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ARQUITECTOS, ESCAYOLISTAS, PINTORES Y HERREROS DEJARON SUS IMPRONTAS

Vestigios de los dueños y arquitectos en sus fachadas de la Gran Vía

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 21 de Enero de 2024
Gabriel Pozo Felguera nos invita a recorrer una de las vías más hermosas y con más solera de Granada, la Gran Vía, desde una perspectiva distinta, como son las señas, algunas casi imperceptibles, que, como legado, dejaron los constructores y propietarios de algunos edificios. Un paseo singular, en un magistral reportaje del mejor cronista de Granada.
Molde original de 1901 utilizado para fabricar dos símbolos masones en las casas 12 y 27 de Gran Vía. Debajo, nativos incas en las puertas del edificio Americano.
ARCHIVO GIMÉNEZ YANGUAS
Molde original de 1901 utilizado para fabricar dos símbolos masones en las casas 12 y 27 de Gran Vía. Debajo, nativos incas en las puertas del edificio Americano.
  • Varios propietarios colocaron pistas casi jeroglíficas y referencias a sus personas para que en el futuro se les recordara

En Granada no ha sido costumbre que los arquitectos o propietarios de edificios firmen sus creaciones en sus fachadas. Como lo llevan un libro o una partitura en su portada. A lo sumo, alguna placa en el vestíbulo de edificios oficiales aporta algún dato sobre la paternidad. En el caso de la Gran Vía sí nos dejaron algunas pistas para que las futuras generaciones conozcamos quiénes fueron sus promotores. Unas están claras con nombre y apellidos; otras con siglas; varios símbolos de sus aficiones; y tallas de difícil interpretación. Un verdadero papiro jeroglífico a la vista en el que hay que fijarse con atención para conocer a aquella gente de hace ya más de un siglo. Voy a dar unas cuantas pistas.

La Gran Vía empezó su construcción en 1897 con la erección de los muros de la iglesia del Sagrado Corazón. Se inició una etapa frenética que se prolongó más de un tercio de siglo

La Gran Vía empezó su construcción en 1897 con la erección de los muros de la iglesia del Sagrado Corazón. Se inició una etapa frenética que se prolongó más de un tercio de siglo. A pesar de su cierta uniformidad, se aprecia un amplio abanico de estilos por la diversidad de promotores, gustos y arquitectos que participaron en su construcción. La inmensa mayoría de sus edificios, en una extensión de 820 metros lineales, son homogéneos, es decir, bloques de cuatro y cinco plantas con una rasante que no supera los veinte metros de altura. Hubo algunas excepciones: el Banco de España, último de los levantados en primera generación (1941); el que fue Coliseo Olimpia (número 21), con fachada al estilo templo griego; la Iglesia del Sagrado Corazón, con sus dos torres y volumen de iglesia; el Palacete de los Müller (Subdelegación del Gobierno), una quintería   en el centro de la ciudad; y el Instituto de Secundaria y la Escuela Normal de Maestros. También rompen un poco las líneas el edificio del Instituto Nacional de Previsión (S. Social) y el bloque número 47, una concesión municipal en altura por negarle la idea de ser galería comercial.

En los años del desarrollismo desde finales de los sesenta del siglo pasado hasta finales de los ochenta fueron demolidos nueve de los originales y sustituidos por bloques modernos que desentonan y rompieron la estética original. Algunos otros han visto añadir sobre sus terrazas varias plantas que han acabado por empeorarlos.

El olvido de la autoría y financiación de estas edificaciones ha sido tanto que muchas veces no ha quedado ni rastro en los archivos históricos municipales

En ciudades europeas y, sobre todo en Estados Unidos, suele ser habitual que el arquitecto firme su obra en algún lugar visible de su fachada. Y que el propietario o la empresa que lo han promovido den su nombre a la obra. Algo normal tratándose de una creación arquitectónica y/o artística. Los constructores de Granada rara vez dejaron sus nombres claramente marcados en las fachadas. Solamente el arquitecto Ángel Casas Vilches lo hizo en contadas ocasiones, una de ellas en la Gran Vía. El olvido de la autoría y financiación de estas edificaciones ha sido tanto que muchas veces no ha quedado ni rastro en los archivos históricos municipales.

Reivindico desde este artículo que las corporaciones de arquitectos, las empresas y/o el Ayuntamiento intenten colocar placas o letras grabadas en los muros con los nombres de sus creadores. Y que en adelante sea obligatorio por normativa firmar las obras destacadas. No concibo un libro anónimo como ocurre con la mayoría de grandes edificios.
Fotos de los hermanos Santisteban en un reportaje de Granada Gráfica de 1920.

En el caso de la Gran Vía, el estilo modernista con que empezaron los primeros bloques atrajo la colaboración de escultores, vaciadores y escayolistas que adornaron sus fachadas. Aportaron sus molduras para el realce de jambas, colocar orlas sobre balcones y remates de cornisas. Eso en cuanto al exterior, ya que los interiores de las casas de la Gran Vía están repletos de molduras. Fueron orlas repletas de mascarones y motivos vegetales, muchas veces repetidos de un edificio a otro. En algunas ocasiones estuvieron encargados exprofeso por un promotor para dar su toque personal a su fachada. Algo similar ocurrió con los tallados de madera de las puertas.

La mayoría de los moldes del taller Santisteban consiguieron llegar intactos al siglo XXI, cuando fue cerrado su taller de Gran Vía

Los escultores/escayolistas que más contribuyeron fueron los hermanos Antonio y Ángel Santisteban, que pronto abrieron su taller en el número 31 (actual 27) y estuvieron trabajando a pie de obra hasta la década de los años ochenta. También el taller de José Navas Parejo dedicó algunos de sus empleados a la especialidad de vaciados y molduras para esta avenida.

La mayoría de los moldes del taller Santisteban consiguieron llegar intactos al siglo XXI, cuando fue cerrado su taller de Gran Vía. Los que pervivían fueron adquiridos por el Patronato de la Alhambra en época de María del Mar Villafranca como directora.

Putti (niño) jugando a arquitecto y a su lado varios símbolos de masonería. (En el número 12).

12 y 27 Los símbolos masones de Giménez Arévalo.  Este edificio fue promovido en 1903 para su familia por Francisco Giménez Arévalo, el arquitecto que trazó la Gran Vía y también hizo varios proyectos para otros particulares. Giménez Arévalo colaboró muy estrechamente con Juan Montserrat i Vergés, arquitecto municipal; hasta el punto de intercambiarse proyectos para que los firmase el otro si existía algún tipo de incompatibilidad, ya que Giménez Arévalo tenía el título de Maestro de Obras y no podía rubricar proyectos de edificios públicos, y Montserrat tenía ciertos condicionantes por ser el responsable del urbanismo de la ciudad.

Este edificio número 12 de la calle tiene dos referencias muy concretas a la figura de su diseñador y, quizás, a sus relaciones con Juan Montserrat y la masonería

Este edificio número 12 de la calle tiene dos referencias muy concretas a la figura de su diseñador y, quizás, a sus relaciones con Juan Montserrat y la masonería. Montserrat fue un destacado masón de finales del XIX y principios del XX; fue presidente del Capítulo Provincial de la Masonería y miembro de las logias Beni-Garnata y del Consejo Aeropágico Mariana Pineda. En cambio, de Giménez Arévalo no hay constancia que llegara a pertenecer a la masonería granadina, aunque es muy probable que simpatizara con ella.

Incluyen yunque, pala y maza, propios de los gremios obreros que se agruparon en la Asociación La Obra a partir de 1900

De todas formas, en la fachada de su casa número 12 colocó un putti con algunos de los emblemas masones: un niño jugando con un compás, junto a las herramientas que forman parte de los emblemas de la masonería. No obstante, hay alguna de las herramientas que no son específicamente de los arquitectos titulados, sino de los maestros de obras y el colectivo en el que se apoyaban. Incluyen yunque, pala y maza, propios de los gremios obreros que se agruparon en la Asociación La Obra a partir de 1900. Podría tratarse de una concesión a la clase obrera que construyó esta calle.

Esta misma moldura masónica se repite en el primer piso de la casa número 27 de la Gran Vía, también trazada y propiedad de Francisco Giménez Arévalo.

Es exactamente la misma figura que fue colocada por Juan Montserrat en la fachada de la calle Buensuceso, 21, para un importante jefe masón de Granada, Juan Lisbona. Este edificio del barrio de la Magdalena fue construido en 1901. Debe entenderse que Juan Montserrat fue quien encargó el molde para hacer la reproducción para esta casa y dos años más tarde lo prestó a Giménez Arévalo (en 1903) para su primera casa de la Gran Vía y más tarde (en 1906) para la que levantó en el número 27.

Durante la dictadura del general Francisco Franco se persiguieron los símbolos franquistas, de manera que hubo que eliminarlo o fresarlo. Pero estos dos están un tanto disimulados y prácticamente confundidos entre la abundancia de bajorrelieves y adornos vegetales que se colocaron en los edificios por entonces

Este molde se conserva en la actualidad en el Archivo de Miguel Giménez Yanguas. Es un positivo esculpido en el taller de los hermanos Santisteban. Con este positivo se procedía a untarlo de aceite, sacaban un negativo y nuevamente se volvía a hacer otro positivo en yeso, escayola o cemento para pegarlo en las fachadas. La pervivencia de estas tres copias hace pensar que como mínimo se utilizó tres veces.

Durante la dictadura del general Francisco Franco se persiguieron los símbolos masones, de manera que hubo que eliminarlo o fresarlo. Pero estos dos están un tanto disimulados y prácticamente confundidos entre la abundancia de bajorrelieves y adornos vegetales que se colocaron en los edificios por entonces. Debieron pasar desapercibidos o los censores hicieron la vista gorda.

Mascarón en madera y otro encima en yeso inspirado en los bigotes del arquitecto/propietario de Gran Vía 12. En la foto pequeña, retrato de Giménez Arévalo.

En la puerta de entrada, tallado en madera, hay una máscara al estilo griego cuyos bigotes dan un aire al bigote estilo mejicano que usaba Giménez Arévalo

Además de este putti, en la fachada del edificio número 12 también hay dos aspectos que recuerdan al propietario-arquitecto. En la puerta de entrada, tallado en madera, hay una máscara al estilo griego cuyos bigotes dan un aire al bigote estilo mejicano que usaba Giménez Arévalo. La talla de esta puerta la hizo el ebanista Jiménez Moreno (a) el Macareno, en su carpintería de la calle Padre Alcover. El Macareno fue quien entre 1899-1900 talló el cancel izquierdo de la Catedral, copia exacta del que ya había en la puerta derecha, del siglo XVIII. También se le atribuyen otras obras de carpintería en la Gran Vía (De su taller salieron las puertas de los números 4 y 6; y probablemente las de El Americano).

Para redundar más en la figura de Giménez Arévalo en ésta su primera casa de la Gran Vía, sobre el dintel de la puerta principal se repite otro mascarón vaciado en yeso que vuelve a reproducir el mismo bigote del amo del lugar.

Niños jugando a construir en la cornisa de Gran Vía 43.

43. Los niños masones. Los edificios números 43 y 45 de la Gran Vía fueron proyectados en estilo modernista tímido por el arquitecto Juan Jordana i Montserrat, sobrino del arquitecto municipal Juan Montserrat. Se los encargó el empresario Miguel Serrano Martínez; se trató de un hombre que tuvo concesiones mineras en la Alpujarra y levantó bastantes edificios en la capital, entre ellos el Observatorio de Cartuja y la Plaza de Toros de Frascuelo. Miguel Serrano fue el primero que encargó una casa totalmente modernista al mismo arquitecto en la calle Gran Capitán.

El arquitecto Juan Jordana también debió estar próximo a la masonería como su tío Juan Montserrat

El arquitecto Juan Jordana también debió estar próximo a la masonería como su tío Juan Montserrat. Quizás por este motivo remató la cornisa del edificio número 43 (levantado en 1906) con niños (puttis) jugando a arquitectos, claro simbolismo masón. Está tan alta y oscurecida la moldura que se aprecia muy mal a simple vista.

Dos caras de incas en cada puerta de El Americano.

52-54. El Americano y sus cabezas de indios incas. Estos dos edificios, más el que remata la manzana con entrada por calle Tinajilla, son conocidos desde su construcción con el sobrenombre de El Americano. Y tienen un motivo bien fundado. Fueron promovidos por Juan Jiménez Guerrero, apodado El Americano por tratarse de un indiano que regresó forrado de plata desde Suramérica. El hombre era originario de Montefrío, donde nació en 1860, y partió a hacer las Américas en la década de 1880-90. En 1910 regresó a Granada con su esposa Jesusa Lopera y Loza. El matrimonio traía tres hijos, Hortensia, Blanca y Juan Jiménez Lopera.

El único solar amplio que quedaba en la Gran Vía era el que hoy corresponde a los números 52 y 55. Encargaron el proyecto a Francisco Prieto-Moreno Velasco

El único solar amplio que quedaba en la Gran Vía era el que hoy corresponde a los números 52 y 55. Encargaron el proyecto a Francisco Prieto-Moreno Velasco. Son tres bloques que se reparten el espacio triangular de toda la manzana. La obra estaba finalizada para el año 1912. Los balcones tienen ménsulas de forjados de hierro con hormigón, anclados con la estructura de madera del interior. Está muy mal hecha desde el punto de vista constructivo. Las paredes de los portales son estucos esgrafiados.

Las columnas de las cornisas están rematadas con cabezas de indios incas.

El Americano fue nombrado cónsul de Bolivia, tuvo el consulado en esta casa hasta 1916 en que falleció; le sucedió su hijo como cónsul boliviano hasta finales de los años veinte, en que decidió trasladarse a Málaga. Este hijo de El Americano  (Juan Jiménez Lopera) fundó una empresa de transportes conocida como Jilosa (Jiménez Lopera), concesionaria del transporte de gasolinas de Campsa por el oriente andaluz.

La familia de El Americano se imbricó pronto en la alta sociedad granadina. Hortensia Jiménez Lopera contrajo matrimonio, en 1922, con el empresario Joaquín García de la Serrana, en tanto que se hermana Blanca lo hizo con el arquitecto Matías Fernández Fígares

La familia de El Americano se imbricó pronto en la alta sociedad granadina. Hortensia Jiménez Lopera contrajo matrimonio, en 1922, con el empresario Joaquín García de la Serrana, en tanto que su hermana Blanca lo hizo con el arquitecto Matías Fernández Fígares. Esta familia fue una de las participantes en la fundación del Banco de Granada en 1964.

El Americano padre se ocupó de dejar rastros en los tres edificios sobre el origen de su apodo y también de su fortuna. Las dos puertas de los edificios que dan a la Gran Vía tienen unas imponentes cabezas de un indígena inca presidiendo los paneles superiores. Son medio-relieves que llaman la atención. Están muy bien conservados. Además, unas columnas que rematan las terrazas superiores que miran a la antigua Escuela Normal y al Arco de Elvira sostienen otras cabezas similares, aunque en este caso de cemento. Todo el edificio está lleno de americanos descabezados.

La rama de familiares descendientes del apellido García de la Serrana continúa siendo propietaria del edificio que mira a la Plaza del Triunfo.

Símbolos del colectivo gremial La Obra, en las dos hojas de Gran Vía 38.

Números 38 y 40. Gregorio Fidel Fernández Osuna fue un famoso médico de Granada en el periodo de intersiglos. Y bastante acaudalado. Se sumó entusiásticamente al proyecto de Gran Vía y decidió promover cuatro de los edificios: los números 4, 6, 38 (en el año 1909) para el uso familiar de su numerosa prole; y el número 40 para destinarlo a tiendas, oficinas y pisos de renta.

La puerta de madera de entrada al edificio 38, actuales hostales Atenas y Sonia, ofrece una particularidad muy interesante: en ambas hojas, en su parte superior, fueron esculpidas las herramientas que solían utilizar los gremios de la Asociación La Obra

La puerta de madera de entrada al edificio 38, actuales hostales Atenas y Sonia, ofrece una particularidad muy interesante: en ambas hojas, en su parte superior, fueron esculpidas las herramientas que solían utilizar los gremios de la Asociación La Obra, una especie de sindicato nacido en 1900, como contrapunto al Círculo Católico de Obreros. Ahí figuran las herramientas que representan al colectivo de albañilería que solían participar en levantar un edificio: hacha, pico, compás, rastrillo, horca, pala, escuadra y yunque. No conocemos si fue una licencia que se permitió el tallador de los paneles de la puerta o en realidad se trató de una concesión u homenaje del médico Fidel Fernández al colectivo de obreros.

Los diablillos que sujetan las ménsulas de Gran Vía 40, asociados con los numerosos hijos del doctor Fidel Fernández Osuna.

Fermín Garrido le respondía a su colega de la Gan Vía que había hecho un negocio ruinoso, un caserón que se iba a hundir y por eso había puesto a todos sus hijos como diablillos a sujetar los balcones

En cuanto a la casa siguiente, la número 40, tiene varias balconadas sujetas con poderosas ménsulas de figuras de diablillos o demonios. Por aquellos años de principios de siglo XX existía una sana competencia profesional entre los médicos Fidel Fernández y Fermín Garrido; éste no quiso establecerse en la Gran Vía, tenía un suntuoso palacete en la esquina de Avenida de Andaluces. Fidel Fernández le chinchaba diciendo que había sido exiliado por la sociedad a casi un kilómetro de la civilización; en tanto que Fermín Garrido le respondía a su colega de la Gan Vía que había hecho un negocio ruinoso, un caserón que se iba a hundir y por eso había puesto a todos sus hijos como diablillos a sujetar los balcones. Lo cierto es que esta casa número 40 es de las que tienen una construcción más sólida de toda la Avenida.

Las iniciales BHA se repiten en las dos grandes puertas de hierro fundido.

3. Banco Hispano Americano levantó este edificio imponente en 1919, en un solar que estuvo vacío bastantes años y ocupado ocasionalmente por una caseta del cine Lux. La entidad financiera se hizo cargo de las plantas sótano, bajo y primera. La fortaleza casi acorazada que se percibe desde el exterior indica que algo muy valioso debía guardarse dentro. La rejería de las ventanas bajas y las dos robustas puertas pesan varias toneladas de metal; fueron fundidas en un taller de Sevilla. La marca del propietario del bloque quedó grabada en relieve en cada una de las hojas de las puertas exteriores: las letras BHA (Banco Hispano Americano) sobre una bola del Mundo daban a entender el poderío de aquel gran banco que tenía sucursales por varios países. La cartelería de esta entidad financiera ha ido cambiando a medida que se fusionó con otros bancos (con en Central en 1991), hasta su definitiva desaparición cuando se integró en el Banco Santander (1999), actual propietario del edificio BHA.

JHS en el frontón de la cornisa del Sagrado Corazón.

30. Iglesia del Sagrado Corazón. Fue el primer edificio levantado en la Gran Vía, con proyecto inicial de Juan Montserrat y colaboración de un arquitecto jesuita. En 1898 ya estaba abierta al culto. La firma de la orden jesuita está bien visible en el centro de las dos torres de campanas: IHS. Hace pocos años fue colocado un poste turístico en la puerta donde figura como arquitecto únicamente el jesuita Francisco Rabanal Fariñas.

Escudo MI coronado sobre el cuarto piso de Gran Vía 32.

32. Las Reverendas Madres del Servicio Doméstico también compraron solares en la Gran Vía para establecerse, junto al lado de la iglesia de Santiago, de la que cuidaban. En 1905 levantaron la primera parte del bloque, lindero con el 34, mientras la zona de la esquina con Marqués de Falces sólo la elevaron dos plantas. En el año 1925 enrasaron las dos partes con proyecto de Giménez Lacal. La comunidad religiosa colocó una enorme moldura con las iniciales MI (María Inmaculada) de su congregación.

Hornacina ahuecada de Santa Paula, que nunca albergó a su patrona.

31. El trampantojo de Santa Paula. En 1900 la cala de la Gran Vía partió por la mitad los corrales y las huertas que ocupaba en Convento de Santa Paula, monjas jerónimas. Sus posesiones se extendían desde la calle Santa Paula, donde estaba la entrada principal, hasta la calle Elvira. La parte trasera fue vendida para solares de la nueva avenida, pero el corte que dejó al aire el claustro había que taparlo. Decidieron construir una fachada alineada con los números 29 y 33. Se construyó una especie de forillo teatral o trampantojo, tras el cual se escondieron construcciones sencillas para albergar locales comerciales. El proyecto de cierre de esta fachada fue obra de Juan Montserrat.

Sobre esta fachada fueron abiertas algunas ventanas con molduras modernistas y, en su centro, una preciosa hornacina para colocar la imagen de su advocación, Santa Paula

Sobre esta fachada fueron abiertas algunas ventanas con molduras modernistas y, en su centro, una preciosa hornacina para colocar la imagen de su advocación, Santa Paula. Pero pasó el tiempo y las monjas jerónimas jamás llegaron a colocar la imagen; tampoco la Reformadora ni el Ayuntamiento. En 1977 este convento fue abandonado para trasladar la comunidad a San Jerónimo y quedó en tal situación. Hasta que a finales del siglo XX lo adquirió una cadena hotelera y lo reconvirtió en hotel de lujo. Se le añadieron tres plantas con un gusto pésimo. Hoy la hornacina está convertida en una ventana.

Todavía figura a nombre de Caja General, ya desaparecida. Debajo está la inscripción de Créditos La Paz.

1. Hotel Colón-Edificio La Paz-Caja General. El número 1 de Gran Vía en realidad tiene su entrada principal por calle Reyes Católicos. Fue levantado con proyecto modernista de Juan Montserrat/Giménez Arévalo en 1908 y con destino a un hotel de lujo. La sociedad la formaban varios socios acaudalados de la industria azucarera y la banca de principios del siglo XX (Rodríguez-Acosta, Santos Barquero, López-Rubio, Giménez Arévalo y el doctor Guijarro). Una vez acabado, lo ofrecieron en explotación a empresas nacionales e internacionales del sector, pero no se interesó nadie por su gestión. Hubo que reconvertirlo en viviendas y apartamentos de alquiler. Pasó a propiedad de Francisco García Olmedo como sede de Créditos la Paz y de éste a sus hijos García Anguiano. Tras la quiebra de La Paz se hizo cargo del edificio la acreedora Caja General de Ahorros (años 80). Finalmente, ha pasado a ser propiedad del empresario de grandes centros comerciales Tomás Olivo.

Este edificio nunca llegó a inaugurarse con nombre ni siglas de ningún arquitecto ni propietario. No obstante, cuando lo tomó Créditos La Paz sí figuró su inscripción en el chaflán de la calle Zacatín

Este edificio nunca llegó a inaugurarse con nombre ni siglas de ningún arquitecto ni propietario. No obstante, cuando lo tomó Créditos La Paz sí figuró su inscripción en el chaflán de la calle Zacatín. Tras adquirirlo la General, puso encima su cartel sin hacer referencia alguna a anteriores propietarios. Lo bautizó con el nombre Caja General de Ahorros de Granada-Edificio Colón, que es lo que todavía luce en su fachada.

Las inscripciones originales modernistas de Hotel París han desaparecido. Sólo pervive ésta reconvertida en Edificio París.

7. De Hotel París a Edificio París. Nicolás García Ruiz adquirió el solar lindero con la Sacristía de la Catedral para destinarlo a hotel. Se llamó París desde el principio, cuando abrió sus puertas en 1907. Lo identificó con su nombre impreso en la cristalera de la puerta principal. También tuvo grabado el nombre de Hotel París en las cristaleras que daban al hall de entrada y el comedor con vistas a la calle. En un cornero de las cristaleras estuvieron inscritas las iniciales de Nicolas García.

De las iniciales de Nicolás García en las grandes cristaleras nada queda. Este edificio fue diseñado por Modesto Cendoya

El edificio estuvo abierto como hotel durante unos cuantos años. Su cierre, en 1929, y reconversión de habitaciones en enormes pisos obligó a acometer una profunda reforma. La planta baja fue destinada a Almacenes Gran Vía y más recientemente ha sido repartida en edificios comerciales más pequeños. En alguna de las reformas también se vio afectado el cartel modernista sobre la puerta y sustituido por el actual con nombre de Edificio París. De las iniciales de Nicolás García en las grandes cristaleras nada queda. Este edificio fue diseñado por Modesto Cendoya.

La cornisa de este edificio la corona una peineta con medallón fecha de construcción, pero mal puesta en números romanos: AÑO DE MCDDVI.

El tallista intentó reproducir las facciones de sus propietarios en la puerta del número 46.

46. Las caras de sus propietarios. Manuel López Sáez fue el primer comprador del solar, pero no llegó a construirlo. El edificio también lo levantó Nicolás García Ruiz, quien ya tenía los números 7 (Hotel París) y 15. Nicolás García era ingeniero y terrateniente de Armilla, primero en traer a Granada un coche de motor de combustible. La casa número 46 la levantó con la intención de destinarla a su residencia personal. En la puerta hay grabadas las imágenes que intentan representarlo a él y a su mujer, Angustias Alba Romero de la Cruz, al estilo de un bajorrelieve romano.

Este edificio fue vaciado por completo en los años setenta, de manera que sólo quedan como elementos estructurales originales las tres fachadas

El matrimonio Nicolás García-Angustias Alba tuvieron tres hijas. A cada una de ellas le dieron por herencia uno de los edificios de Gran Vía. Éste del número 46 tocó en suerte a la menor, María García Alba, soltera. El del número 15 tocó a Angustias García Alba, casada con Rafael Pérez Pire, padre; y el del Hotel París a Modesta García Alba; ésta estuvo casada con el alcalde de Granada Manuel Sola Rodríguez-Bolívar (1953-68).

Este edificio fue vaciado por completo en los años setenta, de manera que sólo quedan como elementos estructurales originales las tres fachadas.

Donde antes estuvo BC (del Banco Central) hoy figura la espiga de la Caja Rural.

2. Edificio Linares-Banco Central-Caja Rural. Fue un edificio promovido por el anticuario Enrique Linares García en el solar número 1, esquina a Reyes Católicos. Es una réplica en pequeño de un edificio parisino, la compañía de aguas de Nueva York, con proyecto rehecho por Ángel Casas Vílchez. La planta baja fueron locales comerciales y un semisótano. El anticuario no colocó ningún símbolo personal en la fachada, aunque todas las molduras se las diseñó su escayolista de confianza, Rada, con taller en el Callejón del Tinte (hoy Estepona). Los descendientes de Rada continuaron haciendo belenes en el barrio de Realejo.

Años veinte, El Buen Tono, perfumes y joyería, ocupaba los bajos de Gran Vía 2. No había rejas ni puerta de hierro.

En el centro de cada ventanal y de la nueva puerta de la esquina fue colocado un cuadrado dorado con las iniciales BC

Nada más inaugurarse el edificio, en 1914, alquiló los bajos el comercio La Chilena. A los pocos años se trasladó al lado, al número 4, y le sucedió la tienda El Buen Tono, hasta el año 1954. En esa fecha el edificio fue adquirido por el Banco Central para su sede principal en Granada; los semisótanos los convirtió en recinto de cajas fuertes, el hall lo decoró con lujosos mármoles; los grandes escaparates con persianas fueron reconvertidos en ventanales de gruesas rejas. En el centro de cada ventanal y de la nueva puerta de la esquina fue colocado un cuadrado dorado con las iniciales BC. Así permaneció “firmada” la propiedad del edificio hasta 1996 en que el Banco Central se fusionó con el Hispano y lo vendieron a un promotor. Al año siguiente, las tres primeras plantas fueron adquiridas por la Caja Rural de Granada para su oficina principal. El logotipo dorado fue sustituido por la espiga actual de la cooperativa de crédito.

Iniciales de Gustavo Gallardo en el altillo de la puerta.

47. Las GG de Gustavo Gallardo. El empresario Gustavo Gallardo García plasmó dos GG sobre hierro de forja en la puerta de entrada del segundo edificio que levantó en la Gran Vía, el número 47. En 1913 había construido el primero en la esquina de Marqués de Falces, casa 29 (el que tiene dos pisos añadidos a finales del siglo XX). Y en 1929 repitió experiencia en el 47, donde fijó su residencia familiar y la de sus descendientes. En los bajos que dan a la calle Navarrete esta familia ha tenido guardado el archivo de sus empresas familiares hasta una reforma de hace pocos años (Hoy trasladado en parte al Histórico Provincial).

Este empresario no había firmado la propiedad de su primer edificio 29, obra de Francisco Prieto-Morero Velasco. Pero sí decidió dejar su impronta en el 47, con trazas del arquitecto madrileño Pascual Bravo Sanfeliú. El diseño del herraje es un tanto art decó

Este empresario no había firmado la propiedad de su primer edificio 29, obra de Francisco Prieto-Morero Velasco. Pero sí decidió dejar su impronta en el 47, con trazas del arquitecto madrileño Pascual Bravo Sanfeliú. El diseño del herraje es un tanto art decó.

Gustavo Gallardo García fue un empresario catalán que recaló en Granada a finales del siglo XIX representando a la compañía de seguros Sun Life. Se casó con Ignacia Rodríguez-Acosta y se implicó en industrias azucareras y constructoras de Granada. Falleció en 1938. Sus hijos fueron los primeros en dar impulso a Aguas de Lanjarón.

Escudo del rey Alfonso III en la fachada del Instituto Padre Suárez. Debajo, marca de Fundición Castaño en la verja del patio de recreo.

El Instituto de Segunda Enseñanza. Consideremos que el Instituto Padre Suárez forma parte de la Gran Vía. Es un edificio de promoción pública para destinarlo a la enseñanza. Su origen se remonta a 1904, cuando el director Salvador de la Cámara Arrivillaga decidió tomar posesión del solar y casi obligar a que en el futuro se diera por hecho que tendría ese destino. Fue levantado por el arquitecto Fernando Wilhelmi a un ritmo muy lento. También este edificio público lleva la marca en su fachada de quien era el titular de su propiedad, por aquellas fechas del primer tercio del siglo XX el rey Alfonso XIII. De ahí que en lo más alto de su frontispicio figure el escudo real, o el de España de entonces. Se trata del escudo de la dinastía borbónica usado en la etapa de la Restauración, entre 1878 y 1931. La corona que lo remata es la de realengo.

En ningún momento de la II República ni después con el franquismo, ni mucho menos con la Transición, ha sido reformado este escudo principal

En ningún momento de la II República ni después con el franquismo, ni mucho menos con la Transición, ha sido reformado este escudo principal. A su lado, en los extremos de la cornisa, aparecen otros dos escudos más pequeños: son el de la ciudad de Granada, concoronas almenadas, y el propio del Instituto.

En el Instituto fue colocada la verja que circunda el patio de recreo unos años más tarde. La verja de hierro fundido sobre un muro de piedra fue obra de la Fundición Castaño. Esta firma dejó su sello pegado en las bases de los postes.

Azulejo con la firma del arquitecto Ángel Casas en la fachada del palacete de los Müller.

50. Único firmado por su arquitecto. La actual Subdelegación del Gobierno de España nació en 1916 por iniciativa de una de las ramas de la familia Rodríguez-Acosta, aunque acabó en manos de Antonio Müller. (Su promotor se suicidó nada más inaugurarlo por deudas contraídas). En 1941 pasó a ser sede del Gobierno Civil. Es el único “chalet” construido en toda la avenida azucarera para ser usado como residencia. El proyecto también fue obra del arquitecto Ángel Casas. Es el único edificio de toda esta calle que lleva la firma de su arquitecto. Aparece en un azulejo pegado en la pared de la torre, a la derecha de un balcón y por encima de los cipreses. El azulejillo es del tipo fajalauza, con la inscripción “Ángel Casas, Arquitecto”.

Algunos otros reportajes de Gabriel Pozo Felguera sobre la Gran Vía: