Piropos poéticos
La blanca y verde ejemplifica el esfuerzo emancipador y soberano a lo largo del siglo XX, frente a las derechas

La dignidad de Andalucía

Política - Juan I. Pérez - Domingo, 4 de Diciembre de 2022
En este 4 de diciembre, una reflexión sobre el pasado, presente y futuro de Andalucía, sin necesidad de que el Gobierno andaluz de mayoría absoluta del PP lo haya instituido como Día de la Bandera.
Histórica bandera de Andalucía.
IndeGranada
Histórica bandera de Andalucía.

Sin necesidad que el Gobierno andaluz de mayoría absoluta del PP haya instituido el 4 de Diciembre como Día de la Bandera por decreto – y con el imperdonable olvido de Manuel José García Caparrós, apenas reparado en el Parlamento-, es necesario, como antes, siempre, recordar y difundir una historia que llena de dignidad y contenido movilizador el presente de Andalucía. Los símbolos representan valores intangibles que definen a un pueblo y, con ellos, nuestro particular esfuerzo emancipador y soberano a lo largo del siglo XX.

No hace falta que la derecha, que se opuso a la Autonomía por la vía plena, en su aparente transformación moderada, si acaso alguien se lo cree, parezca abrazar el andalucismo, porque más allá de la cintita verde y blanca en la muñeca, el saludable mollete con aceite, todo el folclore que revive desde Canal Sur o el himno andaluz sonado a flauta escolar, las nuevas generaciones se merecen reencontrarse con una historia viva de la que forman parte

Y no solo eso, es preciso rememorar que somos ahora, porque fuimos, un pueblo que sin dejar nunca que lo humillaran, con orgullo, se enfrentó siempre al presente, -desde a caciques, a señoritos-, para diseñar y conquistar el futuro que los andaluces y andaluzas nos merecíamos. Y siempre contra la acción promovida por el pensamiento más conservador y rancio de toda España.

No hace falta que la derecha, que se opuso a la Autonomía por la vía plena, en su aparente transformación moderada, si acaso alguien se lo cree, parezca abrazar el andalucismo, porque más allá de la cintita verde y blanca en la muñeca, los selfies con la bandera andaluza, el saludable mollete con aceite, todo el folclore que revive desde Canal Sur o el himno andaluz sonado a flauta escolar, las nuevas generaciones se merecen reencontrarse con una historia viva de la que forman parte.

También la sociedad civil tiene derecho a conocer y acercarse a una trayectoria que ejemplifica la voluntad de un pueblo milenario, que nunca claudicó, a pesar de que lo tuvo todo en contra, y nada le fue fácil.

Es esta efeméride un buen momento para reflexionar sobre nuestro pasado, presente y futuro, especialmente, en un pueblo cuyos dirigentes ahora están más pendientes de lo que pasa en otros territorios que en el suyo propio, en su propio beneficio.

Solo así será posible que la conmemoración no se convierta en una frivolidad superficial y estética, carente de densidad ante los retos que tiene marcados esta tierra para el siglo que avanza hacia su cuarta parte

Solo así será posible que la conmemoración no se convierta en una frivolidad superficial y estética, carente de densidad ante los retos que tiene marcados esta tierra para el siglo que avanza hacia su cuarta parte.

Los símbolos no son nada y lo son todo. Nada, si la llamada gubernativa a izar la bandera en colegios e institutos mientras suena el himno -un fracaso, salvo en los centros donde acudieron consejeros y delegados- no se completa con una acción formativa sobre la historia de Andalucía, sin censuras, en la que aparezcan nombres como Manuel José García Caparrós o Juan Manuel Trinidad Berlanga, y de los que quisieron truncarla.

De lo contrario, más parece emular las grises mañanas escolares del franquismo

De lo contrario, más parece emular las grises mañanas escolares del franquismo.

Nada, si el espíritu crítico y reivindicativo de aquel 4 de diciembre de 1977, no se mantiene y se profundiza en lo que andaluzas y andaluces anhelaban: avanzar en la justicia social y en un buen gobierno para Andalucía que mitigue las desigualdes.

De lo contrario, solo es manipulación y un intento indigno de apropiarse lo que no les correponde.

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*Hay fechas que guardan para siempre la memoria porque marcan un antes y un después en el calendario de la Historia. Para Andalucía, una de ellas, es el 4 de diciembre de 1977. Aquel día, Andalucía se levantó por su autonomía, tras una cruel dictadura, que la vapuleó con mayor crudeza que otras regiones.

Ambiente festivo pero que, sin embargo, se tornó en tragedia en Málaga al conocerse el asesinato, que heló la sangre de los corazones blancos y verdes en las calles de Andalucía

Dos millones de andaluzas y andaluces tomaron las calles de las ocho capitales de la región para reclamar la autonomía de su gobierno, hastiados de las desigualdades que desde el poder central condenaban históricamente a Andalucía.

Ambiente festivo pero que, sin embargo, se tornó en tragedia en Málaga al conocerse el asesinato, que heló la sangre de los corazones blancos y verdes en las calles de Andalucía.

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Aún le quedaban 22 días para celebrar su 19 cumpleaños. Pero no los llegó a cumplir. Manuel José García Caparrós, trabajador malagueño de la fábrica de Cervezas Victoria, había quedado aquel 4 de diciembre de 1977 con sus compañeras y compañeros de CCOO para asistir a la manifestación por la autonomía plena de Andalucía.

Espontáneamente, un joven de 18 años trepó la fachada y colocó la enseña andaluza en el balcón. Era el obrero Juan Manuel Trinidad Berlanga, nacido en Utrera e hijo de un maestro malagueño. El joven fue detenido inmediatamente. Nunca recibió homenajes ni reconocimientos por un gesto heroico que quedó en la iconografía de la lucha por la autonomía andaluza

En la víspera del 4D, las fuerzas políticas -andalucistas y de izquierdas- y los sindicatos acordaron pedir que la bandera andaluza ondeara en todas las sedes instituciones. El presidente de la Diputación de Málaga, Francisco Cabeza López, que había sido subjefe provincial del Movimiento en la provincia, incumplió el pacto.

La manifestación discurría en ambiente festivo y cuando la cabeza alcanzaba el final de la marcha y empezaban los discursos, el grupo más rezagado a la altura de la Diputación pidió que ondeara la bandera andaluza, pero nadie hizo caso.

Espontáneamente, un joven de 18 años trepó la fachada y colocó la enseña andaluza en el balcón. Era el obrero Juan Manuel Trinidad Berlanga, nacido en Utrera e hijo de un maestro malagueño. El joven fue detenido inmediatamente. Nunca recibió homenajes ni reconocimientos por un gesto heroico que quedó en la iconografía de la lucha por la autonomía andaluza.

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La tensión subía. La Policía Armada atacó a los manifestantes, junto a un nutrido grupo de Fuerza Nueva, conocidos por sus acciones violentas, apostado junto a la sede de la institución provincial. La policía se desplegó por toda la ciudad.

Un total de 22 balas de 9 milímetros dejaron agujeros en la pared, y otra más, mortal, alcanzó en la axila a Manuel José García Caparrós. Murió, en un vehículo, antes de llegar a un hospital

Durante las violentas cargas, varios policías comenzaron a disparar, primero balas de goma y botes de humo y más tarde sus pistolas reglamentarias, con el resultado de dos heridos, una joven y un chico de 15 años. Un total de 22 balas de 9 milímetros dejaron agujeros en la pared, y otra más, mortal, alcanzó en la axila a Manuel José García Caparrós. Murió, en un vehículo, antes de llegar a un hospital.

Cuando el pueblo malagueño conoció la muerte del joven sindicalista, se extendieron los disturbios, que duraron varios días hasta el funeral de Manuel José García Caparrós. Propusieron a los familiares llevar el féretro por toda la ciudad hasta llegar al cementerio, y, aunque la familia lo rechazó, el entierro se convirtió en un entierro multitudinario.

(Los disturbios se extendieron a otras capitales cuando se conoció por la radio el asesinato durante las manifestaciones, como en Granada, que el gran fotoperiodista Juan Ferreras, que resultó herido aquel día, narró para El Independiente de Granada: 4-D de 1977 en Granada: una ciudad gris que exhibió orgullosa al fin la bandera andaluza, en el 40 aniversario, con imágenes exclusivas).  

Nadie ha sido juzgado por esos hechos y nadie ha cumplido condena por ello. Pese a las reiteradas peticiones de la familia, no se han desclasificado las actas de aquellos hechos

El lugar del asesinato se convirtió en un lugar de homenaje hasta que los ultras de extrema derecha a los pocos días lo derribaron.

Nadie ha sido juzgado por esos hechos y nadie ha cumplido condena por ello. Pese a las reiteradas peticiones de la familia, no se han desclasificado las actas de aquellos hechos.

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La muerte de García Caparrós ha quedado como uno de los símbolos de la lucha del pueblo andaluz por su autonomía y de la represión ejercida por el Estado franquista con Franco muerto sobre la población civil que se manifestaba pacíficamente para lograr la autonomía andaluza en el marco de la transición española.

Manuel José García Caparrós, de su carnet de sindicalista. WIKIPEDIA.ORG

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El pleno del Ayuntamiento de Málaga del 16 de noviembre de 1995 aprobó darle su nombre a una calle en su memoria.

En 2013, la Junta le nombra Hijo Predilecto de Andalucía a título póstumo

En 2013, la Junta le nombra Hijo Predilecto de Andalucía a título póstumo.

Desde 2002 hay una placa en el lugar en el que fue asesinado en la Alameda de Colón, que fue declarado Lugar de Memoria Histórica en 2017. Actualmente, presenta un estado lamentable, que avergüenza. Según recoge la Ley de Memoria, de su conservación es responsable el Ayuntamiento, gobernado por el popular Francisco de la Torre.

*Esta última parte fue publicada en El Independiente de Granada en la información titulada Moreno silencia por decreto parte de la Historia de Andalucía, que, si no tuviste la oportunidad, te invitamos a leer.