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La brecha tecnológica de la España despoblada

Blog - El Mirón - Juan Ferreras - Martes, 21 de Enero de 2020
Las últimas operadoras de la centralita de Telefónica en Polopos.
Archivo Juan Ferreras
Las últimas operadoras de la centralita de Telefónica en Polopos.

La realidad -nada nueva- de la despoblación de esa España rural que tan solo habita el veinte por ciento de los 47 millones de españoles es uno de los argumentos más utilizados, en los últimos tiempos, por los responsables de las diferentes administraciones para justificar sus poltronas, dotadas de pingües ingresos económicos.

'El fenómeno de la España despoblada -mejor que vaciada- no ha aparecido de la noche a la mañana'

El fenómeno de la España despoblada -mejor que vaciada- no ha aparecido de la noche a la mañana. Quienes hemos tenido la fortuna de haber nacido y habernos criado al amor de los rincones perdidos de nuestro país, y la visión futurista de nuestros progenitores con respecto a nuestra realización personal y profesional, como única salida, nos ha asentado en territorios lejanos de nuestra cuna, sabemos muy bien del sentimiento de abandono, discriminación y aislamiento que nuestras ignoradas pequeñas patrias han soportado durante décadas y décadas, bajo el régimen del dictador, durante la transición y en periodo democrático. Al igual que -por muchos regresos que ahora podamos realizar- nunca podremos olvidar esa última imagen de la vida que se nos escapó una temprana mañana o una lejana tarde, al otro lado de la luna trasera de un turismo, tras el retrovisor de un camión o a través de los fotogramas fugaces de los ventanales de un tren hacia un mundo por descubrir. En aquellas grises estampas quedaron enterrados los sueños de nuestra única patria, la de la infancia, la exclusiva sensación de la felicidad esfumada. En aquel paisaje que tanto nos había enseñado dejamos dormidos nuestros pueblos y nuestras aldeas bajo un cielo que aún no ha dejado de llorar, con sus casitas de piedra o de blanca cal, entre aquellas callejas de polvo y tierra por las que ya no se adentra ni un pastor. 

En aquellos pueblos, que dejaron de ser tales, además de los vecinos mayores y el sacristán, entre los escasos servicios de la localidad quedó la centralita telefónica y su telefonista. Las llamadas "chicas del cable"  se entregaron en cuerpo y alma a un oficio vocacional que perduró hasta diciembre de 1988, cuando la Compañía Telefónica cerró la última centralita manual de España, en la localidad granadina de Polopos -momento que recoge la fotografía que ilustra esta pieza-. Fue el día 19 de diciembre de aquel lejano año que ya dista más de tres décadas.

El cierre de aquel “confesionario” estuvo aliñado con todos los honores que semejante acontecimiento merecía y, de paso, con la propaganda al uso que gastaba la adiestrada administración de Felipe González. El entonces ministro de Transportes y Comunicaciones, José Barrionuevo, alpujarreño de Berja (Almería), y el presidente de Telefónica, Luis Solana, se desplazaron en helicóptero hasta el municipio alpujarreño, donde el protocolo dispuso vino y jamón para los vecinos, quienes acudieron en masa a despedir a aquel añejo artilugio que, adosado a la pared de la casa del suegro de Magdalena Martín, la última telefonista, había hecho sonar tantas veces un estrepitoso timbre, a la par que había encendido el correspondiente piloto que reclamaba la introducción de una clavija para establecer la comunicación que, en ocasiones, sembraba sonrisas de alegría y, en otras, derramaba lágrimas de pena y dolor, la cara y cruz de la vida que a partir de aquel instante ya no iban a necesitar de intermediarios como Magdalena.

Ella fue una abnegada "chica del cable", a quien le cupo el honor de hacer la última llamada, nada más y nada menos que al mismísimo presidente del Gobierno, Felipe González. Tras once años al frente de la centralita, Magdalena pidió a los responsables del servicio un puesto de trabajo que, 31 años después, aún no ha llegado. La única compensación fue una modesta indemnización que entregaron a su marido.

'El medio digital es aún una quimera que acrecienta la brecha discriminatoria que mantienen numerosos núcleos y pueblos que ven cercenados sus legítimos derechos de progreso y desarrollo'

Si la extinción del servicio manual telefónico podía haber supuesto un paso hacia adelante en el desarrollo y progreso de los pueblos, no fue así. Es verdad que la automatización del servicio representó no pocas ventajas para los usuarios, quienes encontraron mayores facilidades en sus prestaciones. Sin embargo, aquel paso quedó tan solo en eso, en un pequeño avance que quedó varado y que no dio pie a la prometida y esperada llegada de las, entonces, nuevas tecnologías, unos servicios que, demostrado está, han contribuido a la expansión de las iniciativas de emprendedores y pequeños empresarios de algunos ámbitos rurales. En otros, el medio digital es aún una quimera que acrecienta la brecha discriminatoria que mantienen numerosos núcleos y pueblos que ven cercenados sus legítimos derechos de progreso y desarrollo, entornos rurales que han visto limitada la utilización tecnológica en sus tradicionales sectores de producción, la agricultura y ganadería, sobre todo.

La digitalización es clave para hacer posible el desarrollo de nuevas oportunidades de empleo en los pueblos, a través de una agroindustria 4.0 competitiva, por lo que la conectividad a Internet -aún hay que recordar los numerosos lugares que no la tienen- puede contribuir a afrontar retos como la despoblación y la sostenibilidad, al tiempo que las tecnologías pueden mejorar la calidad de vida, crear empleo y, consiguientemente, fijar población, los factores imprescindibles para conseguir el anhelado equilibrio entre las dos Españas de nuestros días: la urbana y la rural, dos escenarios dignos de disponer y compartir los mismos servicios básicos. Mientras no se alcance dicha meta, ningún gobierno, ninguna administración deben permanecer inactivos, pues sobre su inacción recaerá la imperdonable irresponsabilidad de mantener ciudadanos de diferentes categorías y, ante todo, quedarán etiquetados de inútiles para todos los tiempos por no haber sabido responder al reto de repoblar nuestros pueblos olvidados, nuestras cunas despobladas. Una despoblación que no supo frenar la nefasta política de la dictadura, ni a la que han dado respuesta los sucesivos gobiernos de la democracia. Toda una lección de incapacidad y de abandono.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Juan Ferreras

Imposible resumir a Juan Ferreras: ha trabajado en tantos medios, en tantos lugares, ha hecho tantas cosas. Y en todos ha dejado su impronta personal y profesional. Es el fotoperiodista: periodista, primero, y capturador de realidades, después. O a la inversa. Un lujo para todos los que han podido disfrutar de su trabajo y su tiempo. Un extraño guía espiritual, que siempre niega ser. Una referencia para todos en esta sociedad tan injusta y descarnada, aunque lo niegue. Puede que la palabra compromiso alguien la inventara para él. Por encima de ideologías, que la tiene muy clara, y tan clara, de partidos o de corrientes. Cuando otros, a estas alturas, repliegan banderas y compromisos, más alta la eleva. En este fotoblog nos regala imágenes de la vida. La vida real y cruda. La que muchos quisieran esconder y que trata de dignificar situándose detrás de esa cámara que ha retratado a reyes.