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Una intensa relación que se ha mantenido durante siglos

Catalanes que hicieron Granada

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 29 de Octubre de 2017
Puede que desconozcas que en el Zaidín hay una reproducción de la conocida fuente de Canaletas, donada por el Ayuntamiento de Barcelona. Una muestra de la intensa e histórica relación que este excepcional reportaje del escritor y periodista Gabriel Pozo Felguera te descubre, también como homenaje a los catalanes que contribuyeron a hacer más grande a Granada, entre ellos, un rector precursor de la línea AVE que ahora se reivindica. No te lo pierdas. Para saber más de Granada.
Miembros de la colonia catalana que vivían en Granada en 1923. Posan después de la misa en la Parroquia de Montserrat, el 27 de abril. Esta iglesia fue pagada por Gustavo Gallardo García, en terrenos donados por su cuñado Manuel Rodríguez-Acosta al Padre Manjón. La fiesta de la patrona de Cataluña la celebraban en esta parroquia, diseñada por Juan Montserrat Vergés.
Granada Gráfica
Miembros de la colonia catalana que vivían en Granada en 1923. Posan después de la misa en la Parroquia de Montserrat, el 27 de abril. Esta iglesia fue pagada por Gustavo Gallardo García, en terrenos donados por su cuñado Manuel Rodríguez-Acosta al Padre Manjón. La fiesta de la patrona de Cataluña la celebraban en esta parroquia, diseñada por Juan Montserrat Vergés.
  • Cientos de jóvenes granadinos-catalanes fueron llevados como soldados a la guerra dels Segadors de 1640-42, donde muchos dejaron sus vidas

  • El primer proyecto de ferrocarril hasta Bobadilla (1853) fue redactado por un Rector catalán, también médico y experto en minas

  • Varios edificios de Gran Vía, Puerta Real y tres iglesias fueron levantados por un arquitecto de Reus que estuvo 33 años trabajando aquí

  • Empresarios catalanes abrieron los primeros bancos de Motril y regentaron dos de sus azucareras

La presencia de comerciantes catalanes en la Granada nazarita comenzó en el siglo XIII, mientras los musulmanes guerreaban con los cristianos; aumentaron en número en época del emir Mohammed V, gracias a las facilidades del monarca para su comercio. Con los Reyes Católicos se establecieron unas 2.000 familias catalanas en la ciudad, a partir de 1492. Pero siglo y medio después, cientos de granadinos-catalanes fueron llevados a pelear en la guerra de els Segadors, donde muchos se dejaron la vida. En los siglos XIX y XX volvió a ser abundante en calidad y cantidad la afluencia de catalanes a esta ciudad. Grandes empresarios, comerciantes, banqueros y profesionales han contribuido en mucho a construir Granada. Dos ejemplos: el primer proyecto de ferrocarril Granada-Bobadilla lo planteó un catalán; decenas de edificios e iglesias (varios en Gran Vía y Puerta Real) son obra de otro importante y olvidado catalán. En contrapartida, decenas de miles de granadinos emigraron a Cataluña durante el siglo XX.

La relación de los catalanes con Granada viene de muy lejos, a mediados del siglo XIII

La relación de los catalanes con Granada viene de muy lejos. A mediados del siglo XIII, el rey Jaime I de Aragón, conde de Barcelona, quería su parte del reino musulmán de Granada; había avanzado rápidamente por el litoral mediterráneo y ya era suyo hasta Alicante. Pero el poderío militar del reino de Castilla, con Fernando III a la cabeza, le cortó el paso conquistando el reino de Murcia. Toda la frontera de Granada sería lindera con Castilla. Ahí acabaron las conquistas aragonesas-catalanas a costa de lo que quedaba de Al-Andalus; no tendrían más remedio que encaminar su expansión hacia las islas mediterráneas y sur de Italia.

Los catalanes habían optado por abandonar la guerra de conquista contra Granada y enfocar sus relaciones mediante el comercio. Así fue como poco a poco, desde finales del siglo XIII, la colonia de comerciantes y empresarios catalanes fueron asentándose en Granada, donde llegaron a tener una casa de contratación con sede propia y una institución llamada concordia comercial. Los catalanes competían y se disputaban el favor de los sultanes granadinos frente a las presiones de genoveses y provenzales. Las manufacturas granadinas que salían hacia Europa las llevaban preferentemente naves catalanas, con base en el Grao de Valencia.

No parece que les fuese demasiado mal. Su presencia e influencia debió ser grande. Les beneficiaba y alentaban en hecho de que Granada y Castilla continuasen en guerra permanente, mientras ellos aprovechaban para comerciar. En 1357, Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón y conde de Barcelona, firmó con el sultán Mohammed V, de Granada un tratado comercial muy beneficioso para sus comerciantes. No obstante, sólo dos años después fue depuesto por Ismail II; éste puso en marcha una política internacional que dejó de favorecer a los catalanes. Pedro el Ceremonioso encargó a su almirante Mateu Mercer que pusiese en marcha sus naves y sus servicios de espionaje (fundamentalmente nutrido de comerciantes) para conspirar contra el nuevo emir y propiciar el regreso del depuesto Mohammed V.

Las conspiraciones del partido de Mohammed V, financiados por comerciantes catalanes y transportados desde el reino de Valencia por Mateu Mercer, consiguieron acabar con la vida de Ismail II el 28 de junio de 1360; su reinado no había llegado a un año. Pero el sucesor fue Mohammed VI, su cuñado. Los catalanes continuaron conspirando porque ansiaban el regreso de Mohammed V, que tanto les había favorecido. La monarquía nazarita se debilitaba cada vez más; el asesino de Ismail II se metió solo en la boca del lobo: se dirigió a Sevilla para echarse en manos de Pedro I el Cruel, de quien esperaba protección frente a sus enemigos. Pedro el Cruel era muy legitimista, no dudó en acabar con Mohammed VI y propiciar el regreso del V emir del mismo nombre. De paso, hizo un gran favor a los comerciantes catalanes, que volvieron a retomar una larguísima etapa de comercio con, en y desde Granada, que duraría hasta el inicio de la guerra de Granada en 1482. Pero ahora también comenzaban a sumarse banqueros al nuevo negocio, toda vez que los suministros a Granada desde el norte de África se iban complicando cada vez más a partir del corte del Estrecho por los ejércitos de Castilla.



Mohammed V y Pedro IV de Aragón el Ceremonioso. Fueron coetáneos en la segunda mitad del siglo XIV. No se hicieron la guerra debido a que no tenían fronteras comunes; el granadino facilitó el comercio con los súbditos del Principado de Cataluña. En sus mandatos  hubo una colonia importante de comerciantes catalanes en la ciudad de Granada. Las ilustraciones corresponden a la Sala de los Reyes de la Alhambra y a un retrato pintado por Jaume Mateu (Museo de Arte de Cataluña).

Presencia catalana en la guerra de 1482-92

En la guerra de Granada (1482-92), la situación había cambiado notablemente para los catalanes. Formaban parte del reino de Aragón y éste, a su vez, se había unido a Castilla por matrimonio con Isabel I. No obstante, la parte costera de Aragón-Cataluña participó de manera tibia en la guerra de conquista del Reino de Granada. Al menos si lo comparamos con su poderío económico y poblacional. Nunca, ni en el cerco final a Granada, las tropas catalanas superaron los 2.000 caballeros a las órdenes de Isabel y Fernando, su rey. Al menos sí hubo una importante contribución en cuanto a la flota aragonesa-catalana, que era muy potente, en la toma de la ciudad de Málaga, en la vigilancia de costas y el aprovisionamiento.

Cuando los Reyes Católicos entraron finalmente a Granada, les acompañaban unos 1.500 caballeros catalanes (sin contar aragoneses), más unos centenares de arqueros y peones

En 1485, cuando los reyes estaban en Alcalá comandando el cerco de Granada, una facción de catalanes propició un levantamiento en aquella región aprovechando la lejanía y debilidad de la Corte. No se trató de protestar por las levas de catalanes para la guerra granadina, ya que desde aquellos territorios siempre se enviaron voluntarios. Tuvo que intervenir seriamente su rey Fernando para que la Diputación de Barcelona apaciguara los ánimos.

Pocos años después, los comerciantes catalanes acudieron en auxilio para proveer a los ejércitos castellanos. Ocurrió en el cerco de Baza, en 1489, donde las tropas estaban ateridas de frío y hambrientas. Cuenta la crónica de Antonio de Nebrija que acudieron muchos nobles con sus ejércitos; y también muchos mercaderes de Aragón, Valencia, Cataluña y otras ciudades de Castilla que aprovisionaron a las tropas: “Todo cuanto se pedía se hallaba, hasta sedas labradas y brocados, formándose calles enteras de todas las cosas”.

Cuando los Reyes Católicos entraron finalmente a Granada, les acompañaban unos 1.500 caballeros catalanes (sin contar aragoneses), más unos centenares de arqueros y peones. Todos ellos eran mercenarios procedentes de las veguerías interiores (que entonces eran las más pobladas), gentes desclasadas sin tierras en propiedad en el Principat y otros cuantos indeseables huidos de sus señores. Una buena parte de ellos se estableció en las nuevas tierras conquistadas a los musulmanes; en los libros de reparto y apeos comprobamos la proliferación de apellidos de origen catalán. Aquellos catalanes se diluyeron entre la sociedad granadina del XVI y XVII, mayoritariamente castellana. Varios consiguieron ocupar altos cargos, acumularon propiedades e incluso se mezclaron en el clero.

Incluso un catalán nacido en Barcelona alcanzó la mitra arzobispal granadina: Galcerán Albanell (arzobispo de Granada entre 1620 y 1626. Está enterrado en la capilla de Santa Ana de la Catedral).

Tensión y muerte en la guerra de els Segadors

El Corpus sangriento de 1640, la guerra de els Segadors, nos desvela que la colonia de origen catalán debía ser abundante en Granada por esos tiempos. Anticipo que el resultado final de aquella lejana contienda entre Castilla y Cataluña/Francia (en el seno de la guerra europea de los Treinta Años) fue nefasto para nuestro Reino: murieron en batalla cientos de granadinos; y el coste para las arcas municipales también fue alto. No sabemos si la merma de población contribuyó mucho o poco a frenar la actividad de los catalanes en la ciudad.

El rey ordenaba elaborar un censo de todos los catalanes estantes y habitantes; debían registrarse todos los que tuviesen la condición física para asistir a la guerra, es decir, entre 16 y 50 años

El primer conocimiento que se tuvo del levantamiento catalán de 1640 contra el rey Felipe IV y valido el Conde duque de Olivares fue por un bando pregonado en Bibarrambla del 8 de octubre de aquel mismo año. El rey ordenaba elaborar un censo de todos los catalanes estantes y habitantes; debían registrarse todos los que tuviesen la condición física para asistir a la guerra, es decir, entre 16 y 50 años. Si lo hacían, serían considerados buenos vasallos del rey; no hacerlo supondría el arresto, la cárcel o quizás algo peor. Sólo se eximía del alistamiento a los lisiados. El bando añadía que su destino sería, en su caso, acudir a defender su tierra de origen, Cataluña. Sin más explicaciones.

La situación en Cataluña empeoraba por momentos por la entrada de tropas francesas. Además, también lo había empeorado el reino de Portugal, que deseaba separarse de España (estaba unido desde 1580). Y la plata de América no había llegado este año con la abundancia de anteriores convoyes para armar un buen ejército. Por eso, el rey exigió (finales de octubre de 1640) que Granada enviase a Madrid un ejército de 1.000 granadinos-catalanes. Las compañías partieron el 20 de noviembre para unirse a las de otras ciudades; iban al mando del Conde de Santisteban, a la sazón yerno del Marqués de Mondéjar. Hasta se envió el cuerpo de guardia del Cabildo que estaba encargado de vigilar y defender las costas de los piratas berberiscos. Para primeros de enero de 1641 llegaba el millar de granadinos a tierras catalanas, mezclados con los 23.000 infantes del resto de España y 3.500 caballos comandados por el virrey de Cataluña, el Marqués de los Vélez.

La entrada de la columna castellana por Martorell fue un paseo. Pero el asunto se complicó el 26 de enero con el intento de asalto del castillo de Montjuic. Allí comenzaron a caer los soldados granadinos-catalanes como moscas; de los 23.000+3.500 iniciales, consiguieron huir con vida 16.000+2.500. Su plan fue retroceder hasta refugiarse en Tarragona. Permanecieron cercados por los ejércitos franceses de La Mothe en la antigua ciudadela romana hasta el 26 de agosto de 1641, en que la flota castellana rompió el bloqueo. En Tarragona se dejaron las vidas otro puñado de granadinos, entre los que se encontraba Bernabé Hurtado de Velasco, de la nobleza local y capitán de caballería.



Batalla de Montjuic (26 de enero de 1641), donde perecieron cientos de granadino-catalanes del primer ejército de 1.000 hombres enviado por Granada al mando del Marqués de los Vélez. Cuadro de Pandulfo Reschi.

Otros cuantos jóvenes cayeron en la defensa de Tortosa. Como la situación de la guerra no mejoraba, nuevamente Felipe IV volvió a solicitar sangre granadina (ya quedaban pocos jóvenes catalanes residente). El 10 de mayo de 1642 partió de Granada hacia Madrid-Cataluña otra compañía de gente de guerra; esta vez tocó el turno a 250 arcabuceros y piqueros. A cada uno se le pagó una soldada de 100 reales en origen, más otros 100 al llegar a Madrid. Al mando iba el capitán Francisco de Granada y Alarcón, familiar del Santo Oficio y caballero del Hábito de Santiago. Poco después de llegar al campo de batalla, falleció el caballero Fernando de Toledo y Mendoza Portocarrero, de poco más de 25 años. Junto a él cayeron en batalla otros dos jóvenes de la nobleza local.

Las relaciones de Cataluña con el Reino de Granada se tornaron un tanto frías, sobre todo porque en 1701-14 volvió a reproducirse otro conflicto (el de la sucesión dinástica) que colocó a cada uno de los reinos en bandos opuestos

Estos datos están contenidos en el texto de Henríquez de la Jorquera. Al fallecer su autor antes de que acabase la guerra de Cataluña, no sabemos a cuánto ascendió la aportación de hombres granadinos-catalanes al conflicto de els Segadors. No obstante, debieron ser bastantes si tenemos en cuenta que el conflicto se prolongó durante más de tres lustros.

Las relaciones de Cataluña con el Reino de Granada se tornaron un tanto frías, sobre todo porque en 1701-14 volvió a reproducirse otro conflicto (el de la sucesión dinástica) que colocó a cada uno de los reinos en bandos opuestos: Granada con los borbones y Cataluña con los Habsburgo. No sería hasta el siglo XIX cuando comerciantes, industriales y banqueros catalanes empezaron a establecerse en tierras granadinas.

En las líneas que siguen voy a centrarme en algunos nombres protagonizados por catalanes que efectuaron grandes aportaciones al desarrollo y la cultura de Granada.

El rector Montells y Nadal, pionero del ferrocarril

Francisco de Paula Montells y Nadal (1813-1893) nació en Barcelona de familia burguesa y culta. Pero estuvo casi todo el resto de su vida en Granada. Trajo a Granada su formación su ambiente liberal; profundamente católico, siempre separó las relaciones Iglesia-Estado, sobre todo en lo concerniente a la educación.

Fue un hombre polifacético al que le preocupaba el retraso económico y social en que había caído Granada desde años atrás. En sus cientos de artículos y libros trataba de minas, ferrocarriles, epidemias de cólera, agricultura, historia, filosofía de la ciencia...

A los veinte años ya había ganado la cátedra de Química del Real Conservatorio de Artes de Madrid, aunque destinado a su delegación de Granada. En 1834 aparece domiciliado en la Carrera del Darro, junto al segundo puente (que entonces llamaban del Molino), donde también daba clases particulares. Pronto se le ve participando activamente de la vida social y cultural de la ciudad: es miembro del Liceo, de la Academia de Medicina y de la Sociedad Económica de Amigos del País. Con la reforma educativa de 1845, pasó como catedrático a la Facultad de Filosofía, mientras estudiaba Medicina, carrera que acabó al año siguiente. Para 1857 fue nombrado decano de Ciencias. Dado su carácter liberal, con la revolución Gloriosa de 1868 fue aupado al cargo de rector de la Universidad; ocupó el rectorado hasta 1872, momento que aprovechó para acometer una profunda reforma urbanística en el antiguo Colegio de San Pablo de los jesuitas.

Se jubiló en 1877. Un cúmulo de problemas familiares le aconsejaron regresar a su Barcelona natal, donde falleció en 1893.

Fue un hombre polifacético al que le preocupaba el retraso económico y social en que había caído Granada desde años atrás. En sus cientos de artículos y libros trataba de minas, ferrocarriles, epidemias de cólera, agricultura, historia, filosofía de la ciencia, etc. No obstante, detectaba que desde 1845 habían comenzado a surgir en Granada iniciativas empresariales relacionadas con industria textil, cáñamo, tabaco y otras manufacturas. Por eso echaba de menos unas comunicaciones medianamente decentes; por aquellos años se estaba hablando de construir la carretera hasta el puerto de Motril. Sin embargo, Montells defendió abrir una línea de ferrocarril entre Granada y Antequera, para conectar con el incipiente proyecto de ferrocarril de Córdoba a Málaga. Según él, el puerto de Granada debía ser Málaga y no Motril, ya que esta segunda opción no se podría hacer nunca por las dificultades orográficas (llevaba razón, todavía no se ha hecho). Igual pensaba sobre abrir la conexión férrea por Alcalá la Real. Descartó la idea de construir un canal fluvial por el Genil, tal como se barajaba por entonces.

Además de ayudar a la explotación minera de Andalucía Oriental, proyectó la implantación de hornos de hierro o estudiar los manantiales; fue el descubridor del yacimiento de sulfuro de mercurio en la Sierra de Bacares. En 1853 presentó un informe a las autoridades provinciales solicitando la construcción del ferrocarril Granada-Antequera. Se titula “Un ferrocarril que desde Granada vaya a empalmar con el que se está ejecutando de Málaga a Córdoba”. Incluyó una detallada memoria justificativa, dando todo tipo de detalles sobre la producción y tráfico de mercancías en y desde Granada. Fue el informe básico que después utilizó el Marqués de Salamanca para su proyecto férreo hacia Granada. La Compañía de Ferrocarriles Andaluces acabó esta línea de ferrocarril ideada por Montells y Nadal muchos años antes.



Precursor del AVE. Óleo del Montells y Nadal, en su época de rector de la Universidad de Granada. Fue el primero en plantear un estudio, en serio, con una propuesta para conectar por ferrocarril la ciudad de Granada con la línea de Córdoba a Málaga, en 1853. Es prácticamente el mismo trazado que ahora ocupa la línea de AVE. Retrato gentileza de la UGR.

Entre 1855 y 1865, durante las continuas epidemias de cólera, trató a la población de manera desinteresada, lo que le valió la Medalla de la Orden de la Beneficencia. Su servicio social le acarreó multitud de condecoraciones, algunas de la mano de la reina Isabel II.

Colaboró en los periódicos La Alhambra, La Esmeralda y el Álbum Granadino. Posteriormente fundó el periódico El Triunfo Granadino. También escribió una Historia y Fundación de la Universidad de Granada, de más de mil páginas.



Otro reusense famoso que estuvo un tiempo en Granada fue Juan Prim y Prats (1814-1870). Su tirantez con el general O’Donnell le hizo alejarse de Madrid y venirse a Granada en los años 1854 y 1855. Durante ese tiempo ocupó el cargo de capitán general de la Capitanía de Granada y su Reino y Melilla. En su estancia granadina fue ascendido a teniente general; desde esta provincia se embarcó en dirección a Melilla a combatir a las kábilas bereberes que acosaban la ciudad norteafricana; las venció en la batalla de Cabrerizas. Durante el año largo que permaneció en la ciudad estuvo residiendo en la primera planta del antiguo convento de las Descalzas, sede de Capitanía. Allí recibió a Antonio de Orleans, Duque de Montpensier, quien en 1868 financió la revolución Gloriosa capitaneada por Juan Prim, creyéndose que el general catalán le iba a ofrecer la corona que le quitó a Isabel II. Pero luego buscó a la casa de Saboya.

Juan Montserrat y Vergés, el arquitecto del modernismo

Es sin duda el catalán más granadino por los grandes rastros arquitectónicos que ha dejado en la ciudad, más alguno en la provincia. Es muy difícil recorrer Granada sin toparse con edificios y obras públicas que diseñó durante los más de treinta años que residió en esta provincia.

Es muy difícil recorrer Granada sin toparse con edificios y obras públicas que diseñó Juan Montserrat y Vergés durante los más de treinta años que residió en esta provincia

Juan Montserrat Vergés nació en Reus (Tarragona) el 19 de julio de 1853, un año después que Gaudí a pocos metros de su casa. Con sólo 24 años, en 1877, ya estaba como arquitecto titular de la Diócesis de Guadix-Baza; y un año después hacía lo mismo en Archidiócesis de Granada. Por esos años recibió una beca de la Real Academia de España en Roma para trasladarse a estudiar a Italia, pero renunció por tener trabajo en Granada. Había obtenido contrato en la Universidad de Granada y dejó sus colaboraciones con las instituciones eclesiásticas, aunque nunca se alejó de ellas. Poco tiempo después consiguió plaza como arquitecto del Ayuntamiento de Granada, donde tuvo ocasión de realizar infinidad de trabajos con motivo de las múltiples reformas que estaba acometiendo la ciudad “revolucionaria” y “desamortizadora” por aquellos años. También fue arquitecto fiscal de Hacienda.



Autorretrato de Juan Montserrat Vergés. Fue pintado para colgar en la Academia de Bellas Artes de España en Roma, donde fue becario el arquitecto (1877-78), aunque en realidad no llegó completar estudios porque encontró trabajo en Granada como arquitecto de los obispados de Guadix y Granada. Foto gentileza de la Biblioteca de la Academia en Roma.

En los expedientes del Archivo Histórico Municipal de Granada aparece su firma en cientos de proyectos: reforma de la Plaza de la Trinidad tras la demolición de la iglesia (1884) y convento que dieron lugar a este espacio; realineaciones de la Alcaicería tras el incendio que la había destruido unos años antes, etc. etc.



Plaza de la Trinidad, hacia 1885. Había sido demolido el convento y la iglesia. Juan Montserrat reordenó el espacio y las alineaciones desde su puesto de arquitecto municipal.

Pero sin duda la Gran Vía y Puerta Real son las que llevan su impronta con mayor fuerza. En la Gran vía son varios edificios los que diseñó en persona, más otro puñado en colaboración con Giménez Arévalo. Veamos las principales obras que hizo en Granada:

  • Colegio de San Pablo-Universidad. Se encargó de rematar la reforma de este enorme complejo; hundió las habitaciones de los jesuitas que unían el claustro de San Justo y Pastor con San Pablo, de forma que apareció la calle Riaño (hoy jardín privado de Derecho), además de intervenir en otros rincones del edificio. Todo ello acabado en 1884. Eliminó el Cobertizo de la Botica.
  • Colegios San Bartolomé y Santiago. Entre 1877 y 1890 reformó la fachada principal que da a la calle San Jerónimo, abriendo y cerrando huecos hasta quedar como se ve en la actualidad.
  • Iglesia del Sagrado Corazón y Residencia de Jesuitas en Gran Vía. A partir de 1897 y hasta su muerte (acaecida en 1910 en Granada) se encargó de levantar estos edificios neogóticos en ladrillo (con la colaboración de Francisco Ravanal).


Iglesia del Sagrado Corazón de los Jesuitas. Primer edificio que comenzaron a construir en la Gran Vía (1897), bajo el diseño de Juan Montserrat (aunque en el cartel de su puerta sólo pone el nombre del maestro de obras). 
  • Hotel Colón. Diseñó este edificio que da tres calles: Reyes Católicos, Gran Vía y Zacatín, en 1905. Lo hizo como hotel, para dejar paso después a tienda de tejidos La Paz y financiera del mismo nombre; con posterioridad se convirtió en pisos, más la planta baja ocupada por Cortefiel. Los últimos años ha sido propiedad de la extinta Caja Granada, que ya como BMN lo vendió a General de Galerías Comerciales, del empresario Tomás Olivo, promotor del Centro Nevada, en Armilla.


Hotel Colón o La Paz (1909). Fue proyectado como hotel, pero acabó como tienda La Paz y después empresa de préstamos. Su entrada principal se encuentra en la calle Reyes Católicos. A La Paz la sustituyó Cortefiel, que continúa en la actualidad. El resto de plantas son edificios de oficinas, propiedad de la antigua CajaGranada (Bankia dentro de poco), que, recientemente, como Banco Mare Nostrum, lo vendió a Central de Galerías Comerciales, de Tomás Olivo.
  • Banca Rodríguez Acosta. En los números 14 y 16 de la Gran Vía, la familia de Manuel J. Rodríguez Acosta levantó dos casas muy similares (1902); la primera de ellas albergó su negocio de Banca. Una vez absorbida por el Banco Central, abrieron el Banco de Granada en el número 16. Este edificio fue demolido en los años setenta y levantado el horroroso mamotreto actual (el que ocupa La Caixa), que tapa las vistas de la Catedral desde la zona del Albaizín.


Edificios de los Rodríguez Acosta en Gran Vía, números 14 y 16. Fueron diseñados por Juan Montserrat en 1908. El primero albergó la sede de la Banca Rodríguez-Acosta, continúa en su estado original por fuera. El segundo fue sede del Banco de Granada, tras ser absorbida la Banca por el Banco Central. El edificio número 16 original fue demolido en los años setenta, para levantar en su lugar un feo edificio de ocho plantas que hoy ocupa La Caixa.
  • Fachada de Santa Paula y Gran Vía 20. Juan Montserrat fue el encargado de diseñar la fachada para tapar el Convento de Santa Paula, que había sido partido por la mitad al abrir la cala de Gran Vía (es el actual Hotel Santa Paula, sin la parte de arriba). También hizo el diseño de la casa número 20 de la Gran Vía (se corresponde con el actual hotel Fontecruz).
  • Villa Pineda. En la carretera de Málaga diseñó Villa Pineda (1909), una gran casona familiar a las afueras de la ciudad, como las que proliferaron en el Salón y la Bomba a principios del siglo XX. La decoración corrió por cuenta del escultor Ignacio Loizaga (el mismo que después esculpió un San José para la Iglesia de Montserrat).
  • Hotel Victoria. Quizás el edificio más visto diseñado por Juan Montserrat sea el Hotel Victoria (1900), en la esquina de la Acera del Darro con Recogidas.


Hotel Victoria, en Puerta Real, a los pocos años de ser construido con planos y diseño de Juan Montserrat.
  • Antigua Facultad de Medicina, en la calle Rector López Argüeta. La levantó en 1882, con una balconada saliente. Este edificio estuvo en uso hasta el año 1944 en que se había quedado pequeño el profesor Miguel Guirao ocupó el edificio sin acabar en la Avenida de Madrid. A partir de entonces, fue demolido y pasó a ocupar su solar la Facultad de Farmacia (de 1960 a 1988), donde estuvo hasta su reciente traslado al Campus de Cartuja. Hoy es Facultad de Ciencias Políticas.


La primitiva Facultad de Medicina, actual Facultad de Ciencias Políticas, con un aspecto irreconocible, dado que no es la misma fachada después de que en los años cincuenta la transformaran por completo.
  • Ermita de San Juan de Dios al final de la Calle Elvira.

En la capital se le atribuyen otros edificios, aunque sin seguridad, pero sí su influencia como arquitecto municipal. Este es el caso de las Misioneras del Santísimo Sacramento en la calle Rector López Argüeta.

  • Iglesia de la Virgen de Montserrat. Esta parroquia fue promovida por el sacerdote Andrés Manjón, a la par que el colegio del Ave María cercano. Pero no tenía dinero. Primero se lo encargó a Giménez Arévalo, que solía hacerle los trabajos sin cobrar; pero ya era viejo y lo desvió a Juan Montserrat. Andrés Manjón consiguió 4.500 pesetas de la Sociedad Económica y de unos vecinos catalanes establecidos en los alrededores; a Gustavo Gallardo García y Manuel Rodríguez Acosta les sacó 15.000 metros cuadrados y 9.500 duros. En 1900 iniciaron las obras de la iglesia y el colegio, que duraron menos de dos años.
  • Iglesia de Gabia. Entre 1880 y 1900, Montserrat diseñó y se encargó de construir (con la colaboración de Giménez Arévalo) la iglesia de la Encarnación de Gabia grande. Lo hicieron sobre el solar y restos de la antigua iglesia-mezquita, caída en el terremoto de 1804. La torrecilla resultante es muy coqueta.


Iglesia de Gabia, hecha con diseño de Juan Montserrat; sustituyó a la derruida por un terremoto en 1804.
  • Construcción del edificio del Servicio Doméstico, reforma de la Pescadería (1884),

Juan Montserrat también estuvo muy imbricado en la sociedad granadina: fue cofundador del Centro Artístico, que recogió los restos del Liceo anterior; tesorero de La Obra, una sociedad obrera a la que se afiliaron en pocos meses más de 4.000 trabajadores; gerente de la Sociedad Eléctrica de la Vega (1898-1906). Montserrat era a la vez muy religioso y masón; este segundo aspecto le llevó poner la simbología de su logia masónica (la Beni Garnata 178) en la fachada de un edificio particular que construyó en la calle Buensuceso, 21 (año 1901, promovido por el masón Juan Lisbona Beltrán), que todavía existe. Se inició en la masonería en 1883, con el nombre simbólico de Ictinius. En el año 1889 alcanzó el grado 24 y llegó a ser presidente del Capítulo Provincial; en 1892, última referencia de su  actividad en esta logia, ostentaba el grado 31.

Se sospecha que Antoni Gaudí y el Marqués de Comillas vinieron a Granada en 1887 invitados y guiados por él. Juan Montserrat falleció a los 57 años, soltero y sin descendencia; es el catalán que mayor huella ha dejado en la arquitectura de Granada.

No sabemos dónde está enterrado, al menos no se encuentra en el Cementerio de San José. Tampoco fue llevado a Reus. Ningún hito o calle recuerdan su nombre y su contribución al urbanismo de Granada.

Barcelona, con Zorrilla y Granada…. y la fuente de Canaletas

Las relaciones de Granada con Barcelona siempre han sido excelentes, quizás por su alejamiento y no competencia en casi nada. El hecho quedó bien plasmado a finales del XIX, con motivo de la proclamación de José Zorrilla como poeta nacional. La ciudad de Barcelona se volcó con el acontecimiento y con Granada; fue de las que mayor cantidad aportó a la organización por el Centro Artístico (1.000 pesetas). Pero lo más importante fue que su alcalde, Francesc Rius i Taulet, se puso al frente de una comitiva que vino a Granada durante el Corpus de 1889. La delegación barcelonesa estaba formada por casi treinta personas: el secretario del Ayuntamiento, periodistas, maceros, pajes, varios guardias urbanos de gala montados sobre sus caballos, etc. El Marqués de Olérdola permaneció varios días en Granada, donde fue agasajado por la numerosa colonia de catalanes que había por entonces en la ciudad: le dieron una comida en el Hotel Washington; allí había apellidos Espert, Barberá, Gaspart, Puig, Maragall, Sabater, Masats, Nadal… e incluso un Pujol. El alcalde barcelonés falleció pocas semanas después de regresar a su ciudad natal.



Guardia urbana de Barcelona a caballo, insignias de la ciudad y su alcalde entregan su corona a José Zorrilla en el Paseo del Salón, durante el Corpus de 1889. Dibujo de la Ilustración Española y Americana.

Las relaciones de Granada con Barcelona siempre han sido excelentes, quizás por su alejamiento y no competencia en casi nada

Aquella numerosa colonia de catalanes del siglo XIX había comenzado a llegar a Granada con motivo de la tímida industrialización que experimentó la ciudad con fábricas textiles, papel y otras manufacturas. Fueron catalanes que no quisieron emigrar a América y optaron por establecerse en puertos del Mediterráneo español; de tal manera, que a principios del siglo XX se organizaron como colectivo y celebraban cada 27 de abril su patrona, la Virgen de Montserrat. Y dónde mejor que con una misa en la iglesia del mismo nombre, diseñada por su paisano Juan Montserrat. Eso ocurrió todos los años entre 1923 y la guerra civil, incluso en 1929 asistió como invitada de honor la actriz de Molins de Rei Margarita Xirgu, que se encontraba en Granada para el estreno de Mariana Pineda y homenajear a Federico García Lorca. La misa la dijo Luis López-Dóriga Messeger, deán de la catedral de Granada y político liberal, sobrino de José Messeger Costa (arzobispo de Granada entre 1905-20).

Luis López-Dóriga Messeger (1885-1962) es otro “catalán” (aunque nacido casualmente en Oviedo) casi olvidado en Granada. Se formó en como cura en Lérida, donde su tío fue obispo entre 1889 y 1905. Con sólo veinte años era sacerdote en Granada; a los 23, daba clases en el Seminario diocesano. Fue secretario de su tío y, en 1922, nombrado deán de la catedral de Granada. Era de carácter liberal, lo que le llevó a codearse con clases obreras y con el socialista Fernando de los Ríos. En las huelgas obreras de 1929 defendió a los trabajadores, lo que le valió una reprensión arzobispal. En las elecciones constituyentes republicanas de 1931 salió elegido diputado; defendió posturas progresistas en cuanto a enseñanza y divorcio, lo que le llevó a ser reprendido por el nuevo obispo Vicente Casanova. En 1932 se integró en el Partido Radical-Progresista, que le acarreó la excomunión a divinis. Dimitió como diputado en 1933, olvidado por sus correligionarios granadinos, y se refugió en Vinaròs. Consiguió ser maestro durante la guerra civil. Tras la ocupación de Cataluña en 1938, se refugió en Francia; desde aquí pasó a México, donde murió olvidado y ciego en 1962, a la edad de 67 años. Hoy prácticamente está borrado de la historia política, social y eclesiástica de Granada (al menos da su nombre a la plaza Scout López-Dóriga).



Luis López-Doriga Messeguer, fundador e introductor de los Scouts en Granada, en 1913, vestido de explorador. Fue deán de la Catedral, diputado socialista en la II República, excomulgado por la Iglesia Católica y muerto en el exilio en México. El Movimiento Scout es de los pocos colectivos que no se han olvidado de él en Granada; a su iniciativa se debe que tenga una plaza en la ciudad (Plaza Scout-López Dóriga).

A partir de 1939, la situación se invirtió, de manera que fueron los granadinos quienes en masa se dirigieron a Cataluña en busca de mejores condiciones de vida. (Se calcula que fueron 125.000 los que salieron hacia allí entre 1940 y 1970). Los catalanes habían dejado de emigrar;  la colonia catalana granadina quedó muy mermada, en parte porque también las industrias manufactureras de aquí cayeron en picado.

Las relaciones municipales entre las dos ciudades vivieron un hecho simbólico en 1982. El alcalde Narcís Serra regaló a Granada una réplica de su fuente de Canaletas, que fue colocada en la Plaza de Fontiveros del barrio del Zaidín.



Reproducción de la Fuente de Canaletas instalada en la Plaza de Fontiveros en 1982. Fue donada e inaugurada por los alcaldes Narcís Serra y Antonio Jara.

Banqueros y empresarios

Ya en el primer tercio de siglo XIX comenzaron a establecerse en Granada unos incipientes banqueros-comerciantes catalanes, aprovechando que en la ciudad habían desaparecido los prestamistas. Conocemos la firma de José Siqué y José Vergés, quienes entre 1830 y 1831 se anunciaban en su establecimiento de Bibarrambla para efectuar giros, trasferencias y comisiones; la adquisición de este negocio de cordelería, telas y giros fue precisamente lo que dio origen a la potente Banca Rodríguez Acosta montada por la viuda Teresa de Acosta, de origen asturiano-portugués.

También en Bibarrambla se estableció otro banquero catalán llamado Joaquín Masó, pero fue ya para 1887.

Una familia de catalanes, relacionados con el mundo de la judicatura, dio su nombre al famoso Carmen de los Catalanes, terreno de casi dos hectáreas que rodean las Torres Bermejas y contiene interesantes restos islámicos en su interior

Pero sin duda que el más potente banquero catalano-valenciano llegado a Granada iba a ser Gustavo Gallardo García. No conocemos bien su origen, aunque se apunta que vino como delegado de la compañía de seguros Sun Life; apareció por Granada en los primeros años de la década de 1890, acompañado por su madre, Rosario García; en 1891 quebró estrepitosamente el banco de José González-Aurioles (con sede central en el palacete de calle Duquesa, 23, y otra oficina en Plaza de Fortuny). Gustavo Gallardo se quedó con el banco y el edificio. Ese nuevo oficio de banquero local le hizo relacionarse con la familia de Manuel Rodríguez-Acosta, hasta el punto de que en 1897 Gustavo casó con Ignacia Rodríguez-Acosta, hermana del presidente.

A Gustavo Gallardo -a la sombra de su poderosísimo cuñado- le seguimos la pista explotando negocios en la comarca de Guadix. En el Marchal se construyó una cortijada de recreo llamada la Casa Rosa, pero también tenía terrenos en los municipios de Beas de Guadix y Purullena. Fue de los primeros en sembrar remolacha en sus hazas para alimentar otro negocio participado por él y su familia: la Azucarera San Torcuato de Guadix; la pusieron en marcha en 1901. Gustavo Gallardo figura como vocal en su primer consejo de administración. Curiosamente, la sede social de la Azucarera la establecieron en la casa de Buensuceso, 21, recién construida por Juan Montserrat.



Balcón central de la casa construida en la calle Buensuceso, 21, donde el arquitecto masón colocó yeserías con los símbolos de los maestros masones.

Gustavo Gallardo fue el catalán que aportó el dinero y convenció a su cuñado para que donase los terrenos para levantar la iglesia de Montserrat en el Puente Verde, más el colegio del Ave María. Todo ello por iniciativa del Padre Manjón. Cuenta Andrés Manjón en su Diario que a todos sus donantes solía pagarles con rezos eternos por su salud; comprobamos continuas aportaciones de Gallardo y su madre el pago de iniciativas de D. Andrés Manjón.

Este empresario emparentado con los Rodríguez-Acosta invirtió en la Reformadora Granadina que estaba construyendo la Gran Vía de Granada. Lo hizo en parte con dinero prestado por sus hermanas Esperanza y Asunción Gallardo García; éstas se había establecido en Madrid bastantes años antes y entre 1911-14 habían construido una preciosa casa que lleva por nombre Edificio Gallardo. Está situado en la esquina de Plaza de España con calle Ferraz. Sus arquitectos fueron Enrique Damesio Bara y Federico Arias Rey.

Su hermano Gustavo quiso construir algo similar en la naciente Gran Vía de Granada. Pero no dispuso de esos dos arquitectos y tuvo que conformarse con maestros de obras locales. Al banquero catalán Gustavo Gallardo se le debe la construcción de dos edificios en la Gran Vía: el número 29 (año 1913), esquina con Marqués de Falces (el que tiene dos horrorosas plantas añadidas posteriormente); y el número 47 (año 1928). Son, evidentemente, de mucho menor porte que el de sus hermanas en la Plaza de España de Madrid.

Gustavo Gallardo García falleció en abril de 1938.





Estos dos edificios están situados en la Gran Vía de Granada, números 29 y 47, respectivamente. Fueron levantados en los años 1913 y 1928 en estilos muy diferentes, cada vez más alejados del modernismo. Su promotor fue Gustavo Gallardo García, banquero llegado de Cataluña que emparentó con los Rodríguez-Acosta. Al número 29 le añadieron dos plantas que desentonan con el edificio originario.

Una familia de catalanes, relacionados con el mundo de la judicatura, dio su nombre al famoso Carmen de los Catalanes, terreno de casi dos hectáreas que rodean las Torres Bermejas y contiene interesantes restos islámicos en su interior. Este lugar privilegiado se llamaba hasta el siglo XIX Carmen del Paraíso de Colon, pero el apodo de su nuevo propietario –Mariano Miralles Dalmases- era El Catalán, con lo cual la población acabó llamando a la zona el Carmen de los Catalanes. Desde el año 2002 forma parte del Patronato de la Alhambra y el Generalife.

Banqueros y azucareros en Motril

La mayoría de aquellos conquistadores industriales catalanes recalaron primero en Motril. Algunos se quedaron en la ciudad costera, a la que auguraban mayor futuro que para la capital. José Castanys abrió uno de los primeros bancos-comercios en Motril, donde trapicheaba con actividades de cabotaje; corrían los años 1879-81. En esos mismos años le hacían la competencia Moré y Puig, y Emilio Moré Auger (cuyo banco duró hasta 1928). También estableció banco Miguel Parera y Martorell. Pero sin duda el banco más potente de la Costa por aquellos años era la casa de préstamos Ravassa, Aurioles y Cía. Descendientes de Ravassa, los Esteva Ravassa, tuvieron negocio de préstamos en Motril hasta la llegada de la II República.

Los catalanes-motrileños no se limitaron a ser comerciantes-prestamistas, también se imbricaron en el negocio de la caña de azúcar a partir de la pérdida de melazas de Cuba. En el primer tercio de siglo XX las familias Aurioles, Ravassa y Moré explotaron la Azucarera de San José; y Plandiura y Carrera hicieron otro tanto con la Azucarera Motrileña.



Azucarera Motrileña, propiedad de los empresarios Plandiura y Carrera (1920). Colección de Francisco Álvarez García.


Azucarera de San José, en el Varadero de Motril, propiedad de Aurioles, Ravassa y Moré (hacia 1929). Fuente: Libro “Motril, una visión del siglo XX”.

Ya bien entrado el siglo XX fue bastante potente en la capital la familia Nubiola (Juan y Ricardo Nubiola Vilumara). Eran fabricantes textiles y bodegueros, relacionados con los Pinord. Tuvieron sede en la entonces Avenida Calvo Sotelo, 102. Pero las fábricas textiles las tenían ubicadas en la carretera de Málaga, junto al paso de ferrocarril de Zarabanda. Permanecieron en producción hasta los años 70 del siglo pasado. Muchos años antes, hacia 1945, también tuvieron arrendada la fábrica textil de Víznar (propiedad de los Moreno Agrela). Los Nubiola construyeron un edificio en la nueva calle Ganivet; es el que linda con Correos; en lo que hoy es restaurante la Castellana tuvieron el almacén desde el que distribuían los vinos catalanes Pinord, incluso en la mediana del edificio hubo durante mucho tiempo (antes de levantar Correos) un anuncio enorme de estos vinos.



Calle Ganivet en construcción, primeros años cuarenta, cuando todavía estaba sin construir Correos. El edificio siguiente albergó el almacén Pinord de la familia Nubiola; en la medianería estuvo mucho tiempo un cartel anunciador de sus vinos importados de Cataluña.

A estos empresarios catalanes hay que sumar varios más que también tuvieron interés por invertir en la atrasada tierra granadina. Fue el caso de Alsina y Graells, dos leridanos dedicados al transporte de pasajeros; su empresa Alsina Graells Sur llegó a Granada en 1923 para abrir varias líneas de pasajeros entre la capital y la provincia, y poco después con otras provincias andaluzas. Fueron los primeros en unir a diario la Costa, la Alpujarra y los Montes con la capital. Sus pequeños autobuses recorrieron la geografía provincial cuando sólo había caminos de tierra, incluso a algunos había que remolcarlos con bueyes para atravesar ríos sin puentes. Hoy está absorbida por Alsa.



Federico García Lorca subido en una camioneta de Alsina Graells en 1924. Esta foto pertenece al archivo de la extinta compañía de transportes, donde se asegura que se trata del joven escritor cuando se dirigía al Balneario de Lanjarón a ver a su familia. Hacía sólo un año que los leridanos  Alsina y Graells se habían establecido en Granada.

En 1974 se estableció en la Plaza del Carmen la sociedad textil de Paños Ramos, que después pasó a la calle Recogidas y dejó de existir hace sólo tres años.

No habría que olvidarse que algunas adquisiciones de empresas granadinas fueron iniciativa de sociedades catalanas, aunque hoy hayan globalizado su accionariado, caso de Aguas de Barcelona (que adquirió Emasagra, la empresa municipal de aguas de la capital) y Danone, que se quedó con Aguas de Lanjarón.

Pintores, médicos…

No quiero acabar este artículo sin recordar de pasada nombres de grandes artistas catalanes que hicieron a Granada protagonista de parte de sus vidas y obras, aunque no residieran permanentemente en esta ciudad. Mariano Fortuny fue de los primeros; su familia se instaló en Granada en 1872 y, hasta 1874, en que falleció el pintor, pintó y trajo a pintores de media Europa. De hecho, su hijo Mariano Fortuny y Madrazo nació en Granada. Una plaza lleva su nombre.



Plaza del Ayuntamiento (Madraza), pintada por Mariano Fortuny en 1873, durante su última estancia en Granada.

En sus setenta años de vida, Santiago Rusiñol estuvo varias veces en Granada. Buscaba el orientalismo y bien que se aprecia esta influencia en su pintura. Trajo el modernismo en la pintura a Granada; aquí se relacionó con la vanguardia artística del momento, caso de Ruiz de Almodóvar. Tiene decenas de cuadros que reproducen paisajes granadinos y de Víznar.



Vista de Granada y la Alhambra desde el Generalife, de Santiago Rusiñol.

Ya más recientemente, algunos catalanes han brillado al frente de instituciones granadinas. Sin duda que el más nombrado fue el dermatólogo Felipe de Dulanto Escofet; los médicos Sergio Erill, Guillermo Vazquez, etc; José María Fontboté y Musolas, creador de la especialidad de Geología en la UGR entre 1954 y 1978 en que marchó a la universidad de Barcelona. Y el catedrático y rector Federico Mayor Zaragoza, etc.

Aquí lo dejo. Que cada uno añada los nombres de catalanes destacables que han contribuido a construir Granada. Seguro que son muchos más. Añadanlos en sus comentarios.