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SALVADOR DE LA CÁMARA Y ARRIVILLAGA (1838-1917)

El catedrático inventor de la escala de bomberos y promotor del Instituto Padre Suárez

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 12 de Noviembre de 2017
¿Sabías quién fue el promotor del actual Padre Suárez? ¿Qué fue, además, un famoso ingeniero que entre otros inventos ideó la escalera de bomberos? El periodista y escritor Gabriel Pozo Felguera nos descubre la vida y trayectoria de uno de Salvador de la Cámara, uno de los ilustres granadinos, cuya historia permanece casi en el anonimato y que nuestro autor ya citó en el celebrado reportaje en el que nos dio a conocer a Milagros Almenara, asesinada por roja y feminista. Su padre. No te lo pierdas.
Salvador de la Cámara hacia 1874, cuando patentó su escalera de bomberos.
Fuente: Archivo Ruz de Perceval.
Salvador de la Cámara hacia 1874, cuando patentó su escalera de bomberos.
  • Desarrolló su 'Aparato Cámara' y lo patentó en 1874, tras obtener medalla en la Exposición Universal de Lyon; también inventó una liadora de cigarros

  • En 1904 aprovechó la visita de Alfonxo XIII a Granada para colocar la primera piedra del Instituto, sin tener el solar completo ni presupuesto de obra

A Salvador de la Cámara y Arrivillaga ya le conocemos en este diario por ser el supuesto padre de Milagro Almenara Pérez, la Boticaria Roja. Pero fue, además, un importante personaje de la intelectualidad granadina y almeriense de finales del siglo XIX y principios del XX. Catedrático de matemáticas, ocupó la dirección de los institutos de secundaria de Almería y Granada. Aunque sin duda lo más interesante de su personalidad fue su afición por la ciencia, hasta el punto que patentó dos inventos; uno de ellos fue la primera escala telescópica contra incendios; otro, una máquina de liar cigarros. Una de sus últimas hazañas fue comenzar la construcción del Instituto General de Granada (actual IES Padre Suárez) sin tener ni siquiera presupuesto, pero con la implicación pasiva del rey Alfonso XIII.

El joven Salvador de la Cámara había nacido en Granada, pero en 1861 se encontraba viviendo en Almería. Asistió a un pavoroso incendio ocurrido en la calle Real de aquella ciudad que le inspiró el diseño de un artilugio de bomberos para acceder a las partes altas de los edificios. Se hubieran salvado muchas personas en aquellos tiempos de haber existido algo más que las escaleras de ganchos para colgar en los balcones. Los edificios de las ciudades comenzaban a elevarse y sus cuerpos de bomberos –voluntarios en la mayoría de casos- a lo sumo disponían de una escalera montada sobre un carro de dos ruedas, que ni siguiera levantaba más de diez metros y no podía desplegarse en calles estrechas.

Para 1873, Salvador de la Cámara estaba recién estrenado como director del Instituto General de Almería y como inventor. Llevaba una decena de años desarrollando lo que él llamó “Aparato Cámara”, que no era otra cosa que una especie de escalera telescópica acabada en una cesta. Su invento era capaz de elevarse hasta el piso más alto de Almería para socorrer a la gente en caso de quedar atrapada por un incendio. El prototipo final lo construyó dentro de una casona de su propiedad, a la que hubo que desmontar los tejados para los ejercicios prácticos.

Su invento era capaz de elevarse hasta el piso más alto para socorrer a la gente en caso de quedar atrapada por un incendio. El prototipo final lo construyó dentro de una casona de su propiedad, a la que hubo que desmontar los tejados para los ejercicios prácticos

El inventor corrió a inscribir su prototipo en la Exposición Universal de Lyon (Francia) de 1873. Allí tuvo ocasión de exponer su idea de elevador telescópico, de hasta 20 metros. Con el invento ganó la medalla del Lyon Republicaine. Su presencia en aquella concentración de inventores le sirvió para darse cuenta de la competencia que había entonces en aquel sector. Allí estaban el alemán Conrad Dietrich Magirus y su heredero, ingenieros que llevaban muchos años fabricando carros y escaleras para parques de bomberos. Precisamente un año antes, en 1872, se vanagloriaban de haber inventado una escalera (llamada Ulmen), extensible hasta 14 metros, sobre soporte de dos ruedas, que podía moverse incluso cuando estaba extendida.

Pero la empresa Magirus (actualmente Iveco Magirus) debió tomar nota del invento de Salvador de la Cámara. Por su parte, nuestro catedrático de Almería debió dormirse en los laureles y no corrió a patentar su “Aparato Cámara” a la oficina de patentes del Ministerio de Fomento hasta el 20 de noviembre de 1874. Lo hizo con carácter de patente internacional. Pero para esa fecha, Magirus ya se había adelantado con algo similar. Dos años después, en 1876, Magirus montó su escalera telescópica sobre un carro de cuatro ruedas tirado por dos caballos, y con cabrestantes para desplegarla. Y comenzó a fabricarla en Ulm, a promocionarla por Europa y a venderla a los principales ayuntamientos.



Revista de ferrocarriles e inventos que daba la noticia, en 1874, del invento “Aparato Cámara”.

Mientras tanto, Salvador de la Cámara, el verdadero inventor de la escalera telescópica de bomberos, no encontró apoyo empresarial en España para fabricar su invento. Se quedó sólo en el plano teórico; al menos dejó una publicación (en 1877) en la que explicaba con detalle en qué conseguía su aparato. Así mismo, todos los periódicos y revistas especializadas el momento se hicieron eco de la novedad.

Desarrolló varios modelos de maquinillas liadoras de cigarros, pero sólo patentó la que consideró más perfecta. Se llamaba 'La Instantánea', lo cual nos da una idea de la rapidez con que para entonces era capaz de liar los cigarros

He hallado su proyecto de “Aparato Cámara” en el archivo histórico de la oficina española de patentes. Consta de una memoria descriptica general de 7 cuartillas escritas a mano por Salvador de la Cámara, más 4 láminas (litografías del artista Hilario Navarro de Vera) y otras 7 cuartillas explicativas de los dibujos. Este popular invento de la escala de bomberos, hoy montado sobre enormes camiones y que en algunos casos llega a sobrepasar los 50 metros de altura, podría llevar el nombre de Escalera Cámara en vez de Escala Magirus.







Tres pasos explicativos de la primera escala extensible de bomberos inventada por Salvador de la Cámara, según litografías de Hilario Navarro de Vera.

Su faceta de inventor, coleccionista de aparatos y restaurador de los mismos ya era conocida en Almería, donde fue montando poco a poco el gabinete pedagógico del Instituto del que era director. De todo lo que pudo inventar, además del “Aparato Cámara”, sólo nos ha dejado otra patente. Se trata de una máquina de liar cigarros que desarrolló a finales del siglo XIX, cuando ocupaba su cátedra de Aritmética en el Instituto de Granada. Desarrolló varios modelos de maquinillas liadoras de cigarros, pero sólo patentó la que consideró más perfecta. Se llamaba La Instantánea, lo cual nos da una idea de la rapidez con que para entonces era capaz de liar los cigarros. Recuérdese que el tabaco sólo se vendía a granel, en los famosos cuarterones y con el librillo de papel de liar; cada uno se fabricaba los cigarros con el arte y la maña que Dios había concedido a sus dedos.

De este invento también he encontrado su expediente el archivo histórico de patentes. Consta de la respectiva memoria y dos preciosos dibujos en color. Este modelo de liadora de cigarrillos sí llegó a fabricarse; pero tuvo que competir con infinidad de aparatillos parecidos que inundaron el mercado por aquellos años.



Dibujo en el que desarrolla su patente de La Instantánea, máquina liadora de cigarrillos (1896).

Hijo de la burguesía granadino-almeriense

Salvador de la Cámara y Arrivillaga nació en Granada el 13 de julio de 1838. Fue hijo del magistrado del mismo nombre, que estuvo de juez en varias ciudades españolas y finalmente se quedó en Almería, donde llegó a ser regidor y diputado. El juez amasó una fortuna considerada de las mayores de Almería, ya que para mediados del siglo XIX era el cuarto mayor contribuyente a la hacienda de la ciudad.



Salvador de la Cámara y Arrivillaga, a finales del siglo XIX. Fuente: Archivo Ruz de Perceval.

Nuestro personaje fue el primogénito de los hijos que su padre tuvo con las tres mujeres con quienes estuvo casado: Fernanda Arrivillaga y Granja, Rafaela de Góngora y Salas y Vicenta Bordiu y Soriano. Se casó con su hermanastra Rafaela Jiménez de Góngora.

De la Cámara y Arrivillaga estaba emparentado con buena parte de la burguesía granadina; su padre le envío a la Universidad de Granada a cursar el bachiller, que finalizó en 1846. Para el año 1870 lo encontramos licenciado en Ciencias por la Universidad Central de Madrid; también estudió Filosofía en la de Granada. Ahí emprendió una carrera meteórica en el campo de la enseñanza: en 1873 ya era director del Instituto de Almería; miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Almería; de la Sociedad Científica-Literaria de Almería; miembro de la Junta de Propietarios y Ganaderos, además de representarlos en Madrid; etc., etc.

Según datos que me pasa su tataranieto Jesús Ruz de Perceval, su actividad en el Instituto de Almería fue la siguiente: “Ejerció la cátedra de matemáticas, impartió clases de Aritmética y Álgebra, Topografía y su Dibujo, y antes fue profesor de Geometría y Trigonometría y de aritmética mercantil y teneduría de libros en 1861. Ocupó ese año la secretaría de dicho Instituto y en la que, bajo su dirección se formaron y construyeron aparatos diversos como: Hosca micrométrica. Modelo de prensa flamenca. Rosca de Arquímedes. Sifón de surtidor. Sonómetro comparador. Aparato compuesto de cuatro pipetas (botella encantada). Fotómetro. Una gran cámara oscura. Un Excitador universal. Aparato de filtración continua de Haüy. Aparato para recoger los gases solubles en el agua sin necesidad de pila hidrargiro neumática, etc. En 1877, siendo director del Instituto de Segunda Enseñanza de Almería, se hizo pública la biblioteca de dicho centro. El 26 de julio de 1876 presidió el duelo por el funeral de Gabriel de Usera Alarcón, catedrático de la Universidad Central, médico consultor de la Real Cámara, fallecido en Almería el día anterior”.

En su haber se cuenta una publicación sobre contabilidad.

En 1878 fue propuesto por el Consejo de Instrucción Pública al premio al Mérito en el escalafón del profesorado de Segunda Enseñanza. Sobre 1880 renunció al cargo de director y en 1883 cesó en Almería para trasladarse al Instituto General Técnico de Granada.

En 1865 había contraído matrimonio con Rafaela Jiménez de Góngora, con la que tuvo siete hijos. Su esposa Rafaela pasaba más tiempo en sus posesiones almerienses que en Granada, donde Salvador de la Cámara vivía solo a finales de siglo XIX. Se domicilió en el número 11 de la calle Misericordia de Granada, donde le asistía una mujer joven y soltera llamada Brígida Almenara Pérez. Según todos los indicios (aunque Salvador nunca lo reconoció) con ella tuvo una hija natural llamada Milagro Almenara Pérez, a quien se encargó de dar una exquisita educación hasta licenciarla en Farmacia.

Promotor del Instituto General y Técnico de Granada

En 1883 ya se encontraba ocupando su cátedra en el Instituto de Granada, ubicado por entonces en la calle San Jerónimo. Antes lo había estado en el Colegio San Bartolomé, en el Colegio de San Pablo y en la Cuesta de Santa Inés. (El completo desarrollo de la historia del IES Padre Suárez nos lo ofrecerá el catedrático Luis Castellón en un libro, a partir del próximo día 24).

Salvador de la Cámara y Arrivillaga debía estar sumamente preocupado por la situación del vetusto edificio ya que así lo menciona en una carta suya publicada en La Gaceta de Instrucción Pública en marzo de 1900. Se dirigía al diputado José España y Lledó con las siguientes palabras: “… mal ha de germinar la enseñanza en establecimientos como el que accidentalmente dirijo, en cuyo local ni la seguridad personal está garantizada, pues aunque apuntalado, puede llegar el día en que la infinidad de familias tengan que llorar a los sepultados entres sus ruinas (…) y si logra con su valiosa influencia llevarnos al local que el decoro de la enseñanza reclama, tenga presente que los plácemes de todos los granadinos, y sobre todo de este anciano profesor…”

En 1901 pasó de ser director interino a director titular del Instituto General Técnico de Granada (futuro IES Padre Suárez). Su primera preocupación continuaba siendo la seguridad de los alumnos y la ampliación de las instalaciones

En 1901 pasó de ser director interino a director titular del Instituto. Su primera preocupación continuaba siendo la seguridad de los alumnos y la ampliación de las instalaciones. Por aquellas fechas ya había sido abierta la cala de solares y estaban en construcción los primeros edificios de la Gran Vía de Colón. En su parte final había dos solares de titularidad pública, lindando con la explanada del Triunfo. Los gestores públicos comenzaban a ansiarlos para construir los Museos (sobre todo Arqueológico y de Bellas Artes) y la Escuela de Profesores. Salvador de la Cámara fue el más osado de todos; corría 1904 y a sus 76 años ya no tenía reparos. En esos momentos mantenía buenas relaciones con las autoridades por ser el promotor de la Comisión del cuarto Centenario de Cervantes, así es que aprovechó la primera visita de Alfonso XIII a Granada e incluyó la puesta de la primera piedra del nuevo Instituto General.

El solar no era apto todavía para levantar en él un edificio de esas características; se trataba de una esquina entre el final de la Gran Vía y el principio de San Juan de Dios. Pero Salvador de la Cámara levantó una tribuna de madera con la connivencia del arzobispo Moreno y Mazón; el rey llegaría el 30 de abril de 1904, pondría la primera piedra, el obispo bendeciría el solar, todos le aplaudirían. Incluidos los alumnos del Instituto, a quienes Salvador de la Cámara ordenó situar lo más alejado posible del rey, en previsión de que una bomba anarquista fuese lanzada a Alfonso XIII, tal como era costumbre habitual por entonces.



Foto de grupo de autoridades acompañando a Alfonso XIII en el patio de los Leones. Fue la tarde del 30 de abril de 1904. Salvador de la Cámara aparece el noveno por la izquierda, calvo con bigote.

Quizás por esos temores a atentados, el programa regio se cambiaba sobre la marcha. La puesta de la primera piedra fue anunciada en principio para las cinco de la tarde del 30 de abril, pero luego se improvisó y se anunció para las 10 horas. Finalmente, ocurrió a las 12. El rey echó la primera paletada de cemento con un “bonito palustre de plata que ha sido construido por la acreditada casa de los señores Tejeiro y Compañía. Es muy elegante”, según destacaba la prensa del momento.



A la derecha, andamios de la obra del Instituto, hacia 1908-10. A la izquierda se ve el solar donde después construyeron la Normal y al fondo las casas que dejaron sitio al Americano.

El Instituto tenía primera piedra, pero no proyecto definitivo ni presupuesto. Pero ya no había más remedio que seguir adelante con la obra comprometida por la presencia real. El Ayuntamiento tuvo que acometer una rápida expropiación de casas en la parte lindera a la calle de San Juan de Dios y la reordenación de la embocadura de esta vía.





En las dos fotos de arriba, tomadas en 1912, se ve que la construcción del Instituto estaba todavía en su segunda planta.

El mal comienzo de las obras del Instituto fue una premonición. Un edificio de ese tipo solía tardarse unos dos años en tenerlo acabado. Pero en este caso se prolongaron durante más de quince años (sin contar el añadido del patio de recreo y la verja, que llegaron muchos años después). Los problemas financieros de la Diputación tuvieron la mayor parte de culpa. Pero para el curso 1918 ya se trasladaron los alumnos a la nueva y definitiva sede de la Gran Vía (aunque se dio por entregada la obra un año después). El cambio de nombre por Instituto Padre Suárez actual tuvo lugar durante la II República. Hoy una placa en el vestíbulo del edificio recuerda a Salvador Arrivillaga como director en el momento de la primera piedra, pero no como promotor de aquella obra.



Placa en el vestíbulo del IES Padre Suárez que le recuerda como director cuando comenzaron a construir el edificio de Gran Vía.

El Cámara casi olvidado

Ya he dicho que la familia de los Cámara están emparentados con la burguesía granadina del siglo XIX y principios del XX. A Salvador de la Cámara no se le recuerda prácticamente nada en esta ciudad, en ninguna de sus facetas. Quizás buena parte de esa circunstancia se deba a que los últimos años de su vida vivió amancebado con su sirvienta Brígida Almenara Pérez y tuviese una hija natural con ella, la Boticaria Roja (fusilada en el barranco de Víznar en noviembre de 1936).

A Salvador de la Cámara no se le recuerda prácticamente nada en esta ciudad, en ninguna de sus facetas. Quizás buena parte de esa circunstancia se deba a que los últimos años de su vida vivió amancebado con su sirvienta Brígida Almenara Pérez y tuviese una hija natural con ella, la Boticaria Roja

Rafaela Jiménez de Góngora, la esposa de Salvador de la Cámara, falleció en Almería en 1911. En 1912 contrajo matrimonio con su criada Brígida Almenara, con la que convivía al menos desde 1899. Salvador de la Cámara dejó de ser director del Instituto de Granada en 1909; pero se mantuvo dando clases (a Federico García Lorca entre otros) hasta el año 1915. Falleció dos años después, el 22 de febrero de 1917.



Esquela mortuoria de Salvador de la Cámara.

En su testamento, Salvador se las había ingeniado para dejar la mayor parte de su herencia a la “la hija de mi esposa” (Milagro Almenara) y a otra muchacha que estaba en las Recogidas (probablemente otra hija natural suya). Dos de los hijos de Salvador de la Cámara se interesaron por el testamento de su padre, pero poco o nada debieron conseguir, aparte de la legítima que les correspondía.

Pero ni aún muerto acabaron sus problemas. No alcanzamos a conocer qué pudo ocurrir para que su entierro se demorase durante cuatro días, mientras el cadáver permanecía en depósito hasta el día 26 de febrero. Quizás desavenencias entre los hijos de su primera esposa y su viuda granadina. No lo sabemos. Al final, un hombre de origen tan rico, con tantas posesiones y con una pensión de jubilación bastante elevada tuvo que ser acogido en la cripta de unos familiares. El cadáver del ilustre catedrático, inventor y presidente de los tribunales de la UGR en sus últimos años, casi acabó escondido en el panteón del cementerio de San José de Granada conocido como de la Novia (actualmente hay 51 cadáveres en su interior).

De él descienden los Cámara y Jiménez repartidos por Andalucía: Alfonso de la Cámara y Jiménez (catedrático de la Normal de Granada y director de la Academia Cívico Militar); Mariano (abogado almeriense y depositario de la Junta de Obras del Puerto); Fernando (ingeniero de ferrocarriles en Sevilla); y Gabriel (cirujano).



Panteón llamado de la Novia, en el Cementerio de Granada, donde fue depositado el cadáver de Salvador de la Cámara.

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