Aceite Montes de Granada
VESTIGIOS DEL GALEÓN DE FILIPINAS

La Granada que exportó frailes y oidores e importó mantones de Manila y marfiles

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 30 de Noviembre de 2025
Gabriel Pozo Felguera nos acerca, en este fabuloso reportaje lleno de curiosidades, la historia de la intensa relación entre Granada y Filipinas -y todo el Oriente- que puede que desconozcas pero que explica la probable existencia en casa de tus antepasados de objetos de aquellas lejanas tierras, como mantones, vajillas o figuras de marfil. Por el mejor cronista de Granada.
Collage con los elementos que trasegaba de ida y vuelta del Galeón de Manila.
LUIS RUIZ RODRÍGUEZ.
Collage con los elementos que trasegaba de ida y vuelta del Galeón de Manila.
  • Se calcula que unos 10.000 religiosos españoles evangelizaron y culturizaron Filipinas; de ellos, alrededor de 1.500 salieron de la provincia eclesiástica granadina

  • La mayoría de las familias pudientes guardan mantones, vajillas, cofres, abanicos y muchas imágenes de marfil de las que llegaban del Oriente en los galeones

Rara es la familia granadina de medio pelo hacia arriba o la orden religiosa que no guardan un mantón de Manila, un abanico, un joyero de nácar o una figurilla de marfil de origen filipino. O de procedencia del lejano Oriente. Arribado a España tras una larga travesía en el Galeón de Manila. Aquella línea marítima fue la primera de carácter internacional que funcionó en la Historia del mundo, entre 1565 y 1815. Fue el medio de transporte que comunicó España con su parte más alejada del imperio, Filipinas. Durante 250 años, los barcos iban cargados de colonos, militares, jueces y religiosos. Centenares de religiosos, de los que la provincia eclesiástica de Granada aportó alrededor del 15% de los 10.000 frailes que fueron y que casi ninguno regresó vivo. Los pocos santos granadinos que tenemos lo fueron por su martirio en aquel lejano Oriente. En el tornaviaje, el galeón regresaba con las bodegas abarrotadas de las artesanías típicas del Parián de Manila. También de China, Japón y Vietnam. El potente comercio granadino estuvo entre los primeros importadores de manufacturas orientales. Por eso, en Granada hay repartidos tantos productos artesanales de aquellas latitudes, especialmente mantones, marfiles y vajillas. El Galeón fue el rebisabuelo de Amazon.

La Corona organizó el primer sistema de transporte que conectaba la Península con el Oriente asiático mediante sus galeones comerciales y buques de guerra

El Océano Pacífico fue llamado el lago español durante 333 años. Desde que empezó la colonización de las islas Filipinas (1565) hasta el desastre de 1898. La Corona organizó el primer sistema de transporte que conectaba la Península con el Oriente asiático mediante sus galeones comerciales y buques de guerra. Lo hacía en dos saltos: desde Cádiz a Veracruz por el Atlántico y desde Acapulco en una nueva singladura hasta Manila. El viaje de ida y de vuelta se hacía una vez al año. En muchos casos duraba 140 días sólo la travesía del Pacífico.

La línea trasatlántica se llamaba Carrera de Indias; la pacífica, Galeón de Manila. Aquella ruta inicial colonizadora y militar se fue convirtiendo en la primera autopista de miles de millas que unía Europa con el extremo Oriente. Así lo pactaron los reyes de Portugal y España en el Tratado de Tordesillas de 1494: los portugueses darían la vuelta por Suráfrica y los españoles irían navegando hacia el Oeste. El objetivo común era acceder a las fabulosas riquezas de aquel mundo lejano, especialmente las especias de Molucas y las artesanías chinas, japonesas y filipinas.

Esquema de la ruta comercial del Galeón de Manila (Pacífico) y Carrera de Indias (Atlántico). Los barcos derrotaban próximos al Ecuador en dirección Oeste y subían a latitudes más altas en el regreso. Hacían un viaje de ida y otro de vuelta cada año.

España no se limitó a comerciar. También se empeñó en llevar su cultura y su religión. Por eso requirió a mucho personal de su administración, militares, de la justicia, colonos para explotar tierras, arquitectos para levantar ciudades y religiosos para evangelizar y enseñar a los nativos. Las órdenes religiosas levantaron la primera universidad y la primera facultad de Medicina de Asia. Todo ello centralizado en el gran mercado que se abrió en Manila; en su Parián se almacenaban objetos llegados de toda Asia para ser embarcados una vez al año en el galeón o los galeones que formaban parte de la ruta: especias, artesanías de madera, jarrones, vajillas, mucho marfil, seda cruda, mantones, biombos, pequeños muebles, mantas de Ilocos, alfombras, abanicos, diamantes, ánforas, fibras de abacá, muselinas, tafetanes, etc. Productos que se vendían en la feria de Acapulco para repartir por Nueva España y Nueva Granada y, en su mayor parte, eran transportados por tierra hasta Veracruz para ser reembarcados hacia los puertos de Sevilla y Cádiz.

Una relación intensa en la que el Reino de Granada siempre tuvo mucho que decir. De hecho, una de las primeras compañías privadas que hicieron la ruta a partir de 1847 tenían mucho capital de inversores granadinos, se llamó Compañía Real de Granada

Los galeones que regresaban a Manila iban cargados de plata americana, reales de a ocho (el dólar de la época; fue la moneda internacional durante siglos), vinagres, aceitunas, harina, alcaparras, libros, papel, tintes, instrumentos musicales, productos químicos para medicinas… En México añadían maíz, chocolate, tomate, chile, aguacate, etc. Pero sobre todo llevaban personas para colonizar y administrar aquellas tierras. Muchos militares, jueces y, sobre todo, religiosos. Fueron cinco las órdenes monacales españolas que llegaron en las primeras décadas, pero no cesaron de establecerse allí a medida que iban fundándose en España. Las últimas llegaron ya en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el imperio languidecía.

Una relación intensa en la que el Reino de Granada siempre tuvo mucho que decir. De hecho, una de las primeras compañías privadas que hicieron la ruta a partir de 1847 tenían mucho capital de inversores granadinos, se llamó Compañía Real de Granada

Aquel primer sistema de transporte duró hasta 1815 en que los revolucionarios mejicanos acabaron con la presencia colonial española y con el Galeón de Manila. Pero todavía continuó activo su sistema comercial ─hasta la pérdida de Filipinas en 1898─ mediante embarcaciones de vela o vapor más rápidas que salían de Cádiz y circunnavegaban por el Cabo de Buena Esperanza (Suráfrica) o por el Estrecho de Magallanes (Suramérica). Una relación intensa en la que el Reino de Granada siempre tuvo mucho que decir. De hecho, una de las primeras compañías privadas que hicieron la ruta a partir de 1847 tenían mucho capital de inversores granadinos, se llamó Compañía Real de Granada.

Acción de 3.000 reales de una familia granadina que armaba barcos en 1747 para comerciar con Filipinas. ARCHIVO GIMÉNEZ YANGUAS.

Oidores de Granada hacia Filipinas

No fue casual que muchos jueces salidos de Granada acabaran impartiendo justicia o gobernado las tierras de las Islas Filipinas incorporadas al imperio español en 1565. Porque Granada tenía una de las dos Reales Chancillerías (tribunales supremos) de España. Infinidad de oidores (jueces, magistrados) formados aquí acabaron haciendo carrera en los nuevos mundos incorporados al imperio de la Corona. Sobre todos los jóvenes que deseaban progresar en la judicatura o la administración ─incluso en la Iglesia─ no dudaban en embarcarse a lo desconocido. Primero solían recalar en Indias, en los virreinatos de Nueva España (México) y Nueva Granada (Perú), para desde ahí dar un salto más a Filipinas. Casi siempre con la intención de regresar, aunque sus deseos eran difíciles de cumplir en buena parte de los casos. El clima húmedo y las enfermedades tropicales mermaban mucho a la población europea.

Ese origen de tanto jurista exportado por Granada fue la base del concepto “gobernar y vivir como en Granada”, es decir, entender la administración y justicia como enseñaba el Real Acuerdo de la Chancillería granadina

Ese origen de tanto jurista exportado por Granada fue la base del concepto “gobernar y vivir como en Granada”, es decir, entender la administración y justicia como enseñaba el Real Acuerdo de la Chancillería granadina. La Audiencia de Manila fue creada en 1584, dependiente de la Audiencia de Nueva España que, en buena parte, se miraba en el espejo de la de Granada. Ya a partir de las crónicas de principios del siglo XVII es cuando empiezan a mencionarse partidas de oidores granadinos hacia Indias y Filipinas. Curiosamente, la mayoría eran jóvenes solteros, a los que luego se les menciona casados en Manila con hijas de renombradas familias de colonos militares o comerciantes.

También aquel alejado confín del imperio se convirtió en lugar de refugio de granadinos que tenían algo que ocultar

También aquel alejado confín del imperio se convirtió en lugar de refugio de granadinos que tenían algo que ocultar. Narran los Anales de Jorquera que en 1628 murió en Filipinas el hidalgo Juan Matías de la Carrera, hombre buscado por la hacienda real para ser encadenado a galeras por sus desfalcos. Consiguió hacerse militar y capitán del ejército hispanofilipino. La noticia de su muerte se conoció en Granada un año más tarde, en las boletas que trajo la marina en 1629.

Jueces que dejaron huella

Entre los muchos hombres formados en cánones y leyes en Granada y que desarrollaron carreras judiciales brillantes en Filipinas destacan dos nombres: Ciriaco González Carvajal y Juan Francisco de Anda y Salazar. El primero de ellos, Ciriaco (1745-1831) era sevillano de nacimiento y estudió cánones en la Abadía del Sacromonte (de 1760-2). Obtuvo la licenciatura en la Universidad de Granada en 1767. Tras un tiempo ejerciendo la abogacía por Andalucía, en 1777 consiguió plaza como oidor (magistrado) en la Audiencia de Manila; allí permaneció hasta 1787 en que regresó al primer tribunal de Nueva España (México). En 1798 volvió definitivamente a Madrid para ocupar altos puestos en la judicatura y ser nombrado miembro del Consejo de Indias por el rey Carlos IV, donde permaneció hasta la invasión francesa de 1808. Se le conoce por haber traído a España los sorteos de la Lotería Nacional (1812), que ya funcionaban en México durante su estancia.

Retrato del sacromontano Ciriaco González que se conserva en México y una de las participaciones del primer sorteo de Navidad, de 1812.

Por su parte, Juan Francisco de Anda y Salazar tuvo en común sus estudios en el Colegio del Sacromonte. Nació en la provincia de Álava (Subijana), de familia pudiente, y fue enviado a formarse a Granada. Aquí acabó su primera fase formativa en 1756. Pronto se puso al servicio de su tío Simón de Anda y Salazar (1709-76), que ocupaba el cargo de capitán general de Filipinas y presidente de su Audiencia. Se fue con él en su segundo mandato de 1770-6 para desempeñar un puesto de oidor en Manila.

Uno de los jefes tribales filipinos regaló el paquidermo al tío gobernador, Simón. Pensaron que el mejor destino del animal era enviarlo al rey Carlos III para que engrosara la colección de animales exóticos que había empezado a formar años atrás la reina Isabel de Farnesio, origen del primer zoo de España

Juan Francisco no dejó demasiada huella como juez ni administrador en aquellas lejanas posesiones filipinas, pero sí por una de las más curiosas anécdotas: fue el encargado de traer un elefante asiático a Madrid. Uno de los jefes tribales filipinos regaló el paquidermo al tío gobernador, Simón. Pensaron que el mejor destino del animal era enviarlo al rey Carlos III para que engrosara la colección de animales exóticos que había empezado a formar años atrás la reina Isabel de Farnesio, origen del primer zoo de España. El 23 de enero de 1773 fue habilitada una jaula para embarcarlo hasta Acapulco; llegó vivo tras tres largos meses de travesía. Recorrió a pata los casi 700 kilómetros hasta Veracruz, en la costa atlántica. Ahí volvió a embarcar, esa vez en la fragata Venus de la Armada; el buque arribó al puerto de Cádiz el 21 de julio de 1773. Fue, sin duda, uno de los transportes más rápidos efectuados entre Manila y España en aquel siglo.

El elefante fue llevado andando por el camino de Andalucía hasta Aranjuez (580 kilómetros), donde se encontraba la familia real

El elefante fue llevado andando por el camino de Andalucía hasta Aranjuez (580 kilómetros), donde se encontraba la familia real. Más tarde lo acercaron al monasterio de Casarrubias del Monte (Toledo) a que lo viera la hija del gobernador de Filipinas (que era monja), pasó por Madrid y El Escorial, para acabar de nuevo en Aranjuez. El animal sobrevivió relativamente poco, hasta 1777. Traer aquel capricho desde Filipinas fue todo un desafío, por su complicado viaje y la alimentación especial. Era un animal que tenía unos cinco años y medio al salir de Manila, presentaba aserradas las puntas de los colmillos; pesaba más de 4.000 kilos. Vino acompañado de un grupo de filipinos para controlarlo. Toda la operación costó nada menos que 32.576 reales (una millonada para entonces). Tras su muerte, fue disecado y se puede ver en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

El elefante, disecado, se encuentra expuesto en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

Hubo otros juristas granadinos que trabajaron en la Audiencia de Manila y merece la pena recordar. Esteban de la Fuente y Alanís (Motril, 1635). Estudió con una beca en el Colegio de Santa Cruz y Santa Catalina y recibió el título de licenciado por la UGR en 1653. Fue fiscal en Filipinas entre 1679 y 1687 en que regresó a la audiencia de México.

Llegó como oidor a la audiencia de Manila en 1672, como consultor del Santo Oficio. Muy joven, a los 44 años, tuvo enfrentamientos con el arzobispo de la colonia y cayó enfermo. Pidió la jubilación. Fue suspendido y encarcelado. Falleció en 1687

Diego Calderón Serrano nació en Granada en 1640. Estudió en el Colegio de San Bartolomé y Santiago (1656), después marchó a licenciarse en leyes en Sevilla (1663). Llegó como oidor a la audiencia de Manila en 1672, como consultor del Santo Oficio. Muy joven, a los 44 años, tuvo enfrentamientos con el arzobispo de la colonia y cayó enfermo. Pidió la jubilación. Fue suspendido y encarcelado. Falleció en 1687.

10.000 religiosos, el 15% de Granada

Uno de los principales objetivos de las colonizaciones de Carlos V y de Felipe II era llevar la cultura y religión a los territorios sumados al imperio español. La incorporación de aquellas lejanas tierras del Sureste asiático ya había sido deseada desde el momento en que regresó la expedición de Magallanes-Elcano (1522) dando cuenta de sus posibilidades, principalmente económicas. [Recordemos que el único barco que regresó, cargado de especias, sirvió para pagar los gastos de toda la expedición].

El viaje no podía hacerse por la ruta portuguesa bordeando África por el tratado de Tordesillas; pero se intentó repetidamente a partir de 1522 partiendo de las costas atlánticas de Nueva España (México), a través de lo que se llamaba el lago español

El viaje no podía hacerse por la ruta portuguesa bordeando África por el tratado de Tordesillas; pero se intentó repetidamente a partir de 1522 partiendo de las costas atlánticas de Nueva España (México), a través de lo que se llamaba el lago español. Era fácil navegar desde México a Filipinas con los vientos alisios a favor que soplan en la franja próxima al Ecuador; en sólo dos meses se navegaban unas 8.000 millas con naves que apenas medían 30 metros de eslora. Pero resultaba imposible hacerlo a vela en sentido contrario, lo que se llama el tornaviaje.

Eso no fue posible hasta que la expedición de Andrés Urdaneta (1564-65) descubrió que se podía hacer bogando hacia el Norte, al mar de Japón, para emproar a Norteamérica y después bordear la costa de California. Las corrientes en este caso iban a su favor. Así fue cómo se abrió la ruta comercial internacional entre Filipinas y México y, desde aquí, en un segundo salto hasta España.

Esquema de un Galeón de Manila de los que hacían la ruta a principios del XVII, con casi 300 toneladas de carga. Los últimos crecieron hasta cargar 2.000 tms. AGS.

Andrés de Urdaneta no sólo era marino, militar, cosmógrafo y explorador. También era religioso agustino. Por eso fue la comunidad agustina la que primero llegó a predicar y establecerse en Filipinas por esta nueva ruta. En los siguientes años y décadas les siguieron la mayoría de las órdenes religiosas españolas

Andrés de Urdaneta no sólo era marino, militar, cosmógrafo y explorador. También era religioso agustino. Por eso fue la comunidad agustina la que primero llegó a predicar y establecerse en Filipinas por esta nueva ruta. En los siguientes años y décadas les siguieron la mayoría de las órdenes religiosas españolas. Se calcula que durante los 250 años de vigencia del Galeón de Manila fueron alrededor de 10.000 religiosos españoles los que salieron de España para fundar y predicar en tierras del archipiélago y países del lejano Oriente. De ellos, aproximadamente el 15% procedían de la provincia eclesiástica de Granada. Y de esos diez millares, casi 3.000 fueron agustinos. Por fechas, desde Granada empezaron a salir hacia Manila expediciones de frailes en cuanto les reclamaron los agustinos de Urdaneta en 1565. Los siguientes monjes en seguirles fueron los franciscanos, con un primer envío en 1578; siguieron los jesuitas en 1581; y los agustinos recoletos, en 1606.  

Todos ellos, además de evangelizar, desarrollaron una importantísima labor en el terreno de la educación; fueron los dominicos y los jesuitas los más osados en levantar colegios e incluso la primera universidad de Asia

Todos ellos, además de evangelizar, desarrollaron una importantísima labor en el terreno de la educación; fueron los dominicos y los jesuitas los más osados en levantar colegios e incluso la primera universidad de Asia. No sólo fueron españoles y reclamaron a más paisanos, sino que con el tiempo también procuraron enviar nativos filipinos a España a formarse y apoyarse en ellos en su proceso evangelizador de indígenas. Al respecto, fue muy ilustrativo el caso de la Cátedra de Taquigrafía del Colegio Sacromonte; más de la mitad de sus titulados acabaron trabajando en Filipinas o incluso hubo alumnos de allí que vinieron a formarse en la Abadía de Valparaíso.

Andrés de Urdaneta no sólo era marino, militar, cosmógrafo y explorador. También era religioso agustino. Por eso fue la comunidad agustina la que primero llegó a predicar y establecerse en Filipinas por esta nueva ruta

La profesora e investigadora Ana Ruiz Gutiérrez[i] da cifras concretas de aquellas primeras implantaciones de predicadores de los primeros 250 años: 7.865 religiosos (2.820 agustinos, 2.694 franciscanos, 2.318 dominicos, 1.623 recoletos de San Agustín y 718 jesuitas). Después se les irían añadiendo otros (los paúles, capuchinos y benedictinos en el siglo XIX) … y otras, como fue el caso de la primera comunidad femenina, las clarisas, que llegaron de la mano de Sor Jerónima de la Asunción (retratada por Diego Velázquez en Sevilla mientras esperaba embarcar en 1620).

Sor Jerónima de la Fuente, primera monja que subió al Galeón de Manila para fundar un convento, cuando ya tenía 65 años, en 1620. Retratada por Velázquez. MUSEO DEL PRADO.

Los hospitalarios de la Orden de San Juan Dios quisieron sumarse ya desde 1611, prácticamente todos con origen en la casa madre de Granada, pero diversos problemas fueron retrasando la llegada de los juaninos a Filipinas hasta 1641. Fue la comunidad que llevó un revolucionario modelo de atención sanitaria, mezclado con lo espiritual, pues por entonces la medicina se limitaba a la curandería local y aplicación de hierbas al estilo chino.

La llegada de un galeno era muy aplaudida y bien remunerada, pero los médicos de Granada no mostraron especiales preferencias por trabajar en aquellos confines del imperio

La primera universidad fundada en Manila fue la de Santo Tomás (1611), por iniciativa de los frailes dominicos. La falta de médicos españoles fue una de las mayores penurias y reclamos de los colonos que se iban estableciendo allí, sobre todo porque aquel clima tan húmedo causaba muchas enfermedades a los europeos. La llegada de un galeno era muy aplaudida y bien remunerada, pero los médicos de Granada no mostraron especiales preferencias por trabajar en aquellos confines del imperio. La primera facultad de Medicina de Filipinas tuvo que esperar hasta 1881 a que la fundaran los españoles.

Conocemos una larga lista de religiosos que partieron desde Granada, en su mayoría dominicos, que acabarían sus vidas como predicadores en el Sureste asiáticos. Unos martirizados, otros se quedaron para siempre y alguno consiguió regresar

Bastantes de aquellos religiosos granadinos no se contentaron con evangelizar tierras filipinas, después fueron extendiéndose por China, Vietnam, Japón, Camboya, etc.

Conocemos una larga lista de religiosos que partieron desde Granada, en su mayoría dominicos, que acabarían sus vidas como predicadores en el Sureste asiáticos. Unos martirizados, otros se quedaron para siempre y alguno consiguió regresar. Uno de los de mayor rango fue el dominico Baltasar de Santa Cruz (nacido en 1627). Fue rector de la universidad de Santo Tomás de Manila y jefe provincial del departamento de Rosario. Antes había estado cinco años en México (1655-60). Murió a los 71 años al frente de la vicaría Binondo.

Pedro Bernardo Murillo Velarde (Laujar, 1696), estudió en el colegio imperial de San Miguel, frente a la Catedral de Granada (1711) para irse a Manila en 1723. Era de la comunidad jesuita. Allí fue procurador general. En 1751 regresó a Roma, Barcelona, Granada y de nuevo al Puerto de Santa María para volver a Manila. Pero en Cádiz le sorprendió la muerte, en 1773.

De muy niño sus padres se mudaron a Granada. Profesó en Guadix como dominico. Viajó a México en 1786 y decidió saltar a Manila para acabar sus estudios y ordenarse sacerdote. Predicó en la provincia de Tonkin a partir de 1790. Los chinos mandarines lo decapitaron en 1838

Otro dominico más, Fray José de la Cruz y Moya (Guadix, 1708). Estudió en Granada pero profesó en el convento de Santo Domingo de Osuna en 1725. En 1730 se embarcó hacia Filipinas; allí estuvo moviéndose por el archipiélago y por la costa de China. Fue profesor en su universidad y fundó varios pueblos. Hasta que en 1753 regresó a México, donde falleció en 1761.

Cierro el listado con Santo Domingo de Henares (Baena, 1765). De muy niño sus padres se mudaron a Granada. Profesó en Guadix como dominico. Viajó a México en 1786 y decidió saltar a Manila para acabar sus estudios y ordenarse sacerdote. Predicó en la provincia de Tonkin a partir de 1790. Los chinos mandarines lo decapitaron en 1838.

El caso de dos santos muy granadinos

Hacer el trayecto desde España a Filipinas, o viceversa, atravesando el Atlántico en buques de la Carrera de Indias y en el Galeón de Manila no resultaba tan fácil y rápido como le ocurrió al elefante de Carlos III, que hizo el trayecto en sólo siete meses. Lo habitual es que se tardara el doble por lo menos, mediando infinidad de penalidades por aguas y caminos terrestres.

Parece mentira que llegaran intactas tantas piezas delicadas o vivas tantas personas con tanto trajín y peligros. Aunque tampoco sabemos la cantidad de vasijas que se perdieron en esos caminos. Sí, los miles de muertos en las travesías

Las peripecias del viaje las contaron muy bien los frailes dominicos granadinos San Juan Alcover y San Francisco Serrano. Para empezar, no era tan fácil conseguir plaza en aquella línea de transporte de propiedad real; era imprescindible cumplir muchos requisitos para embarcarse. Luego había que esperar la oportunidad de la climatología, porque sólo se hacía un viaje de ida y otro de vuelta al año; si amenazaban huracanes/tifones o no se llegaba a tiempo, había que posponer la marcha un año completo. Para enlazar la línea marítima del Atlántico con la del Pacífico había que recorrer andando aproximadamente los 700 kilómetros que separan por camino las ciudades del “estrecho” de México, desde Veracruz hasta Acapulco. Y eso había que hacerlo andando o sobre semovientes. Parece mentira que llegaran intactas tantas piezas delicadas o vivas tantas personas con tanto trajín y peligros. Aunque tampoco sabemos la cantidad de vasijas que se perdieron en esos caminos. Sí, los miles de muertos en las travesías.

Sí conocemos con exactitud lo ocurrido a le expedición dominica que salió de Granada en 1725 para cristianizar a las gentes del Sureste asiático, no sólo de Filipinas

Sí conocemos con exactitud lo ocurrido a la expedición dominica que salió de Granada en 1725 para cristianizar a las gentes del Sureste asiático, no sólo de Filipinas. Los dos más conocidos eran los mencionados: Juan Alcover nació el 25 de diciembre en la calle Trujillas (actual Padre Alcover), parroquia de las Angustias. Su padre, casado en segundas nupcias, se fue a vivir al Realejo. En el vecino colegio de Santa Cruz la Real se formó y profesó como novicio dominico con sólo quince años.

Formarían parte de un numeroso grupo de dominicos que iban a reforzar a los compañeros que salieron años anteriores y nunca regresaron. Como bien conocían ellos que les podría ocurrir

A Santa Cruz la Real llegó en 1713 un muchacho de Huéneja llamado Francisco Serrano de Frías, había nacido el 6 de diciembre de 1695. Se hicieron compañeros de convento y de predicación. El primer intento de ambos de viajar a Filipinas y China en misión evangelizadora ocurrió en 1719. Se fueron a Cádiz en busca de transporte para saltar a Nueva España y después al archipiélago filipino. Formarían parte de un numeroso grupo de dominicos que iban a reforzar a los compañeros que salieron años anteriores y nunca regresaron. Como bien conocían ellos que les podría ocurrir.

Talla en madera de San Juan de Alcover que se guarda en una capilla de la iglesia de Santo Domingo de Granada, esculpida en los años cincuenta del siglo pasado.
Talla de San Francisco Serrano, durante la procesión en Huéneja. Es de características similares a la del Padre Alcover.

El primer contratiempo hizo que ardiera una de las embarcaciones y muriesen, entre otros, cuatro de los misioneros granadinos. Con ellos, el que hacía de jefe de la delegación. Fue elegido Juan Alcover como nuevo jefe de expedición

Pero hubieron de regresar a Granada por la repentina prohibición de que los galeones reales transportaran a más religiosos. Esperaron haciendo trabajos pastorales en Murcia y Granada hasta que les llegó la nueva oportunidad en una ventana abierta en naos de la carrera de indias en 1725. Embarcaron un grupo de 44 frailes dominicos repartidos entre los 5 barcos que partieron de Cádiz el 13 de junio de 1725. El primer contratiempo hizo que ardiera una de las embarcaciones y muriesen, entre otros, cuatro de los misioneros granadinos. Con ellos, el que hacía de jefe de la delegación. Fue elegido Juan Alcover como nuevo jefe de expedición.

La dura travesía los llevó enfermos y exhaustos a su convento de México. Allí tuvieron que esperar bastantes meses, sin que se diera ninguna deserción como solía ser habitual.

La dura travesía los llevó enfermos y exhaustos a su convento de México. Allí tuvieron que esperar bastantes meses, sin que se diera ninguna deserción como solía ser habitual. No fue hasta bien entrado 1727, concretamente el 5 de abril, cuando consiguieron subir a bordo en el galeón que partía desde Acapulco en dirección a Manila. Salieron 40 dominicos. Contaron que el viaje fue terrible por el Pacífico, de su calificativo no tenía nada. Tardaron en llegar 140 días. Sólo había fallecido uno de los dominicos en la segunda navegación.

Juan Alcover consiguió evangelizar a chinos hasta que fue apresado en 1746, encarcelado y ahorcado en 1748. Francisco Serrano tuvo similar suerte

A partir de su llegada a Filipinas, algunos se repartieron por las islas de este archipiélago. Pero la mayoría continuaron camino hacia China, Japón, Vietnam, etc. Juan Alcover consiguió evangelizar a chinos hasta que fue apresado en 1746, encarcelado y ahorcado en 1748. Francisco Serrano tuvo similar suerte; había sido nombrado obispo de Fochen, detenido, martirizado y ejecutado el mismo año. Los dos fueron beatificados en 1893 y canonizados el año 2000 por el papa Juan Pablo II. Son los dos primeros santos netamente granadinos del santoral católico.

Mucho comercio y envíos de religiosos

Los 333 años que Filipinas estuvo bajo la administración del imperio español (desde 1565 a 1898) dieron para que 110 galeones hicieran muchas travesías y transportaran a miles de personas y millones de kilos de mercancías. Los galeones cada vez eran de mayor tamaño para aumentar la carga lo máximo que permitía por entonces la tecnología de los astilleros. Se empezó con embarcaciones de 300 toneladas y se llegaron a superar ampliamente las 2.000. Los barcos más grandes cargaban hasta mil pasajeros. No siempre la expedición era de un solo buque, ya que hubo algunos viajes de hasta cuatro embarcaciones. Aquel primer sistema internacional y regular de transporte sufrió pocos apresamientos de piratas (sólo 4 no llegaron a destino), aunque sí hubo algunas pérdidas más por cuestiones naturales. Se perdieron solamente el 1,1% de las expediciones entre 1565 en que comenzó y 1815 en que dejó de funcionar el Galeón de Manila por las insurrecciones mejicanas contra los españoles.

En 1785 nació la más potente: la Real Compañía de Filipinas de carácter privado y con sede en Cádiz. Su objetivo era hacer el mismo recorrido que la suma de los buques de la Carrera de Indias y el Galeón de Manila

Antes de esa fecha, ya estaba funcionando la Compañía de San Fernando y Granada (1747) y más tarde, en 1785, nació la más potente: la Real Compañía de Filipinas de carácter privado y con sede en Cádiz. Su objetivo era hacer el mismo recorrido que la suma de los buques de la Carrera de Indias y el Galeón de Manila. Pero en su caso lo hacía con barcos más rápidos circunvalando América por el Estrecho de Magallanes o en dirección opuesta por el Cabo de Buena Esperanza. Aquella empresa estuvo funcionando hasta el año 1834.

En suma, el tráfico de personas y mercancías con Filipinas ya no se interrumpió nunca, al menos hasta 1898 con la independencia de las colonias filipinas. Aquel tráfico tan intenso hizo que se estableciera una relación personal, militar, administrativa y comercial que ha dejado mucha huella en España. Y especialmente en Granada debido al elevado número de religiosos y juristas que envió y el retorno comercial que reportaban. Téngase en cuenta que Granada fue importantísimo polo comercial de todo el Oriente andaluz y tierras de Murcia.

El rey mantón de Manila

El mantón de Manila es, con mucha diferencia, el rey de todas las manufacturas importadas de Filipinas a través de su famoso galeón y la ruta comercial que abrió por medio mundo. Aunque en realidad de Manila sólo tenía el nombre, porque esas prendas de vestir de seda procedían de la China. Pero se quedaron con ese nombre por ser su mercado el punto en que se cargaban para repartirse por América y Europa.

Una mantilla no faltaba en prácticamente ninguna casa de clase media hacia arriba, aunque se tratara de imitaciones que la industria textil empezó a fabricar pronto

El mantón fue una prenda muy utilizada en las principales ciudades andaluzas y en Madrid. Especialmente en épocas de calor. Una mantilla no faltaba en prácticamente ninguna casa de clase media hacia arriba, aunque se tratara de imitaciones que la industria textil empezó a fabricar pronto. Hay mantones de Manila para todos los gustos, de todas las calidades, tamaños y coloridos. Su historia está muy asociada a los ambientes de toros, espectáculos en general, tablaos flamencos e incluso la prostitución de lujo.

Emilia Llanos, la amiga de García Lorca, retratada en 1924 con un mantón de Manila al lado del vaso de las gacelas en la Alhambra.
Joven de visita en el Sacromonte, hacia 1910, preparada con su mantón. AHMGR.
George Apperley retrató a varias modelos granadinas vestidas con mantón de Manila y abanicos chinos. También a más de una maja desnuda sobre el mantón.

Era muy común que en las tres plazas de toros que tuvo Granada se concentraran cientos de mujeres las tardes de Corpus ataviadas con sus mantones. Y que los colgaran en las barreras para adornar el espectáculo

Era muy común que en las tres plazas de toros que tuvo Granada se concentraran cientos de mujeres las tardes de Corpus ataviadas con sus mantones. Y que los colgaran en las barreras para adornar el espectáculo. Fueron famosos algunos casos en que incluso alguna dama entusiasmada con el diestro se lo arrojó al matador. Esto ocurrió a El Banana en 1922, que se lo puso como capote para dar la vuelta al ruedo y acabó entablando relaciones con la moza que se lo tiró.

También el Corpus era el momento de lucirlo; en los balcones durante la procesión, los paseos de carrozas y de colgar los mejores de cada barrio en torno a las Cruces de mayo. Y qué me dicen de los famosos festivales en el palacio de Carlos V, que precedieron al actual Festival de Música y Danza. Hasta los años setenta era habitual ver señoras en los conciertos enfundadas en sus mantones de Manila. Y los balconcillos del Teatro Cervantes con mantones colgando durante las representaciones. Incluso a la entonces Princesa Sofía le prestaron uno en su primera asistencia al nocturno alhambreño. También la Duquesa de Alba era habitual usuaria del mantón en sus visitas veraniegas a Granada.

Coloridos carteles de toros de Granada y del Corpus, del primer tercio del siglo XX, en los que la mujer vestida de mantón y mantilla de Manila era protagonista principal. AHMGR.

No hubo bailaora de postín que no utilizara un buen mantón de Manila para adornarse. Tampoco lo despreciaron algunos bailaores de la talla de Miguel de Molina o Antonio.

Mantón del artista malagueño Miguel de Molina que se expone estos días en el Hospital de San Juan de Dios.

Era de los pocos establecimientos que permanecían abiertos de madrugada.  Algunos mozos les tomaron la hora y hacían guardia por las esquinas para hacerse los encontradizos y ver cacho. Es decir, a lo sumo los hombros y las pantorrillas descubiertas

Me contaba hace mucho una famosa madame granadina ─ya marchita por la vida─ que en su juventud tenía una buena colección de mantones de Manila, de un par de docenas. Regentaba un prostíbulo de alcurnia. Decía que sus pupilas sólo se presentaban ante sus clientes vestidas con lo imprescindible y tapadas sólo por un mantón. Por lo visto esa presentación era sumamente enervadora para su clientela. Era ya por tiempos de la libertad de la II República cuando aquellas mozas, envueltas sólo en sus mantones en las calurosas madrugadas del verano, salían a tomar churros con chocolate al Café Fútbol. Era de los pocos establecimientos que permanecían abiertos de madrugada.  Algunos mozos les tomaron la hora y hacían guardia por las esquinas para hacerse los encontradizos y ver cacho. Es decir, a lo sumo los hombros y las pantorrillas descubiertas. Hasta que llegó el día en que la esposa del dueño de la cafetería decidió eliminar el horario de apertura nocturna. Se acabó el paseíllo de los mantones de Manila y las putas luciéndolos en la madrugada.

Antonia “La Gallega”, retratada por Ramón Carazo en 1911. MUSEO REINA SOFÍA.
El imaginario de los pintores de principios del XX solía reflejar a jóvenes mujeres sólo vestidas con ropa interior y un mantón de Manila. AHMGR.
Fotografía de la cupletista Floriana (1920), vestida solamente con un mantón.

La principal casa comercial de Granada que estaba especializada en productos de Manila era Valdivia, en la Cuesta de Gomérez. Existió hasta bien entrado el siglo XX. Tenía una relación muy directa con proveedores sevillanos que controlaban casi en régimen de exclusividad las descargas procedentes de Manila, Méjico y Perú. Después le siguieron las tiendas de Cándido Puerto y Feliciano Foronda.

Anuncio (1924) de la Casa de Emilio Valdivia que estaba especializada en importación de mantones de Manila. Los tenía de hasta 10.000 pesetas (ocho veces el sueldo anual de un maestro de escuela). GRANADA GRÁFICA.

En Granada fueron muy famosas las colecciones de mantones y cerámicas chinas que atesoraron varias familias pudientes

En Granada fueron muy famosas las colecciones de mantones y cerámicas chinas que atesoraron varias familias pudientes. La primera, la de María de Zayas (ver: El testamento quebrantado de la mujer más rica de Granada: María de Zayas). También la de los Dávila Ponce de León en su casa del Cuarto Real del Santo Domingo. La de los Rodríguez-Acosta la continuó el pintor Miguel, parte de la cual es la que se conserva en la Fundación Rodríguez-Acosta. En los años ochenta ya habían dejado de utilizarse los mantones de Manila en los festejos de Granada; fue cuando empezaron a desaparecer por venta en el mercado madrileño de chulapas, que sí continúan utilizándolo en la Feria de San Isidro. O los guardan en los baúles.

Lujosos mantones que tienen incrustaciones de nácar o marfil en las figuras.

Cuentan que uno de los mantones de Manila más espectaculares de Granada (y de España) estaba en la colección de Huberto Meersman en su museo del Carmen de los Mártires

Cuentan que uno de los mantones de Manila más espectaculares de Granada (y de España) estaba en la colección de Huberto Meersman en su museo del Carmen de los Mártires. Al vender el palacio y la finca al Duque del Infantado, también entraron en el lote todos aquellos mantones. El más valioso y llamativo lo recibió en herencia Sor Cristina de la Cruz Arteaga, priora de las monjas jerónimas. Ésta lo habría regalado al arquitecto y coleccionista Antonio Dalmases por la ayuda desinteresada que siempre prestó a las monjas. A su vez, Dalmases lo regaló a su ahijada de la pastelería López Mezquita (María Teresa), de la calle Reyes Católicos. Las caras de las muchachas bordadas en la pieza están hechas en miniaturas de porcelana china.

Cuadro de J. M. Rodríguez-Acosta titulado “Andaluzas (1913)” y el mantón real que utilizó para cubrir a la modelo. En la ampliación de arriba se ven las caras de las figuras humanas, que son incrustaciones de nácar. Este mantón pertenece en la actualidad a una colección particular.

Aquel imperio del mantón de Manila de las pudientes granadinas de los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX enamoró a todos los pintores costumbristas de Granada

Aquel imperio del mantón de Manila de las pudientes granadinas de los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX enamoró a todos los pintores costumbristas de Granada. Dejaron magníficas estampas de esta etnografía que estoy narrando. [Pueden ver una exposición de 64 de estos cuadros en el Hospital de San Juan de Dios, con el título Mantones y mantillas en la pintura granadina. La mayoría de las piezas pertenecen a la Colección Ajsaris].

Pinturas de mujeres con mantones de Manila, abanicos de nácar y sus fundas, en la exposición del Hospital de San Juan de Dios.

El arte relacionado con el marfil y las telas es el segundo en abundancia entre los suvenires embarcados en el galeón de Manila hacia Granada. Muchas familias conservan platos, arquetas, abanicos, bastones, vasos, jícaras, kimonos de aquellas tierras

El arte relacionado con el marfil y las telas es el segundo en abundancia entre los suvenires embarcados en el galeón de Manila hacia Granada. Muchas familias conservan platos, arquetas, abanicos, bastones, vasos, jícaras, kimonos de aquellas tierras. Pero son sin duda las instituciones religiosas o museos las que los muestran a las visitas. Repasemos los principales:

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios es la comunidad religiosa que mayor número de piezas artísticas ha conservado de las que llegaron de Filipinas, China y Japón. También la mayoría fueron recibidas en la primera mitad del siglo XVIII como aportación a la basílica que estaba en construcción. Hoy las tienen repartidas entre el Museo de la Casa dos Tiros y su iglesia.

También se puede ver un abanico de 22 centímetros de varilla tallado sobre nácar, así como una caja para guardarlo

Las principales piezas de su colección de marfiles son Una escena oriental en un jardín, de la dinastía Qing, se representa un paisaje cerrado con vallas con cazadores; otro marfil de 12x18 centímetros que representa una Batalla de los mongoles, en un medio relieve, dos ejércitos uno frente a otro; un pequeño estuche para portar documentos que lleva una escena de Buda; un estuche para guardar un juego de piezas de nácar que describe una escena urbana oriental. También se puede ver un abanico de 22 centímetros de varilla tallado sobre nácar, así como una caja para guardarlo.

En la Basílica de la Orden hay un Crucificado de marfil que alcanza el metro de altura contando la cruz de madera

Entre las piezas más espectaculares podemos ver varias tallas hechas a partir de enormes colmillos de elefantes, datadas en el siglo XVII: un Niño Jesús Bendiciendo (49 centímetros de alto; una Santa Rosa de Lima (57); un Niño Jesús dormido (22) … En la Basílica de la Orden hay un Crucificado de marfil que alcanza el metro de altura contando la cruz de madera.

Quizás entre las piezas más curiosas atesoradas en la Basílica sea la pareja de leoncitos dorados, llegados a Granada en 1685

Quizás entre las piezas más curiosas atesoradas en la Basílica sea la pareja de leoncitos dorados, llegados a Granada en 1685. Son los llamados Leones de Fu, encargados de la vigilancia y defensa de la mitología china; son animales híbridos, mezcla de varios, hechos de conchas. También se les colocaba en los hogares para atraer la riqueza.

En antecamarín del Santo hay colocados dos tibores, enormes jarrones, que llegaron en 1746 a través del galeón de Manila. Están decorados con motivos antropomorfos en porcelana, a base de peonías. Varios tibores más están en la sacristía.

Bajorrelieves de batallas y escenas de jardín tallados en planchas de marfil. CASA DE LOS PISA.
Leoncillos de conchas en la Basílica de San Juan de Dios, S. XVIII. ARCHIVO CASA DE LOS PISA.
Abanico de láminas de nácar, siglo XIX. ARCHIVO CASA DE LOS PISA.
Altar y cajonera. CASA DE LOS PISA.
Santa Rosa de Lima, un niño sobre peana y una Virgen con Niño. Todas las figuras tienen la forma curvada de los colmillos de elefante. CASA DE LOS PISA.
Pequeño Jesusito de marfil. CASA DE LOS PISA.

En el Instituto Gómez-Moreno, dentro de esta Fundación, también se cuenta con platos y botellas acampanadas de sake del siglo XIX, en este caso fabricados en Japón. Son destacables varios grabados xilográficos policromados

La Fundación Rodríguez-Acosta conserva varios objetos que atesoró la familia de banqueros más importantes de Granada. Los más antiguos son unas botellas de guardar rapé hechas a finales del XVII en China. Están decoradas con paisajes. Una arqueta-joyero con apliques metálicos; una botella doble del siglo XVIII, de cuerpo circular; un jarrón de cuello estilizado y profusamente coloreado de peonías; un ánfora esmaltada en azul; un plato de porcelana del XVIII decorado con la imagen del dios de la guerra Guandi. La colección también tiene varios platos del XVII decorados con óxidos metálicos en porcelana, una jícara, un cuenco, etc. En el Instituto Gómez-Moreno, dentro de esta Fundación, también se cuenta con platos y botellas acampanadas de sake del siglo XIX, en este caso fabricados en Japón. Son destacables varios grabados xilográficos policromados.

Recipientes de la colección Rodríguez-Acosta. El buda pertenece a la Basílica de San Juan de Dios.

En el Museo Arqueológico tienen en propiedad dos armas japonesas. Son una katana del XVII, de 97 centímetros de hoja, con empuñadora de piel de raya. En la parte alta presenta unas filigranas de tipo vegetal. Otra pieza es una wakizshi, el arma compañera de la katana de menor tamaño. Sus fundas van profusamente decoradas.

La segunda es un San Francisco de Asís de 34 centímetros, también policromado en el principio; sujeta en su mano derecha un Crucificado

El Convento de Capuchinas de San Antón ha conseguido preservar dos preciosas piezas de marfil del XVIII. Una es una Virgen del Pilar sobre su columna, de 40 centímetros de alta, con corona de plata. Da la sensación de que sus rasgos faciales son de una mujer oriental. Estuvo policromada en origen, en su parte frontal. La segunda es un San Francisco de Asís de 34 centímetros, también policromado en el principio; sujeta en su mano derecha un Crucificado.

Las imágenes laterales son del Convento de Capuchinas; el cristo del centro, de San Juan de Dios.

Es una especie de pequeño bargueño con varios cajones y una tapa que se baja y hace de atril para escribir o leer. Su decoración es a base de motivos vegetales y con cervatillos. Tiene incrustadas pequeñas piezas de nácar

La Abadía del Sacromonte tiene dos piezas únicas de mediados del siglo XVII, ambas procedentes de Japón. Los turistas japoneses se interesan mucho por ellas porque en su país quedan muy pocas de esta categoría. La primera es un escritorio de mesa (44x65x38 centímetros) llamado Nambán. Es una especie de pequeño bargueño con varios cajones y una tapa que se baja y hace de atril para escribir o leer. Su decoración es a base de motivos vegetales y con cervatillos. Tiene incrustadas pequeñas piezas de nácar.

La otra pieza sacromontana es un biombo filipino del XVIII, confeccionado con madera, raso y lino, adornado con mitología oriental.

Bargueño Nambán, japonés del siglo XVII, de la Abadía del Sacromonte.
Biombo del XVIII, Abadía del Sacromonte.

La Capilla Real no iba a ser menos. Tiene una preciosa arqueta-relicario japonesa del siglo XVII. Es de pequeñas dimensiones, tapa curvada. Se constata que fue comprada en 1633 para los nuevos armarios relicarios, procedente de la colección de un presidente de la Real Chancillería.

Relicario de la Capilla Real, siglo XVII.

En colecciones particulares ─no abiertas al público─ se conserva un número importante, aunque indeterminado, de piezas artísticas que llegaron a Granada entre los siglos XVII y XIX a bordo del galeón de Manila o de la Compañía de Filipinas posteriormente. La mayoría fueron comprados por antepasados bien situados económicamente; algunas otras piezas proceden de ventas de instituciones religiosas directamente o tras las desamortizaciones y cierres de conventos en la primera mitad del siglo XIX. Hay enormes tibores (de 1,5 metros de altura, vajillas, discos Bi de jade, etc.).

Dos enormes tibores, parte de una bajilla y disco mortuorio, de una colección particular granadina.

Tres curiosidades finales sobre las relaciones de Granada con Filipinas en el pasado. La primera se refiere al arzobispo nombrado y no posesionado que tuvo esta diócesis. El asunto fue así de fácil: Basilio Sancho de Santa Justa y Rufina (nacido en Villanueva del Rebollar de la Sierra, 1728) ocupaba el cargo de obispo de la diócesis de Manila entre 1766 y 1787. Este último año fue promovido para hacerse cargo del Arzobispado de Granada. Pero con las comunicaciones tan lentas de entonces, el nombramiento le llegó cuando ya había fallecido. Obviamente, no pudo tomar posesión en Granada. El Vaticano debía estar empeñado en traerse a un obispo de muy lejos, llegado en los galeones de Indias, ya que echó mano para sustituirlo de Juan Manuel Moscoso y Peralta. Era el obispo de Cuzco (Perú). Son los dos únicos obispos que ha tenido Granada que ejercieron antes en continentes lejanos. El otro de origen extranjero fue Agustín de Spínola (Génova), 1627-30.

El alcalde del crimen que ordenó ejecutar a Mariana Pineda acabó desterrado en Filipinas, aunque sobrevivió y volvió para morir en Roma 

La segunda afectó a Ramón Pedrosa, el alcalde del crimen que ordenó ejecutar a Mariana Pineda. Acabó desterrado en Filipinas, aunque sobrevivió y volvió para morir en Roma (Ver: El castigo divino para el juez 'verdugo' de Mariana Pineda)

En Manila nació el alcalde filipino Juan Ossorio Morales, hijo de una familia emigrada siglos atrás y con gran fortuna en el archipiélago. Nació en Manila y acabó estudiando en Granada, director general de la Caja de Ahorros y teniente de alcalde en el equipo de Gallego Burín y heredó la alcaldía al ser nombrado el catedrático de Literatura como director general en Madrid. Fue catedrático de Derecho en la UGR. Permaneció en la alcaldía durante los años 1951-53, hasta que fue cesado por presiones de granadinos (Ver: ‘Pichurras’ famosas en el franquismo).

Juan Ossorio sacó su vena de nativo filipino durante las dos fiestas del Corpus que le tocó organizar: fomentó aún más el uso del mantón de Manila y estableció premios para quienes lucieran los mejores bordados.

El diseño gráfico y el tratamiento de las ilustraciones de este artículo son obra de Luis Ruiz Rodríguez.

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Notas al pie:

[i] El libro que mejor resume lo relativo al galeón de Manila es el publicado por esta autora, con el título El Galeón de Manila (1565-1815). Intercambios culturales. Editorial Alhulía, 2016.