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Artículo por Rafael Gil Bracero

Juan Carreño Vargas, maestro social-ugetista y diputado del PSOE, primera víctima de la represión política en Granada

Ciudadanía - Rafael Gil Bracero - Lunes, 16 de Julio de 2018
El profesor de Historia Contemporánea de la UGR y presidente de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica se hace eco de la trayectoria política y sindical del maestro Juan Carreño Vargas, diputado electo en la legislatura constituyente de Granada de 1931 quien fallecería en “circunstancias nunca aclaradas” en la Comisaría de la Calle Duquesa, a consecuencia -al menos- de malos tratos y falta de asistencia médica cuando era interrogado/torturado en calidad de detenido por pertenecer al Comité de Huelga general revolucionaria en octubre de 1934.
Juan Carreño Vargas.
Juan Carreño Vargas.

Gil Bracero rinde "un justo reconocimiento" a la figura política y sindical del socialista Carreño Vargas sumándose a la campaña ciudadana que bajo la “Plataforma Salvemos la tumba de Carreño” pretende dignificar su trayectoria y evitar el "incomprensible" abandono y proceso de desahucio administrativo de su tumba que se encuentra en el Cementerio de San José de Granada.

La ciudad de Granada y, en particular el actual PSOE de Granada debe comprometerse para que tan ilustre maestro tenga el merecido reconocimiento que sin duda se merece, señala.

 
In memoriam del maestro y diputado  socialista constituyente Juan Carreño Vargas
 

Juan Carreño Vargas nace en El Sábalo-Pinar del Río (Cuba), el 20 de abril de 1886 y fallece en Granada el 10 de octubre de 1934.

Maestro. Estudió en la Escuela Normal de Granada y ejerció como maestro nacional en Las Palmas (Canarias) y en Huétor Santillán (Granada). 

Ingresó en la Agrupación Socialista de Granada en 1930 fue elegido secretario del Sindicato de Maestros (UGT), miembro de la Comisión Ejecutiva Provincial de la FETE y Presidente de la Casa del Pueblo de Granada. Carreño Vargas se adscribe a la izquierda socialista a partir de 1933, partidario de la desvinculación de las tareas gubernamentales y de la alianza con el resto de las fuerzas obreras para realizar la revolución socialista, por lo que pasa por ser el máximo exponente de la táctica largocaballerista en la provincia.

Elegido diputado por Granada-provincia en octubre de 1931 en la repetición de las elecciones para cubrir las actas que quedaron vacantes al renunciar a ellas los diputados que habían obtenido actas dobles, Juan Carreño obtuvo 25.848 votos frente a los 4.480 que obtuvo el alcalde socialista de Motril, Narciso González Cervera. Se incorporó a la disciplina parlamentaria como “diputado constituyente” en los primeros días de noviembre de 1931 junto al también diputado socialista electo, el médico pediatra Rafael García Duarte y Salcedo. En su declaración de bienes e incompatibilidades que contiene su ficha personal como congresista hace constar que “percibe un sueldo anual de 8.000 pesetas, si bien abona 2.400 pesetas a un sustituto que desempeña sus clases los días que las tareas parlamentarias no se lo permiten”. A esa cantidad que percibe habría que sumar “625 pesetas anuales por una clase que imparte en Educación de Adultos y otras 1.500 en concepto de indemnización por alquiler de una casa que le abona el Ayuntamiento de Granada”.

"Fue incansable organizador y propagandista social-ugetista en la provincia"

Fue incansable organizador y propagandista social-ugetista en la provincia. Representó a la Agrupación Socialista de Puebla de Don Fadrique en el XIII Congreso del PSOE en 1932. Fue proclamado Presidente de la Agrupación Socialista de Granada y Presidente de la Federación Provincial de la UGT de 1932 a 1934.

Carreño denunció los “manejos caciquiles gubernamentales” en Granada, en los meses que preceden a las elecciones de 1933, después de fracturarse en mil pedazos los gobiernos de la coalición republicano-socialista. Redactó varios telegramas dirigidos al Ministro de Gobernación y al director de El Socialista (18 de noviembre de 1933) en los que afirma que “individuos desconocidos que se decían autorizados por la Dirección General de Seguridad y con licencias de armas otorgadas por el Gobierno Civil de la Provincia, relevaban en sus funciones a la guardia municipal”, contraviniendo descaradamente la necesaria neutralidad debida a una primera autoridad civil en periodo electoral. Estos abusos fueron desvelados por Carreño en Puebla Don Fadrique y en los pueblos de la comarca de Guadix. Así protestaba Carreño en plena jornada electoral de noviembre de 1933, esta vez desde Benalúa de Guadix:

 La Guardia Civil coacciona electores. Pregunto si las elecciones van a ser hechas por dicho Instituto. Amenazas obreros por todos medios alcance, despide trabajadores no quieren votar candidatura agraria. Es vergonzoso se pretenda resucitar procedimientos que van a deshacer República. No pedimos protección, demandamos honestidad procedimientos. (AHN, Gobernación Serie A. Leg 31 Expediente 6, 10 noviembre de 1933).

Ese mismo tono de crítica a la labor gubernamental contra los ayuntamientos de mayoría socialista se percibe -si se puede decir, con mayor vehemencia- en otro bloque de denuncias que parten, otra vez, del “constituyente Carreño”, hacia el Gobierno. Telegrafía al Ministro de Gobernación confiándole la saña con la que se acometía desde el Gobierno Civil la persecución hacia el alcalde socialista de Santa Fe; entre otros detalles decía Carreño:

Gobernador saltando ley, contradiciendo declaraciones vuecencia. Fines exclusivamente políticos, estilo viejo caciquismo empieza a atropellar Ayuntamiento, poblaciones importantes provincia tratando suspenderles y nombrar Comisiones Gestoras. (AHFPI, Leg. 75/21-22).

Esa información facilitada a la Comisión Ejecutiva del PSOE por los diputados de las provincias entre los que se cuenta Granada a través de Carreño Vargas, anticipa el “desmoche” de Ayuntamientos de izquierdas vía gubernamental, siendo como es el preludio de la represión política contra socialistas y ugetistas, que tanto alarmó a republicanos desde noviembre de 1933 a febrero de 1936. Tanto fue así que la dirección socialista nacional llama la atención por circulares que determinados gobernadores civiles están mandando a los alcaldes:

….En dicha circular se solicita de los Ayuntamientos, con grandes amenazas una relación nominal de los concejales, tenientes alcalde, alcalde, juez municipal, síndico y secretario del Ayuntamiento, así como su filiación política y en algunos casos, se inquieren informes incluso de la vida privada del alcalde y concejales. Con esta circular, se establece un procedimiento empleado durante la Dictadura de Primo de Rivera y como esto constituye un atentado a la autonomía de los Ayuntamientos y una arbitrariedad al derecho de la ciudadanía y libertad de opinión, el Partido Socialista, no pudiendo por el momento hacer otra cosa, por medio de la presente carta hace su más vehemente protesta contra tales procedimientos.

En las elecciones generales de 1933 Juan Carreño volvió a ser candidato del PSOE por Granada sin resultar elegido. No obstante, se mantuvo muy crítico y radical contra las políticas netamente conservadoras de las mayorías gubernamentales surgidas de las urnas, radicalizando su acción y su discurso más y más conforme nos acercamos a la entrada de los católicos de la CEDA, lo que se consideró por un sector de la izquierda largocaballerista como la aniquilación de las políticas reformistas y el fin de los valores republicanos. 

"Junto al diputado electo socialista Ramón Lamoneda Ferández, Juan Carreño Vargas en calidad de líder provincial de la UGT de Granada, mediará en 1934 para amortiguar las prácticas conservadoras de la patronal agraria que, en su conjunto, se preparan para liquidar todas las conquistas sociales aprobadas desde abril de 1931 hasta finales de 1933"

Junto al diputado electo socialista Ramón Lamoneda Fernández, Juan Carreño Vargas en calidad de líder provincial de la UGT de Granada, mediará en 1934 para amortiguar las prácticas conservadoras de la patronal agraria que, en su conjunto, se preparan para liquidar todas las conquistas sociales aprobadas desde abril de 1931 hasta finales de 1933. Lo vemos un día sí y otro también recorrer los despachos del Gobierno Civil, ya sea denunciando los “sueldos de hambre” que imponen los propietarios y grandes arrendatarios en el ámbito rural granadino; o bien protestando por los continuos ceses de ayuntamientos republicanos-socialistas; ya sea denunciando y protestando por la clausura gubernamental de Casas del Pueblo o agrupaciones locales del PSOE, mediando para poner en libertad a detenidos socialistas y ugetistas…. Pero también lo vemos organizando huelgas generales como la campesina que se desarrolló en la provincia granadina desde 29 de mayo a 18 de junio de 1934. Y, tras el fracaso de la misma, intercediendo para que se garantizasen derechos a las sociedades obreras campesinas o se aceleraran las puestas en libertad de decenas de campesinos huelguistas que fueron detenidos por órdenes gubernamentales, con la aquiescencia y respaldo de los propietarios quienes no dudaron en utilizar en su beneficio propio los agentes de orden público o a la Guardia Civil para “recuperar la paz y la sagrada propiedad”.

Reflejo de esa reacción patronal está la animadversión que rezuma la opinión pública conservadora granadina como se puede apreciar, a título de ejemplo significativo pero no el único, en aquel editorial titulado “Desgracia de familia” que difunde IDEAL en su edición de 20 de junio de 1934:

Nos damos perfecta cuenta de las horas de amargura y desesperación que están atravesando nuestros jefecillos socialistas ¡Haber tenido que abandonar las poltronas concejiles, ellos, que aunque enemigos de las propiedad… ajena, se habían adjudicado el derecho a la administración vitalicia del presupuesto municipal! Comprendemos, repetimos, y aún compadecemos este dolor: pero únicamente como desgracia que afecta solo a sus respectivas y personalísimas conveniencias, equiparándolas, en el mejor de los casos a quienes fueron desalojados, en el año 31, de los puestos que desde entonces, para daño del pueblo han venido disfrutando ellos. En cambio, para los demás ciudadanos, lo sucedido ha sino un gran bien; y en este juicio nos acompaña la inmensa mayoría del pueblo que, comprendiendo los beneficios morales y económicos que ha de reportar a nuestra villa la desaparición del repugnante “cacicazgo socialista”, ha recibido semejante acontecimiento con muestras de indecible júbilo, empezando por los obreros, entre quienes los “difuntos caciquillos” creían tener su más firme sostén, gracias a las fantásticas promesas con que los tenían embaucados….nuestros “minúsculos lenines”…….

El clima de reacción conservadora de la patronal agraria, la radicalización autoritaria en el Gobierno Civil o Comandancia Militar (el Gobernador Francisco Paula Duelo y Font diseña un pormenorizado plan para garantizar la recuperación del orden público que se asemejará a un estado policial de excepción), la clausura centros obreros, multitud de detenciones gubernativa de afiliados de UGT y de concejales del PSOE y los ceses de la mayoría de corporaciones izquierdas, por un lado, y la progresiva radicalización de las bases socialistas y ugetistas, por otro, explican el panorama de tensión que se vislumbra en Granada cuando a principios de octubre de 1934 se anuncia la incorporación al gobierno de tres ministros de la CEDA. La respuesta, no se hizo esperar: tanto en España como en Granada se anuncia una huelga general revolucionaria en defensa de las políticas republicanas.

Juan Carreño Vargas, como Presidente de la Alianza Obrera de Granada (PSOE, UGT, PCE, FSL/CNT) se integra en el Comité de Huelga junto a otros dos socialistas: Alejandro Otero, catedrático de Ginecología de la Universidad de Granada y el obrero de la construcción y líder del socialismo de la zona del Poniente granadino, Nicolás Jiménez Molina, alcalde de Íllora.

La huelga obtiene un fracaso rotundo que se explica por el descabezamiento de cuadros y afiliados de izquierda que viene desarrollando con éxito por el Gobierno Civil y que en Granada se percibe en el reforzamiento de los “aparatos de control” de civiles y por la enérgica actitud de la autoridad militar (el comandante militar Eliseo Álvarez Arenas dispuso medidas excepcionales, como el estado de emergencia y estado de guerra). De inmediato se persigue a los promotores de la huelga en la capital y en la provincia. El 5 de octubre de 1934 Juan Carreño Vargas es detenido junto a los líderes de la huelga. 

"En poco más de una semana se cuenta con más de ochocientas personas entre expedientados, encarcelados y detenidos"

En poco más de una semana se cuenta con más de ochocientas personas entre expedientados, encarcelados y detenidos. En efecto, las detenciones y encarcelaciones de los líderes políticos y sindicales granadinos fueron muy importantes; de hecho, dejaron sin cuadros y ejecutivas a partidos y sindicatos, caso de estar en plenas funciones. Recordemos a algunos detenidos conocidos: Virgilio Castilla Carmona (Presidente de la Excma. Diputación Provincial); los concejales de Granada capital, Maximiliano Hernández Martínez, Wenceslao Guerrero Carmona, Francisco Ramírez Caballero, Constantino Ruiz Carnero (también director de El Defensor de Granada), Francisco Antonio Rubio Callejón (también ex gobernador civil de Santander), Manuel Fernández Montesinos, Juan Comino Alba (ex delegado de Trabajo), Antonio Dalmases de Miguel; además de Antonio Pretel Fernández (ex delegado de Trabajo), Álvarez de Salamanca (profesor de Universidad), así como los sindicalistas Francisco Galadí, Paulino Cervilla o Nicolás Martín Cantal. 

A este importante número de detenciones cualitativamente importantes, habría que añadir la de un buen número de trabajadores que fueron también detenidos y puestos a disposición de la autoridad militar durante los días que duró la huelga. A aquellos y a estos últimos hay que sumar un tercer contingente: se trata de los obreros detenidos, encarcelados o expedientados (al menos 800, como decíamos, lo que era una cifra muy considerable) que faltaron a sus puestos de trabajo durante el paro general (especialmente conductores y cobradores de servicios públicos como el tranvía, obreros de la construcción, empleados de comercio, del servicio de limpieza, etc) y que fueron expulsados de sus colocaciones por haber respaldado la huelga de octubre (IDEAL 10 a 18 de octubre de 1934).

El 10 de octubre de 1934 el ex diputado constituyente Juan Carreño Vargas fue trasladado a la Comisaría de la calle Duquesa para tomarle declaración, falleciendo repentinamente. La autopsia médica certificó como causa de la muerte una hemorragia cerebral y “que no había padecido malos tratos físicos” algo que, sin embargo, no logró hacer desaparecer la sospecha sobre su posible asesinato en la comisaría.

"En el entierro se prohibió cualquier concentración obrera, y a él solo asistieron unos cuantos amigos -los más allegados-, la familia y una gran cantidad de fuerza pública"

¿Qué sabemos del último episodio en vida de Juan Carreño Vargas? Durante un interrogatorio -según la versión oficial- Carreño sufrió un sincope originado por una miocarditis que le produjo una hemorragia cerebral causándole la muerte. Sin embargo, y a pesar de que estuvieron en la autopsia, un equipo de médicos de reconocido prestigio que dictaminaron que no existían en el cadáver señales de violencia física, a nadie entre la ciudadanía granadina le quedó la menor duda de que los interminables interrogatorios y la presión psicológica -como poco- eran elementos de la tortura lo suficientemente eficaces para quebrantar la delicada salud de cualquier hombre por muy fuerte que fuese. Las autoridades provinciales, tanto civiles como militares llevaron el caso con un impermeable mutismo. En el entierro se prohibió cualquier concentración obrera, y a él solo asistieron unos cuantos amigos -los más allegados- la familia y una gran cantidad de fuerza pública.

Meses después, un famosísimo informe de puño y letra de Fernando de los Ríos sobre la represión institucional en Asturias y otras provincias españolas explicaba con todo género de detalles la política seguida con los presos gubernativos: torturas, palizas, malos tratos, pésima alimentación, mala higiene, etc en las cárceles y comisarías españolas. Las últimas líneas precisamente, del escrito al que nos estamos refiriendo van dirigidas a dar la versión socialista de lo sucedido en el “Caso Carreño”:

En Granada-escribía-, los Agentes y Comisarios de Vigilancia, dejaron dos horas en el suelo de un patio, víctima de un ataque al corazón, hasta verlo morir, como a un perro, por falta de asistencia al Diputado de las Constituyentes y profesor de Primera Enseñanza, D. Juan Carreño Vargas. “Ahí tenéis a las Constituyentes”, decía el Comisario Sr. González, señalando a Carreño al verlo revolcarse con el dolor del pobre agonizante”.

Fue el primero de una lista de quince diputados republicanos pertenecientes al PSOE que sufrieron las dramáticas consecuencias de la represión gubernamental antes y después de aquel 20 de julio de 1936. De 1936 a 1940 otros 4 fueron fusilados, 8 diputados socialistas tuvieron que exiliarse, otro falleció de muerte natural en 1938. Solo uno quedó en el interior de la España de posguerra, aunque fue perseguido, detenido, condenado para permanecer en cárceles franquistas hasta 1950 y durante otros veinte años quedó….. en libertad vigilada.



Rafael Gil Bracero

Profesor Titular de Historia Contemporánea

Universidad de Granada

Presidente de la AGRMH