El Voto a San Cecilio, la rogativa de salud más antigua que renueva Granada

El cristianismo antiguo en Granada
Es incuestionable que el cristianismo en la provincia Bética romana, y en el Municipium Florentinum Iliberritanum, (Eliberri o Florentia), era una realidad asentada a finales del siglo III d. C. No puede entenderse de otra manera si tenemos en cuenta que aquí tuvo lugar el primer concilio cristiano, el de Elvira. En los primeros años del siglo IV. No sabemos si lo celebraron en el núcleo del actual Albayzín o en la ciudad de Elvira (Atarfe). Incluso la última teoría no descarta que se hiciera en la recientemente aparecida Villa de los Mondragones. Teoría aún muy verde.
Ya no había miedo a las persecuciones de cristianos de tiempos pasados. Llegaban buenas noticias desde Roma, donde el emperador Constantino había autorizado el cristianismo en todo el imperio romano. Corrían los primeros años del siglo IV.
La población tardorromana granadina continuó siendo cristiana. Ahí tenemos la figura de San Gregorio Bético o de Elvira
La población tardorromana granadina continuó siendo cristiana. Ahí tenemos la figura de San Gregorio Bético o de Elvira. Reconocido teólogo, obispo de Ilíberis que acude al Concilio de Rímini en el 359. Con lo complicadas que eran las comunicaciones por entonces para llegar a la Península Itálica.
El siguiente periodo histórico, el visigodo, poco cambia para el cristianismo granadino. Pues muy pronto, en el III concilio de Toledo (año 589), Recaredo adopta la doctrina de Cristo como religión oficial de esos bárbaros llegados de Centroeuropa.
Los godos de la Península quedaron unificados con los habitantes hispanorromanos. Surge por primera vez la unidad espiritual, cristiana católica, en lo que hoy son España y Portugal.
Hay referencias históricas, que no arqueológicas, a la existencia de tres basílicas visigodas en la vieja Ilíberis granadina
Hay referencias históricas, que no arqueológicas, a la existencia de tres basílicas visigodas en la vieja Ilíberis granadina. Se menciona una en el lugar de Natívola, otra al lado del río Genil (Escolapios actuales) y, sobre todo, una iglesia en el camino de Sevilla, en las inmediaciones de lo que más tarde sería el cementerio musulmán de Ben Malik y la Puerta de Elvira.
El 711 y la llegada de oleadas de musulmanes árabes y norteafricanos no supuso, en principio, el final de la práctica cristiana en nuestra tierra. Al contrario, los invasores ostentaban el poder político y militar, pero se apoyaron mucho en los grandes grupos sociales, económicos y religiosos, ya asentados aquí, para organizar su administración y la vida social. Era lógico, pues suponían mayoría de población. Esos grandes grupos eran cristianos y judíos en menor media.
Surgió un pacto tácito entre la élite dominante musulmana, el rico colectivo judío y los cristianos. A éstos se les empieza a llamar mozárabes o rumíes
Surgió un pacto tácito entre la élite dominante musulmana, el rico colectivo judío y los cristianos. A éstos se les empieza a llamar mozárabes o rumíes. Eso significaba que gozaban de un estatuto por el que el musulmán les permitía la práctica de sus costumbres, sus actividades, conservar sus propiedades y su religión.
Prueba de que aquel pacto tácito funcionó durante siglos fue que los judíos llegaron a copar la hacienda y los visiratos en el periodo Zirí de 1013 a 1090. Recordemos las importantísimas figuras de Nagrella y su hijo Josepf como primeros ministros de los emires ziritas.
Una muestra más de aquella convivencia entre culturas era la importante presencia de los obispos cristianos en las provincias musulmanas del Califato. Recordemos a Recemundo de Ilíberis, obispo en tiempos de Abderramán que incluso fue nombrado por el califa para encabezar una embajada ante la corte heredera de Carlomagno.
La vida discurría no sin algún que otro conato de celos por las familias musulmanas desfavorecidas y con algún que otro pogromo, matanza o expulsión. El más sonado fue el del año 1066, que expulsó a todos los judíos a Lucena
Era habitual que los mozárabes de entonces fuesen llamados indistintamente con un nombre hispanorromano y otro musulmán. Recemundo de Ilíberis era el rabí Ibn Zyad al Qurtubí de los musulmanes.
La vida discurría no sin algún que otro conato de celos por las familias musulmanas desfavorecidas y con algún que otro pogromo, matanza o expulsión. El más sonado fue el del año 1066, que expulsó a todos los judíos a Lucena.
Cuatro siglos de convivencia entre religiones
En aquella situación de permisividad, pacto o convivencia entre las tres religiones del libro trascurrieron cuatro largos siglos en Granada. Del VIII al XI.
Nos plantamos ya a principios del siglo XII. La invasión de los intransigentes almorávides había acabado con el caos de los reinos taifas tras la muerte de Almanzor, y la consiguiente descomposición del Califato de Córdoba.
El equilibrio entre las tres religiones se había roto por exigencia de los Almorávides, que eran neoconversos y, como ocurre con los neoconversos, unos extremistas
El equilibrio entre las tres religiones se había roto por exigencia de los Almorávides, que eran neoconversos y, como ocurre con los neoconversos, unos extremistas. Deciden derruir sinagogas judías e iglesias de culto cristianas. Hemos llegado a los años 1100-1120.
Los mozárabes del reino Almorávide de Granada, cansados de abusos, decidieron recurrir al rey cristiano de moda, Alfonso I de Aragón, el Batallador. Le pidieron ayuda para acabar con aquella opresión.
El resto de la historia la conocen: una cruzada en los años 1125-6 viene con miles de soldados desde Zaragoza, con la promesa de que al menos 12.000 guerreros cristianos se unirían a ellos y les facilitarían la rendición de Granada.
El asunto no salió bien. Pero quedó una referencia: Cuán elevada sería la población mozárabe de Granada que alrededor de 12.000 cristianos se fueron tras los cruzados para asentarse en tierras de Aragón.
La consecuencia de aquella ofensiva cristiana fue la represalia almorávide: asesinatos, esclavitud y deportaciones masivas de cristianos a tierras africanas. El año 1126 fue el principio del fin de la presencia masiva cristiana, reconocida o al menos tolerada tácitamente, en tierras de Granada
La consecuencia de aquella ofensiva cristiana fue la represalia almorávide: asesinatos, esclavitud y deportaciones masivas de cristianos a tierras africanas. El año 1126 fue el principio del fin de la presencia masiva cristiana, reconocida o al menos tolerada tácitamente, en tierras de Granada.
Quedaban todavía por delante casi otros cuatro siglos de dominación musulmana por estas tierras, en las que ya el cristianismo pasó a ser una minoría. Lo podríamos comparar con el criptocristianismo practicado en las catabumbas romanas de los siglos I y II.
Para apuntalar todo lo dicho anteriormente, recurramos al Episcopolio granatensis. En él figuran nombres de obispos para la provincia de Granada desde los primeros varones apostólicos, San Cecilio como número 1, los que asistieron al Concilio de Elvira; San Gregorio bético en la segunda mitad del siglo IV; en todo el periodo visigodo no faltó su obispo en Granada. Y donde hay pastor es porque hay ovejas.
El primer obispo mencionado, ya bajo dominio musulmán, fue Égila (777-784). Y el último Recemundo, entre 956-961. Pero debieron seguir existiendo hasta las prohibiciones almorávides de 1116.
Tras el paréntesis de cuatro siglos
La Toma de Granada por los cristianos en 1492 supuso, en cuanto a los seguidores de Cristo, la oportunidad de enlazar con el cristianismo primitivo, el mozárabe granatensis, que se había perdido oficialmente a partir de 1126.
Las Capitulaciones de Santa Fe fueron realmente respetuosas y permisivas con los musulmanes vencidos
Las Capitulaciones de Santa Fe fueron realmente respetuosas y permisivas con los musulmanes vencidos. Se les autorizaba la conservación de sus tradiciones, costumbres, mezquitas y prácticas religiosas.
En cierto modo, ahora el pacto se producía a la inversa: el poder político y militar pasaba a manos cristianas y la gran masa de población era mudéjar, es decir, musulmana.
Al menos así fue la sociedad granadina durante los primeros ocho años tras la Toma de Granada. Pero la convivencia dual, con instituciones paralelas, se rompió tras las primeras quejas y levantamiento mudéjar de la navidad de 1500
Al menos así fue la sociedad granadina durante los primeros ocho años tras la Toma de Granada. Pero la convivencia dual, con instituciones paralelas, se rompió tras las primeras quejas y levantamiento mudéjar de la navidad de 1500.
La práctica musulmana, y su cultura, empieza a ser presionada, perseguida e invitada a diluirse en las nuevas clases sociales, las de los cristianos nuevos o moriscos. El estatus de mudéjar es eliminado y sustituido por la condición de morisco.
El cristianismo cada vez más potente de la primera mitad del XVI convivía con los cristianos nuevos, moriscos criptomusulmanes en su mayoría, que se resistían a ser integrados o absorbidos en la nueva sociedad que se iba imponiendo poco a poco
Granada es epicentro de una fiebre recristianizadora. Digo re y no Cristianizadora, porque entendían que se había dado un largo paréntesis de cuatro siglos. Se retomaba algo que existió con anterioridad. La semilla del cristianismo volvía a brotar tras siglos sin germinar por estas tierras. El largo paréntesis había coincidido con los dominios de almorávides, almohades y nazaritas.
Surgen iglesias ex novo ya en 1492, muchos conventos, otras muchas parroquias crecen de los cimientos de mezquitas y morabitos. El obispado se eleva a categoría de arzobispado y empieza a crecer una de las catedrales renacentistas más imponentes.
El cristianismo cada vez más potente de la primera mitad del XVI convivía con los cristianos nuevos, moriscos criptomusulmanes en su mayoría, que se resistían a ser integrados o absorbidos en la nueva sociedad que se iba imponiendo poco a poco.
Surgió el pacto de la Capilla Real, de 1526, por el que Carlos V les concedió a los moriscos 40 años de plazo para su progresiva incorporación a la sociedad castellana. Previo pago de 80.000 ducados.
Cada vez afloraban mayores problemas de convivencia entre ambas comunidades, la cristiana y la morisca. Hasta llegar a la pragmática de Felipe II, 1567, en que les dice que hasta aquí hemos llegado. Hay que erradicar por completo las reminiscencias musulmanas: eso afectaba a su religión, costumbres, lengua, tradiciones, etc.
Siguió la guerra de las Alpujarras como reacción a aquellas prohibiciones, las expulsiones masivas de moriscos hacia otras tierras castellanas y de la baja Andalucía. Se da por definitivamente finiquitado el periodo morisco. Toda Granada era ya cristiana, apostólica y romana
Siguió la guerra de las Alpujarras como reacción a aquellas prohibiciones, las expulsiones masivas de moriscos hacia otras tierras castellanas y de la baja Andalucía. Se da por definitivamente finiquitado el periodo morisco. Toda Granada era ya cristiana, apostólica y romana.
O aparentaba serlo. Habían quedado aquí las élites de cristianos nuevos, con el corazón partío, mas pequeños grupos de moriscos imprescindibles por sus conocimientos y oficios.
De todas formas, la amenaza de expulsión de todos los moriscos, los repartidos por Castilla, como los que habían quedado en Granada, siempre estaba presente en el tercio final del XVI. La amenaza afloraba de vez en cuando.
Intento de sincretismo
Es entonces cuando aquellas élites criptomusulmanas o mezcladas con cristianos nuevos, ponen en marcha su plan para evitar ser segregados y expulsados. La ocurrencia o la tesis es sencilla:
Cómo nos dais tan mal trato, cómo nos vais a expulsar si nosotros somos descendientes de los cristianos antiguos, de los árabes cristianos de Siria y Palestina que llegaron a la Bética en el siglo I y también a partir del 711. Somos de la misma sangre que los Varones Apostólicos que vinieron a evangelizar y los martirizó Nerón. Ahí al lado, en Valparaíso. El primer obispo Cecilio era nuestro antepasado. Los cristianos de raigambre somos nosotros, los llegados de Palestina hace siglos, y los cristianos nuevos sois los llegados después de Castilla, los que descendéis de bárbaros godos.
Un intento de sincretismo en toda regla.
(Todo lo anterior era la síntesis de argumentos que el letrado de origen morisco Francisco Núñez Muley remitió a Felipe II para justificar las quejas moriscas).
Pusieron en marcha su programa de falsificaciones que mezclaron sabiamente con restos reales de martirios en caleras de Valparaíso. Ya saben, el pergamino de la torre turpiana y el reguero de libros plúmbeos que fueron apareciendo en el último lustro del siglo XVI
Aquellas élites moriscas eran muy ilustradas. Pusieron en marcha su programa de falsificaciones que mezclaron sabiamente con restos reales de martirios en caleras de Valparaíso. Ya saben, el pergamino de la torre turpiana y el reguero de libros plúmbeos que fueron apareciendo en el último lustro del siglo XVI.
Eso sí, con la colaboración emocionada del arzobispo Pedro de Castro y una sociedad muy obsesionada en el entroncamiento del cristianismo moderno de los castellanos con el de los antiguos hispanorromanos granadinos y mozárabes bajo paréntesis musulmán.
Emerge San Cecilio
La figura de San Cecilio no había destacado en Granada durante todo el siglo XVI. Le fue dedicada una iglesia, en la ladera alta del barrio de los Alfareros. Pero era uno más entre los muchos santos y varones apostólicos del martirologio antiguo.
Hasta que esas astutas élites criptomoriscas se fijaron en él. Conocían desde tiempo atrás que se le mencionaba como el primer epíscopo que tuvo Granada. Un cristiano árabe al que curó el mismísimo Jesucristo
Hasta que esas astutas élites criptomoriscas se fijaron en él. Conocían desde tiempo atrás que se le mencionaba como el primer epíscopo que tuvo Granada. Un cristiano árabe al que curó el mismísimo Jesucristo.
Lo convirtieron en el centro de sus hallazgos, aunque acompañado de algunos de sus compañeros. La mayoría de ellos habrían sido concentrados en las cuevas de Valparaíso para sufrir martirio en tiempos de Nerón. Allí estaban sus huesos y sus cenizas calcinados para atestiguarlo.
San Cecilio es el nuevo Santiago de España, surgido de la tierra como su maestro en Compostela, pero aflorado seis siglos después. Además, traía consigo lo que parecía el Quinto Evangelio.
Granada ya era una ciudad muy atractiva y deseada durante todo el siglo XVI. La de mayor población de toda la Península y una de las mayores de Europa
Granada ya era una ciudad muy atractiva y deseada durante todo el siglo XVI. La de mayor población de toda la Península y una de las mayores de Europa.
Aunque la decisión de Felipe II de asentar su corte en el Centro de España había empezado a hacerle mella. Granada comenzaba a estancarse cuando se le retiró la condición de panteón real de la dinastía Austria, ni la Alhambra tendría el palacio de gobierno del imperio que había pensado su padre.
Pero, a pesar de todo, Granada era el centro de España. Estaba en ebullición.
Para aumentar aún más la atención, habían aparecido los restos de varios santos martirizados en tiempos de Nerón. Y con ellos un hueso de San Esteban y un trozo del manto de la Virgen al demoler la Torre Turpiana para la Catedral; unos libros de plomo y huesos de santos martirizados a las afueras, en unas cuevas
Qué más hacía falta para ser considerada como ciudad santa.
Granada era el no va más. Empezaron las peregrinaciones de extraños, también las de los propios granadinos. Granada hervía de fe
Granada era el no va más. Empezaron las peregrinaciones de extraños, también las de los propios granadinos. Granada hervía de fe.
Granada estaba en fase de convertirse en la nueva Jerusalén, otra ciudad elegida. O, por lo menos, al nivel de Roma y Compostela. Una ciudad santa donde acudir en busca de remedio para los males y las enfermedades.
Hablaban y no paraban de milagros y curaciones. Bien las recogió Heylan en sus grabados y las describió tiempo después el arzobispo Antolínez de Burgos en su historia eclesiástica:
Se empieza a construir la basílica primitiva. Se ponen guardias para que nadie revuelva o rebusque más huesos o libros de plomo. Granada ha sido tocada por la mano de Dios. Así lo consideraba el arzobispo Pedro de Castro
Se empieza a construir la basílica primitiva. Se ponen guardias para que nadie revuelva o rebusque más huesos o libros de plomo. Granada ha sido tocada por la mano de Dios. Así lo consideraba el arzobispo Pedro de Castro.
Plantan centenares, si no miles, de cruces en señal de agradecimiento por los favores alcanzados o como peticiones futuras. Valparaíso fue el equivalente a Fátima o Lourdes actuales. Aunque sin viajes organizados por agencias.
Y san Cecilio el centro de todas las peticiones. Ya no es un santo más con una iglesia modesta en las afueras de la ciudad. Ahora es el gran santo de Granada
Y san Cecilio el centro de todas las peticiones. Ya no es un santo más con una iglesia modesta en las afueras de la ciudad. Ahora es el gran santo de Granada. El santo que todo lo protege y nos concede todos los favores. Hay que levantarle una gran basílica de peregrinación, un gran monasterio, al estilo de El Escorial. Y formar un cabildo con los religiosos más notables de la Diócesis.
También construir una Vía Sacra que vaya desde la Catedral a las Santas Cuevas. Un verdadero camino de espiritualidad al nuevo Calvario, donde purgar nuestros pecados y recabar la salvación eterna.
La peste de Sevilla, el voto sevillano y la lamparilla
Nos plantamos en el año 1599. El santuario de San Cecilio se limitaba todavía a las cuevas. Estaba in mente de don Pedro de Castro la iglesia nueva y los claustros.
Granada, convertida en la envidia de España, fue vista como solución a todos los males. Y por Granada entiéndase su nuevo santo, San Cecilio
Granada, convertida en la envidia de España, fue vista como solución a todos los males. Y por Granada entiéndase su nuevo santo, San Cecilio.
Surge una terrible epidemia de peste en Sevilla, parece que llegada a través de su puerto. Los sevillanos mueren como chinches, ya está afectada un tercio de su población. Se contaron hasta 9.000 cadáveres por sus calles. Las rogativas de Sevilla a sus santos locales no hacen efecto.
Alguien se acuerda de los milagros y prodigios que se contaban en Granada, protagonizados por San Cecilio. Los que he mencionado anteriormente.
A alguien de Sevilla se le ocurre mirar hacia Granada. El concejo de la ciudad hispalense, impotente, recurre a su Cardenal Rodrigo de Castro, éste se pone en contacto con don Pedro de Castro, nuestro arzobispo, y le pide mediación
A alguien de Sevilla se le ocurre mirar hacia Granada. El concejo de la ciudad hispalense, impotente, recurre a su Cardenal Rodrigo de Castro, éste se pone en contacto con don Pedro de Castro, nuestro arzobispo, y le pide mediación.
Le solicitan permiso para enviar devotos sevillanos al Sacromonte, aquí orarían, en las Santas Cuevas. Pero Pedro de Castro no lo ve conveniente, por el trasiego de contagios de peste. (Además de jurista y fino teólogo, Don Pedro debía saber de medicina). Se oraría aquí y pediría a San Cecilio por la curación de nuestros hermanos sevillanos.
A cambio, el cabildo de Sevilla promete aportar 2.000 ducados para contribuir a la erección de la Abadía en ciernes. Una parte se destinaría a labrar una lámpara de plata como recuerdo del voto que se formulaba a San Cecilio. Debería arder eternamente para salvaguardar a los sevillanos de la enfermedad.
Y ahí está la lámpara y su lucecita desde entonces, ardiendo sin cesar. Todo por iniciativa de los sevillanos.
Mientras remitía la peste en Sevilla, en Granada se celebraba por estos días de enero, pero del año 1600, el concilio que declaró como verdaderos el manto de la Virgen, el hueso de San Esteban, las cenizas y la amalgama de huesos hallados en las caleras de Valparaíso
La peste empezó a remitir en Sevilla en el año 1600, a los pocos meses, tras el envío de aquellos 2.000 ducados (traducidos a oro, unos 7 kilos). La ciudad de Sevilla fue la primera institución de peso en echarse en manos de San Cecilio. Granada, para entonces, sólo lo había hecho a título individual de cada uno.
Mientras remitía la peste en Sevilla, en Granada se celebraba por estos días de enero, pero del año 1600, el concilio que declaró como verdaderos el manto de la Virgen, el hueso de San Esteban, las cenizas y la amalgama de huesos hallados en las caleras de Valparaíso.
Empezaba paralelamente el proceso de traducción de los Libros Plúmbeos. Todas las órdenes religiosas pugnaban ante el arzobispo Pedro de Castro por hacerse cargo del futuro monasterio, basílica y santuario que empezaba a construir. Al final, decidió adoptar otra fórmula, la del cabildo de ilustres externos. Fórmula que pervive en la actualidad.
Nada más acabar aquel concilio calificador, la peste empieza a afectar a Granada. Nos encontramos a 8 de junio del año 1600
Nada más acabar aquel concilio calificador, la peste empieza a afectar a Granada. Nos encontramos a 8 de junio del año 1600.
El cabildo de Granada, el ayuntamiento, adopta la misma decisión que un año antes había hecho el sevillano: ponerse en manos de San Cecilio. Encargó otra lámpara de plata, aunque más exagerada, de casi 21 kilos de metal.
Con el añadido de subir toda la corporación a participar en los actos religiosos el día de San Cecilio y proceder a renovar el voto. Lo haría el concejo o corporación en pleno, lo que se entendía por la Ciudad sube al Monte. Además, se decidió nombrar a San Cecilio el copatrón de Granada, junto a San Gregorio Bético.
Dos incisos:
1. Muy pronto la ciudad de Sevilla debió entender que su promesa había expirado y dejó de renovar su voto anual.
2. Las dos lámparas de plata, la sevillana y la granadina, lucieron primero en las Cuevas. Más tarde pasaron a la iglesia provisional, a partir de 1610. Han sufrido varios cambios de ubicación y retoques de plateros. Estuvieron una en el lado del Evangelio y otra en el de la Epístola. En la actualidad, la sevillana ha pasado a la capilla de San Dionisio y la granadina es la que vemos siempre luciendo delante de la imagen de San Cecilio, en el retablo y cerca de la urna que guarda sus cenizas.
Se institucionaliza "Granada sube al monte" como romería
Así fue como quedó instaurado en aquel inicio del XVII la tradición devota y religiosa de Granada sube al Monte a cumplir con el que sigue siendo hoy día el voto más antiguo con que cuenta esta ciudad.
Nunca en estos 425 años ha fallado una sola vez el cumplimiento del voto desde el punto de vista canónico o religioso. Por muy difíciles que hayan sido los acontecimientos sociales y políticos de España y de Granada
Nunca en estos 425 años ha fallado una sola vez el cumplimiento del voto desde el punto de vista canónico o religioso. Por muy difíciles que hayan sido los acontecimientos sociales y políticos de España y de Granada.
Los indicios apuntan a que aquel cumplimiento del voto de la ciudad a San Cecilio se estuvo haciendo durante las primeras décadas del XVII en forma de representación política. Es decir, subían al Monte los Caballeros XXIV que eran los que gobernaban la ciudad. No se sabe de cuánto boato se hacían acompañar.
Tuvo que ser una ceremonia similar a los actuales cumplimientos que se hacen con el Voto a las Angustias y al Cristo de San Agustín, que sólo se desplazan unos concejales y unos cuantos funcionarios.
Henríquez de Jorquera y otras crónicas de la época no hablan de subidas masivas en la primera mitad del XVII. No aparece por ningún sitio la palabra romería. El acto se limitaba a una visita de los políticos que cumplimentaban a los canónigos del Sacromonte y compartían el acto religioso de renovación de promesa.
Es a partir de 1682, con el breve de Inocencio XI, declarando heréticos los Libros Plúmbeos, cuando Granada queda en shock
Es a partir de 1682, con el breve de Inocencio XI, declarando heréticos los Libros Plúmbeos, cuando Granada queda en shock. Ya se había asimilado por aquí, sobre todo a nivel popular, la veracidad de aquel quinto evangelio, cuando el Vaticano enfría las expectativas y dice que son falsarios. Menos mal que siguió apoyando la autenticidad de las reliquias martiriales.
Habrá que esperar unos años, al tardobarroco granadino, ya muy finales del XVII y albores del siglo XVIII, para que se vuelva a relanzar la abadía, su colegio y sus estudios. Una vez repuestos del duro golpe de Inocencio XI. Será el momento en que recobre fuerza el inmaculismo. Personajes de la vida social y cultural de la importancia de Pedro Pascasio de Baños y compañía, también caballeros XXIV, ponen sus ojos en Valparaíso y el Sacromonte.
Erigen la columna a la Inmaculada, a imitación de la del Triunfo de la Virgen. Se compran cármenes en el Camino del Monte, habilitan vergeles de sosiego
Erigen la columna a la Inmaculada, a imitación de la del Triunfo de la Virgen. Se compran cármenes en el Camino del Monte, habilitan vergeles de sosiego. Instauran fiestas y agasajos para las élites. Hacen del cumplimiento municipal del Voto a San Cecilio una fiesta más de la ciudad, la de la salida del invierno y el inicio de la primavera.
No sólo suben los políticos y pudientes, también traen tras de sí servidumbre en abundancia. El pueblo se va sumando poco a poco y así, en el primer tercio del siglo XVIII se consolida la Romería de San Cecilio. San Cecilio es ahora una de las principales fiestas locales del calendario.
Aquel barroquismo les lleva a establecer un protocolo entre la Ciudad, el Ayuntamiento, y la Abadía, su Cabildo. Lo fijan, lo pactan y lo escriben ya en 1601. Es la llamada consueta. Es el protocolo que sirvió de base para otro posterior, el de 1752. En qué consiste: cada año, unos días antes, comisiones de canónigos y concejales intercambian visitas de cortesía para fijar las novedades, fechas y protocolos.
Es el libro de protocolo que, en cierto modo, sigue vigente en la actualidad para la mayoría de los actos de la ciudad de Granada. Fue el recuperado por José Miguel Castillo Higueras en el año 1980
En 1752 se plasmó la consueta de manera detallada en el primer libro de protocolo que tuvo el Ayuntamiento de Granada, redactado por Juan de Morales Hondonero. Era pleno auge del barroquismo y la pomposidad granadinos.
Es el libro de protocolo que, en cierto modo, sigue vigente en la actualidad para la mayoría de los actos de la ciudad de Granada. Fue el recuperado por José Miguel Castillo Higueras en el año 1980.
También hay intercambios de regalos. Se hizo tradicional que los mayordomos municipales regalaran incienso y ramos de flores. Estampas de iconografía Sacromontana. Poco a poco el incienso en barritas se fue sofisticando hasta meterlo en cajas de cartón, madera y hace medio siglo en cajas de plata que son verdaderos joyeros.
Cuando se estableció San Cecilio como día festivo y romero, el Ayuntamiento colaboraba llevando comida a los canónigos y colegiales.
La romería de San Cecilio fue una más de las romerías populares que abundaron en Granada durante todo el siglo XIX y, en la mayoría de casos, llegaron hasta principios del XX: San Antón el Viejo, la del Aceituno, San Marcos, San Isidro, la de Puente del Cristiano… Todas hoy desaparecidas
La romería de San Cecilio fue una más de las romerías populares que abundaron en Granada durante todo el siglo XIX y, en la mayoría de casos, llegaron hasta principios del XX: San Antón el Viejo, la del Aceituno, San Marcos, San Isidro, la de Puente del Cristiano… Todas hoy desaparecidas.
Hubo romerías de tipo general de la ciudad, como lo es San Cecilio, y algunas que se podrían calificar como romerías de barrio, algo parecido a lo que ocurre hoy con el Corpus como semana grande y fiestas de las barriadas.
Convulso siglo XIX
Ya he avanzado que el Voto de San Cecilio no ha fallado nunca en estos 425 años de existencia desde el punto de vista religioso. Ha sido muy diferente en cuanto al acompañamiento festivo popular o romero. Muy ligado y condicionado a las situaciones políticas cambiantes.
En sus momentos de esplendor, siempre era fiesta romera local que coincidía con la celebración religiosa. Aunque también se la añadía la tarde anterior.
En el convulso siglo XIX español la situación se vio un tanto alterada. Afectada por el incremento del movimiento aconfesional y anticlerical experimentado en ese tiempo
En el convulso siglo XIX español la situación se vio un tanto alterada. Afectada por el incremento del movimiento aconfesional y anticlerical experimentado en ese tiempo. Digo alterada en su aspecto oficial, que no lúdico, porque los granadinos pronto asumieron que en el día de San Cecilio era una fiesta más, un pretexto para tomarse un día de asueto yendo a comer al campo. Más aún si se presentaba un buen día anunciando primavera.
Las clases populares se tumbaban a retozar y comerse un hornazo. Los más pudientes formaban cuadrilla y guisaban caldereta o migas por las laderas. Y las familias que tenían cármenes en la zona aprovechan para juntar a compromisos y conocidos para agasajarlos.
Si las Eras de Cristo eran el pretexto para pelar la pava y buscar novia los días de San Marcos y San Isidro, el ensayo previo solía ser la romería de San Cecilio
Si las Eras de Cristo eran el pretexto para pelar la pava y buscar novia los días de San Marcos y San Isidro, el ensayo previo solía ser la romería de San Cecilio. ¡Cuántos amoríos darían comienzo en la romería de San Cecilio! Sobre todo cuando se popularizó la tradición de ir a tocar las piedras blanca y negra para casarse en el año o romper con la pareja que no te gustaba. El antecedente de tirar del badajo a la campana de la Vela.
Pudieron más los fríos y las nieves para que no hubiese romería de San Cecilio que la presencia y las prohibiciones de los franceses en 1810-12, la represión del trienio liberal de 1821-23 o la de la Primera República de 1873. La romería estaba tan arraigada que sólo los elementos climatológicos desfavorables fueron capaces de afectarla.
Sólo hubo un año, 1847, el de la revolución del pan, que fue suprimida la romería. Ni siquiera durante el Sexenio Revolucionario (1868-74) los republicanos del periódico la Idea consiguieron que se suprimiera la asistencia de sus concejales.
Pero, no nos engañemos, la parte central del XIX, repleta de revoluciones, quejas, hambres y desórdenes no fueron buenos tiempos para la fiesta de San Cecilio
Pero, no nos engañemos, la parte central del XIX, repleta de revoluciones, quejas, hambres y desórdenes no fueron buenos tiempos para la fiesta de San Cecilio.
Hubo que esperar a 1874 con la llegada de la Restauración borbónica y su largo periodo de estabilidad política para que se recuperase con fuerza la romería que tanto brilló durante todo el siglo XVIII. La eclosión de periódicos empezó a apoyar la fiesta desde el punto de vista literario y periodístico. Las publicaciones modernas olvidaron las vetustas y gongorinas octavas de tiempo atrás, incluso en un latín que casi nadie entendía. Ahora se hablaba de función religiosa, pero también de fiesta, bailes, trajes típicos, alegría y gastronomía.
Empezó a nombrarse el plato típico de la ocasión: la tortilla Sacromonte. Supongo que ya existiría desde tiempo atrás, pero es a partir del nacimiento del Defensor, en 1880, cuando se la nombra por primera vez.
La romería y las artes
San Cecilio salta al periodismo y a la literatura. Aunque no tanto como se hubiese deseado. Cada año va en aumento debido al incremento de competencia entre la infinidad de cabeceras de prensa que nacieron y murieron durante el periodo de intersiglos XIX a XX. También coincide ese momento con la bonanza económica propiciada por la actividad azucarera y alcoholera de la remolacha, la apertura de la Gran Vía, la llegada de los ferrocarriles, los tranvías eléctricos. Granada, a pesar de sus problemas de paro y pobreza, vivió un momento de plata en los ambientes culturales.
Los periodistas recurrían a escribir crónicas, reportajes y noticias al estilo periodístico de entonces. Rebosantes de imaginación, folklore y chascarrillos
Los periodistas recurrían a escribir crónicas, reportajes y noticias al estilo periodístico de entonces. Rebosantes de imaginación, folklore y chascarrillos.
Las crónicas de prensa del periódico católico la Gaceta del Sur solían ser tan detalladas que hasta ponían el menú que degustaban canónigos y concejales. Por ejemplo, esta de 1909 nos dice la carta con detalle:
Todavía colea la gran afición y gustos posrománticos por la poesía. Por eso abundan las composiciones poéticas dedicadas a San Cecilio en tono religioso y también a su romería. Raro era el año en que no aparecía un poema referido a San Cecilio en la prensa local
Todavía colea la gran afición y gustos posrománticos por la poesía. Por eso abundan las composiciones poéticas dedicadas a San Cecilio en tono religioso y también a su romería. Raro era el año en que no aparecía un poema referido a San Cecilio en la prensa local.
Una tradición, la de los romances, que dio grandes satisfacciones a autores y aficionados a la poesía. (Al final de la charla comprenderán ustedes por qué lo digo).
Sólo quisiera leerle estos versos de una cancioncilla de tipo popular que dedicó Gabriel Galdo en 1922 a aquel día festivo. Un retrato muy acertado de lo que era la romería de principios del XX:
Sube, sube granadino
Al Sacromonte y visita
El sitio en que está la ermita
De San Cecilio el divino
Verás mozas y mozuelos
Mientras al santo le rezan
Pensando en dulces anhelos
Verás desde aquella altura
Que cual divina beldad
Se recuesta la ciudad
Sobre tapiz de hermosura
Y sus blancos caseríos
Que palomas asemejan
Y verás cómo reflejan
Los rayos del sol los ríos
Verás al frente la Alhambra
Y sus viejos torreones
Mientras percibes los sones
De una gitanesca zambra
Y la sierra en lontananza
Vestida de níveo manto
Mientras escuchas el canto
Que alguna gitana lanza
Como atalayas verás
Las torres cual centinela
Hacia la izquierda la Vela,
Al frente san Nicolás
Del Generalife al pie,
Allí en un pequeño llano,
La fuente del Avellano
Frente a la Abadía se ve
Y de los rayos solares
Verás múltiples reflejos
Que lanzan los azulejos
De las torres mudéjares
Y verás con la notoria
Ilusión del peregrino
Como parece el camino
Que va derecho a la gloria
Y las chumberas y pitas
Que los caminos bordean
El espíritu recrean
Con sorpresas infinitas
Oirás en loca quimera
En cuevas bajo una parra
Como rasguea una guitarra
El son de una petenera
Sube, sube granadino
Al Sacromonte y visita
El sitio en que está la ermita
De San Cecilio divino.
La poesía culta también se fijó en el Voto de San Cecilio. Hay ejemplos a centenares. Me permitirán que les lea uno de los últimos sonetos que compuso el recientemente desaparecido canónigo D. Federico Rodríguez Ratia. Dice así:
Pero la pintura que podríamos llamar popular o profana, la que debería haber reflejado a gente comiendo, bailando, yendo y viniendo por las siete cuestas, pelando la pava en estas laderas, cogiendo nidos en las huertas…. no existe
Esta abundancia de atenciones escritas, tanto en prosa periodística como en verso, me lleva a hacer una salvedad acerca del tratamiento que le han dado las otras bellas artes a la romería de San Cecilio y al voto más antiguo de la ciudad de Granada.
Existe una abundante iconografía sacromontana y de San Cecilio referida a la aparición de los libros plúmbeos y construcción de la Abadía. Pero la pintura que podríamos llamar popular o profana, la que debería haber reflejado a gente comiendo, bailando, yendo y viniendo por las siete cuestas, pelando la pava en estas laderas, cogiendo nidos en las huertas…. no existe. La pintura costumbrista de los pintores granadinos de la edad de plata se olvidó de la romería de San Cecilio.
Mientras que sí abundan del XIX y principios del XX de las romerías de San Antón, San Isidro, el Aceituno, las Angustias… no conozco que ningún pintor costumbrista tan aficionado a plasmar escenas populares (como Isidoro Marín) jamás pintaran la romería ni el voto de San Cecilio.
Si alguien conoce alguna escena, que me lo comunique para añadirlo.
El día 1 de enero de 1909 filmaron unos minutos en la Abadía. Hoy lo llamaríamos un documental con imágenes de otras partes y actividades de Granada
En cambio, el séptimo arte, el cine sí se fijó pronto en la Abadía y la romería de San Cecilio. Las imágenes en movimiento más antiguas que existen de Granada datan del año 1905, las que filmó las francesa Alice Guy Blanché de San Nicolás y la Alhambra.
Las segundas tomadas de la ciudad, y también de la romería de San Cecilio, las filmó la empresa del cinematógrafo Lux Eden. El que tenía su salón en la Gran Vía, en el solar donde después levantaron el Banco Hispano, al lado de la calle Oficios.
El día 1 de enero de 1909 filmaron unos minutos en la Abadía. Hoy lo llamaríamos un documental con imágenes de otras partes y actividades de Granada. Informaba la prensa el día 5 de febrero que ya la habían revelado en Madrid y montado para ser exhibida en Granada. El título de aquel primer documental en que aparecía la romería de San Cecilio se llamó “Notas granadinas”.
Lo llevo buscando desde hace años. Pero no he conseguido encontrarlo.
Le hablaron del Voto e iba a volver a la romería del 1 de febrero de 1908. Se encontraba en la finca de Láchar, propiedad de su amigo el Duque de San Pedro. Pero aquella mañana regresó inmediatamente a Madrid por el asesinato del Rey de Portugal y su príncipe heredero
Los reinados de los Alfonsos, el XII y el XIII, fueron tiempos gloriosos para la Abadía del Sacromonte como colegio y como centro religioso. Aunque le quitaron la categoría de universidad privada. También para su romería. Son precisamente los años del Padre Manjón. Incluso Alfonso XIII vino el 30 de abril de 1904, en su visita a colegio del Ave María. Recorrió detenidamente todo el edificio y las Santas Cuevas. Allí se registró una anécdota: le ofrecieron besar la piedra para casarse en el año, a lo que respondió: Eso para ustedes, yo no quiero compromisos ahora. Se comprometió a devolver a la Abadía los estudios que le habían sido suprimidos, pero nunca más se supo.
Le hablaron del Voto e iba a volver a la romería del 1 de febrero de 1908. Se encontraba en la finca de Láchar, propiedad de su amigo el Duque de San Pedro. Pero aquella mañana regresó inmediatamente a Madrid por el asesinato del Rey de Portugal y su príncipe heredero.
Aprovecho para recordar una investigación del abad Juan Sánchez Ocaña en la que nos contó que también subieron a honrar la Abadía Felipe IV en 1624; Isabel II en 1862, a quien le predicó el padre Claret. También los reyes Juan Carlos y Sofía lo hicieron en el año 1997. Sólo quedan por hacer su visita los actuales monarcas.
Prueba de que San Cecilio estaba muy arraigado en la vida granadina por los principios del siglo XX fue la abundancia de niños que eran bauzados con este nombre. Había más varones que llevaban el nombre del patrón San Cecilio que de la patrona Angustias
Prueba de que San Cecilio estaba muy arraigado en la vida granadina por los principios del siglo XX fue la abundancia de niños que eran bauzados con este nombre. Había más varones que llevaban el nombre del patrón San Cecilio que de la patrona Angustias.
También al primer gran hospital público se decidió bautizarlo como Clínico San Cecilio. Y a sus dos primeros bebés de la maternidad, Cecilio y Cecilia.
La romería fue un arraigo que se llevaban en el corazón los emigrantes granadinos. Hay algunas referencias a que la casa de Granada en Córdoba y Madrid se reunió para rememorar el día de San Cecilio, en 1928 y 1929. También se llegó a hacer algún recordatorio similar en Buenos Aires las dos primeras décadas del siglo XX.
Aquella tendencia cambió muy pronto. Los nombres de las Angustias empezaron a imponerse, que siguen y suman, así como Juan de Dios, el otro copatrón, también se ha multiplicado. Ahora es raro oír que bautizan a un niño como Cecilio.
La II República
Se preguntarán si no me referiré a qué pasó en la etapa anticlerical más dura que ha sufrido Granada, la de la II República. Pues, efectivamente, por primera vez y oficialmente los gobernantes municipales decidieron dejar de cumplir con el Voto de la lamparilla de San Cecilio. No quisieron renovar el secular juramento. Sólo los años 1932, 1933 y 1934 el Ayuntamiento incumplió su promesa hecha tres siglos y un tercio antes por nuestros antepasados.
Leemos noticias, críticas e incluso chanzas dirigidas a los políticos católicos sobre aquella suspensión
Representantes de partidos de izquierdas y la prensa republicana incluso arremetieron contra los concejales que sí decidieron subir a cumplir el voto, aunque tuvieron que hacerlo a título personal. Leemos noticias, críticas e incluso chanzas dirigidas a los políticos católicos sobre aquella suspensión, sobre todo de la pluma de Constancio (Constantino Ruiz Carnero), el director de El Defensor que sería fusilado en agosto de 1936.
En aquel ambiente de hostilidad política de los primeros años de la República no es de extrañar que las clases populares, sobre todo del Albayzín, con grandes masas de obreros anarquistas y socialistas, dejaran de asistir a la Romería. El decaimiento fue un hecho.
El año 1935, ya con gobierno de la CEDA, volvió a ser recuperada la Romería. Aunque con la mala fortuna de que una intensa nevada la deslució por completo
El año 1935, ya con gobierno de la CEDA, volvió a ser recuperada la Romería. Aunque con la mala fortuna de que una intensa nevada la deslució por completo.
Y en 1936, en una campaña electoral de alta tensión, tampoco se puede decir que brillase San Cecilio.
Aquel pequeño paréntesis de la República fue la única vez que la ciudad de Granada, es decir, su Ayuntamiento no cumplió el Voto iniciado con San Cecilio en 1601. Repito que quienes nunca dejaron de cumplirlo fueron los canónigos, estudiantes y religiosos del entorno de la Abadía y su Universidad privada.
Y, aunque el horno no estaba para bollos, los años de guerra civil (1937, 38 y 39) también tuvo lugar una modesta romería de San Cecilio, copada y alentada por la corporación municipal que formaron los militares
Y, aunque el horno no estaba para bollos, los años de guerra civil (1937, 38 y 39) también tuvo lugar una modesta romería de San Cecilio, copada y alentada por la corporación municipal que formaron los militares.
El franquismo y la recuperación, posterior por Castillo Higueras
El franquismo recuperó, fomento y procuró hacerse protagonista de la Romería de San Cecilio y el cumplimiento del Voto centenario. Al menos durante sus dos primeras décadas. Coincidió con otro momento de esplendor de la Abadía y su colegio. Las bandas militares, la Agrupación de Coros y Danzas y grupos de bailes tradicionales se adueñan de los campos inmediatos. Fue cuando de verdad cobró más fuerza la expresión de Granada sube al monte.
Pero la irrupción de otros modos de diversión con discotecas y coches empezó a restar interés con la recuperación económica de los años sesenta. El Ayuntamiento intentó apoyar la fiesta con el reparto de un plato de caldereta y, más tarde, se institucionalizó el regalo de habas, jamón, salaíllas, jayuyas, etc.
Pero la crisis hizo su presencia a principios de los años setenta. No sólo en la romería, también en la propia institución sacromontana
Pero la crisis hizo su presencia a principios de los años setenta. No sólo en la romería, también en la propia institución sacromontana. En 1975 se echaba el cierre al colegio. El golpe fue duro. El lugar perdió vida. La romería se resintió, así como el cumplimiento del voto. Hubo un par de años en que sólo subió una representación de concejales a cumplir con el Voto.
Ya no asistían las familias completas a pasar un día en el campo. Ahora eran sólo grupos de jóvenes los que se acercaban.
Tuvo que ser un concejal comunista, el camarada señorito como se definía él, José Miguel Castillo Higueras, quien buscase la esencia del barroquismo del XVIII para devolver boato y grandiosidad a la romería
Contradictoriamente, en lo referente a la atención que le prestaba la prensa, se nota la dedicación de mayores espacios. Lo propició que tanto Patria como Ideal ya no eran los vetustos periódicos de sólo cuatro páginas. Ahora disponían de mucho más espacio para desarrollar la temática sacromontana. Raro era el año en que no aparecían reportajes, sobre todo de tipo folklórico. Como, por ejemplo, las múltiples versiones sobre las dos piedras milagrosas de las Santas Cuevas.
En lo referido a la renovación del Voto por parte de la ciudad, el protocolo se había ido deformando hasta perderse su esencia.
Tuvo que ser un concejal comunista, el camarada señorito como se definía él, José Miguel Castillo Higueras, quien buscase la esencia del barroquismo del XVIII para devolver boato y grandiosidad a la romería.
Estábamos con la democracia recién recuperada, era 1980. Convenció a sus compañeros de corporación, socialistas y comunistas, y se los llevó a todos a misa. Incluyó al resto de autoridades civiles, militares y sociales.
A José Miguel Castillo se deben las alegrías que trajo la recuperación del día de San Cecilio, el Voto y su romería. No obstante, San Cecilio quedó devaluado como fiesta local. Hoy caminan por un lado la celebración litúrgica y por otra la romería y el cumplimiento del voto
A José Miguel Castillo se deben las alegrías que trajo la recuperación del día de San Cecilio, el Voto y su romería. No obstante, San Cecilio quedó devaluado como fiesta local. Hoy caminan por un lado la celebración litúrgica y por otra la romería y el cumplimiento del voto.
Hoy, con el gran impulso que se ha dado a la recuperación de los edificios, gracias a la inquietud del actual abad y a la instauración de la misa por el rito Mozárabe, San Cecilio goza excelente buena salud. Esperemos que aún más este año que coincide en domingo. (Aunque se espera mal tiempo).
Tampoco hay que olvidarse de la vida que le añade la cofradía de los Gitanos, la decidida apuesta del Arzobispado y la creación de la fundación que rige los destinos actuales.
Tampoco hay que olvidarse de la vida que le añade la cofradía de los Gitanos, la decidida apuesta del Arzobispado y la creación de la fundación que rige los destinos actuales
Aprovechando que menciono a la Cofradía allí acogida, hago una propuesta: Ya va siendo hora, San Cecilio, de que devuelvas la visita a Granada y bajes a vernos en una magna procesión. Deberías pasar por la ermita que te tienen dedicada en la antigua puerta de Hernán Román, en el Albayzín; también pasar por la capilla que te tienen dedicada en la Catedral. Y sin faltar a tu parroquia de San Cecilio. Ahí dejo el guante, a ver si el Abad y los cofrades lo recogen.
Que San Cecilio continúe protegiéndonos de enfermedades y males. Que la luz de lamparilla siga iluminándonos. Que siga extendiendo su mando protector cada día sobre la ciudad, como ángel de la guarda, y que nosotros podamos tener mucha salud y buenas piernas para peregrinar cada febrero al monte Valparaíso.
Les agradezco mucho el haberme aguantado esta extensa charla, a base de brochazos históricos con trazos gruesos. Se merecen que les dé un premio. Y grande. Y se lo voy a dar.
El Centro Artístico de Granada me ha prestado a parte de los miembros de su sección de Artes Escénicas. Son Charo Calle y Francisco de Paula Muñoz.
Todo esto que yo les he contado durante tanto tiempo, abusando de su paciencia, se lo van a escenificar ellos con la lectura y dramatización de un precioso romance que dura sólo cuatro minutos.
Lleva por título La subida al monte. Fue escrito por Joaquín Afán de Ribera y publicado en su libro de tradiciones granadinas de 1885. Una preciosidad en verso. Espero que les guste la guinda con que acabamos esta charla sobre nuestro patrón San Cecilio.
¡VIVA SAN CECILIO!
SUBIDA AL MONTE
I
En pintoresca colina
De sitio alegre y ameno
Donde el Dauro se avecina
Y se disfruta y domina
Paisaje de encanto lleno.
Allí donde los rigores
Templan de invierto y estío
Arroyos murmuradores,
Y a las perlas del rocío
Abren su cáliz las flores.
Y con su atmósfera pura
De eterna paz y quietud
Goces sin cuento procura,
Y llaman por su hermosura
El Valle de la Salud.
Se eleva hasta el firmamento
Una insigne colegiata,
De la fe duro cimiento,
Y que en sus muros recata
De gracias rico portento.
¡Oh monte Ilipulitano!
La sangre que derramó
El santo Obispo cristiano,
Fue resplandor sobrehumano,
Que al Universo alumbró.
Y así como el crudo hielo
En agostar se complace
La planta que cubre el suelo,
Que al raso del sol que nace
Levanta su tallo al cielo;
Del martirio la crueldad
Que aplicó a aquellos varones
La gentílica maldad,
Fue nueva luz de verdad
Que tocó los corazones.
Por eso el pueblo se inflama
Y la granadina tierra
Por su Patrono le aclama.
Y Sacro-Monte le llama,
Por el tesoro que encierra.
¡San Cecilio! ¡nombre amado!
Consuelo de humanas cuitas,
Mira al pueblo entusiasmado
Cómo adora arrodillado
A tus cenizas benditas.
II
¡Año de terrible memoria! [1600]
La terrible ira celeste
Doquiera que se hace notoria
Con una horrorosa peste
Cual no registra la Historia.
La epidemia en su furor
Tendió sus alas de luto,
Todo es espanto y temor,
Que lleva a su alrededor
La muerte como atributo.
Y lágrimas y dolores
Mira Granada en su duelo,
Que se borran sus primores
Y espinas en vez de flores
Brota estremecido el suelo.
Llora el hermano a la hermana;
La madre el pesar profundo
Del hijo por quien se afana;
Y responde a la campana
El gemir del moribundo.
En la terrible orfandad,
Sin más remedio en su abono
Impetrando su piedad
Hace voto la ciudad
De visitar su Patrono.
Y una solemne función
Le dedica entusiasmada,
Y para más devoción
Consigna la obligación
De una luz continuada.
Que brillando ante el altar
De las eternas verdades
Sirva para atestiguar
El caso tan singular
A las futuras edades.
Y oyó el Supremo en su altura
La voz del Santo, a su hechura
Perdona, y cesa en su ira,
Que ya en el cielo se mira
Iris de paz y ventura.
Vuelva la dicha en redor
Y el pecho tranquilo queda,
Y el canoro ruiseñor,
Entona canto de amor
Otra vez en la arboleda.
Y el ¡ay! de aflicción profunda
Producto de tantos males,
Es ya place que fecunda
Que el monte y el valle inunda
Con brisas primaverales.
III
Pasan siglos a porfía
Y el pueblo siempre devoto
Asiste a la romería;
Y nunca faltó en su día
El municipio a su voto.
Con toda solemnidad
A la promesa leales
Ejerciendo autoridad,
Representan la Ciudad,
Con maceros y timbales.
Sigue gente engalanada;
Y otros de placer avaros
Tuercen a la Era Empedrada,
O desde Puente-Quebrada
Al cerro de Montes-Claros.
Y allá en las Avellaneras,
Eterna verdor del río,
Familias menos severas,
Mueven bailes… y quimeras,
Y no le temen al frío.
Álamos negros copudos
Dan sombra a las Siete Cuestas,
Y sirven de anchos escudos
A otras reuniones modestas
Al pie de sus troncos rudos.
El órgano acompasado
De sus notas a millares
El templo está iluminado,
Y el concurso prosternado
Delante de los altares.
Se ve la iglesia repleta:
Acaba, y la gente en sillas
Se coloca en la placeta,
Y cada Edil se completa
Llevando ramo y pastillas.
Muchas jóvenes hermosas
Y algunas que no son nuevas,
Pero de casarse ansiosas,
Se disponen presurosas
A correr las Santas Cuevas.
Que dice la tradición,
Tal vez por causar agobios,
Que si besan el peñón
Que hay en oculto rincón,
Tendrán decenas de novios.
Otras logran penetrar
Buscando mejor orilla,
Y en gracia particular
Las convidan a probar
La suculenta tortilla.
Más la tarde se apresura;
El sol ya esconde su carro,
Y tanta alegre criatura
Desciende desde la altura
A la Carrera del Darro.
Vuelve la calma a reinar
Cual lejos del mundo entero;
¡Sacro-Monte singular,
Quién te pudiera cantar
En el año venidero!






































































