Un verano en el Parque de las Ciencias.
Con motivo del concierto del miércoles, revisitado al genio en clave de 8

Ocho canciones de Bob Dylan (y III)

Cultura - Manuel Alberto P. - Lunes, 6 de Julio de 2015
Para terminar la serie, revisitamos ocho canciones de Bob Dylan. Hemos elegido aquellas por su calidad musical o lírica o su repercusión posterior. Y sin miedo al spoiler: dudando que suenen esta noche (el repertorio de los últimos conciertos está basado en los discos más reciente), si así fuera se modifican tanto que es difícil reconocerlas. Por cierto, la más reciente es de 1997, no porque no existan obras maestras en los discos posteriores sino por la dificultad de analizar el presente: su instantaneidad no admite muchas proyecciones.
Un joven Bob Dylan.
Un joven Bob Dylan.

BLOWIN IN THE WIND. 1962

Todo comenzó en estas nueve preguntas y una sola respuesta en una sencilla composición de tres acordes, basada en el espiritual “No More Auction Block”. Lejos del estilo lírico abigarrado que será su seña de identidad unos meses después, en estos sencillos versos exclama, como declarará tiempo después en la revista Sig-Out “que han habido ya demasiadas guerras”. En un momento de tensiones políticas, esta tonada fue inmediatamente aupada como himno pacifista por diferentes movimientos civiles. Verdadera tarjeta de visita de sus intenciones, Dylan se mostraba como un antilíder: no busquéis las respuestas en mí, están flotando en el viento. Odiada por vacas sagradas del folk como Pete Seeger o Tom Paxton (éste la ubicaba dentro de las canciones “lista de la compra” donde cada verso no tiene nada que ver con el anterior), cuando Sam Cooke la escuchó, se sorprendió que un blanquito pudiera componer algo tan bueno, lanzándose a escribir “A Change Is Gonna Come”. La canción más versionada de Dylan, cosechó su primer gran éxito en las voces de Peter, Paul and Mary y años después se llevó a la liturgia cristiana de los curas progres después de que Jesús García Torralbo la escuchara tocar a un vagabundo por la calle. Sabedor de que, tocada por quien la toque provoca siempre sentimientos en el oyente, Dylan la ha recuperado para sus conciertos después de algún tiempo sin tocarla.

MR.TAMBOURINE MAN. 1965

Si nos creemos al periodista Al Aronowitz, esta canción, empezada varios meses antes, se terminó de componer en su propia casa. Momento angular de su biografía musical, Dylan dotaba de cada vez más contenido a sus letras, adelantándose a Borges en considerar un error separar la metafísica de la filosofía. Sigue utilizando unos pocos acordes y un justo acompañamiento, aunque por primera vez adelanta el estribillo a la estrofa. Hay influencias de John Keats, en concreto de la “Oda A Un Ruiseñor” en una de las primeras letras con referencias claras a las drogas. Canción trascendente para la historia de la música y para el devenir de Dylan, fue número uno en manos de los Byrds, que la dotaron de un acompañamiento pop abriendo el camino del folk-rock, influyendo en el pop británico y, de paso, en el propio Dylan que se sorprendió que sus descarnadas canciones pudieran convertirse en algo tan pegajoso. Aún así, el autor la continuó considerando como pieza acústica con la misma tenacidad con la que se niega la epidemia de cólera en “Muerte en Venecia” tocándola solo con su guitarra en su diferentes giras hasta 1978. Fue la canción que sonó en el funeral del autor de “Miedo y Asco en Las Vegas” Hunter S. Thompson, libro que el periodista de Rolling Stone le había dedicado Dylan.

LIKE A ROLLING STONE. 1965

Sé que el confesionario está cerrado por hoy pero… podría ser abril, el mes más cruel. Podría tener el protagonista catorce años. Después de recoger de correos el pedido de Discoplay y de abrirlo rápidamente, decidió poner en el plato el disco que venía en último lugar y que había leído recomendado en la revista, hoy denostada, Popular-1. Cuando, seis minutos después, la aguja volvía a hacer sonar el silencio de los surcos, el protagonista tuvo su propia epifanía y todos sus proyectos: el atleti, los estudios de medicina, las chicas… saltaron por los aires. Como si se me hubiera aparecido Dios y me hubiera recriminado en nombre de todos los hombres que hubiéramos creado las armas nucleares, los chalés adosados o el Real Madrid y yo le hubiera dicho: “ya es tarde, ¿dónde has estado hasta ahora?” Desde ese momento, dejé todo y me convertí en lo que sigo siendo: un apasionado de Bob Dylan.

DESOLATION ROW. 1965

Para cerrar el eléctrico “Highway 61 Revisited”, Dylan compuso este monumento y no deja de ser representativo que quisiera grabarlo en formato acústico (aunque años después también saldrían grabaciones electrificadas). En once minutos, Dylan describe lo que ve un pasajero por la ventana de un coche a través del Paseo de la Desolación, que es como se conocía la Octava Avenida de Manhattan donde se agolpan los burdeles y demás sitios de alterne. Una fauna en la que estamos todos: junto a la Bette Davies de “El Bosque Petrificado”, metiéndose las manos en los bolsillos; la Ofelia ya vieja solterona con solo veintidós años; y a Ezra Pound y T.S.Elliot peleándose en el puente de mandos. Todos, claro, bajo la atenta mirada de los agentes de seguros, que no quieren que nos escapemos. El particular “Bloomsday” de Dylan, mecido por una acústica y una armónica, que, como Kant, entiende que lo sublime debe llevar también la semilla de la autodestrucción. Interesante escuchar la toma eléctrica, contenida en la banda sonora de “No Direction Home”.

RAINY DAY WOMEN#12 & 35. 1966

Un prodigio de canción. Grabada a las cuatro de la mañana, con los músicos algo puestos y cambiándose los instrumentos. Aunque Dylan, siempre burlón, hablaba de ella como un “folk portugués” suena a banda popular marcando principios de fiesta. Digna de llevarse a los laboratorios de psicología, consigue como ninguna otra una transmutación de los sentidos, de forma que el oído escucha, ve y huele: cerramos los ojos y no es difícil sentir el humo de los porros. Del título se han dicho ríos y ríos de ideas: que si evoca una “novia de repuesto”, un cigarrillo de marihuana o que incluso puede tener un origen bíblico. La letra sí admite interpretación: si aceptamos que Dylan había escuchado  “Let’s Go Get Stoned” (“Vamos a colocarnos”), publicado por Ray Charles dos meses antes, no es difícil entender ese juego de palabras: “te golpearán cuando camines solo, te golpearán cuando te busques la vida, pero yo no debería ser el único golpeado, todos deberían ser golpeados”. Si sustituimos golpeados por colocados, ya entendemos por qué está canción estuvo prohibida en muchas radios y aún hoy sigue siendo una llamada a colocarse.

VISIONS OF JOHANNA. 1966

Si la canción anterior, perteneciente al mismo disco, nos presenta a Dylan en pleno happening, en esta se encuentra tan solo que ni siquiera en el reluciente espejo del órgano que acompaña toda la canción hay nadie. Curioso que un idioma tan dado a la polisemia como el inglés tenga dos acepciones parecidas como “lonely” y “alone”, que aquí se quedan cortas para su protagonista. Su título parece evocar las novelas de Kerouac y contiene algunas referencias a “La Tierra Baldía” y a “Cuatro Cuartetos” de T.S.Elliot, además de otros versos de Blake y Keats. La música es limpia y brillante y todo encaja perfectamente en esta alegoría del amor perdido de un protagonista que no puede dormir, encajado por las visiones de Johanna, enfermo de amor… o de poesía que tal vez sea lo mismo, en una sucesión de ricas imágenes en postales en el difícil límite del sueño y de la duermevela.

ALL ALONG THE WATCHTOWER. 1967

La canción que más veces ha interpretado Dylan en directo es, curiosamente, la mejor canción de Jimi Hendrix a partir de la abrasadora versión que hizo un año después el de Seattle con su, probablemente, mejor solo de la historia. Con una letra muy visual, no es casual que sus pinitos con la pintura los comenzara Dylan recreando esta canción imitando el estilo de Chagan. Los principales elementos del tema, el ladrón, la atalaya, los caballeros y el príncipe están tomados del pasaje de Isaías que anuncia la caída de Babilonia, siendo en general una visión apocalíptica, en una estructura circular, adelantándose a Tarantino y a las precuelas, ya que la tercera estrofa debe ponerse por delante de la primera. Musicalmente tiene una original estructura no utilizada anteriormente, que en la versión original que apareció en “John Wesley Harding” nos deja con la sensación de coitus interruptus esperando el solo de Hendrix, sustituido por la aparición de Zeus, con armadura y todo.  Es una de las canciones de Dylan más utilizada en las artes audiovisuales, sonando desde en episodios de los Simpsons hasta en la premiada película de Mendes “American Beauty”.

TANGLED UP IN BLUE. 1975

Durante la primavera de 1974, Dylan siguió un curso de pintura con el maestro Norman Raeben. En pleno naufragio matrimonial, Dylan utilizó lo aprendido en el arte pictórico para construir canciones en el que la historia apareciera como un todo, simulando un cuadro, aboliendo así el tiempo narrativo. El primer fruto de este audaz estilo es esta pequeña joya en la que es imposible saber la sucesión cronológica de lo acontecido; ni siquiera sabemos si hay un narrador o son varios. Pero la maestría de Dylan nos consigue introducir en sus sentimientos y acabamos llorando con él. Se dice que Albert Camus sabe hablar del dolor, pero en ocasiones da la sensación de que se está comiendo una paella: yo prefiero a Dylan, que grita cuando se quema. En versiones posteriores (como en el disco en directo “Real Live”) cambió radicalmente las letra, cantándola incluso en tercera persona. Ecos de Dante o de Petrarca, en un acelerado blues producido por él mismo, aunque no se indique en los créditos, en la probablemente más autobiográfica canción de Dylan. Como Bataille descubrió, las lágrimas son la última forma de comunicación. A descubrir y comparar las desnudas versiones anteriores, publicadas con posterioridad.

Y OTRAS OCHO…

SUBTERRANEAN HOMESICK BLUES. 1965

Anfetamínico rock, con reminiscencias de sustancias tóxicas de un Dylan al que la música folk se le va quedando pequeña.

POSITIVELY 4TH STREET. 1965

Dylan sabe golpear y duro, dirigiendo sus dardos afilados a toda la comunidad del Greenwich Village que le había abucheado meses antes por su conversión eléctrica en una alhaja construida entre sonidos de órgano.

SAD EYED LADY OF THE LOWLANDS. 1966

La canción que mejor describe hacer el amor de una manera tierna y afectuosa con la persona de la que realmente estás enamorada. Y es que cuando estás enamorado escribes frases interminables, no te da tiempo siquiera a poner puntos.

I WANT YOU. 1966

Aparente declaración de amor sencilla dentro de una compleja estructura sostenida con nervios de cristal, como una catedral gótica, en una fantástica canción pop con varias melodías a la vez.

JUST LIKE A WOMAN. 1966

Todo un tratado de la composición para jóvenes escritores en una sencilla letra en una melodía sublime.

KNOCKIN’ ON HEAVEN’S DOOR. 1972

Posiblemente la mejor melodía de Dylan y una de sus mejores grabaciones, con dura letra de película de vaqueros que sin embargo se puede amoldar incluso a una pedida de mano.

IDIOT WIND. 1975

Su canción más potente desde “Like A Rolling Stone”, esta vez con nombres y apellidos, aunque con la humildad de reconocer que tan oxidada está la espada de un amante como del otro: “somos idiotas, es un milagro que aun sepamos alimentarnos”. Es duro entender que va dirigida a la misma persona que años antes le dedicaba “Sad Eyed Lady Of The Lowlands” pero Dylan leyó a Rilke que afirmaba que el que osa volar como los pájaros debe aprender a caer.

LOVE SICK. 1997

Su último clásico. Cortantes riff que nos dejan la duda a los que no dominamos el idioma de Shakespeare: ¿está enfermo de amor o harto de amor? Probablemente, las dos cosas