'St. Vincent rinde homenaje a los setenta en 'Daddy's Home''

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 2 de Junio de 2021
St. Vincent – 'Daddy's Home'
Portada de 'Daddy's Home', de St. Vincent'
Indegranada
Portada de 'Daddy's Home', de St. Vincent'

Hay artistas y discos de los que podría hablar durante días. A veces tengo que hacer un esfuerzo hercúleo para escribir artículos y críticas sintéticas, no muy largas, para que sean accesibles e interesantes y no un torrente de admiración más propio de un fanboy que de un crítico. Pero no siempre es el caso. A veces un disco simplemente me parece bueno, y punto. No hay muchas capas que examinar, ni trucos sonoros profundos que señalar, ni una narrativa cautivadora que explicar. Pero esta aparente simplicidad no niega su calidad. Me ha pasado eso con el último disco de St. Vincent. Me gusta mucho, pero me cuesta entrar en los detalles del por qué. Aunque lo voy a intentar.

Es un alter ego claramente ubicado en el tiempo y el espacio: es una representación del Nueva York de los primeros años setenta, que este disco emula en su sonido y en sus letras, que reflejan un ambiente decadente y convulso

Seguramente esta dificultad tenga que ver con el hecho de que hasta ahora no me había gustado mucho esta artista. Es una de las cantantes indies más aplaudidas de su generación, una mujer con gran talento para la composición, la producción y el disfraz. O eso dice el consenso crítico: a mí su aplaudidísimo disco homónimo de 2014 me dejó bastante frío, y no me vi con ganas de escuchar MASSEDUCTION (2017). Pero es innegable que Annie Clark, como se llama la artista detrás de St. Vincent, tiene una gran habilidad para mutar su imagen y crear personajes reconocibles a través de los cuales contar historias con cada álbum. En este caso, la mujer a la que podemos ver en la portada de Daddy's Home (2021) es poderosa pero vulnerable, independiente pero necesitada de amor, controla su propia vida pero está enganchada a las pastillas. Es un alter ego claramente ubicado en el tiempo y el espacio: es una representación del Nueva York de los primeros años setenta, que este disco emula en su sonido y en sus letras, que reflejan un ambiente decadente y convulso.

Ella, que siempre ha jugado con las ambigüedades y la subversión de los roles de género, ha construido a una mujer que encarne la combinación de erotismo y poder que denota la frase “daddy's home”

El motivo para crear este personaje es el evento que da nombre al disco: el padre de St. Vincent, que le enseñó esa música setentera cuando era niña, ha vuelto a casa... tras diez años en la cárcel. Ella, que siempre ha jugado con las ambigüedades y la subversión de los roles de género, ha construido a una mujer que encarne la combinación de erotismo y poder que denota la frase “daddy's home”. Inspirada en Candy Darling, la malograda actriz de la órbita de Andy Warhol, a quien va dedicada la última canción del disco (que no por casualidad recuerda compositivamente a sus amigos de la Velvet Underground, quienes le dedicaron “Candy Says”), esta protagonista nos guía por distintas escenas marcadas, en general, por cierto catastrofismo. Sea hablando de la muerte de un amigo en “The Laughing Man”, una sobredosis en “Live in the Dream”, una traición y su venganza en “Down”, un día de mierda en “Pay Your Way in Pain” o directamente el fin del mundo en “The Melting of the Sun”, las historias de este álbum hablan de personas al límite, e incluso sus momentos más alegres tienen siempre un trasfondo agridulce. Es el caso de “Somebody Like Me”, que cuenta una historia de amor en la que la protagonista está convencida de que tarde o temprano su pareja se dará cuenta de que es un monstruo, incluso después de que se hayan casado. Arropada por una guitarra acústica muy Harry Nilsson, esta es quizás una de las canciones con menos gancho del disco, lo cual realmente habla bien del conjunto.

Lo mejor del sonido del álbum es toda la influencia del funk y el soul, notable en canciones como “Pay Your Way in Pain” (que recuerda poderosamente al Bowie de la era “Fame”), “Daddy's Home” o “Down”. El ritmo y la arrogancia característicos de este estilo le encajan como un guante a Clark, muy cómoda en este registro. Menos convincente para mí es su forma de emular a Pink Floyd en “Live in the Dream”, que recuerda a “Us and Them” por la música y “Comfortably Numb” por la letra. La fuerza de esos cortes más funkys se echa en falta tanto aquí como, en menor medida, en “Down and Out Downtown”. Pero también hay otros registros en los que St. Vincent se mueve con efectividad. Está la desoladora balada “The Laughing Man”, donde el eco de la batería transmite la sensación de que la canción llega desde el más allá, donde está el amigo cuya muerte llora Clark. El estribillo pone los pelos de punta con su engañoso optimismo: “if life's a joke, then I'm dying laughing”. “The Melting of the Sun” crea un aire irreal con ese bajo que parece salir de debajo del mar, y encaja homenajes a iconos feministas como Nina Simone, Joni Mitchell, Marilyn Monroe o Tori Amos en un dramático y por momentos épico viaje hasta el fin del sistema solar.

Pero también vemos en la letra la profundidad de los miedos e inseguridades que hacen que la protagonista tenga tantas ambivalencias con la idea de la maternidad

También funciona la melodramática “My Baby Wants a Baby”, en la que la protagonista expresa su conflicto con la idea de tener hijos y cómo esto choca con sus deseos de libertad y de dedicarse por entero a su carrera. Por una parte, es una denuncia de la forma en que la maternidad se convierte en la vara de medir a las mujeres sin importar lo que hagan en su vida profesional. St. Vincent subvierte así el significado de la canción en cuya melodía se basa, “9 to 5 (Morning Train)”, de Sheena Easton, cuyo elogio de la vida doméstica no podría ser más opuesto al mensaje de esta canción. Pero también vemos en la letra la profundidad de los miedos e inseguridades que hacen que la protagonista tenga tantas ambivalencias con la idea de la maternidad.

En ese sentido, quizás la mejor representación de ese personaje al que encarna Clark en este disco sea “...At the Holiday Party”. Descrita por ella misma como una “You Can't Always Get What You Want” para el siglo XXI, posiblemente sea la mejor canción del álbum. La narradora habla de una mujer que se esconde detrás de una fachada de diva con adicciones para ocultar su insatisfacción con la vida que lleva. La música, más cálida y menos triunfal que la de la canción de los Stones, refleja ese enfoque más personal e íntimo de Clark, que cierra así su retrato de una era en la música popular estadounidense con el punto justo de crueldad y de dulzura, con tanta ironía como honestidad. Quizás sea ese toque tan humano, además de su nostálgica pero actualizada imitación del sonido de una época que me fascina, lo que ha hecho que al fin me convenza un proyecto de St. Vincent. En cualquier caso, para qué darle más vueltas: Daddy's Home es un muy buen disco. Escuchadlo, demonios, escuchadlo.

Puntuación: 8.1/10

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).