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Democracia participativa, una aproximación radical (y Parte II: La práctica)

Blog - La soportable levedad - Francis Fernández - Domingo, 21 de Mayo de 2017
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La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Abraham Lincoln

Que existe por parte de la ciudadanía una desconfianza hacia los políticos que les representan es una evidencia, un problema que nos urge solucionar. Lo que no suele decirse, y si somos sinceros deberíamos hacerlo, es que también existe una desconfianza de la elite política en la capacidad de la ciudadanía para participar en política. Más allá de ser sujeto pasivo a la hora de meter una papeleta en una urna de vez en cuando, sea en  elecciones a  las instituciones públicas, sea en elecciones internas de los partidos políticos. Von Reybruck, el filósofo holandés autor de Contra las elecciones, cómo salvar la democracia, destaca un dato demoledor; en un estudio de 2011 un porcentaje de un 87 por ciento  de los responsables de los partidos políticos holandeses se veían a sí mismos como innovadores, internacionalistas y amantes de la libertad, y un 89 por ciento  de los mismos veían al pueblo con una actitud nacionalista, tradicionalista y conservadora. No es extraño que en Holanda creciera tanto el populismo de derechas en los últimos años, si los ciudadanos percibían esa distancia con sus representantes. Lo cierto es que los máximos representantes de los partidos políticos holandeses se veían como parte de una elite más inteligente y más preparada que el pueblo al que representan. Con características diferentes, la desconfianza de las elites políticas hacia la ciudadanía se da en prácticamente todos los países, o bien porque les consideran poco preparados, porque creen que tienen falta de información,  o por argumentos más o menos calcados a los del despotismo ilustrado de hace tres siglos, aunque evidentemente no lo manifiesten en público. Lo que no asumen es su responsabilidad para no introducir cambios, que debería ser su obligación, que doten a la ciudadanía de las herramientas, la preparación y los argumentos para que se involucren activamente en política, en la gestión, no tan solo en el voto.  Siempre es más fácil dejar la campaña en manos de empresas de comunicación mediáticas, especializadas en hacer llegar un mensaje de forma rápida y eficaz en unas pocas semanas, supongo, que enfangarse en arduos, largos e interminables debates con gente corriente que tan solo quiere hacer oír su voz.

La clave para involucrar a la ciudadanía en la democracia participativa es darles las herramientas adecuadas, y no pretender utilizarles como meras estadísticas para apoyar lo que ellos ya han decidido

La clave para involucrar a la ciudadanía en la democracia participativa es darles las herramientas adecuadas, y no pretender utilizarles como meras estadísticas para apoyar lo que ellos ya han decidido. Ese sí es un peligro de la democracia participativa, no en sí misma, sino de un mal e interesado uso de ella. Un peligro del que el pensador holandés nos alerta. Al igual que en una encuesta, en una pregunta en un referéndum se puede ir a manipular las emociones de los consultados, en lugar de dar lugar al contraste de argumentos y opciones. Si yo les pregunto a mis sobrinas ¿qué preferís para vuestro cumpleaños unos videojuegos de última generación que son lo más de lo más o unos libros que son aburridísimos? La respuesta la tengo clara antes de que la contesten. Flaco favor le hacen a la regeneración de la democracia representativa introduciendo elementos de democracia participativa los que la utilizan de forma tan marrullera. Lo que están haciendo es perpetuar las lacras de un sistema representativo que hace aguas, no reconstruirlo.  En El Mundo, el periódico, el periodista Iñaki Gil criticaba con toda razón los movimientos que desde el Ayuntamiento de Madrid se han hecho en este sentido, no por falta de buena fe, que en política importa, sino en los medios y  en el fondo empleados para hacer consultas ciudadanas, que importa mucho más que la fe, y además es lo que demuestra si más allá de la publicidad política que supone dar participación a la ciudadanía, se cree en ella. Pone, entre otros, el ejemplo de la pregunta realizada sobre  Madrid 100 por cien sostenible, donde hay 14 puntos que la desarrollan y se responde con un sí y con un no. Algunas de los puntos con contenidos razonables, pero otros tan demagógicos como la pregunta del regalo a mis sobrinas; Generar un modelo urbanístico sostenible mediante la paralización de los procesos especulativos. Quién va a decir que no a eso. Pero preguntar así es como no decir nada, lo que por cierto recuerda la manera en la que muchos programas electorales están redactados, por no hablar de los discursos de los políticos, donde se agrupan eslóganes vacíos como si estuviéramos en un concurso de la tele a ver quién dice más frases redundantes que no significan nada.

Von Reybruck critica este uso de los referéndums y pone como ejemplo Irlanda donde para preparar el referéndum que aprobaría el matrimonio gay, antes, se promovieron decenas de asambleas participativas donde se podía encontrar amplia información y se produjeron debates más racionales que emotivos. Insiste, has de preparar el marco adecuado, dar las herramientas y el tiempo necesario para que la ciudadanía conozca los temas en profundidad. Y bien que es posible  hacerlo, si no desconfías de ella y prefieres la vía lenta, más complicada pero mucho más efectiva para la salud democrática de nuestras sociedades.

La democracia digital es algo que se propone con cierta frecuencia y se dice que es mucho más fácil que estas asambleas deliberativas, pero si vemos como perdemos la cabeza en los debates de las redes sociales y la contaminación de rumores y noticias falsas que embarran los debates, vemos que los cara a cara se pueden complementar digitalmente, pero son imprescindibles e insustituibles para una verdadera democracia participativa.

En el diario El País se informaba de algunas iniciativas exitosas en temas de participación ciudadana, que en este caso si son mérito del Ayuntamiento de Madrid, actuando como debe actuar quien cree en una democracia deliberativa y participativa; unos diez vecinos, en representación de otros, del distrito de Arganzuela (hablamos de un distrito con más de 150.00 habitantes) debaten cada martes los resultados de las negociaciones con el ayuntamiento de cara a planificar actividades y planificar urbanísticamente el espacio de un mercado abandonado. Una mesa de trabajo reúne a las asociaciones del Distrito con el concejal responsable y con representantes de Patrimonio, Urbanismo y Hacienda. Se convierte un espacio en desuso en un espacio público, con contenidos culturales, sociales, recreativos, educacionales y formativos, que van cambiando según las necesidades, y  siempre consensuados con los vecinos, que son los que allí viven, pudiendo expresar sus necesidades y anhelos.

En nuestra ciudad, Granada, hemos visto como durante 13 años de gobierno municipal conservador, las Juntas de Distrito, elementos clave para la democracia participativa, eran poco más que elementos de adorno

En nuestra ciudad, Granada, hemos visto como durante 13 años de gobierno municipal conservador, las Juntas de Distrito, elementos clave para la democracia participativa, eran poco más que elementos de adorno. Tras el abandono de este gobierno, obligado por temas de corrupción, un nuevo gobierno progresista ha empezado a utilizar estos instrumentos de participación para la labor que fueron diseñadas; creando comisiones de debate, dando voz a los vecinos y con una interlocución real de los mismos con los responsables políticos de cara a tomar decisiones. Dando tiempo para que se puedan conocer en profundidad los temas, consultando con expertos, sometiendo sus dictámenes al escrutinio ciudadano, y finalmente decidiendo conjuntamente las mejores actuaciones concretas para los barrios. Recientemente también se ha recuperado la puesta en marcha de un Consejo de la Juventud donde los jóvenes han de encontrar un espacio para participar activamente en todos aquellos asuntos que les conciernen, que si nos ponemos serios, en realidad son todos, más allá de actividades lúdicas, o culturales. El empleo, la vivienda, la transparencia, la planificación urbana de los espacios públicos, el transporte, o el medio ambiente de la ciudad, son tan o más esenciales para su futuro. ¿Es suficiente? No, es necesario seguir trabajando en otros ámbitos de la política municipal, pero es un principio, que unido al trabajo en transparencia o en involucrar a los colectivos sociales en la puesta en marcha de las políticas que les afectan, es el camino a seguir. Queda claro que no basta con tener las herramientas, sino que aún más importante es la voluntad política para ponerlas en marcha, aprender de los errores, y atreverse sin miedo a innovar.

Dejando apartado el mal uso de las redes sociales, lo cierto es que no utilizar para la democracia participativa las herramientas que nos da el mundo digital es un gravísimo error, o síntoma de ceguera conservadora. Las consultas digitales bien establecidas, sin demagogias, con suficiente información, debates mixtos presenciales y digitales, y en las que puedan participar aquellos vecinos que realmente se encuentren afectados por los temas a tratar, serán imprescindibles, más vale que empecemos con ellas más para ayer que para mañana. Nos urge.

Nadie tiene una varita mágica con recetas mágicas, pero compartir en un número cada vez mayor la corresponsabilidad a la hora de la gestión pública, es lo más parecido

Dado que no tenemos un sistema electoral, como en otros países, donde los diputados o concejales son elegidos en distritos electorales muy acotados y por tanto han de tener una relación muy cercana con sus electores, deberían ser ellos mismos los que impulsen su presencia en herramientas digitales que les permitan esta relación directa. El pasado 30 de abril, muy escondido entre tanto ruido mediático, aparecía un pequeño reportaje en la sección de economía de El País donde se hablaba de un par de herramientas de comunicación que se están empezando a implantar; un portal online osoigo.com donde ya hay inscritos más de 630 políticos, entre ellos destacados dirigentes de diferentes partidos de nuestro país. Cualquier usuario de la web puede lanzar una pregunta concreta a un político inscrito, una vez alcanzado determinado número de aprobación de los participantes en la web, el político recibe la notificación de la pregunta y tienen un máximo de 697 caracteres para responder. No es la panacea, pero es un pequeño avance. Otra herramienta de la que se daba cuenta en el artículo era el portal Kuorum.org donde los políticos inscritos cuelgan los proyectos en los que están trabajando, de tal manera que los usuarios pueden ver casi en tiempo real a que dedican el tiempo, y preguntarles por las iniciativas que les interesen. Esto permite no solo una mayor comunicación, sino que los políticos puedan adecuar y segmentar su dialogo con los afectados por los proyectos en los que estén involucrados, intercambiando de manera directa información que sin duda puede resultarles útiles. Herramientas como estas, sean webs, o apps que permiten que la política en lugar de alejarse de la ciudadanía interactúe con ella son cada vez más comunes en Europa, cada vez mejoran más a través del ensayo y error. Pero ahí está la clave, nadie tiene una varita mágica con recetas mágicas, pero compartir en un número cada vez mayor la corresponsabilidad a la hora de la gestión pública, es lo más parecido. El miedo a lo nuevo nos paraliza demasiadas veces en la vida, no dejemos que se apodere de la política, la herramienta más poderosa de la que disponemos para cambiar a mejor nuestras vidas y las de los demás.

 

Imagen de Francis Fernández

Nací en Córdoba, hace ya alguna que otra década, esa antigua ciudad cuna de algún que otro filósofo recordado por combinar enseñanzas estoicas con el interés por los asuntos públicos. Quién sabe si su recuerdo influiría en las decisiones que terminarían por acotar mi libre albedrío. Compromiso por las causas públicas que consideré justas mezclado con un sano estoicismo, alimentado por la eterna sonrisa de la duda. Córdoba, esa ciudad donde aún resuenan los ecos de ése crisol de ortodoxia y heterodoxia que forjaría su carácter a lo largo de los siglos. Tras itinerar por diferentes tierras terminé por aposentarme en Granada, ciudad hermana en ese curioso mestizaje cultural e histórico. Granada, donde emprendería mis estudios de filosofía y aprendería que el filosofar no es tan sólo una vocación o un modo de ganarse la vida, sino la pérdida de una inocencia que nunca te será devuelta. Después de comprender que no terminaba de estar hecho para lo académico completé mis estudios con un Master de gestión cultural, comprendiendo que si las circunstancias me lo permitirían podría combinar el criticado sueño sofista de ganarme la vida filosofando, a la vez que disfrutando del placer de trabajar en algo que no sólo me resultaba placentero, sino que esperaba que se lo resultase a los demás, eso que llamamos cultura. Y ahí sigo en ese empeño, con mis altos y mis bajos, a la vez que intento cumplir otro sueño, y dedico las horas a trabajar en un pequeño libro de aforismos que nunca termina de estar listo. Pero ¿acaso no es lo maravilloso de filosofar o de vivir? Tal y como nos señala Louis Althusser en su atormentado libro de memorias “Incluso si la historia debe acabar. Si, el porvenir es largo.”