'El industrial bailable y politizado de Mandy, Indiana'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 25 de Febrero de 2026
Mandy, Indiana – 'URGH'.
Portada de 'URGH', de Mandy, Indiana.
Discos Marcapasos.
Portada de 'URGH', de Mandy, Indiana.

¿Cuántas oportunidades le dais a un grupo cuando no os gusta su música en primera escucha? Confieso que yo tiendo a ser algo tajante: si tras un par de intentos no encuentro nada que me haga conectar, suelo pasar página y dejar al grupo confinado a un rincón remoto de mi memoria. Recuerdo que esto me pasara con The War on Drugs, por ejemplo, y la verdad es que nunca me he arrepentido. En este aspecto reconozco que es probable que me influya la presión que supone el inabarcable ritmo de publicación musical de nuestros días, el FOMO musical y la conciencia del coste de oportunidad que tiene escuchar un disco que no me convence del todo. Supongo que un mecanismo similar está detrás del hecho de que cada vez publique menos críticas negativas: mira que podría cebarme con lo último de Tame Impala o de La Plazuela, pero… ¿para qué dedicarle tiempo mental a algo que no me gusta cuando hay tanta música buena?

URGH me dejó hipnotizado desde un inicio y llevo obsesionado con él desde entonces

En cualquier caso, está claro que no siempre es justo juzgar tan rápido, sobre todo si se trata del primer álbum de un grupo. La demostración más radical la he tenido este mismo mes con Mandy, Indiana. El grupo franco-británico no consiguió llamar mi atención en lo más mínimo con su debut, i’ve seen a way (2023), por lo que los había descartado de forma bastante sumaria. No obstante, la buena recepción que estaba teniendo su segundo LP, unida al hecho de que estamos a inicios de año, por lo que no tengo una larga lista de discos pendientes, me llevaron a darle una escucha. No hizo falta una segunda: URGH me dejó hipnotizado desde un inicio y llevo obsesionado con él desde entonces. Su música encaja como un guante con algunas de mis mayores obsesiones recientes: su forma de hacer que brutales sonidos industriales resulten profundamente bailables recuerda a mis adorados Model/Actriz, pero al mismo tiempo añaden un cierto descontrol, tanto en lo instrumental como en la forma de cantar de Valentine Caulfield, que evoca a Dame Área y la incontenible energía de Silvia Konstance.

Esa volatilidad se siente desde el primer momento. “Sevastopol” nos asalta sin preámbulos, primero con puro ruido, después con un ritmo roto, sucio y atronador, y finalmente con las palabras distorsionadas de Caulfield, que nos habla en francés de una aterradora visión de la muerte a caballo desatando la destrucción sobre la tierra: nada menos que un versículo del Apocalipsis. Entonces se abre paso un ritmo más constante, mientras la voz de Caulfield se rompe y recompone repetidamente, hasta que irrumpe de la nada un extraño pasaje con lo que parecen cuerdas modificadas digitalmente, que transmiten algo a medio camino entre lo celestial y lo siniestro; después, la canción acaba de golpe. Es difícil saber cómo sentirse tras tantos bandazos, pero el grupo tampoco te deja procesarlo: enseguida nos encontramos con “Magazine”, con su adictiva percusión metálica y su irresistible bajo sintético. Aquí Caulfield suena aún más amenazante: la letra habla abiertamente de estar a la caza de alguien que no tiene escapatoria. “Vengo a por ti/adelante, tú corre/no fallaré/vengo a por ti”, ruge la francesa, mientras a su alrededor la música alcanza un clímax de una intensidad casi insoportable.

Esta capacidad para integrar texturas abrasivas, ritmos contagiosos y momentos de pura desorientación te mantiene enganchado durante los 35 minutos que dura el tracklist.

Esta capacidad para integrar texturas abrasivas, ritmos contagiosos y momentos de pura desorientación te mantiene enganchado durante los 35 minutos que dura el tracklist. Así, la brutal explosión de ruido al inicio de “Life Hex” sucede a la infecciosa y marcial percusión de “Dodecahedron”, que aparece tras esos mareantes samples vocales que preguntan sin parar “is that you?” a lo largo de “try saying”, todo ello enlazado a la perfección. Solo “A Brighter Tomorrow”, más pausada y taciturna, nos da un mínimo respiro. Pero, además, el disco está cargado de mensajes políticos expresados con una gran elegancia. Así, “Dodecahedron” es una llamada a filas (“levántate y marcha”, repite el estribillo) que nos interpela directamente, preguntando si queremos ser recordados como personas que se quedaron mirando mientras el mundo ardía, mientras amenaza de forma nada velada a los poderosos que han de caer. “ist halt so” es aún más explícita, hablando de las protestas por el genocidio en Gaza, de la solidaridad y la humanidad como herramientas de lucha por la justicia, y termina con una imagen absolutamente imborrable: “han intentado enterrarnos/pero no sabían que éramos semillas”.

Un final escalofriante que llega como culminación de una triada de canciones especialmente bailables

Por último, “I’ll Ask Her”, el único corte del disco cuya letra está íntegramente en inglés, va dirigido a los hombres que encubren los abusos sexuales de sus amigos. Entre sonidos que emulan disparos y alarmas, Caulfield tira de sarcasmo mientras repasa las excusas y racionalizaciones habituales para no hacer nada. El estribillo repite una y otra vez, con una rabia siempre in crescendo, que “están todas locas”, hasta que, al final de la canción, la francesa lo dice con todas las letras: “yeah, your friend’s a fucking rapist, but they’re all fucking crazy man”. Un final escalofriante que llega como culminación de una triada de canciones especialmente bailables. Primero está “Sicko!”, donde se asoman al hip hop industrial gracias a la colaboración del siempre brillante billy woods, que aborda en sus estrofas los distintos mecanismos que empleamos para lidiar con una sociedad enferma (y que nos enferma). Y después viene “Cursive”, sin duda el tema más dirigido a la pista de baile, donde Cualfield en cierto modo parece entregarse al hedonismo ante el fin del mundo que varios discos (y, ejem, otras obras) han explorado en tiempos recientes (“bailo mientras espero que el mundo desaparezca”).

En fin, que Mandy, Indiana me han sacado de encima cualquier escepticismo respecto a su música a base de palos (sonoros). Mi enamoramiento con URGH ha sido aún más repentino que mi desencanto con i’ve seen a way, y más completo. No sé si se me acabará pasando, pero la verdad es que no lo creo: siento que aprecio más el álbum cuanto más lo escucho. Música industrial para mover el esqueleto mientras agitas el puño: ¿a quién no le va a gustar?

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

(Osuna, 1992) Ursaonense de nacimiento, granaíno de toda la vida. Doctor por la Universidad de Granada, estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Aficionado a la música desde la adolescencia, siempre está investigando nuevos grupos y sonidos. Contacto: jesus.martinez.sevilla@gmail.com