ¡ay! de aflicción profunda

Producto de tantos males,

Es ya place que fecunda

Que el monte y el valle inunda

Con brisas primaverales.

 

III

Pasan siglos a porfía

Y el pueblo siempre devoto

Asiste a la romería;

Y nunca faltó en su día

El municipio a su voto.

 

Con toda solemnidad

A la promesa leales

Ejerciendo autoridad,

Representan la Ciudad,

Con maceros y timbales.

 

Sigue gente engalanada;

Y otros de placer avaros

Tuercen a la Era Empedrada,

O desde Puente-Quebrada

Al cerro de Montes-Claros.

 

Y allá en las Avellaneras,

Eterna verdor del río,

Familias menos severas,

Mueven bailes… y quimeras,

Y no le temen al frío.

 

Álamos negros copudos

Dan sombra a las Siete Cuestas,

Y sirven de anchos escudos

A otras reuniones modestas

Al pie de sus troncos rudos.

 

El órgano acompasado

De sus notas a millares

El templo está iluminado,

Y el concurso prosternado

Delante de los altares.

 

Se ve la iglesia repleta:

Acaba, y la gente en sillas

Se coloca en la placeta,

Y cada Edil se completa

Llevando ramo y pastillas.

 

Muchas jóvenes hermosas

Y algunas que no son nuevas,

Pero de casarse ansiosas,

Se disponen presurosas

A correr las Santas Cuevas.

 

Que dice la tradición,

Tal vez por causar agobios,

Que si besan el peñón

Que hay en oculto rincón,

Tendrán decenas de novios.

 

Otras logran penetrar

Buscando mejor orilla,

Y en gracia particular

Las convidan a probar

La suculenta tortilla.

 

Más la tarde se apresura;

El sol ya esconde su carro,

Y tanta alegre criatura

Desciende desde la altura

A la Carrera del Darro.

 

Vuelve la calma a reinar

Cual lejos del mundo entero;

¡Sacro-Monte singular,

Quién te pudiera cantar

En el año venidero!

Dos de los comisarios del Voto a San Cecilio de este año: el concejal Francis Almohalla por el Ayuntamiento y Antonio Ferández Siles, abad del Sacromonte.