Artículo de Opinión

Llueve

Ciudadanía - Pepa Merlo - Lunes, 1 de Abril de 2024
Pepa Merlo nos ofrece un artículo que remueve conciencias. Para leer y compartir.
Nazarenos reflejados en un charco provocado por la lluvia.
Rocío Ruz/EP archivo
Nazarenos reflejados en un charco provocado por la lluvia.

Hoy es Domingo de Resurrección. Las gotas de lluvia se precipitan suicidas por el cristal hasta confundirse y convertirse en un pequeño charco. Del otro lado se extiende un cielo inmenso y negro. Han pasado siete días y, sin embargo, el panorama parece una foto que hubieran fijado en la cruceta de la ventana. Diez días antes se anunciaba a toque de chirimía la algazara de una semana por llegar con su olor a incienso, con torrijas, capirotes y estaciones de penitencia o pasos, como se los denominaba antes. Rostros emocionados en imágenes de archivo premonitorias del tiempo próximo de asueto venían a constituir la publicidad. La emoción bajo palio, el temblor de las velas en el vaivén del trono, las lágrimas resbalando tan veloces como el agua de lluvia por las mejillas de unos creyentes que ha poco tiempo se plegaban en las misas al requerimiento de los próceres de la iglesia para rogar a Dios que en su infinita misericordia regalara ese agua del cielo, vital para la vida. Rostros emocionados tomados de antiguos reportajes, mirando al borde del éxtasis el desfile de cristos y vírgenes, auguraban para este año una emoción similar. Pero llegó la lluvia, esa tan deseada, tan solicitada y tan molesta. 

Quizás cuando se publique esta columna habrá sol y el pensamiento unánime será que podría haber llovido esta semana o la anterior o hace un mes o dentro de un mes, pero no durante los únicos siete días que requieren la preparación de todo un año

Llegó la benevolencia divina y nos regaló el agua, abundante, limpia, encharcando la tierra seca, reverdeciendo árboles en una generosa explosión de brotes nuevos, completando los niveles de las presas, cuya estampa, semanas antes, vaticinaba un verano incierto. Y los mismos que se plegaban a la oración por la lluvia, han vivido en una ruinosa desesperación la semana contradictoriamente más santa, pues, Dios en su infinita benevolencia concedió el agua que fue motivo de excusa para pasear por las calles santos antes de tiempo y repetir rogativas: "...Te pido con fe y humildad que hagas que las nubes se llenen de agua y que la lluvia caiga sobre la tierra sedienta". Dios concedió el milagro y, como es propio, el hombre no está contento. Quizás cuando se publique esta columna habrá sol y el pensamiento unánime será que podría haber llovido esta semana o la anterior o hace un mes o dentro de un mes, pero no durante los únicos siete días que requieren la preparación de todo un año. ¿Cómo puede Dios enviar la lluvia justo para impedir que salgan los pasos, perdón, para impedir que se realicen las estaciones de penitencia? Y quizás Dios en ese ímpetu por hacer que llueva durante este tiempo, caiga cuando caiga en el calendario, muestre su desacuerdo con el tinglado "semanasantero" y lo mucho que conlleva y arrastra debajo, como un, a simple vista, pequeño iceberg, pero en lugar del látigo que Jesucristo empuñó en el templo para expulsar de él a los mercaderes justo en vísperas de la Pascua judía, es benevolente y se limita a enviarnos una borrasca detrás de otra. 

Eximidos de culpa, la moral intacta, el llanto lo motiva la lluvia y con ella la imposibilidad de desfilar, velón en la mano, luciendo traje y broche de la abuela en la mantilla

En este mundo hispánico nuestro la gente se obnubila ante una talla de madera, -unas más merecedoras de obnubilación que otras-, hasta ser incapaces de contener la lágrima, de tragar el nudo que escuece y ahoga y se instala en la garganta cuando la lluvia impide ver una talla acompasando tambores y bamboleo. Sensibilidades a flor de piel que, sin embargo, no se perciben con la misma conmoción cuando vemos las terroríficas imágenes de destrucción y muerte que asolan Gaza. No habrá semana de llanto, no habrá velas ni vigilias para los muertos de Gaza, no habrá compasión para los 12.300 jóvenes asesinados en la franja, no habrá cadenas que arrastren pena ante la terrible masacre de Israel en Gaza que suma 30.000 muertos, 340 trabajadores sanitarios, 132 periodistas, cifras todas aproximadas y sin mencionar heridos, vejaciones, violaciones, etc. No habrá flagelaciones que limpien pecados, porque los pecados son de los otros, de los israelitas, de los judíos. Distinguimos y señalamos con el dedo índice y culpabilizamos para exculparnos. Eximidos de culpa, la moral intacta, el llanto lo motiva la lluvia y con ella la imposibilidad de desfilar, velón en la mano, luciendo traje y broche de la abuela en la mantilla. Frivolizado el llanto y el motivo de la pena, en unos tiempos terribles como estos, se mire a Ucrania, Siria, África..., se mire hacia donde se mire, el comportamiento indolente y deshumanizado retrata esa sociedad execrable a la que Rubén Darío dirigió el soneto "Maldigo...": Maldigo la quijada del asno, el enemigo, / odio la flecha, el sable, la honda, la catapulta;/ maldigo el duro instinto de la guerra, maldigo/ la bárbara azagaya y la pólvora culta;// [...] y a quien ahoga en sangre la cosecha de trigo / y a quien ciego de rabia la Cruz de Paz insulta; // [...] por Cristo que solloza, que palidece y muere,/ mientras un negro incendio de salitre y azufre/ oscurece a los hombres la visión de la Cruz. Soy consciente de que estas palabras no gustarán a mucha gente, pero es consabido que nunca llueve a gusto de todos.

Pepa Merlo es Doctora en Filología Española, Premio Extraordinario de doctorado por la Universidad de Granada. Investigadora de esta universidad, está especialista en Generación del 27 y autoras españolas del siglo XX. Profesora de la Universidad Internacional de Valencia (VIU). Sus artículos han sido publicados en las revistas más prestigiosas nacionales e internacionales, ha participado en congresos y seminarios en diferentes universidades de prestigio de todo el mundo. Es narradora. Sus cuentos cortos han sido publicados en las revistas literarias de prestigio nacionales e internacionales, ha sido traducida al inglés y al francés.

Ha publicado: Peces en la Tierra. Antología de mujeres poetas entorno a la Generación del 27 (Vandalia. Fundación José Manuel Lara, 2010), Con un traje de luna. Diálogo de voces femeninas de la primera mitad del siglo XX (Vandalia. Fundación José Manuel Lara, 2022), Rafael Guillén. Del conocimiento al asombro (Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, Junta de Andalucía, 2022), El haza de las viudas (Espuela de Plata. Renacimiento, 2008), Todos los cuentos, el cuento (Col. Narrativa, Diputación de Cádiz, 2007); entre las ediciones críticas destacan: El diván del Tamarit de Federico García Lorca (Cátedra, 2018), Una sombra entre los dos de Elisabeth Mulder (Renacimiento. 2018), El retablo de Salomé Amat de Elisabeth Mulder (Renacimiento, 2021) y Sinfonía en Rojo de Elisabeth Mulder (Tigres de papel, 2022).

Cofundadora de la editorial ELENVÉS EDITORAS, dirige la colección Bernal de narrativa.

Fotografía: Luis Serrano

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