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Las etiquetas siempre hacen daño

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 7 de Febrero de 2020
Campaña 'Soy persona', de la nueva ONG GRANADÁ.
Campaña 'Soy persona', de la nueva ONG GRANADÁ.

Estamos demasiado acostumbrados a etiquetarlo todo, como si fuéramos los encargados de un hipermercado con una pistola etiquetadora que disparamos por doquier: aquel es un machista, ese es facha, este es rojo… Es como si necesitáramos catalogar a cada persona para hacernos una idea de cómo es sin tener que conocerla. Por eso, nos encanta poner nombre a todo, englobarlo en una palabra, reducirlo al máximo.

Y así, algunos compañeros de los medios de comunicación, evitando la objetividad que tanto alaban en otros momentos, se congratulan con trasladarnos noticias en las que están involucrados estos chavales y que nos ayudan a conformar una idea concreta sobre ellos: son jóvenes inmigrantes que no tienen a nadie y que se aglutinan en centros saturados donde no se les hace caso y sin demasiadas posibilidades de salir adelante

En los últimos meses nos hemos familiarizado con un término que antes no habíamos escuchado: MENA. En realidad, son las siglas correspondientes a las palabras Menores Extranjeros No Acompañados. Pero, claro, sólo con utilizar un neologismo no basta, es necesario definirlo, darle connotaciones, masticarlo para el resto de la sociedad, explicar lo que significa para que al pronunciarlo todos nos hagamos una idea de si lo condenamos o lo salvamos. Y así, algunos compañeros de los medios de comunicación, evitando la objetividad que tanto alaban en otros momentos, se congratulan con trasladarnos noticias en las que están involucrados estos chavales y que nos ayudan a conformar una idea concreta sobre ellos: son jóvenes inmigrantes que no tienen a nadie y que se aglutinan en centros saturados donde no se les hace caso y sin demasiadas posibilidades de salir adelante. Por eso, se dedican a agredir, a delinquir, a molestar al resto de los ciudadanos.

Afortunadamente no es la única imagen que parte de los medios de comunicación, pero sí desde unos cuantos de ellos. Esta misma semana he podido leer un ejemplo de ello, una noticia exenta de objetividad, totalmente parcial y escrita supuestamente por periodistas en La Verdad de Ceuta: «Un grupo de entre 45 y 50 MENAS, de los que deambulan por la zona portuaria, ha intentado esta pasada noche agredir sin motivos a unos costaleros que se disponían a ensayar en la zona». Vale que el periodista en ningún momento contraste la noticia, como se supone que dictan las buenas normas, porque cita únicamente como fuente a algún costalero, pero decir que intentaron «agredir sin motivos» es poco menos que afirmar que depende de los motivos está justificada la agresión.

La noticia, continúa con las declaraciones de alguno de estos costaleros en las que habla de que los ciudadanos se sienten «solos y desprotegidos frente a estos chavales»; es decir, que el mensaje que lanza a los lectores es que los millones de españoles estamos aterrorizados por unos grupos de unos cientos de menores extranjeros.

Y lo peor es que no es el único. De esta manera, hoy en día ya hemos etiquetado a los MENAS como menores extranjeros peligrosos, agresivos, delincuentes y marginales de los que hay que alejarse, evitar mirar a los ojos, cambiarse de acera si te cruzas con ellos.

Este chico que fue el único superviviente en un viaje en patera en el que murieron ciento cincuenta personas y que llegó a España con quince años, vive ahora en la Ciudad de los Niños de Granada y su único sueño no es robar, ni matar, ni agredir a nadie, sino «estar en paz», seguir estudiando para poder convertirse en un buen mecánico profesiona

Que se lo digan a Souleymane Conde, un chaval africano que tuvo que salir de su país con trece años para evitar las continuas matanzas de jóvenes en manifestaciones en las que luchaban por mejorar las cosas. Este chico que fue el único superviviente en un viaje en patera en el que murieron ciento cincuenta personas y que llegó a España con quince años, vive ahora en la Ciudad de los Niños de Granada y su único sueño no es robar, ni matar, ni agredir a nadie, sino «estar en paz», seguir estudiando para poder convertirse en un buen mecánico profesional. Sus ambiciones se centran en encontrar un hueco en esta sociedad que le ha acogido y a la que está muy agradecido porque sabe que le está ofreciendo oportunidades que, por desgracia, en su país no están al alcance de la población. Aunque, sinceramente, seguro que Souleymane hubiera preferido quedarse en su casa, en su país, con su familia y no tener que enfrentarse a ese terrible viaje al que dedicó dos años de su adolescencia: de los trece a los quince. Es el caso de miles de inmigrantes que llegan aquí, como muy certeramente cuenta uno de los últimos éxitos del cine español, Adú, de Salvador Calvo, aunque reconozco que me choca que pese a que los principales protagonistas son africanos, en cualquier reseña o referencia de internet o de prensa solo aparecen al final en los créditos, muy por detrás de actores españoles cuyo papel es bastante menor. Son las incongruencias en las que seguimos cayendo inconscientemente incluso aunque sea de rigor reconocer el gran trabajo de todo el elenco de esta película que explica muy bien desde distintas perspectivas el drama de la inmigración.

Y así han creado la plataforma solidaria GRANADÁ, cuya primera acción social se concreta en la campaña «Soy Persona», una serie de actividades en la Ciudad de los Niños, entre ellas una paella solidaria, con el fin de atraer a granadinos y destinar las donaciones a tratar de contrarrestar el discurso del odio contra estos menores inmigrantes solos que viven en Granada 

Afortunadamente, también hay granadinos concienciados como mi amiga María Martín Titos, gerente de Suministros Joaquín Plata, y Sergio Oya. Ambos, en una sinergia empresarial han decidido que además de generar riqueza y empleo, las compañías punteras deben comprometerse socialmente. Y así han creado la plataforma solidaria GRANADÁ, cuya primera acción social se concreta en la campaña «Soy Persona», una serie de actividades en la Ciudad de los Niños, entre ellas una paella solidaria, con el fin de atraer a granadinos y destinar las donaciones a tratar de contrarrestar el discurso del odio contra estos menores inmigrantes solos que viven en Granada y para dar a conocer el programa de alta intensidad de la Ciudad de los Niños dirigido a jóvenes que han sido tutelados por la Junta de Andalucía con edades comprendidas entre los dieciocho y los veintiún años, que aquí trabajan en acciones destinadas a su inserción social y laboral a través de una experiencia real de vida autónoma.

Son chavales como todos los demás, con un pasado tan complicado que necesitan nuestro apoyo y solidaridad, porque a falta de nacimientos en España, los inmigrantes de hoy serán los que paguen nuestras pensiones de mañana, porque los jóvenes que llegan de otros países ahora acabarán enriqueciendo la cultura del nuestro dentro de unos años. Va a llegar sí o sí, aunque de nosotros depende aprovecharnos de sus ventajas o impedirles desarrollarlas, lo cual irá en perjuicio suyo y del resto de la sociedad. De forma que si queremos construir conjuntamente solo hace falta que dejemos de ver a estos chavales como menas y los respetemos como personas.

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).