Artículo de Opinión por Federico Zurita

'Felipe González: la caída de un mito socialista'

Política - Federico Zurita - Domingo, 22 de Febrero de 2026
Federico Zurita se centra, en este artículo de opinión, en la figura de Felipe González.
Felipe González junto a Juan Manuel Moreno en un acto en Sevilla en 2023.
Junta de Andalucía archivo
Felipe González junto a Juan Manuel Moreno en un acto en Sevilla en 2023.

El 28 de octubre de 1982 España pasaba definitivamente la página más desgraciada de su historia reciente, una etapa que había durado cuarenta años. Puede decirse que la Transición quedaba por fin consolidada: el triunfo del Partido Socialista Obrero Español en las elecciones generales así lo atestiguaba, con diez millones de votos y 182 diputados. Los titulares de los periódicos eran exultantes: “Gobernará Felipe” (Pueblo), “Felipe barre” (El Periódico)… lo que da idea de la centralidad de la figura de Felipe González.

Fue un auténtico tsunami de ilusión y de alegría, y lo cierto es que había motivos para ello. Como dijo Felipe González, con claridad y concisión, al ser preguntado por su programa electoral: «Que España funcione». Recuerdo perfectamente que algunos militantes, evocando al legendario Salvador Allende, llamaban a Felipe González “compañero presidente”.

Ya a finales de los años ochenta comenzaron a percibirse las primeras acritudes. Alfonso Guerra resumió un determinado modo de ejercer el poder dentro del PSOE con una frase que se hizo lapidaria: «El que se mueva no sale en la foto». Aquella advertencia -que muchos interpretaron como amenaza- condensaba una política basada en la disciplina férrea y en la sanción fulminante de la disidencia interna. Esas formas de cultura política contaban, sin duda, con la aquiescencia del todopoderoso e incontestado líder que era Felipe González. 

Sería injusto no reconocer los hechos: González lideró la modernización institucional de España, pilotó el ingreso en la Comunidad Europea, impulsó la permanencia en la OTAN -tras el célebre «de entrada, no»- y extendió los pilares fundamentales del Estado del bienestar

Sería injusto no reconocer los hechos: González lideró la modernización institucional de España, pilotó el ingreso en la Comunidad Europea, impulsó la permanencia en la OTAN -tras el célebre «de entrada, no»- y extendió los pilares fundamentales del Estado del bienestar. Sobre esos logros, y un carisma y un hiperliderazgo arrolladores, se construyó una leyenda política que ha perdurado durante décadas. Felipe González fue durante lustros una figura casi totémica dentro del PSOE e incluso más allá de él. Precisamente por eso sorprende -y decepciona- su deriva actual. No son solo sus discrepancias y sus críticas lo que llama la atención, que también, sino el tono agrio y el sarcasmo punzante con que las formula.

Cuando Felipe González se refirió al expresidente Zapatero como “bobo solemne”, cometió en realidad una deslealtad al insultarlo de esa manera tan zafia. Nada de crítica a una gestión política hay en eso,  solo insulto.

Pero no fue la primera vez. En El Hormiguero ante una pregunta irrelevante y no relacionada, González dejó caer: “Es tan fácil que hasta Zapatero lo va a entender”. La frase provocó las risas y los aplausos de un público con un perfil claramente adscrito a la derecha política. Rodríguez Zapatero, siempre elegante en sus formas y en su fondo nunca le respondió. Con un temple que llama la atención, se limitó a darle la callada por respuesta.

Felipe González debería haber tenido en cuenta la dignidad que se merece un expresidente del gobierno sencillamente por el hecho de serlo. Zapatero respondió a Hugo Chávez cuando éste insultó a Aznar; González debería haber tomado nota. Cabe preguntarse si entre expresidentes no debería regir un principio mínimo de respeto institucional, al margen de las discrepancias políticas.

Las críticas de González no se han limitado a Zapatero. Cada vez con más frecuencia arremete también contra el presidente Sánchez y contra la actual dirección del Partido Socialista.

En particular, González ha afirmado que le costaría pactar con Vox, pero que jamás lo haría con EH Bildu. No estaría de más recordar que, mientras Vox evita condenar explícitamente el franquismo como régimen criminal, Bildu ha expresado en los últimos años una condena formal de la violencia de ETA. Sus declaraciones se interpretan como un cuestionamiento de la legitimidad de los apoyos parlamentarios que Bildu pueda prestar al Gobierno.

También resulta significativo que las críticas más severas y más hirientes de González se dirijan reiteradamente hacia la actual dirección socialista, mientras muy rara vez adopta un tono siquiera parecido respecto a los líderes del Partido Popular como Aznar o Feijóo

También resulta significativo que las críticas más severas y más hirientes de González se dirijan reiteradamente hacia la actual dirección socialista, mientras muy rara vez adopta un tono siquiera parecido respecto a los líderes del Partido Popular como Aznar o Feijóo.

Que el PP celebre y aplauda sus intervenciones no es por casualidad, es porque sus líderes son conscientes de que ese tipo de declaraciones viniendo de una figura de la talla de González, benefician al Partido Popular y perjudican al Partido Socialista.

En relación con Gaza, su declaración -“Si realmente no quieren que maten a niños y mujeres en la Franja de Gaza, ¿por qué no sueltan a los rehenes?”- fue percibida como una simplificación impropia de alguien con su experiencia en política exterior. Viendo la que se le venía encima tras ese intolerable exabrupto, matizó y dijo que había sido malinterpretado. Pero no, no fue malinterpretado, fue eso lo que dijo

Mientras los gobiernos de Sánchez han impulsado medidas de fuerte contenido social -subida del salario mínimo, revalorización de pensiones, ley de eutanasia, reforma laboral, Ley de Memoria Democrática- y han mantenido indicadores de desempleo en niveles históricamente bajos, González tiene el cuajo de sentenciar que “España no funciona” y  que el presidente Sánchez “ha perdido el sentido de Estado”.  En contra de los hechos y en contra de toda evidencia.

Por si no fuera suficiente ha dejado otro par de perlas: según él bajo el liderazgo de Pedro Sánchez “El PSOE ha dejado de ser reconocible” y que si en las próximas elecciones generales el candidato es Sánchez “votaré en blanco”. Lo cierto es que el voto de Felipe González vale legalmente lo que cualquier otro, pero obviamente su opinión puede arrastrar más voluntades hacia fuera del PSOE y perjuducarlo claramente. Parece que fuera eso lo que busca. 

Decía Karl Marx que los medios materiales de existencia en los que un hombre vive, se transforman en ideas en su cabeza.

Tal vez esa inquina que González muestra contra el PSOE y el resto de partidos a la izquierda del PSOE se deba al cambio de la posición social y económica que ha experimentado. Felipe González ha ganado mucho dinero, mucho, en los consejos de administración de grandes empresas, como conferenciante y en asesorías y foros internacionales

Tal vez esa inquina que González muestra contra el PSOE y el resto de partidos a la izquierda del PSOE se deba al cambio de la posición social y económica que ha experimentado. Felipe González ha ganado mucho dinero, mucho, en los consejos de administración de grandes empresas, como conferenciante y en asesorías y foros internacionales. Ha acumulado un patrimonio importante, por supuesto muy por encima incluso de los sueldos públicos y altos ingresos tradicionales.

Es probable que este cambio de estatus económico y social contribuya a explicar la intensidad y el tono de sus críticas, especialmente cuando estas benefician indirectamente a la oposición política, mientras su mirada hacia líderes del Partido Popular permanece mucho más ”comprensiva” y menos rigurosa.

Y nada hay que objetar a eso; tampoco cualquiera es ni puede ser Presidente del Gobierno. Pero esa su actual militancia en la “beautiful people” ha ido acompasada de un cambio radical en su posicionamiento político.

En las primarias de 1998, González apoyó a Joaquín Almunia pero ganó Pepe Borrell. En las primarias de 2000 apoyó a Bono pero ganó Zapatero. Y por último,  en las de 2017 apoyó públicamente Susana Díaz pero ganó Pedro Sánchez. Podría todo eso ser un indicador de que la militancia socialista identificaba a González con el pasado. Un pasado glorioso, pero pasado.

Da grima ver al estadista que fue, siguiendo la estela de Redondo Terreros, Joaquín Leguina, Alfonso Guerra (el hermano de Juan Guerra), Jordi Sevilla… En un principio sus desencuentros fueron de puertas hacia dentro, pero hoy los hace fundamentalmente de puertas hacia afuera. Ya hay ministros que incluso públicamente llegan a proclamar la expulsión de Felipe González del PSOE. Así está concluyendo su deriva.

Federico Zurita, profesor del Departamento de Genética e integrante del "Instituto de la Paz y los Conflictos" de la UGR.