La asertividad, una competencia emocional

Blog - La buena vida - Ana Vega - Jueves, 18 de Junio de 2015
La asertividad es un derecho, pero también un deber hacia los otros.
La asertividad es un derecho, pero también un deber hacia los otros.

Hace unos días, hablábamos de una de las principales competencias emocionales, el reconocimiento y expresión de las emociones; las propias y las de los demás. Este era el primer paso para lograr expresarlas y gestionarlas de forma eficaz y beneficiosa para todos. Pues bien,en este primer momento juegan un papel fundamental la empatía y la asertividad.

La empatía sería la capacidad de percibir,comprender y sintonizar con las emociones y sentimientos de los otros; esta capacidad nos facilita la interpretación de las señales emocionales verbales y no verbales que nos envían los que nos rodean. Y no sólo entenderlas sino respetarlas aunque difieran diametralmente de lo que estemos experimentando nosotros.

La asertividad es una habilidad que constituye la base de toda comunicación eficaz y de las relaciones interpersonales de calidad. La asertividad implica el respeto hacia uno mismo pero sin olvidar el respeto hacia los demás; es un derecho pero también un deber para con los otros.

En las muchas definiciones que podemos encontrar de esta habilidad emocional encontramos coincidencias:

  • Capacidad de expresar las propias necesidades, intereses, deseos, opiniones, emociones y sentimientos.
  • Expresarlo de forma honesta,directa y apropiada.
  • Hacerlo respetando las necesidades, intereses, deseos, opiniones, emociones y sentimientos de los demás.
  • No dejarse manipular ni intentar manipular al otro.
  • Exponer y hacer valer los derechos propios sin agresividad y sin perjudicar los derechos de los demás.

La asertividad es, ante todo, un trato respetuoso e igualitario que nos proporcionará relaciones más fluidas y gratificantes y facilitará la comunicación eficaz y efectiva. Una vez más, lo más importante es que, como el resto de las habilidades emocionales, pueden aprenderse y/o adquirirse con el ejercicio.

Sólo con la práctica podremos discernir en qué situaciones será realmente útil ser asertivos y cuando será más inteligente y eficaz no decir nada. El silencio también puede ser asertivo, incluso más efectivo y producir menos desgaste emocional. Que seamos capaces de corregir de forma respetuosa un comportamiento inapropiado no significa que tengamos que hacerlo las veinticuatro horas del día, en cualquier situación y a todo el que se nos ponga por delante.

No debemos pensar que la asertividad es una suerte de fórmula mágica que nos convierte en poseedores de la verdad absoluta y tampoco olvidar que el fin no justifica según qué medios. No vayamos a ir siendo sinceros a bocajarro con quien no nos lo pida; decir lo que queramos sin pararnos a pensar el efecto que nuestras palabras tienen en los otros; y mucho menos autojustificar este comportamiento creyendo que " lo hacemos por su bien" o que " somos el único capaz de decirlo".......Nunca confundamos la sinceridad con la crueldad.

Ya lo advertía Aristóteles en su Ética a Nicómaco "...Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamennte, no resulta tan sencillo...".

La asertividad es un arte que nos obliga a buscar el equilibrio constante entre la pasividad y la agresividad. A valorar y decidir en cada situación qué es lo correcto y más respetuoso con uno mismo y con los otros. Son tantos los beneficios que nos reportará que deberíamos animarnos a empezar la práctica con aquellas situaciones más simples que nos incomoden.  Y a ver qué pasa.

 

 

Imagen de Ana Vega

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.