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semblanza de un intelectual que dejó huella en granada

José Rubia Barcia, los años republicanos de un intelectual comprometido (I)

Política - Alfonso Martínez Foronda y Pedro Sánchez Rodrigo - Sábado, 20 de Abril de 2024
Alfonso Martínez Foronda y Pedro Sánchez Rodrigo nos ofrecen la primera parte de la semblanza dedicada a una persona excepcional, relacionada con grandes personalidades de la época, que dejó un recuerdo imborrable en Granada. No te lo pierdas.
1.	José Rubia Barcia en Mugardos, en la época de los ochenta.
Cedida por Xoan Rubia
1. José Rubia Barcia en Mugardos, en la época de los ochenta.

Dice González Herrán de José Rubia Barcia, cuando lo entrevistó en 1985 que, como otros muchos compañeros de la diáspora del 39, continuaba en el exilio. Para  Rubia Barcia, el exilio no era solo una manifestación clara de injusticia, sino también de despilfarro, porque la sociedad posfranquista no ha estado tan sobrada de intelectuales, sabios, artistas o políticos como para desdeñar la aportación de toda una generación que fue expulsada de su patria por el “grave delito de haber puesto su inteligencia o talento al servicio de la democracia y la libertad”. Tan es así que quienes dedicamos una parte importante de nuestra vida a levantar del olvido la memoria democrática no dejamos de sorprendernos de personajes como José Rubia Barcia que, a buen seguro, para la sociedad granadina, hasta ahora, ha sido un perfecto desconocido.

José Rubia –como hemos señalado en otros artículos- es una de esas personalidades vinculadas con la enseñanza que, nacidas y formadas en otra provincia, destacaron en Granada en los difíciles años republicanos por su rigor y dedicación profesional y, al mismo tiempo, por su interés por la “res publica”

José Rubia –como hemos señalado en otros artículos- es una de esas personalidades vinculadas con la enseñanza que, nacidas y formadas en otra provincia, destacaron en Granada en los difíciles años republicanos por su rigor y dedicación profesional y, al mismo tiempo, por su interés por la “res publica”, participando de una manera decidida en la vida política como forma de acabar con el atraso secular que les rodeaba. Rubia Barcia es un caso singular por su trabajo como profesor en Granada en el Instituto de Bachillerato “Ganivet” donde compartió Claustro con compañeros como Aniceto León Garre, Joaquín Sabrás Gurrea o Gabriel Álvaro Barajas; por su relación con García Lorca y el teatro, con políticos como Alejandro Otero o con el prestigioso arabista Emilio García Gómez. Durante la guerra civil fue miliciano en el frente donde resultó herido, delegado del Ministerio de la Guerra en Extremadura, organizador de las milicias gallegas y periodista político, encargado de la correspondencia con Rusia en la Subsecretaría de Armamento. Ya en el exilio conoceremos su contribución a la fundación de Escuela Libre y la Academia de Artes Dramáticas de La Habana o, en EEUU, donde fundó en Hollywood una Academia de Artes Dramáticas, escribiendo guiones cinematográficos con Luis Buñuel y dobló a artistas tan conocidos como Gary Cooper, pero allí también estuvo a punto de ser deportado por el senador Joseph McCarthy. Por todo ello y por su prolífica labor intelectual como hispanista especializado en Valle Inclán, con más de un centenar de publicaciones en su haber, Rubia Barcia es, en definitiva, otro intelectual que pagó con la represión y con el exilio su vocación de servicio a la ciudadanía. Este artículo es no solo un homenaje a su persona, a su vida intensa, sino también una pequeña reparación en Granada para que deje de estar en el exilio.

De Mugardos (A Coruña) a Granada

Nace el 31 de julio de 1914 en Mugardos (A Coruña), en el viejo cuartel de la Guardia Civil de esa población porque su padre Juan Rubia Jiménez estaba destinado allí como número de la Benemérita. Juan Rubia era originario de Granada, probablemente comandante de puesto de la Guardia Civil en esa población gallega y leal a la República. Se había casado con Leocadia Barcia Porto, natural de Cabañas (población próxima a Mugardos). Tuvieron cinco hijos: Francisco, José, Pilar, Carmen  y Mercedes.

Era un superdotado. Y así lo vio el Claustro del Instituto que, a través de su director, D. Vicente Losada, lo propuso al Ministerio de Instrucción Pública –ya iniciada la II República- para que se le concediera una beca que le permitiera estudiar donde quisiera sin coste alguno

José Rubia comenzó el Bachillerato, con 13 años, en el Instituto Concepción Arenal de El Ferrol. Sus padres, sin muchas posibilidades económicas, le plantearon, cuando terminaba tercero, en 1930, la posibilidad de hacer una “carrerita corta” para ganarse la vida. José determinó que debía acabar el Bachillerato y, para ello, despachó en un solo curso, los tres restantes. Era un superdotado. Y así lo vio el Claustro del Instituto que, a través de su director, D. Vicente Losada, lo propuso al Ministerio de Instrucción Pública –ya iniciada la II República- para que se le concediera una beca que le permitiera estudiar donde quisiera sin coste alguno. Era una iniciativa republicana que reconocía el mérito de aquellos estudiantes que tenían cualidades relevantes. José era uno de ellos. Beca concedida, debe decidir dónde ir y visita Madrid, pero esa gran ciudad lo empequeñece y, considerándose un pueblerino, determina venirse a Granada de donde era su padre y donde tenía familia.

Así que en 1931 se traslada a Granada para estudiar la carrera de Filosofía y Letras, entonces en el edificio de la actual Facultad de Derecho

Así que en 1931 se traslada a Granada para estudiar la carrera de Filosofía y Letras, entonces en el edificio de la actual Facultad de Derecho. Su primera residencia fue en la casa de su tía Elena, en la calle Ancha de Santo Domingo, donde vivió el tiempo en que, como no había cobrado la beca, no tenía recursos suficientes para alquilarse otra residencia. Aunque también se matriculó de Comunes en Medicina y Derecho, la primera la descartó rápidamente y durante un tiempo dudó entre Derecho y Filosofía, pero se encontró que la segunda “era excepcional” y comenzó a estudiar Historia del Arte y Literatura y, posteriormente, su incursión en el árabe o el hebrero le apasionaron. Aunque era consciente que las últimas no le garantizaban futuro ni porvenir –y más a él que no era hijo de pudientes-, pudo más su vocación.

El problema es que, cursando segundo, sin cobrar aún la beca, su situación económica se había vuelto insostenible. A veces intervienen los hados y se abren algunas puertas. La cuestión es que por entonces ya era Rector de la Universidad de Granada el gallego D. Alejandro Otero Fernández y aprovechando su relación de paisanaje solicitó una entrevista con él para explicarle su situación económica. Cordialmente, como gallego que era, le prometió que atendería su petición. Dicho y hecho, porque al día siguiente –de ello se enteró José Rubia más tarde- fue al Ministerio y, de entre otros asuntos, se trajo la noticia de que recibiría su sueldo a finales de ese mismo mes. Es posiblemente en este punto donde José Barcia inicie su andadura política en el ámbito socialista, como él mismo reconoce:

“Esa fue mi primera introducción a un hombre [se refiere a D. Alejando Otero] que era socialista, y que era gallego, y que era un hombre ejemplar en la ciudad, porque era un hombre admirable. Este hombre tenía la mejor clínica de ginecología de España, era el mejor ginecólogo de España, era conocido en el extranjero, escribía en alemán ensayos y en revistas científicas, y al mismo tiempo era un hombre consagrado a la política y al socialismo”. (Entrevista de González Herrán a José Rubia, 2014).

Los años que transcurren entre 1931 y 1936 son un “batiburrillo”, una mezcla de intereses académicos e inquietudes políticas que se irán desarrollando en los años centrales de la II República y, sobre todo, en el Bienio Negro. La primera noticia pública que tenemos de José Rubia aparece en El Defensor de Granada como afiliado a la Federación Universitaria Escolar (FUE)  que, el 15 de enero de 1933, había elegido a su nueva Junta de gobierno, siendo nombrado Presidente, Rafael Ocete Azpitarte y, como Bibliotecario, José Rubia Barcia. Será en el segundo o tercer año, cuando este último desempeñe la Presidencia de la FUE y, en ella, crearán la revista El Estudiante, al tiempo que será representante del alumnado en el Claustro de la Facultad.

José Rubia Barcia es elegido Bibliotecario de la Federación Universitaria Escolar (FUE) en enero de 1933. El Defensor de Granada, 18 de enero de 1933.

Afirma Rubia que cuando en los veranos Lorca venía venía a Granada y se veía con sus amigos del Café de la Alameda, él iba a algunos de esos encuentros y allí lo conocerá personalmente

Durante esos años participará en diversas tertulias como las organizadas por El Defensor de Granada o en la de Francisco Soriano Lapesa, que había sido el animador cultural de la famosa tertulia de El Rinconcillo –en el Café de La Alameda- en la que habían participado en los años veinte personalidades como el propio Federico García Lorca, Antonio Gallego Burín, Manuel Ángeles Ortiz, Hermenegildo Lanz, Manuel de Falla, Fernando de los Ríos o el director de El Defensor de Granada, el torrecampeño Constantino Ruiz Carnero, entre otros. Afirma Rubia que cuando en los veranos Lorca venía venía a Granada y se veía con sus amigos del Café de la Alameda, él iba a algunos de esos encuentros y allí lo conocerá personalmente.

Es en ese espacio cultural donde surge su afición teatral. Con ocasión del tricentenario de la muerte de Lope de Vega, Gallego Burín reinicia la actividad de su grupo de teatro “La Carreta”, con dos montajes. El primero fue el Auto Sacramental “La vuelta de Egipto” que se representó el 10 de junio de 1935 en el patio de los Aljibes de la Alhambra y en él confluyeron la dirección de Gallego Burín, la música de Manuel de Falla y los decorados de Hermenegildo Lanz. La prensa se hace eco del éxito del Auto y de la magistral interpretación del personaje de “José”, encarnado por Rubia Barcia:

“… el recital sobrio, materialista de “José”, encarnado en la persona de José Barcia. Recital rígido y frío, con la rigidez y frialdad que exige el “José” de la obra, el señor Rubia desempeñó su papel con acierto, resaltando, además, su estudiado maquillaje y adecuadísima forma de gestualización”. (El Defensor de Granada, 6 y 11 de junio de 1935).
José Rubia caracterizado como el personaje de “San José” en el auto Sacramental “La vuelta a Egipto” de 1935.  Cedida por Xoan Rubia.
Programa del Auto Sacramental de junio de 1935. Cedido por Xoan Rubia.
Escena de “La moza de cántaro” de junio de 1935. Cedida por Xoan Rubia.
Noticia de la representación del Auto Sacramental con elogio de la actuación de José Rubia Barcia, en El Defensor de Granada, el 11 de junio de 1935.
Y el 12 de junio de 1935, El Defensor de Granada también publica en portada la representación de La moza del cántaro, con elogios a José Rubia Barcia.

Tan brillante debió ser su actuación que en el Diario Ideal aparece su foto en primera plana, con una caracterización imponente de San José, hasta el punto de que se habló de él como hombre de teatro, como actor con futuro. El segundo montaje, al día siguiente, 11 de junio de 1935, en el Patio de la Universidad, donde Rubia interpretará el papel de “don  Bernardo” de la obra de Lope La moza de cántaro (1618) con la dirección musical de Ángel Barrios, que instrumentó varias canciones. De nuevo, el crítico teatral, Domingo López Bastos, elogiará el papel de José Rubia:

“El primer aplauso –un aplauso incontenido, producto de una emoción intensa-, fue aquel que arrancó el señor Rubia Barcia “don Bernardo”, cuando con un dramatismo muy adecuado plantea a la “dama” el terrible complejo de honor. El señor Rubia logró, con su difícil papel, fijar, agudizar mejor, la actuación para todo el resto de la obra. Muy bien, señor Rubia. Exactamente igual que en la representación anterior…” [Se refiere a la del Auto sacramental]. (El Defensor de Granada, 12 de junio de 1935).

El éxito de esas dos representaciones se reconoció el día 15 de ese mismo mes cuando en la Casa del Chapiz –sede de la Escuela de Estudios Árabes- se rindió homenaje a Antonio Gallego Burín y al elenco de actores y actrices, con presencia del Rector, Antonio Marín Ocete y de profesores de la Universidad.  Acababa el artículo que lo cuenta con una mirada machista, tan propia de la época, señalando que “pusieron nota de colorido y belleza numerosas señoritas, universitarias en su mayoría”. Los actos del tricentenario de Lope de Vega, culminaron en el Palacio de Carlos V con interpretaciones, entre otras, de Margarita Xirgu, en la obra de “Fuenteovejuna”. (El Defensor de Granada, 16 y 29 de junio de 1935).

Su relación con el teatro irá fluctuando en el tiempo, pero su amor por el arte dramático será perenne. En la entrevista con González Herrán recordará su relación con el teatro desde que estaba en Granada:

“Yo dirigí en Granada una obra de Valle Inclán, un experimento teatral que causó sensación en Granada, siendo profesor del Instituto Ángel Ganivet. [Antonio] Gallego Burín me dejó a mí todos los materiales de “La Carreta”. Yo era el heredero de “La Carreta”, cuando Lorca era el de “La Barraca”. “La Barraca” se crea como una cosa paralela a la experiencia de “La Carreta”. Pero Gallego Burín me da a mí todos los materiales que tenía para el montaje y me pone en contacto con Hermenegildo Lanz. Entonces yo monto Cuento de abril, en Granada, cuando era profesor en el Ganivet, el año ese último [1936] y tuve un gran éxito como director entonces en Granada…”. (Entrevista de González Herrán a José Rubia Barcia, 2014).

Hermenegildo Lanz había colaborado con Lorca en el proyecto de “La Barraca”, pero en 1936  también con el grupo de estudiantes de “La Carreta”

Efectivamente, Hermenegildo Lanz (Sevilla 1893-Granada 1949), había colaborado con Lorca en el proyecto de “La Barraca”, pero en 1936  también con el grupo de estudiantes de “La Carreta”. Este grupo de estudiantes, afiliados a la FUE, también representaron obras de teatro clásico por los pueblos de Granada, pero su trayectoria se vio truncada con el golpe de estado del 18 de julio de 1936.

Las inquietudes políticas de Rubia, algo difusas, venían desde su etapa juvenil en El Ferrol. Allí, siendo estudiante, había visitado el Centro Obrero de Cultura –asociado a trabajadores de la construcción de la UGT- del que se hizo socio porque tenía una biblioteca ejemplar y, como era un lector voraz, iba todas las tardes, familiarizándose con autores socialistas o anarquistas. Él mismo afirma que su conciencia política se inició allí y en Granada cuajará con Alejandro Otero, pero también con las lecciones en Derecho de Fernando de los Ríos.

“Yo  conocí (por estas conexiones de don Alejandro), conocí a la familia de Fernando de los Ríos, me traté con todos ellos y fue poco a poco abriéndose mi inquietud hacia el terreno político, por simpatía hacia estos hombres, más que por convicciones.” (Entrevista de González Herranz a José Rubia, 2014).

Su incursión en la política será progresiva y él mismo cuenta que en varias ocasiones visitó la Casa del Pueblo junto a Alejandro Otero. Durante sus vacaciones de 1934 en  Galicia, recibió una nota para que pasara por la sede del PSOE de Madrid para recoger información de manos del jiennense Ramón Lamoneda Fernández –a la sazón Diputado socialista por Madrid y Granada- y que debía traer a su vuelta para entregársela a Otero. Pero era un momento dramático en la vida política española, coincidiendo con la preparación de la Huelga General de octubre de 1934 y, ya en el tren de vuelta a Granada, decide romper la nota considerando la peligrosidad del momento. Y al llegar, fue detenido por la policía posiblemente porque ésta tuviera alguna información o por preguntarse qué hacía, en esas fechas, un gallego en Granada. Tras demostrar que era estudiante, lo dejan y se entera que Alejandro Otero está detenido. Lo visitó en la cárcel y la descripción que hace de la misma es significativa del momento y de la personalidad de Alejandro Otero:

“A mí me parecía tan absurdo que un hombre noble, bueno, generoso, abierto, inteligente, fuera a la cárcel; para mí esto era incomprensible. (…). Había una celda común y en esta celda había cuarenta o cincuenta presos y allí estaba don Alejandro entre los presos. Cuando me vio me dijo: “Hijo mío…, pero hombre, tú ahí… tú eras el que debía estar aquí, para que aprendieras lo que es esto…”. (…) Me dio las gracias por el mensaje que le llevaba; no se podía hacer nada; estaba incomunicado, le habían ofrecido la libertad si accedía a atender a la mujer del gobernador, que iba a dar a luz, y él dijo que no, que todas las mujeres eran para él iguales y que si se le dejaba en libertad era para atender a todas las mujeres y que si no…” (Entrevista de González Herranz a José Rubia, 2014).

Su actividad política irá in crescendo y probablemente fuera miembro del PSOE, porque participará en un mitin en la Plaza de Toros de Granada, -lo que mostraría que estaba inmerso en la actividad política de ese partido- y colaborará con el periódico republicano El Defensor de Granada donde explicitaba su posición respecto a temas de actualidad.

Mientras cursa la carrera, en 1933, se había creado en Granada, por iniciativa de Fernando de los Ríos, la Escuela de Estudios Árabes. Hasta entonces a Rubia no se le había ocurrido estudiar árabe, pero el mundo oriental le fascinaba y será uno de los primeros en matricularse gracias a una beca que le había conseguido su amigo Antonio Gallego Burín –Catedrático de Arte y Decano de la Facultad de Filosofía y Letras- y allí entrará en contacto con la más prestigiosa figura del arabismo español, Emilio García Gómez que, poco más tarde, dirigiría su tesis doctoral. Precisamente, por sugerencia de García Gómez, Rubia Barcia iba a trabajar en la edición crítica de El Diván, de Isaac ben Jalfón, un poeta cordobés del siglo XI, al tiempo que inicia su tesis doctoral un año más tarde. Su vocación se había decantado por el arabismo y la tesis sería en esa lengua. García Gómez llegó a prometerle que si él era trasladado a Madrid, y Rubia hubiera acabado su tesis, se lo llevaría de ayudante. García Gómez, en efecto, se fue a Madrid en 1935, pero se olvidó de Rubia Barcia.

Serán unos artículos en El Defensor de Granada, precisamente, los que le granjearan a Rubia una serie de problemas con las autoridades de Marruecos y españolas al ser considerados ofensivos

Serán unos artículos en El Defensor de Granada, precisamente, los que le granjearan a Rubia una serie de problemas con las autoridades de Marruecos y españolas al ser considerados ofensivos. Todo partió de un viaje a este país, realizado en los primeros días del mes de marzo de 1935 por un grupo de alumnos de la Escuela de Estudios Árabes y de la Facultad de Filosofía y Letras, quienes iban acompañados del Rector de la Universidad y de profesores de ambos centros. Un viaje que fue descrito ampliamente en las páginas de El Defensor de Granada y en el que da cuenta de las visitas realizadas a distintos lugares de Marruecos y de la presencia de las autoridades marroquíes, del Cónsul de España y prestigiosos arqueólogos como E. Levi Provenzal. En el artículo “Una noche tangerina” Rubia Barcia critica el estado de abandono de esa maravillosa ciudad, en contraste con su brillante pasado. (El Defensor de Granada, 3, 4 y 8 de marzo y 1 de abril de 1935). En ese mismo diario también publica artículos sobre temas literarios, como el titulado “Muerte y resurrección de Valle-Inclán”, que será uno de sus autores preferidos. (El Defensor de Granada, 6 de febrero de 1936).

Artículo de José Rubia Barcia sobre Valle Inclán publicado en portada de El Defensor de Granada el 6 de febrero de 1936, titulado Muerte y resurrección de Valle-Inclán.

Rubia  Barcia se licencia en Filosofía con nota de sobresaliente y premio extraordinario de licenciatura en el año de 1935. Sin perspectivas profesionales, ese verano se marchará a Galicia, pero su angustia ante el futuro se disipó cuando recibe un telegrama de Gallego Burín en el que le notifica que mantiene la beca en la Escuela de Estudios Árabes y que el Claustro de la Facultad le encarga un curso para enseñar poesía, desde el Romanticismo hasta entonces. Y, ante esa noticia, vuelve a Granada, encontrándose, al mismo tiempo, con otra propuesta de trabajo en el Instituto “Ganivet”. Se dio la circunstancia de que ese año, en ese centro –creado por la República y en el que se permitía una cierta experimentación pedagógica-, cuyo director era, a la sazón, Aniceto León Garre –Presidente de Izquierda Republicana en Granada- la cátedra de Latín que regentaba el también gallego Antonio Magariños se quedó vacante porque su titular, que había obtenido la cátedra en 1935, se iba a Venezuela. León Garre le propuso a José Rubia, del que le habían hablado positivamente, que asumiera esa vacante y él ocupó en el curso de 1935-1936. Es decir, que en su último año en Granada, José Rubia culminaba una etapa donde había mezclado todo tipo de actividades en una especie de “cóctel”, como él mismo reconoce, que no le aseguraba un futuro cierto.

Y se inicia la guerra de España (1936-1939)

La guerra le sorprende en Madrid porque en mayo de 1936 José Rubia había firmado unas oposiciones a Catedrático de Literatura y decide irse  a la capital. Además, tenía pendiente la lectura de su tesis, comprometida para octubre de ese año dando por terminado definitivamente su ciclo en Granada, aunque le ofrecían otro año en el “Ganivet”. Tenía que buscar algo definitivo y se examina en el caserón de San Bernardo, junto a otros trescientos jóvenes de todas las universidades españolas. No se trataba de un examen propiamente dicho, sino unos cursillos que, si se superaban, se le encargaba una cátedra. En esos cursillos coincidió con Isabel García Lorca y con Laura de los Ríos, compañeras suyas en Granada y con las que había tratado por su relación tanto con Otero como con Fernando de los Ríos. El caso es que no pasó del primer ejercicio. La razón: tenía una letra “endemoniada”. Eso se lo dijo Fernando de los Ríos, cuando Rubia fue a pedir explicaciones por el suspenso.

Habló con él y lo contrató. Así que, volvía a resolver su vida por la vía periodística. Es entonces cuando se afilia a la Agrupación de Periodistas Españoles, afecta a la UGT

De nuevo su vida se torna angustiosa y busca trabajo en Madrid en academias particulares y en lo que saliera. No quería volver a Galicia ni a Granada. La suerte, de nuevo, vino en su ayuda. Alguien le habló que Bibiano Fernández Osorio y Tafall (Pontevedra, 1902-México, 1990), que había sido Alcalde de Pontevedra con solo 28 años, diputado a Cortes y secretario de la Junta Nacional de Izquierda Republicana, era el director de Política, el órgano de expresión de esa organización. Habló con él y lo contrató. Así que, volvía a resolver su vida por la vía periodística. Es entonces cuando se afilia a la Agrupación de Periodistas Españoles, afecta a la UGT.

Pero comienza la guerra civil y todo se trastoca. De inicio seguirá trabajando en la redacción de Política, pero un auxiliar de Largo Caballero, al que conocía de su etapa en la FUE, le plantea que necesitaban a un hombre de confianza para ir a los frentes con misiones gubernamentales. Aceptó y, con esa misión, recorrió los frentes de Extremadura, Toledo y Guadalajara, al tiempo que seguía siendo corresponsal de guerra de Política. Mientras tanto,  aunque Rubia Barcia no lo sabe, el 5 de septiembre de 1936 el Jefe de la Comisaría de Investigación y Vigilancia de Granada se dirige al Rector de la Universidad para indicarle el nombre de los individuos que:

“… deben ser eliminados de las correspondientes nóminas por pertenecer a los partidos del Frente Popular. Serán cinco: José Domingo Quílez (Facultad de Ciencias), José Rubia Barcia (Becario de la Escuela de Estudios Árabes), Miguel Jiménez Castillo (Instituto Ganivet), Joaquín Sabrás Gurrea (Catedrático de Matemáticas en el Ganivet) y el Archivero Melchor Lamana Navascués". (Archivo Real Chancillería de Granada,  Caja 25918, Pieza 18. El nombre de José Rubia se encuentra en el expediente de Miguel Jiménez Castillo (página 362), junto al de Hermenegildo Lanz González y Melchor Lamana Navascués).
Comunicación de la Comisaría de Investigación y Vigilancia al Rectorado fechada el 5 de septiembre de 1936 para que determinadas personas, entre ellos José Rubia, dejen de percibir la nómina. (Archivo Real Chancillería de Granada, Caja 25918, Pieza 18).

Este era el primer trámite que desde la Comisaría se hacía para iniciar lo que luego sería un proceso de responsabilidades políticas en la mayoría de los casos, aun teniendo constancia de que él no se encontraba en Granada, pero la represión iba a ser sistemática en la capital, en manos de los rebeldes desde el 20 de julio de 1936, y se dieron prisa para iniciar el desmoche en la Universidad porque junto a los fusilados y encarcelados, se inició un proceso sistemático de depuración entre funcionarios (fundamentalmente profesores de la Universidad, maestros y maestras) que abarcaba a toda aquella persona que hubiera colaborado de una u otra forma con la II República.

 Y, después de disipar sus dudas y ante la seguridad que le ofrecía Alejandro Otero, García Gómez aceptará, con la condición de que él impartiría Lengua y Rubia –aunque no supiera mucho de ello- Literatura árabe

Posteriormente, en 1937, a través del profesor Aguilar, catedrático de Historia en Sevilla y Delegado de Gobierno en Madrid, se le requiere para que ocupe la cátedra de árabe en Valencia, dado que era el único arabista que había en la zona republicana y el Gobierno quería abrir allí la Universidad para dar sensación de normalidad. José Rubia, que sabía que García Gómez se encontraba escondido en Madrid por su condición derechista, lo busca y le ofrece ese cargo. D. Emilio se negó, claro, por lo que Rubia hablará con Alejandro Otero a fin de garantizar al ilustre arabista que nada le iba a pasar. Y, después de disipar sus dudas y ante la seguridad que le ofrecía Alejandro Otero, García Gómez aceptará, con la condición de que él impartiría Lengua y Rubia –aunque no supiera mucho de ello- Literatura árabe.

Tres portadas de la revista “Armas y letras” que dirigió en la guerra José Rubia Barcia.

Los avatares de la guerra precipitan las decisiones y, antes de que iniciar su actividad docente, lo volverá a llamar Alejandro Otero –nombrado por Indalecio Prieto Subsecretario de Armamento en 1937 y que entonces estaba en Valencia – quien le propone para que sea asignado a una división como Miliciano de Cultura, como director del periódico que él mismo bautiza como “Armas y Letras”. Esa revista, impresa en Madrid y distribuida desde Valencia, será publicada por el Ministerio republicano de Instrucción Pública con el objetivo de informar a los oficiales y suboficiales del ejército de la República. Anecdóticamente, según cuenta el mismo Rubia Barcia, en ella se publicó por vez primera en España el poema “Nanking Road” de Mao Tse Tung, traducido por él del inglés.

Y, de nuevo, la figura de Otero es esencial en su vida porque ante la posibilidad de perder el brazo si no era operado de urgencia, éste se encarga de traer el éter en avión desde Valencia

Rubia estuvo al servicio de la Subsecretaría de Armamento unos ocho meses antes de que acabase la guerra, encargado de la correspondencia que, en clave, tenían con Rusia y que luego pasaban a la Embajada española, porque de nuevo, por indicación de Otero, es trasladado a Barcelona y le asignan la Secretaría Técnica encargada de todo el archivo de correspondencia con dicho país. Un mes antes de que acabe la guerra le alcanza la metralla de un bombardeo sobre Barcelona. Y, de nuevo, la figura de Otero es esencial en su vida porque ante la posibilidad de perder el brazo si no era operado de urgencia, éste se encarga de traer el éter en avión desde Valencia.

Un recibo de la Agrupación Socialista Gallega a José Rubia Barcia, de 1938. Cedida por Xoan Rubia.

Después, la catástrofe. Perdida la guerra, la Subsecretaría de Armamento le ordena pasar a Francia con los archivos y, entre las bombas y con una mula y solo, el brazo en cabestrillo, fue a Besalú (Gerona) y desde allí a la frontera con todos los documentos, que algunos milicianos le ayudan a trasladar. Luego todos se volvieron y él se quedó solo. Esa noche, y antes de entrar en Francia, decide la quema de estos documentos, pero el resplandor de las llamas atrae la atención de las tropas franquistas que bombardean y tirotean sobre esa posición.

Bibliografía:

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  • GONZÁLEZ HERRÁN, José Manuel: «Cartas entre exiliados» [recensión de: Correspondencia con Rubia Barcia. Almas gemelas (1940-1993). Correspondencia Eugenio Granell, 2. Santiago de Compostela: Fundación Eugenio Granell, 2011, 361 pp.], Grial, tomo L, núm. 193 (xaneiro-febreiro-marzo 2012), pp. 106-107.
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  • Centro Virtual Cervantes. Buñuel 100 años. Entrevista a José Luis Borau.   https://cvc.cervantes.es/actcult/bunuel/entrevistas/borau.htm)
  • Archivo Real Chancillería de Granada,  Caja 25918, Pieza 18.
  • El Defensor de Granada, 16 de enero de 1933

Pedro Sánchez Rodrigo (Burgos, 1960). Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, donde cursó la especialidad de Historia Contemporánea. Ha ejercido como profesor de Secundaria de Geografía e Historia desde 1984. Desde hace  años colabora con la Fundación de Estudios Sindicales- Archivo Histórico de CC.OO.-A.. Ha participado en la obra colectiva “La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-81)”, publicada por la Editorial El Páramo en el año 2012, y, junto con Alfonso Martínez Foronda, es autor de “La cara al viento.  Memoria gráfica del movimiento estudiantil de Granada durante la dictadura y la transición”, obra publicada por la Universidad de Granada, también en 2012. Ha colaborado en el volumen La Resistencia andaluza ante el tribunal de orden público en Andalucía. 1963-76, editado en 2014 por la FES/Archivo Histórico de CC.OO.-A y la Junta de Andalucía, y en otros trabajos colectivos, como De la rebelión al abrazo. La cultura y la memoria histórica entre 1960 y 1978 (Diputación de Granada, 2016) y La Universidad de Granada, cinco siglos de historia. Tiempos, espacios y saberes, coordinado por Cándida Martínez López (III Volúmenes, EUG, Granada, 2023) con el artículo “Antifranquismo en las aulas. El movimiento estudiantil”. También con Alfonso Martínez Foronda ha publicado el libro “Mujeres en Granada por las libertades democráticas. Resistencia y represión (1960-1981)”, publicado en 2016 por la Fundación de Estudios y Cooperación de CC.OO. Actualmente está jubilado y colabora en la elaboración del Diccionario de la Represión en Granada 1931-1981.

Alfonso Martínez Foronda (Jaén, 1958). Es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Desde 1984 es profesor de Enseñanza Secundaria. Actualmente es profesor del IES Albayzín. Ha sido secretario general de CCOO de Jaén desde 1993-2000 y desde 2004 es miembro de la Comisión Ejecutiva de CCOO-A, desde donde ha presidido hasta 2103 las Fundaciones de Estudios Sindicales-Archivo Histórico y la de Paz y Solidaridad.

Como investigador, ha publicado numerosos artículos de opinión sobre aspectos docentes y sociales. Colaborador habitual del Diario Jaén desde 1994-2000 publicó La firma del viento (2007), una antología de artículos de opinión. Como investigador del movimiento obrero andaluz ha publicado La conquista de la libertad. Historia de las Comisiones Obreras de Andalucía (1962-1977), en 2005; De la clandestinidad a la legalidad (Breve historia de las Comisiones Obreras de Granada), en 2007; sobre las Comisiones Obreras de Jaén desde su origen a la legalización del sindicato (2004); la unidad didáctica El sindicalismo durante el franquismo y la transición en Andalucía; diversas biografías de dirigentes sindicales andaluces como Ramón Sánchez Silva. Al hilo de la historia (2007); Antonio Herrera. Un hombre vital, en 2009; Andrés Jiménez Pérez. El valor de la coherencia, en 2010, entre otros. En 2011 su investigación La dictadura en la dictadura. Detenidos, deportados y torturados en Andalucía durante el Estado de Excepción de 1969, (2011), fue premiada por la Junta de Andalucía como la mejor investigación social de ese año. Posteriormente, ha publicado La “prima Rosario” y Cayetano Ramírez. Luchadores por la libertad en una provincia idílica (2011); sobre el movimiento estudiantil en la UGR, con otros autores, “La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-81); sobre la historia del movimiento obrero granadino, con su investigación La lucha del movimiento obrero en Granada. Paco Portillo y Pepe Cid: dos líderes, dos puentes“, 2012; sobre el Tribunal de Orden Público, La resistencia andaluza ante el Tribunal de Orden Público en Andalucía (1963-1976)Diccionario de la represión sobre las mujeres en Granada (1936-1960) o La resistencia malagueña durante la dictadura franquista (1955-1975). Actualmente, junto a Pedro Sánchez Rodrigo, está confeccionando un diccionario sobre la represión en Granada desde la II República al golpe de estado de 1981.