'¿Renaturalizamos el cauce del Genil?'

Llevo dos días asomándome, mañana y tarde, a los cauces del Darro y el Genil. Los he visto crecer poco a poco hasta casi dar miedo acercarse a ellos. No estamos acostumbrados a verlos así se ensoberbecidos a estos dos aprendices de río. También he visto a los bomberos retirar un árbol caído y una barandilla de hierro en la boca del Darro a su entrada por Plaza Nueva; por si acaso lo atoran un poco más abajo y se repite el reventón de 1951. O el de 1887.
Ayer tarde bajaban a su máximo nivel de este temporal. El Darro con tendencia a disminuir, si no aumentan las lluvias torrenciales en el embudo que hace su pequeña cuenca. El Genil, con tendencia a aumentar debido al desembalse de la presa de Quéntar. Es probable que incluso aumente si el deshielo prematuro obliga también a desembalsar Canales. El peligro aumentaría.
El aforo que sumaban los dos ríos de Granada ─por donde reman nuestros suspiros─ no alcanzaba ayer ni los 200 metros cúbicos/segundo. Pero da miedo oírlos rugir cuando se juntan a la altura del Puente Blanco
Pero, en general, hasta anoche no existía gran amenaza de inundación en el cauce alto de estas dos cuencas. Excepto que alguna ladera del Darro resbale y su maleza tapone el embovedado. Dicen que hay pocas probabilidades de que eso ocurra. El aforo que sumaban los dos ríos de Granada ─por donde reman nuestros suspiros─ no alcanzaba ayer ni los 200 metros cúbicos/segundo. Pero da miedo oírlos rugir cuando se juntan a la altura del Puente Blanco. No iban ni a la tercera parte de su capacidad, que se considera un poco por encima de los 600 m3/seg. El aforo máximo histórico del Genil es desconocido; solamente sabemos lo que nos cuentan las crónicas: que de vez en cuando se desbordaba y sus aguas anegaban hasta el Banco del Salón, dañaron el Puente Romano, se extendían por el barrio de San Antón y creaba una rambla de más de cien metros de anchura. Eso lo conocemos por las fotos anteriores a su marginación en los años cincuenta-sesenta. Incluso la Fábrica del Gas Lebón se inundó en varias ocasiones.
La crecida actual es mucho menor a las más recientes en la memoria
La crecida actual es mucho menor a las más recientes en la memoria. La de 2010 casi fue inocua; la del 11 de febrero de 1985 fue mucho más fuerte (la que se llevó el puente de Pinos Genil). Pero sin duda que la de 1963 fue la mayor: se llevó por delante el Puente de las Brujas, se salió de madre en el Salón, saltó el Puente Romano por los extremos. E incluso se pensó en volar dos arcos para que no acabara llevándoselo la corriente. La fotografía que conservamos de 1963 del antiguo puente del Camino de Ronda se ve el Genil desenfrenado, casi rozando con sus crestas la estructura del arco rebajado. Por esta foto (la de arriba) apreciamos que todavía el muro de la margen izquierda no estaba acabado.
Desde 1995 la situación ha cambiado más que notablemente. En primer lugar, porque ha habido menos lluvias torrenciales y deshielos repentinos. También existe el embalse de Canales que regula esos peligros en la cuenca alta. Hace justo tres décadas que el cauce del Genil fue impermeabilizado con una funda de hormigón. Su capacidad estimada de 300 m3/seg. Fue aumentada a 425 m3/seg. Se eliminación malezas y obstáculos. La nueva superficie facilita el deslizamiento de la madre y, por tanto, aumenta la velocidad y capacidad de sus aguas.
Rambla que formaba el Genil en los años treinta, de más de un centenar de metros. AHMGR
El inconveniente fue que se creó un río muerto. Sin vegetación, sin culebras y sin ranas croando. Por eso dejó de haber cigüeñas en Granada. En parte por la cantidad de porquería que se acumula en la represa de la Inmaculada. Al menos la colonia de ánades se ha hecho fija en el lugar. Le deben alimentar las porquerías que flotan y los olores veraniegos.
Hace ya casi una década que empezaron a surgir ideas en partidos políticos o grupos ecologistas planteando la posibilidad, y la necesitad, de una renaturalización del cauce del Genil, unos 3,3 kilómetros en su travesía por Granada
Hace ya casi una década que empezaron a surgir ideas en partidos políticos o grupos ecologistas planteando la posibilidad, y la necesitad, de una renaturalización del cauce del Genil, unos 3,3 kilómetros en su travesía por Granada. Lejos quedó la primigenia idea del embarcadero navegable en el tramo Las Titas-Puente Romano. Ni siquiera llegaron a fletar barquitas de remos para enamorados adolescentes.
Reconozco que al principio me gustó aquella idea de levantar el hormigón, depositar tierra en los laterales y sembrar vegetación de ribera. Sería la forma de que este becario del Guadalquivir llenara de verdor, ranitas, galápagos y alguna culebrilla esta enorme trinchera que fabricaron nuestros antepasados en época del desarrollismo.
Aunque pronto me convencí de lo inútil del proyecto. Incluso fue respaldado políticamente por varias corporaciones municipales. Por la sencilla razón de que no conseguiríamos nada más que hacer un foso verde al que mirar desde las atalayas de los paseos laterales. Son enormes muros con un solo acceso al cauce para poder aprovecharlo como paseo. ¡Y qué paseo! Caminaríamos en verano encajonados entre dos murallones. Sin que penetre el aire fresco. Al estilo de las murallas dobles que protegían el puerto de Atenas con la ciudad o la unión entre las puertas de Elvira y Monaita en tiempos musulmanes.
Ocurre muy de tarde en tarde, pero los ríos y barrancos presentan de vez en cuando sus escrituras de propiedad
Este último turbión atlántico que nos asusta a quienes no estamos acostumbrados a los grandes ríos me ha convencido de que más vale estarse quietos. Olvidarse de levantar el hormigón, revegetar y renaturalizar el Genil. Ocurre muy de tarde en tarde, pero los ríos y barrancos presentan de vez en cuando sus escrituras de propiedad. De haber estado ya naturalizado es más que probable que se lo hubiese llevado todo por delante y ya estarían los bancos y las ranas en el pantano de Iznájar. O atascando algún puente por Loja e incrementando los daños.
Escribo esto para recordar las conversaciones que mantenía sobre el tema con el ingeniero Miguel Giménez Yanguas. Me decía que para devolver mínimamente su naturaleza antigua al Genil lo de revegetar era una tontería; también habría que derribar los muros y, por consiguiente, los dos grandes murallones de viviendas de la Ribera que encajonaron su rambla en los años sesenta. Y, eso por desgracia, ya no tiene solución.
Al menos esta fea marginación, con muros elevados por encima del nivel de las calles, está haciendo que no nos lamentemos como sí lo están haciendo poblaciones en su cauce medio. Y dicen que todavía podría haber más desgracias aguas abajo.
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