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Artículo de Opinión

'Andalucía, nacionalidad histórica'

Política - Paco Vigueras Periodista y miembro de la Plataforma Andalucía Viva - Domingo, 28 de Febrero de 2021
Paco Vigueras, periodista y miembro de la Plataforma Andalucía Viva, repasa en este artículo de opinión el significado del 28-F y 'el enorme desafío' al que se enfrenta de nuevo la Comunidad en el actual contexto político.
Imagen que reproduce las históricas manifestaciones.
Facilitada por el autor
Imagen que reproduce las históricas manifestaciones.

En la histórica jornada del 28 de Febrero de 1980, el gobierno de UCD  nos decía: “Andaluz no votes, éste no es tu referéndum”. Por supuesto, la campaña por la abstención no tuvo éxito. Los andaluces, no sólo votamos mayoritariamente, sino que más de 2.470.000 respondimos sí a la pregunta farragosa que nos hicieron desde el poder para confundirnos: ¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución, a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo? Aquel 28F, a pesar de las trampas legales y los juegos trileros que nos hizo el ejecutivo de Adolfo Suárez, conquistamos el Estatuto de Autonomía por la vía del artículo 151, con las mismas competencias que Catalunya, Euskadi y Galicia. Y a pesar de que se cuestionó el resultado del referéndum en Almería, fuimos reconocidos, oficialmente, como nacionalidad histórica y dijimos al poder central: “no queremos ser más que nadie, pero tampoco menos”. 

Granada fue un bastión importante del andalucismo y estuvo a punto de colocar en la Alcaldía a Arturo González Arcas

Por entonces, el Partido Socialista de Andalucía dio un fuerte impulso a la conciencia autonomista del pueblo andaluz. Granada fue precisamente un bastión importante del andalucismo y estuvo a punto de colocar en la Alcaldía a Arturo González Arcas. Pero el PSA intercambió con el PSOE las alcaldías de Granada y Huelva por la de Sevilla, un error que sumió en una profunda crisis a la única formación política de ámbito andaluz. Más tarde, el PSA se desprendió de la S de “socialista”, convirtiéndose en Partido Andalucista, que no era ni de izquierdas ni de derechas, o como decimos en Andalucía: ni chicha ni limoná. En consecuencia, el PA se llenó de oportunistas, cuyo único objetivo era pactar a diestro o siniestro para tocar poder. Y finalmente, las rivalidades personales entre dos líderes muy egocéntricos, como Alejandro Rojas-Marcos y Pedro Pacheco, acabaron por malograr este proyecto político. 

Escuredo llegó a ser tan autonomista, que su propio partido le obligó a dimitir

El primer presidente autonómico fue el socialista Rafael Escuredo, que concedió una entrevista a Andalucía 9, el periódico de los emigrantes andaluces en Madrid, la llamada novena provincia. En esa entrevista, Escuredo afirmó: “Uno de los peligros más graves con los que puede tropezar Andalucía es la insolidaridad interprovincial. Granada, Jaén y Almería tienen que sentirse favorecidas por los planes de desarrollo autonómico, para fortalecer la cohesión territorial”. Sin embargo, podemos decir que Rafael Escuredo fue el único socialista que se creyó de verdad la Autonomía y todavía recordamos su huelga de hambre para protestar contra la torticera pregunta del gobierno de UCD: “que parece más propia de un concurso que de un referéndum”. Escuredo llegó a ser tan autonomista, que su propio partido le obligó a dimitir. Era un político con carisma y tuvo la oportunidad de crear otro partido andalucista, pero no se atrevió a enfrentarse con Felipe González y Alfonso Guerra, y acabó emigrando a Madrid, como tantos andaluces.

Desaparecido Escuredo, los socialistas utilizaron la Junta de Andalucía para desactivar nuestra conciencia de nacionalidad histórica. También renunciaron a la reforma agraria, como motor de desarrollo, para no molestar a la oligarquía terrateniente. Y para mantenerse durante 36 años en el Palacio de San Telmo, pusieron en marcha un sistema humillante de peonadas falsas y subsidios. A cambio, el PSOE recibía el “voto agradecido” de los que se beneficiaron de este sistema, conocido como fraude del PER.

Susana Díaz se sentía incómoda gobernando con la izquierda. Prefirió romper unilateralmente el acuerdo de gobierno y convocar elecciones

En el año 2012, Izquierda Unida-Convocatoria por Andalucía intentó poner en marcha un plan de emergencia para proteger a las clases populares, muy golpeadas por la crisis económica. Con este objetivo, asumió el reto de gobernar en coalición con el PSOE y planteó un plan para crear empleo de calidad, un modelo productivo sostenible, la defensa de la Autonomía, mayor calidad democrática y llevar la voz de Andalucía ante la Unión Europea. Pero aquel programa no prosperó, pues la entonces presidenta de la Junta, Susana Díaz, se sentía incómoda gobernando con la izquierda. Prefirió romper unilateralmente el acuerdo de gobierno y convocar elecciones.

Y llegamos a las últimas elecciones autonómicas del 2 de diciembre 2018. El escándalo de los ERE, que se había llevado por delante a los presidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, acabó pasando factura al PSOE. Las tres derechas (PP-Cs-Vox) pactaron para desalojar a Susana Díaz de San Telmo. Desde entonces, el gobierno del Partido Popular y Ciudadanos, sostenido por la extrema derecha, ha puesto en marcha una perversa política neoliberal, con la que favorece a sus amigos de la empresa privada, mientras recorta los servicios públicos. No le basta con eso, sino que los propios trabajadores han denunciado la manipulación informativa que ejerce en Canal Sur. La RTVA ha dejado de ser la radiotelevisión de todos los andaluces para convertirse en un instrumento al servicio del tópico y de la propaganda electoral.  

La estrategia de las derechas provoca cada vez más desafectos hacia la Autonomía, que miran a la Junta con desconfianza y recelo

Asimismo, las derechas frenan la consolidación de Andalucía, fomentando la rivalidad entre provincias. En Granada, por ejemplo, la Junta ha retirado la gestión al Parque de las Ciencias y pretenden diluir la Escuela Andaluza de Salud Pública en el Instituto Andaluz de la Salud, con sede en Sevilla. Dos heridas abiertas en la ciudad de la Alhambra, que está siendo vaciada de instituciones y se siente agraviada. La estrategia de las derechas provoca cada vez más desafectos hacia la Autonomía, que miran a la Junta con desconfianza y recelo. Un despropósito del que se aprovechan los grupos tradicionalistas, interesados en enfrentar a Granada con Sevilla, para justificar la creación de una entidad autonómica artificial en el oriente andaluz. Sin olvidar, la falta de respeto del ejecutivo de Juan Manuel Moreno hacia los símbolos andaluces. Como decía Blas Infante, la burguesía andaluza se ha convertido en el peor enemigo de nuestra Comunidad Autónoma.

Cuarenta años después, las derechas se han disfrazado de andalucistas y vuelven a sorprendernos con otra campaña diseñada para confundirnos de nuevo. Ahora nos dicen: “Andaluces, levantaos. Pongamos Andalucía de nuevo en marcha, como siempre hemos hecho”. Sin embargo, este mensaje que la Junta ha lanzado, con motivo del 28F, no tiene credibilidad. Más bien parece un eslogan publicitario, cargado de retórica, pues todos sabemos que, tanto el Partido Popular como Ciudadanos, están al servicio de la oligarquía centralista. Grandes corporaciones que deciden nuestro futuro desde sus consejos de administración, con sede en Madrid o Catalunya, y nos condenan al subdesarrollo. Mientras la economía andaluza sea dependiente y subalterna, Andalucía sufrirá un paro endémico y nuestros jóvenes seguirán emigrando sin remedio. 

Ahora, los andaluces estamos ante un nuevo desafío. Necesitamos un proyecto político ilusionante, capaz de recuperar el espíritu autonómico del 4 de Diciembre y el 28 de Febrero

Ahora, los andaluces estamos ante un nuevo desafío. Necesitamos un proyecto político ilusionante, capaz de recuperar el espíritu autonómico del 4 de Diciembre y el 28 de Febrero. Recordemos que sin las grandes manifestaciones del 4D, no habría sido posible el referéndum del 28F. Necesitamos un proyecto para defender los derechos de jornaleros y trabajadores, frente a los intereses especulativos del gran capital multinacional. También para defender nuestra identidad cultural y dignidad como pueblo. Los insultos que estamos recibiendo, por ser como somos, nos obligan a decir, alto y sin complejos, que somos una nacionalidad histórica y que nos sentimos orgullosos de ser andaluces y de hablar andalú. 

Paco Vigueras, es periodista y miembro de la Plataforma Andalucía Viva.