Un verano en el Parque de las Ciencias.
EVALUACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS

El Hospital del Campus, un joven paciente con enfermedades crónicas

Ciudadanía - Juan I. Pérez - Domingo, 2 de Junio de 2019
Comenzamos con el Hospital del Campus una nueva sección en la que evaluamos la calidad en la atención de los servicios públicos en Granada, de todas las administraciones e instituciones.
Una inoportuna camilla recibe a los visitantes.
P.V.M
Una inoportuna camilla recibe a los visitantes.
Una intervención, una visita a una especialidad y otra a urgencias, experimentadas en primera persona, sirven para analizar la atención al Hospital del Campus o del PTS, como es conocido, o nuevo san Cecilio o san Cecilio, como así quiere la Consejería de Salud y Familias que se le llame.

En los diferentes reportajes de esta nueva sección eliminamos deliberadamente nombres, en este caso, de profesionales sanitarios. Con el que hoy presentamos abrimos una anhelada sección, por parte de El independiente de Granada, en la continua búsqueda de este diario de referencia de fiscalizar los servicios públicos para mejorarlos.

Los reportajes que ofrecemos se alimentan del trabajo periodístico, las aportaciones documentadas de nuestras lectoras y lectores. Si nos quieres contar tu propia experiencia de un servicio público: cuentaseloalinde@elindependietedegranada.es.

A las 8.00 horas del día señalado, puntuales como un reloj, una docena de pacientes, la mayoría junto a familiares, esperan que sean llamados para una intervención quirúrgica, de las llamadas ambulatorias -no requieren hospitalización-. Una puerta se abre pasadas las 8.20 horas y una voz corea los nombres de los primeros pacientes.

Al pasar por la puerta, la primera sorpresa es la necesidad de contar con una moneda de 1 euro, de la que nadie te advierte, previamente.

La moneda es imprescindible para guardar la ropa en la taquilla, como si fuera un gimnasio o un supermercado, dado que una vez en ropa interior, te informan, te vistes con el pijama del SAS, cubres tu cabeza con un gorro y los pies con plásticos

La moneda es imprescindible para guardar la ropa en la taquilla, como si fuera un gimnasio o un supermercado, dado que una vez en ropa interior, te informan, te vistes con el pijama del SAS, cubres tu cabeza con un gorro y los pies con plásticos. La indumentaria preceptiva para acceder al área quirúrgica. Enfermeras y celadoras hacen de cambistas de moneda. Señalan que ya no dejan más 1 euro porque alguien no se los devolvió, pero entrenadas con la petición, piden a familiares o sanitarios. Si no dispones de una moneda, corres el peligro de que tu ropa de calle se quede en una bolsa encima de las taquillas.

Vestidos ya de enfermos, sentados en la sala siguiente, donde te preparan para la intervención, te informas por otros pacientes de que la mayoría recibió una llamada telefónica una semana antes para indicarle fecha y hora de la intervención, algunos, dicen, la recibieron con sorpresa, dado que llevaban hasta casi dos años esperando.

Un mostrador de atención al público, vacío. P.V.M.

Son dolencias oculares. Y una enfermera va extrayendo sangre y va colocando la primera ronda de anestesia en los ojos a intervenir. Suena una música de reggaeton, a una hora y en unas circunstancias que irritan. Proviene de un PC de mesa, donde una enfermera pasa esporádicamente ratos.

Llega un celador con una silla de rueda para transportar a la primera en ser intervenida. Han pasado casi dos horas de la cita señalada y varias rondas más de anestesia ocular. Y han puesto cruces con rotulador en la frente, sobre el ojo a operar. Cuando pregunta alguien con temor por qué el retraso, una sanitaria dice, con extrema sinceridad y un tanto de sorna, que algunos médicos de turno de mañana tienen que tomar su cafelito y hay que preparar los quirófanos.

El celador con la silla de ruedas se queja de que él lleva tres quirófanos y X solo uno. Y que no es justo… Pese a la queja, que lleva aparejado un intento poco creíble de plante, lleva a la mujer al quirófano.

El celador con la silla de ruedas se queja de que él lleva tres quirófanos y X solo uno. Y que no es justo… Pese a la queja, que lleva aparejado un intento poco creíble de plante, lleva a la mujer al quirófano.

En el quirófano, X se queja de que el turno de tarde suele dejar desordenado la sala de operaciones, que no hay quien encuentre el instrumental. Al preguntar, es la primera intervención del día. Son ya las 10.35 horas.

El trato del cirujano, como de todo el equipo sanitario anterior, es amable. Explica la cierta gravedad de la intervención y las posibles complicaciones. Ha sido más complejo de lo inicialmente previsto. Pero todo ha salido bien.

Sillas vacías en una sala de espera en el hospital del Campus. P.V.M

Salvo por si eres alérgico, nadie ha preguntado por si padeces otras patologías. Incluso, otro paciente advierte de que está tomando un medicamento, que la farmacéutica le advirtió que lo dijera porque pudiera traerle complicaciones.

Los pacientes vuelven al vestuario, para cambiarse y recuperar o devolver la moneda del euro.

Primera visita al especialista

Al día siguiente de la intervención, el paciente tiene la suerte de que te atienda el cirujano que te ha intervenido y hasta que se acuerde de la operación. Le acompaña una enfermera, que desaparece durante la consulta. Informa el médico que la dolencia es muy fastidiosa porque el posoperatorio es incómodo para el paciente. Prescribe colirios, pomada y suero para los ojos.

Segunda visita al especialista

Gran avance que citen por la tarde para consultas de especialidades. Pero salvo en el mostrador de entrada, nadie ocupa los puestos de atención al público en hospital. Una pareja de avanzada edad busca desesperada el área de hematología. Ante la ausencia de información, pregunta a una limpiadora.

El hospital está casi desierto, salvo un lento caminar de familiares y pacientes. Una inoportuna camilla te recibe en la entrada a consultas.

El panel informativo a la puerta de la consulta no funciona. P.V.M.

La televisión que informa en pantalla de los pacientes citados esa tarde a consulta no funciona. Salen nombres, en otras pantallas junto a consultas que están cerradas esa tarde.

Con una hora de retraso, entra un paciente. Lo justifica el médico en que esa tarde la consulta que atiende aglutina a otras tres consultas. Silencio.

Con una hora de retraso, entra un paciente. Lo justifica el médico en que esa tarde la consulta que atiende aglutina a otras tres consultas. Silencio.

Va todo casi bien. La evolución es favorable, pero casi un mes de la intervención aún no se han desprendido cuatro de los doce puntos cosidos en el ojo intervenido. Con buen criterio decide quitarlos, pero no encuentra en su consulta las pinzas indicadas. Se marcha para buscarlas. Regresa. No las encuentra. El material está en los quirófanos y esa tarde no se interviene. A las consultas apenas llega material. Pregunta al paciente, que confía plenamente en el médico, si los quita con otras pinzas y una aguja. Procede con laboriosa profesionalidad. Extrae dos. Lo deja ante la dificultad y las molestias del paciente.

Revisa la medicación y advierte de que el suero prescrito, reseca y que es mejor lágrima artificial. Y el colirio, demasiado tiempo con corticoides. Lo retira. Observa otra lesión en los ojos y receta otro medicamento para combatirlo.

En la farmacia, luego informarán al paciente, que lo recetado asciende a un total de 56 euros, (sanidad gratuita y universal) dado que no está incluido en los fármacos incluidos por el SAS. Pese a ser una enfermedad crónica. Y deja al criterio del paciente adquirir esos fármacos de otra marca, que saldrían por la mitad.

La siguiente cita es difícil de prever. Los turnos no están claros, pero consigue abrir un hueco, sin que pase demasiado tiempo, al considerar que es imprescindible volver a ver al paciente.

Una visita a urgencias

Como es lógico, en el mostrador de admisión te preguntan el motivo de la visita a urgencias. Pero te atienden como si ya hablaras con el primer doctor o doctora, lo que tarda en llegar una hora y media aproximadamente. Es la criba. Dado que el motivo está relacionado con el estado de una extremidad, el paciente que entra al ver al fondo de la sala una camilla, se dirige a ella. Pero la doctora le detiene. Qué te ocurre, pregunta. De pie lo cuenta, con menos detalle que en la admisión. No te sientes. Te llamaránVe a otra sala, que te indica. Cierra la puerta, por favor. Pero el pomo está averiado.

Un cartel desfasado y con errata en urgencias. P.V.M.

El paciente, haciendo honor al rol que asume, espera con suma paciencia a que le llamen. Y se da cuenta que en las máquinas expendedoras en urgencias del PTS, solo dispone de comida basura y bebidas gaseosas. También agua, por supuesto, pero observa bebidas energéticas de esas. La de campañas y esfuerzos por una alimentación saludable, y ni siquiera empiezan por donde debe ser

Alguien se queja de la atención que ha recibido su acompañante, con un brazo en cabestrillo, pero no sabe dónde acudir. Un guardia de seguridad le mira con atención a pocos metros.

El paciente, haciendo honor al rol que asume, espera con suma paciencia a que le llamen. Y se da cuenta que en las máquinas expendedoras en urgencias del PTS, solo dispone de comida basura y bebidas gaseosas. También agua, por supuesto, pero observa bebidas energéticas de esas. La de campañas y esfuerzos por una alimentación saludable, y ni siquiera empiezan por donde debe ser.

Hay un cartel informativo con erratas. Y sigue la espera hasta que llega el turno y te atiende con esmero una doctora que, ante la patología que presenta, llama a otra, que asume el caso. Le atiende en otra sala. Un camino por los interiores hasta la sala de rayos y vuelta. Espera y otra vez a la consulta de la segunda doctora, que explica y detalla.

Han pasado casi cinco horas. Y por experiencias pasadas, no es que estuviera a tope las urgencias.

A la salida, el paciente se dirige al parking. Probablemente, el más caro de los hospitales públicos andaluces.

Humanizar la sanidad

El 3 de julio cumplirá tres años. Pero el más joven hospital andaluz, llamado a ser la joya de la sanidad pública andaluza, ha heredado las enfermedades que padece la sanidad, sin que parezca que los diferentes tratamientos mitiguen las dolencias, que sufre en última instancia la ciudadanía, usuaria, como paciente o familiar y que se convierten en crónicas, gestione quien gestione.



Sin valorar la atención médica, que se presupone de excelencia, como se merece la ciudadanía, hay elementos muy mejorables que ahondan en la necesidad de humanizar la sanidad pública andaluza, y como ejemplo este hospital.

Pocas veces una hora de cita médica se cumple. Cuando es a primera hora, ni lo sueñes. Queja de profesionales sanitarios en público. Habitual llamar a un teléfono de atención y que comunique sospechosamente siempre o no lo cojan. Trato más que mejorable en la atención. Desinformación general.