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Capital humano, ¿no, gracias?

Blog - Cuestión de Clase - Manuel Morales - Sábado, 19 de Mayo de 2018
Una de las concentraciones a las puertas del Centro de Formación para el Empleo de Cartuja.
CCOO Granada
Una de las concentraciones a las puertas del Centro de Formación para el Empleo de Cartuja.

Los trabajadores del centro de Formación para el empleo de Cartuja están en lucha por sus puestos de trabajo y en defensa de la formación para los desempleados de Granada. La irresponsabilidad de los gobernantes españoles y andaluces, en lo tocante a la formación de capital humano es escandalosa. Con toda la corrupción y despilfarro, con toda su ineficiencia y afán por promover el capitalismo de amiguetes, probablemente sea la dejadez en este terreno, la forma en que más daño nos están haciendo.

En esta Europa mercado único de 500 millones de ciudadanos-consumidores-productores en la que no existen fronteras para las empresas ni las mercancías, el factor clave para conseguir un nivel de empleo y bienestar razonable para los habitantes de un territorio, ha acabado por ser el capital humano, que no es otra cosa que las capacidades cognitivas de la población y, por tanto, sus habilidades laborales.

La irresponsabilidad de los gobernantes españoles y andaluces, en lo tocante a la formación de capital humano es escandalosa. Con toda la corrupción y despilfarro, con toda su ineficiencia y afán por promover el capitalismo de amiguetes, probablemente sea la dejadez en este terreno, la forma en que más daño nos están haciendo

Siempre ha sido así, pero en este mundo que el capital ha decidido globalizar, se nota más que nunca. El nivel educativo fue una de las claves del despegue económico noreuropeo y norteamericano y del atraso de los países mediterráneos; el nivel educativo explicó (junto con el plan Marshall) la milagrosa recuperación de la Europa de posguerra en 5 años comparada con la española que llevó 20 -ese es el fracaso brutal del pretendido milagro económico del franquismo- El capital humano es, en definitiva, la apuesta estratégica que ha hecho que Corea o China hayan duplicado sus economías cada siete o diez años durante las últimas décadas.

Las empresas pueden desplazarse allá donde encuentren mano de obra más barata o cualificada además de impuestos más bajos. Los modelos posibles son dos: Un esquema incluye salarios bajos con empleos precarios de poca cualificación e impuestos también bajos que garantizan un bienestar escaso para la población y, por tanto, imposibilitan salir del pozo del bajo capital humano. El otro, salarios altos con manos de obra cualificada y estable y unos impuestos acordes con un nivel de bienestar aceptable. Las empresas de alto valor añadido, de tecnologías punteras, no tienen problema en aceptar el segundo esquema, porque es el único en el que pueden desenvolver su actividad.

Lo que tenemos que preguntarnos es qué modelo es el que estamos siguiendo en España y en Andalucía en concreto. No hace falta ser adivino para adelantar el resultado de mi reflexión: hemos apostado colectiva y políticamente por el subdesarrollo. Estamos a la cola de Europa y cada vez lo estaremos más porque nuestros gobernantes han decidido que seamos un país de trabajadores pobres y baratos. Lo intuimos, pero déjenme darles algunos datos para acabar con el caso concreto de Granada:

 

Empezando por lo más alto en generación de capital humano, la apuesta española por la investigación, es de las más bajas de Europa, superando tan sólo a Irlanda y Grecia, tras la hecatombe económica que ha sufrido, así como a los países en transición de las antiguas economías del Este. Muchos países europeos decidieron que los recortes no podían tocar su apuesta por el futuro, pero no fue así en España. Según refleja Eurostat, nuestra inversión en I+D entre 2009 y 2016 bajó el 9,1% mientras en Europa ha crecido una media del 27,4%, con casos como el de Alemania y Reino Unido, donde el crecimiento ha sido del 40%. Más aun, según denunciaba recientemente la Confederación de Sociedades Científicas de España en su Informe de Urgencia sobrelos PGE2018 la mayoría de los fondos para I+D en España son ilusorios, pues consisten en préstamos en condiciones leoninas que ninguna entidad pública o privada solicita lo que llevó a que el año pasado, el 70% del presupuesto para Investigación y Desarrollo se quedara sin ejecutar. No se gastó, con lo que las cifras reales de I+D en España son mucho menores que las que presentan los sucesivos gobiernos. Estamos los últimos y cada vez nos quedamos más atrás.

 

La inversión en educación en España es de las más bajas de Europa, dedicándole tan solo un 4% del producto interior bruto frente al 4,7% de media europea (en la que muchos países superan el 5%) en una posición intermedia entre Eslovaquia y Bulgaria (para que nos situemos) Además, ha sido una de las primeras vícitmas de los recortes iniciados por Zapatero en 2010 e incrementados por Rajoy posteriormente, pues se ha ido recortando en estos años en medio punto porcentual de PIB, que son la friolera de 4.800 millones de euros menos al año dedicados a educación entre 2009 y la actualidad. De nuevo ponemos las condiciones para quedarnos cada vez más atrás.

Hemos apostado colectiva y políticamente por el subdesarrollo. Estamos a la cola de Europa y cada vez lo estaremos más porque nuestros gobernantes han decidido que seamos un país de trabajadores pobres y baratos

Nuestra Universidad es demasiado teórica y generalista, alejada de las necesidades del tejido productivo, con unos costes crecientes en los posgrados que hace años empezaron a expulsar de los altos niveles formativos a los hijos de las familias menos acomodadas y, para colmo, padece una vergonzosa endogamia clientelista que mantiene en el régimen feudal su sistema de selección de personal. Nada demasiado deseable para la elevación del nivel académico y que hace que convivan excelentes profesores e investigadores con otro personal adocenado que nada aporta a la investigación o a la formación de los estudiantes, que salen con verdaderas lagunas de algunos grados sin que el sistema tenga vías de intervención o las que tiene no se pongan en uso. Supongo al PP que concibe la Universidad, a lo que parece, como un sitio en que amañar títulos para sus cargos, todo esto le importa poco.

La situación de la formación profesional es lamentable. Le dediqué una entrada hace algunos meses pero, básicamente, seguimos tratando a la Formación Profesional como la hermana pobre del sistema educativo, cuando todos los indicadores muestran que es clave para la cualificación de la mano de obra especializada que necesitan tanto la industria como los servicios. La estructura educativa española está polarizada, con un 36% de la población que se queda en la secundaria obligatoria, con una muy baja capacitación laboral, y otro 40% que accede a la educación universitaria, mientras la formación técnica profesional se encuentra despoblada. El porcentaje de alumnos de Formación Profesional es de un ridículo 12% en España frente al 29% de media de la UE. La oferta es escasa e hizo que el año pasado 30.000 jóvenes andaluces (5.700 granadinos) se quedaran sin plaza en la especialidad de FP que querían cursar.

Finalmente, la formación para el empleo de la Junta de Andalucía, los famosos centros de FPO, se encuentran paralizados. Su misión es la de ofrecer capacitación y reciclaje profesional. Muy especialmente a los desempleados jóvenes, parados de larga duración y también mujeres que en su momento abandonaron la formación o que desean incorporarse al tejido productivo. Estos centros forman parte de las políticas activas de empleo, que son uno de los mayores déficits del sistema español de capital humano y que, en el estado en que se encuentran, no sirven más que para hundir más en la precariedad y el desempleo a la clase trabajadora.

Las políticas activas de empleo son otra de esas cuestiones en las que duele la comparación con Europa. Según los datos tomados de la tesis de MªJesús González Blanch sobre las políticas activas de empleo europeas durante la crisis, España es de los estados de la UE que más porcentaje de PIB dedica a la protección al desempleo, por el porcentaje tan elevado de parados. Pero, paradójicamente, es de los que menos esfuerzo dedica a revertir esa situación ofreciendo formación a esos desempleados a los que pagamos ayudas. En España, solo uno de cada 7 euros dedicados a políticas de empleo se dedican a formación para los parados. Los otros seis son para transferencias. Un desequilibrio que no encuentra comparación en Europa. Que entre 2008 y 2012 el desempleo creciera 12 puntos y en ese mismo periodo las políticas de formación para reciclar a las personas desempleadas (por ejemplo las masas provenientes del sector de la construcción) no solo siguieran siendo ridículas, sino que se recortaran, es de una irresponsabilidad criminal por parte de nuestros gobernantes.

En lo particular del centro de FPO de Granada, solo cabe sospechar, ante lo inexplicable, que se trata de una venganza contra los trabajadores, que se atrevieron a demandar en defensa de sus derechos. Una venganza mafiosa que toma de paso como rehenes a todos los parados de Granada. Bonita forma de entender el socialismo por los gobernantes de la Junta

En este contexto tenemos que enmarcar los recortes de la Junta de Andalucía en materia de formación para los desempleados y el hecho de que el centro de FPO de Cartuja, que es para toda la provincia de Granada, esté cerrado a efectos prácticos desde hace años. Un centro dotado de talleres de carpintería, soldadura, electrónica, etc., hasta alcanzar medio centenar de especialidades. Un centro donde se han reciclado personas que gracias a la formación recibida, han conseguido puestos de trabajo estables y que, además, está ubicado en una de las zonas con más paro de la provincia: el distrito Norte de la capital. En la planificación de la Junta de Andalucía, se previeron 37 cursos para 2017 y otros 37 para 2018 pero el año pasado se dieron tan solo 10 y este año 2. Mientras, los propios profesores, que tuvieron que demandar a la Junta porque los tenía precarizados como falsos autónomos, están en paro; los parados del barrio -y de toda Granada- demandando formación; algunos empresarios de Granada diciendo que les falta mano de obra cualificada precisamente en las especialidades que forma ese centro y los cursos sin convocarse con los talleres cogiendo polvo. Y todo con los cursos hasta presupuestados y con el dinero consignado para convocarlos. Dan ganas de llorar de rabia, pero no vamos a llorar. Los trabajadores se han puesto en lucha, y muchos vecinos del barrio les apoyamos y llegaremos hasta donde haga falta.

Hablaba al principio de la dejadez en esta materia. Pero mucho me temo que haya más que eso. En lo particular del centro de FPO de Granada, solo cabe sospechar, ante lo inexplicable, que se trata de una venganza contra los trabajadores, que se atrevieron a demandar en defensa de sus derechos. Una venganza mafiosa que toma de paso como rehenes a todos los parados de Granada. Bonita forma de entender el socialismo por los gobernantes de la Junta. Pablo Iglesias (el original) vomitaría. Pero es que, además, todo esta carencia en la formación de capital humano con dinero público, deja un inmenso agujero que la iniciativa privada está más que dispuesta a llenar, convirtiendo en negocio la formación de los trabajadores. Ahí si que llegarán luego, no me cabe duda, los fondos públicos en forma de subvenciones, conciertos, ayudas o deducciones, para complementar lo que los trabajadores y parados tengan que quitarse de sus menguadas rentas para poder acceder a formarse.

La formación será escasa y costosa, exigirá sacrificios, pero por medio, algunos empresarios privados, unos mejor colocados que otros ante los repartidores de fondos públicos, irán haciendo su agosto. Sobre nuestras espaldas y a costa del subdesarrollo de España. Cuestión de clase.

Hijo de padres andaluces, crecí en Madrid y vivo en Granada desde los 19 años. Casado y padre dos hijas.
Me licencié en Física por la Universidad de Granada y realicé un master universitario en energias renovables. Trabajo como funcionario de la Agencia Estatal de Meteorología. Realicé en el Instituto para la Paz y los Conflictos, los cursos de preparación para un doctorado que nunca terminé, al interponerse la política en el camino.