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'Activista'

Blog - Cuestión de Clase - Manuel Morales - Jueves, 27 de Mayo de 2021
Abascal, interpelado por un periodista de 'Todo es mentira'.
Mediaset
Abascal, interpelado por un periodista de 'Todo es mentira'.
La semana pasada el agitador Abascal visitó Ceuta, ávido de hacerse con parte del botín político del chantaje del rey de Marruecos contra España. Como el objetivo de la visita era puramente propagandístico, la prensa fue convocada a acompañarla. En un momento dado, un periodista de "Todo es Mentira" planteó al líder de la ultraderecha algunas preguntas que, entiendo completamente pertinentes. La primera, acerca de la contradicción que representa descalificar cualquier asistencia a las personas migrantes (en su mayoría niños): ¿Prestar ayuda humanitaria como hace la Cruz Roja o el Ejército es ser cómplice de la invasión a la que hace referencia?"; la segunda, evidente, acerca de la agenda del político: "¿Qué más va a hacer en Ceuta?" y la tercera, sobre su ausencia de la institución a la que pertenece: "¿Usted hoy no tenía una sesión de control en el Congreso?. La respuesta fue una mezcla de desprecio y pretendidos insultos que dejaron las preguntas sin contestación.

Facilitar información rigurosa y crítica a la ciudadanía poniendo a los representantes públicos ante sus contradicciones y las grietas de su discurso. Precisamente porque por esas grietas aflora la verdad

 
Es verdad que las tres preguntas son incómodas porque una respuesta sincera habría sido bastante vergonzante. A saber: "Mentí al llamarlo invasión", "No tengo nada que hacer aquí" y "prefiero la propaganda a cumplir con las instituciones que me pagan el sueldo". Pero esa se supone que es la obligación de un periodista ¿No? Facilitar información rigurosa y crítica a la ciudadanía poniendo a los representantes públicos ante sus contradicciones y las grietas de su discurso. Precisamente porque por esas grietas aflora la verdad.
 
No debería haber sido difícil para alguien con un poco de cintura salir airoso del paso, pero no deben ser muchas las habilidades dialécticas de nuestro pequeño aspirante a generalísimo sin mili. Se limitó a lanzar un par de improperios y despreciar al periodista. Pero lo más llamativo de esa respuesta fue el apelativo elegido para descalificar al periodista: "Activista".

"Activista". Dicho así, como escupiéndolo, con desprecio. Con el ritmo y entonación que debe reservar Abascal para decir "obrero", "mujer", "maricón" o "negro de mierda". Porque para la ultraderecha, el activismo es una actitud despreciable y que debe ser, más pronto que tarde, erradicada

 
"Activista". Dicho así, como escupiéndolo, con desprecio. Con el ritmo y entonación que debe reservar Abascal para decir "obrero", "mujer", "maricón" o "negro de mierda". Porque para la ultraderecha, el activismo es una actitud despreciable y que debe ser, más pronto que tarde, erradicada.
 
Es importante pararse a pensar qué hay en la mente de alguien que cree que se puede descalificar a un interlocutor llamándolo activista. Me interesa, porque en gran medida me considero un activista de varios ámbitos, desde la dignidad de los barrios ignorados a los derechos humanos, el ecologismo o los derechos de los pueblos cubano, palestino y saharaui. Entonces, yo debo ser un ser despreciable para la ultraderecha (ya lo sospechaba) Pero no por mis ideas, sino por el hecho mismo de desarrollar una actividad en su defensa.

El ciudadano ideal de la derecha es el ciudadano pasivista, el que acepta acríticamente que todo está bien y no se moviliza ni protesta ni cuestiona a sus líderes

 
Lo contrario del activismo es el pasivismo. El ciudadano ideal de la derecha es el ciudadano pasivista, el que acepta acríticamente que todo está bien y no se moviliza ni protesta ni cuestiona a sus líderes. Si es trabajador acata órdenes y condiciones de su jefe sin rechistar; si es creyente, lo que le imponga la jerarquía de su fe; si es mujer, lo que le diga su hombre y si es periodista, reproduce sin cuestionar lo que le diga el poderoso.
 
Quiere decir esto que allá donde VOX pueda alcanzar la menor cuota de poder, se dedicará a combatir el activismo y promover el pasivismo. Por tanto, quienes defendemos la democracia tenemos la obligación de formar ciudadanía activista, insumisa, crítica... de lo que sea, pero que se salga de ese traje gris en el que nos quiere enfundar este personaje.
Imagen de Manuel Morales
Hijo de padres andaluces, crecí en Madrid y vivo en Granada desde los 19 años. Casado y padre dos hijas.
Me licencié en Física por la Universidad de Granada y realicé un master universitario en energias renovables. Trabajo como funcionario de la Agencia Estatal de Meteorología. Realicé en el Instituto para la Paz y los Conflictos, los cursos de preparación para un doctorado que nunca terminé, al interponerse la política en el camino.