Piropos poéticos
AUGE Y CAÍDA DE LA GUERRILLA ANTIFRANQUISTA EN GRANADA (1939-52). TERCERA PARTE

Granada no perdona a maquis traidores

Política - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 1 de Noviembre de 2020
En esta tercera parte dedicada al análisis del 'Auge y caída de la guerrilla antifranquista en Granada', Gabriel Pozo Felguera se adentra en uno de los pasajes menos conocidos y más trágicos de la lucha antifranquista, como es el de las delaciones que acabaron con las últimas agrupaciones, y la cárcel y ejecuciones de los maquis. Es un relato sorprendente, escrito con la maestría del investigador y periodista, que te atraerá desde el inicio.
Juan José Muñoz Lozano, Roberto (Ciudad Real, 1915-Granada, 1953).
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Juan José Muñoz Lozano, Roberto (Ciudad Real, 1915-Granada, 1953).
Este es una  serie sobre la Guerrilla Antifranquista en Granada, en la que Gabirel Pozo Felguera analiza aquel acontecimiento tan extenso en el tiempo, del que pese a la abundante bibliografía, aún persisten contradicciones y lagunas que, fruto de sus investigaciones, trata de clarificar. Tras el primer capítulo Año 1947: El maquis granadino pone muy nervioso al dictador Franco, y el el del domingo pasado, Gallego Burín gana el pulso al gobernador a cuenta del baño de sangre con los maquis, te invitamos a leer una nueva   la traición del último jefe de los maquís. En el próximo capítulo, las rutas del exilio que siguieron los últimos guerrilleros que quedaban en las sierras. 
  • Roberto, mítico creador de la Agrupación Guerrillera Granada (1946-1952), se convirtió en delator y traidor hasta acabar con toda su organización

  • Colaboró en la total desarticulación de su grupo tras ser detenido en Madrid, cuando gestionaba el exilio; llevó ante el pelotón a la mayoría de compañeros

  • Las nuevas estrategias del teniente coronel Eulogio Limia (1949-1951) cortaron las conexiones entre los hombres de la sierra y sus apoyos en el llano

  • Juan José Muñoz Lozano (Roberto) fue condenado a dos penas de muerte y fusilado en las tapias del cementerio de Granada en 1953

Juan José Muñoz Lozano, Roberto, podría haber pasado a la Historia de España como un héroe nacional. Y tener una estatua como mítico luchador del maquis antifranquista de posguerra. E incluso ser estudiado en los libros de texto del futuro. Pero no supo morir con coraje y honor, valores que exigía a los guerrilleros a quienes mandó. Roberto se hizo con el mando absoluto de los maquis de Granada y Málaga desde septiembre de 1947 hasta septiembre de 1951, a causa de la caída en cascada de los anteriores jefes político-militares del PCE (Tarbes, Mariano, Ramiro y Sevilla). Tras ser detenido, interrogado y torturado, Roberto acabó delatando a todos los componentes de la Agrupación Guerrillera Granada (o Agrupación Roberto); llevó a decenas de ellos ante el pelotón de fusilamiento y a las cárceles. La Guardia Civil y el juez militar le habían insinuado conmutarle la pena de muerte si cantaba. Cantó lo que sabía y más; y se dio cuenta demasiado tarde de que Granada no perdonaba a los traidores.

Un breve recordatorio: Desde el otoño de 1944, el PCE había enviado desde Francia a guerrilleros comunistas para agrupar a los grupos de maquis dispersos en las sierras desde 1939; también para crear comités del partido en los pueblos y una red de apoyo y suministros. Entre los mandos que llegaron se encontraban Tarbes (José Luis Merediz Víctores), Mariano (Ramiro Fuentes Ochoa) y Ramiro (Ricardo Beneyto Sapena). A principios de 1945 también llegaría Roberto (Juan José Muñoz Lozano).

A finales de 1946, tras muchos esfuerzos, habían conseguido constituir la Agrupación Guerrillera Granada, con casi dos centenares de hombres repartidos entre las sierras de Granada y Málaga. En pueblos y cortijos, contaban con varios miles de colaboradores y enlaces. Incluso tenían algunos pisos francos en Málaga y Granada

A finales de 1946, tras muchos esfuerzos, habían conseguido constituir la Agrupación Guerrillera Granada, con casi dos centenares de hombres repartidos entre las sierras de Granada y Málaga. En pueblos y cortijos, contaban con varios miles de colaboradores y enlaces. Incluso tenían algunos pisos francos en Málaga y Granada. Tras el incremento de presión de la Guardia Civil en Granada y su provincia, fueron apresados Tarbes y Mariano (enero de 1947); en junio del mismo año cayó el jefe máximo de la guerrilla del PCE en Andalucía, Ramiro, por delación de Tarbes. Al frente de la Agrupación Guerrillera Granada quedó El Sevilla (Francisco Rodríguez Sevilla), maquis que no había venido de Francia ni pertenecía al PCE (había sido alcalde socialista del Cenes de la Vega). Entre enero y septiembre de 1947, Sevilla fue el jefe militar de la AGG; en esa fecha y tras eliminar a Tarbes por traición, decidió retirarse y pasar a la clandestinidad en las inmediaciones de su pueblo de origen, Monachil.

Roberto quedó entonces como único máximo jefe político-militar de la Agrupación Guerrillera Granada, que se extendía también a las sierras orientales de Málaga.

El mejor comandante de la guerrilla

Juan José Muñoz Lozano, Roberto, fue sin ninguna duda el mejor de los jefes político-militares que tuvo la guerrilla antifranquista de Granada en su largo periodo (1939-52). Fue el más duradero, el más escurridizo, quizás el más inteligente, el de mejor carisma, con arrojo, sin miedo al riesgo y con dotes de mando.

Con estos adjetivos y más lo definieron los cuatro o cinco centenares largos de luchadores que estuvieron a sus órdenes, así como quienes le conocieron durante sus mítines y estancias en cortijos y poblaciones. Lo definen también como bien parecido, simpático, con don de gentes, amante de la música, de las mujeres, del buen vivir (residía más en el llano que en el monte debido a su cojera) y con debilidad por el café.

Roberto fue el primero en intentar agruparlas bajo las consignas emanadas del comité central del PCE, hacerlas de verdad un ejército popular que luchaba por el derrocamiento de Franco y la vuelta de la República

Antes de su llegada a Málaga, a principios de 1946, la guerrilla de los montes del oriente andaluz no tenía unidad en su forma de actuar ni claros sus objetivos. Había infinidad de grupos echados al monte con multitud de orígenes y causas. Roberto fue el primero en intentar agruparlas bajo las consignas emanadas del comité central del PCE, hacerlas de verdad un ejército popular que luchaba por el derrocamiento de Franco y la vuelta de la República. La Guardia Civil detectó su presencia como aglutinador de grupos dispersos ya en septiembre de 1946.

Pero no fue hasta septiembre de 1947 cuando realmente se tuvo conciencia de que había quedado como único jefe político-militar de la guerrilla antifranquista en el cornero sureste de la Península. En el invierno de ese año, tras la retirada de Sevilla, se reunió con él en las inmediaciones de Monachil para convencerlo de que retomara las armas. No lo consiguió. Roberto no sabía que por entonces Sevilla estaba cansado de tantos años de sierra y desmoralizado al ver cómo habían caído las bandas de los Quero y los Clares; el grupo del Yatero se había exiliado; y la CNT y libertarios tenían montada una red de ayuda para el exilio de sus allegados. Y tampoco que el retirado Sevilla estaba colaborando con la Guardia Civil en desmontar la red de fugas de los anarquistas para apuntarse méritos de cara a su futuro.

La Agrupación Guerrillera Granada fue denominada a partir de entonces como Agrupación Roberto, por primar la fuerte personalidad de su máximo jefe

La Agrupación Guerrillera Granada fue denominada a partir de entonces como Agrupación Roberto, por primar la fuerte personalidad de su máximo jefe. Roberto le dio a la guerrilla un carácter más organizado, propiamente militar y al estilo del maquis francés, donde él se había formado. Creó dos batallones, el 6º para la gente de Málaga y el 7º para la de Granada. Distribuyó a sus hombres en compañías, que mantenía unidas mediante sofisticados sistemas de enlace. A pesar del incremento de presión de las fuerzas de seguridad y del Ejército desplazado a Granada (un tabor de Regulares de África), se puede decir que desde finales de 1947 y durante los dos años siguientes, la Agrupación Roberto vivió sus momentos de esplendor.

Cerro Lucero (1.774 metros), zona en la sierra Almijara donde tuvo uno de sus cuarteles generales la Agrupación Roberto. Aquí se dio (6 de diciembre de 1948) uno de los mayores enfrentamientos entre un centenar de guerrilleros y más de 1.500 guardias civiles y militares. Hubo menos de media docena de muertos entre las fuerzas sitiadores, ninguna por parte guerrillera.En esta imagen, tomada de Google Maps, se puede observar las impresionantes vistas que ofrecía el Cuartel de Cerro Lucero, lo que permitía una vigilancia visual extraordinaria.

Desde principios de 1948 había quedado bastante limpia de guerrilleros la cara norte de Sierra Nevada, la Sierra de Huétor y las inmediaciones de Granada (Con la mencionada desaparición de los Quero, Clares y Yatero). Ahora la guerrilla se enseñoreaba con sus dos batallones en las Sierras de Cázulas-Almijara, Axarquía y Alpujarra. Los mayores centros de reclutamiento eran los pueblos de la Vega de Granada (Salar, Loja, Huétor Tájar), de la Costa de Granada, de la Axarquía malagueña y de la Alpujarra granadina. Fue la consecuencia lógica del incremento de ejecuciones extrajudiciales por la Guardia Civil (recordemos que en Granada hubo unos 170 guerrilleros muertos en 1947, el año más sangriento).

Se puede insistir en que todo 1948 y hasta el otoño de 1949 fue el momento de mayor gloria de Roberto y su grupo guerrillero, con casi 150 hombres de armas repartidos en sus dos batallones

Se puede insistir en que todo 1948 y hasta el otoño de 1949 fue el momento de mayor gloria de Roberto y su grupo guerrillero, con casi 150 hombres de armas repartidos en sus dos batallones. La AGG continuó imprimiendo y repartiendo su periódico Por la República; practicaba el secuestro económico o el chantaje a ricos; los guerrilleros cobraban 500 pesetas de sueldo para mantener a sus familias; se ayudaba a sobrevivir a familias de muertos o pobres, etc.

Llega el teniente coronel Limia

El responsable de la 136 Comandancia de la Guardia Civil de Granada había sido hasta entonces el teniente coronel Manuel González Ortiz. Con él se había registrado la mayor utilización de la ley de fugas. En octubre de 1949 fue sustituido por el teniente coronel Eulogio Limia Pérez; este hombre había conseguido erradicar la guerrilla antifranquista en la zona de Toledo y Ciudad durante los tres años anteriores. A partir de su llegada a Granada, el sistema de lucha iba a ser radicalmente distinto.

Para empezar, se trajo con él a unos cuantos oficiales, suboficiales y guardias que habían trabajado en las contrapartidas guerrilleras manchegas. Limia pidió la unificación de la lucha contra el bandidaje y guerrilla, bajo su mando, en todo el oriente andaluz

Para empezar, se trajo con él a unos cuantos oficiales, suboficiales y guardias que habían trabajado en las contrapartidas guerrilleras manchegas. Limia pidió la unificación de la lucha contra el bandidaje y guerrilla, bajo su mando, en todo el oriente andaluz. Pronto comprendió que no sólo se trataba de aplicar indiscriminadamente la ley de fugas a todo colaborador, enlace, militante comunista o proveedor de maquis.También aumentó la presión sobre los contactos entre hombres del llano y de la sierra, dejó desconectadas a las diversas compañías que operaban en las sierras; pidió el apoyo de otro tabor de Regulares para tareas auxiliares. Sabía perfectamente que, a mayor represión, más jóvenes se echaban al monte; tenía que procurar que la Agrupación Roberto no repusiera las bajas que se le iban causando. También se ordenó evacuar algunas aldeas de montaña y cortijadas en la Axarquía (El Acebuchal) para evitar el apoyo de la población. Algo parecido se había practicado en cortijadas de la sierra de Huétor (La Solana, por ejemplo) y cortijos de la cara norte de Sierra Nevada.

Se aumentaron las recompensas por delaciones y la captación de enlaces, así como la conversión de antiguos exguerrilleros en confidentes y espías. Se empezó a detener a esposas y padres de los hombres de la sierra, quienes solían sobrevivir con dinero procedente de secuestros de ricos.

Una de las acciones de mayor envergadura montada por la Guardia Civil consistió en cercar las poblaciones Salar y Loja con 300 guardias civiles y algunos militares. Eran pueblos en los que la guerrilla contaba con mayores simpatías y cantera de reclutas

Una de las acciones de mayor envergadura montada por la Guardia Civil consistió en cercar las poblaciones Salar y Loja con 300 guardias civiles y algunos militares. Eran pueblos en los que la guerrilla contaba con mayores simpatías y cantera de reclutas. La madrugada del 18 de agosto de 1950 fueron detenidas 93 personas en el primero y 61 en el segundo, presuntos guerrilleros o enlaces. Se les escaparon 8, que se sumaron a Roberto. A raíz de este cerco, afloraron decenas de delatores tratando de salvar el pellejo.

Los trabajos de la nueva política represiva de Limia dieron prontos resultados: entre su llegada en octubre de 1949 y agosto de 1950, la Guardia Civil mató a 39 guerrilleros, detuvo o se entregaron otros 10. A partir de sus delaciones, consiguió conocer prácticamente toda la estructura político-militar de la Agrupación Roberto. Y los nombres de casi todos ellos.

Estas octavillas fueron repartidas por los hombres del capitán Manuel Prieto López desde el subsector de la Guardia Civil de Torrox. Incitaban a la entrega y delación de guerrilleros. También a demostrar que estaban perfectamente informados de sus movimientos. En la de arriba se garantizaba la vida a quien entregase a sus compañeros o matase a su jefe Roberto.

Decidió sembrar las sierras con octavillas en las que se incitaba a entregarse, con promesa de perdonar la vida a quienes lo hicieran… a excepción de los componentes del estado mayor de la AGG o de los jefes muy señalados. Ni a Roberto ni a su estado mayor se les perdonaría la vida, incluso habría recompensa para quien lo matara en la sierra.

La situación era desesperada para la AGG en el otoño de 1950. Llevaban ya más de un año sin apenas conexiones entre los grupos guerrilleros; quien podía buscaba el camino del exilio a título personal

La situación era desesperada para la AGG en el otoño de 1950. Llevaban ya más de un año sin apenas conexiones entre los grupos guerrilleros; quien podía buscaba el camino del exilio a título personal. Porque para entonces también la Agrupación Roberto había perdido los contactos con el Comité Central del PCE. No se había percatado que los pocos guerrilleros anarquistas habían meditado la inutilidad de su lucha ya desde el año 1947, cuando tuvieron consciencia de que comenzaba la guerra fría, no se recibiría apoyo militar de las potencias aliadas y mucho menos de la URSS. Casi todos habían caído camino del exilio o estaban fuera de España.

Tampoco Roberto conocía por entonces el cambio de estrategia de la URSS y del PCE. Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y Francisco Antón se habían reunido (julio de 1948) en el Kremlin con Stalin y éste les había recomendado reorientar la lucha antifranquista. Ahora ya no sólo valía la guerrilla, sino que había que ir introduciéndose en el sindicato vertical, en los centros de trabajo, en la enseñanza, etc. Todo con paciencia. No se trataba de abandonar a la guerrilla a su suerte, sino de utilizar su estructura militar para proteger a los mandos y activistas políticos. En el peor de los casos, a los guerrilleros con mayor riesgo había que prepararles unos canales de salida hacia el exilio.

Operación exilio y caída de Roberto en Madrid

Roberto, aislado, acuciado y debilitado por las fuerzas del teniente coronel Eulogio Limia, debió conocer con dos años de retraso las nuevas órdenes del PCE de buscar el exilio. Decidió entonces dirigirse a Madrid a intentar contactar personalmente con algún directivo del PCE en la clandestinidad. Con él se llevó a un hombre de su máxima confianza, Paquillo (Francisco Sánchez Girón) y a su amante, la Tangerina (Ana Gutiérrez Rodríguez). Consiguieron llegar a Madrid en el mes de junio de 1951, mientras en las sierras de Granada-Málaga permanecían con poca actividad y desconectadas las compañías de la Agrupación Roberto. El grupo más numeroso y activo era el de Pablo el de Motril (Manuel Pérez Rubiño).

Roberto consiguió ser un hombre escurridizo durante los casi seis años que fue máximo jefe político-militar de la guerrilla granadino-malagueña. No había rastro suyo en ningún archivo español, a pesar de que fue oficial del ejército republicano. Menos aún una fotografía para identificarlo. La Guardia Civil conocía sus características físicas por lo que le contaron sus hombres más cercanos, una vez detenidos o entregados. Además de saber que cojeaba y una cicatriz en una ceja, poco más se conocía de él.

Paquillo y Tangerina, detenidos en Madrid junto a Roberto. Paquillo fue fusilado en Granada en 1952. Tangerina pasó pocos años en la cárcel.

En la primavera de 1951, los servicios de información policiales tuvieron conocimiento de que se había trasladado a Madrid. En la capital estuvieron buscándole desde finales de junio hasta el 26 de septiembre de 1951. Roberto, Paquillo y Tangerina hacían todo lo posible por entrar en contacto con alguien del PCE que, a su vez, les conectara con Santiago Carrillo. Repito que el fin era recibir órdenes y contactar con las redes de evasión para todos los que permanecían aún en las sierras andaluzas. Ellos mismos daban por perdida su larga guerra de maquis.

Vicente se entregó para colaborar con las autoridades en marzo de 1947. La Guardia Civil se lo llevó un tiempo a Madrid para que les ayudara a identificar a 'Roberto'

Entonces el teniente coronel Limia recurrió a uno de los confidentes que estuvo más cerca de Roberto y de su estado mayor. Escogieron a Vicente Martín Vozmediano, Artabús, un malagueño de Frigiliana que junto a sus dos hermanos formaban parte de la Agrupación Roberto desde mediados de 1947. Uno de los hermanos –Blas– había caído frente a la Guardia Civil; otro ­–Sebastián– continuaba escondido en la sierra, perteneciendo al estado mayor de la Agrupación Roberto. Vicente se entregó para colaborar con las autoridades en marzo de 1951. La Guardia Civil se lo llevó un tiempo a Madrid para que le ayudara a identificar a Roberto

Vicente Martín Vozmediano, Artabús, estuvo en la cárcel hasta 1959.

Tras varias semanas de pesquisas, los servicios de información de la Benemérita y Artabús dieron con Roberto y sus dos acompañantes en una cafetería de la Plaza de España de Madrid. Era el 26 de septiembre de 1951. Parecían estar ultimando los detalles de la operación exilio de los últimos guerrilleros. Los tres fueron detenidos sin apenas resistencia y trasladados a un lugar secreto de Granada (durante un tiempo los tuvieron aislados en un chalé de Huétor Vega). No querían filtraciones, la Guardia Civil sabía perfectamente que la guerrilla granadina contaba con algunos contactos –bien pagados– dentro del cuerpo, así como entre los militares.

General Manuel Prieto López, en 1991. Cuando era capitán del subsector de Torrox (1951) se encargó de neutralizar al 6º batallón de la Agrupación Roberto, comandado por Clemente. Propuso el reparto de octavillas por las sierras.

El batallón de Málaga (6º) continuó malviviendo en los montes de Málaga, bajo las órdenes del comandante Clemente (Manuel Jurado Martín), mientras que en la zona de Granada lo hacía el 7º batallón, mandado por Pablo el de Motril. Ambos grupos, así como los comités del llano, habían perdido el contacto entre ellos desde la marcha de Roberto a Madrid. No obstante, notaron signos evidentes de que algo iba mal: no cesaban de caer en emboscadas y producirse detenciones. Al mismo tiempo, aumentaron las contrapartidas, a las que se habían sumado exguerrilleros entregados. Se presentía lo peor.

Se consuma la traición del jefe Roberto

Hasta que en diciembre de 1951, tres meses después de la detención de Roberto, la Guardia Civil detuvo al estado mayor del batallón de Málaga. Les habían tendido una trampa: les hicieron creer que por fin Roberto había establecido contacto en el PCE y todos iban a ser evacuados al extranjero. En aquella redada cayeron Manuel y Antonio Jurado Martín; José Martín García; Sebastián Martín Vozmediano; y algunos guerrilleros y enlaces más.

'Roberto' debió seguir 'cantando' nombres, lugares y más detalles de toda su organización guerrillera. Siempre encarcelado y vigilado en distintos lugares de Granada, lejos del Cuartel de las Palmas y de la cárcel, con el fin de que no se conociera ni su detención ni de dónde procedían los chivatazos que estaban aniquilando la guerrilla en el oriente andaluz

Roberto debió seguir cantando nombres, lugares y más detalles de toda su organización guerrillera. Siempre encarcelado y vigilado en distintos lugares de Granada, lejos del Cuartel de las Palmas y de la cárcel, con el fin de que no se conociera ni su detención ni de dónde procedían los chivatazos que estaban aniquilando la guerrilla en el oriente andaluz.

Ya sólo quedaban operativos en las sierras granadinas los pocos hombres del 7º batallón, el de Pablo el de Motril. Sin apenas contactos ni manera de sustentarse; sobrevivían moviéndose mucho entre las sierras de la provincia, desde la Costa a Sierra Nevada, de aquí a Sierra de Baza e incluso a la Sierra de Cazorla. Con movimientos muy rápidos para no ser localizados. Sospechaban que quienes les estaban delatando conocían sus costumbres y escondites a la perfección. Tuvieron que cambiar su campo de acción y sus costumbres.

En los primeros meses de 1952, el 7º batallón de Pablo de Motril conoció que había sido localizado el famoso Polopero (Francisco López Pérez), en su refugio de Charches (Sierra de Baza), donde se escondía tras desertar del 7º batallón. Y que lo estaban utilizando como delator y confidente.

Los pocos que quedaban del 7º batallón tomaron la decisión de emprender por su cuenta el camino del exilio. Planificaron algunos secuestros de adinerados en la zona noreste de Granada y el 6 de junio de 1952 emprendieron la marcha a pie hacia Francia.

Tardarían más de tres meses en conseguir su objetivo, con la única guía de la estrella polar y un simple mapa de España sacado de un libro. Y perseguidos de cerca por el teniente Rafael Caballero y decenas de guardia civiles de media España.

Pero ésta es parte de la historia del próximo capítulo.

Servando Jiménez-Victorio, junto a su esposa y a Carmen Polo de Franco, en su nuevo destino como gobernador civil de Burgos, hacia 1956. ARCHIVO MUNICIPAL DE BURGOS

El gobernador Servando Fernández-Victorio y el teniente coronel Eulogio Limia respiraron tranquilos. Enviaron sus informes al dictador Franco dando por finiquitada la correosa guerrilla que pervivía en las sierras de Granada y Málaga desde el final de la guerra civil. Trece años nada menos y casi tres mil muertos entre guerrilleros, enlaces, chivatos, guardias, militares e inocentes. Y centenares de encarcelados que purgaron en las cárceles hasta el año 1969. Se calcula que la Agrupación Guerrillera Granada+Agrupación Roberto, en sus años de vigencia (1947-52) sumó 260 bajas en combate y 58 detenidos (varios de ellos ajusticiados después); 74 fueron expulsados y algunos colaboraron como delatores; 11 consiguieron alcanzar el exilio; y 32 más no dejaron rastro, bien porque fueron asesinados y enterrados, se les aplicó la ley de fugas o se diluyeron en el exilio.

De gran héroe guerrillero a villano

Al principio, cuando a finales de 1952 se conoció en las cárceles y en el PCE que Roberto estaba siendo el principal delator y acusador de toda su gente, nadie podía creérselo. Pensaron que se trataba de una política de intoxicación propagandística del régimen franquista. Pero poco a poco fueron conociéndose detalles que certificaron su conversión en traidor de su propia causa y de todos sus compañeros. Se contraponía su actitud al valor de las decenas de maquis que prefirieron suicidarse antes de entregarse y ser sometidos a torturas.

El caso de 'Roberto' fue y seguirá siendo enigmático. Algunos investigadores lo dibujan como menos duro y de personalidad más blanda de lo que creyeron sus milicianos; otros pensaron que se le había prometido conmutar la pena de muerte por larga condena si contribuía a acabar con su propia guerrilla

El caso de Roberto fue y seguirá siendo enigmático. Algunos investigadores lo dibujan como menos duro y de personalidad más blanda de lo que creyeron sus milicianos; otros pensaron que se le había prometido conmutar la pena de muerte por larga condena si contribuía a acabar con su propia guerrilla. Es probable que Limia le garantizase el exilio o permuta de la pena de muerte cuando acabara de cantar. Hay incluso alguno que se pregunta si no llegaron a presionarle con matar a su hija cuando se enteraron de su existencia [Se llamaba Pepita Muñoz Rodríguez; la había tenido con la malagueña Consolación Rodríguez Herades, durante la guerra civil en Barcelona. Madre y niña se quedaron de incógnito en Madrid cuando Roberto se exilió a Francia y durante su lucha guerrillera en Andalucía. La Guardia Civil no conoció su existencia hasta 1951].

A raíz de la total desarticulación de la guerrilla antifranquista en Granada-Málaga, comenzaron los juicios sumarísimos por el juzgado militar de Granada, con Roberto declarando en los procesos contra todos sus antiguos compañeros. Los máximos dirigentes de la Agrupación Roberto fueron cayendo uno a uno en las tapias del cementerio de Granada, y también en el de Málaga. El primero en ser fusilado fue Paquillo, el lugarteniente de Roberto detenido con él en Madrid (en el cementerio de Granada, 3 de octubre de 1952); el siguiente fue Sebastián Martín Vozmediano, tan sólo unos días después (Recordemos que éste era hermano de Artabús, quien identificó al jefe Roberto en la cafetería de Madrid). El año 1953 se conocieron las sentencias de la mayoría de quienes habían formado la plana mayor de la Agrupación Roberto, así como su fusilamiento: Antonio Extremera Corpas y José Ruiz Almirón (el 29 de enero); los hermanos Manuel y Antonio Jurado Martín, y José Martín García (16 de abril).

Roberto fue de los primeros en ser ejecutado ante las tapias del cementerio, concretamente el 22 de febrero de 1953. Le habían condenado a dos penas de muerte

Roberto fue de los primeros en ser ejecutado ante las tapias del cementerio, concretamente el 22 de febrero de 1953. Le habían condenado a dos penas de muerte; hasta sus últimos momentos pensó que se harían realidad las promesas de la Guardia Civil de interceder para que se las conmutaran por cadena perpetua. Pero se equivocó. Como los demás, fue a parar a la fosa común número 2.986. Años más tarde, al osario.

Roberto, en una foto de prensa tomada pocas semanas antes de ser ajusticiado.

Todavía quedaba algún antiguo jefe guerrillero de la Agrupación Guerrillera de Andalucía por ser llevado ante el pelotón de fusilamiento. Antonio Platero Martín fue fusilado en Málaga el 9 de febrero de 1954. Y el que fue primer jefe de la Agrupación (Ricardo Beneyto Sapena, Ramiro) permanecía encarcelado en Granada desde junio de 1947, delatado por Tarbes. Tras la nueva acusación de Roberto contra Beneyto, como el máximo jefe en Andalucía entre 1944 y 1947, acabó por apuntillarlo, aunque abogados del PCE dilataron todo lo que pudieron el proceso judicial y la ejecución. Intentaron utilizarlo como propaganda, pero poco se consiguió. Beneyto, quien fuese el primer jefe político militar de la guerrilla andaluza y comisario político del PCE, fue el último guerrillero en caer en las tapias del cementerio de Granada. Su ejecución ocurrió el 15 de noviembre de 1956. Ninguno de los hombres enviados por Santiago Carrillo desde Francia llegó a viejo para escribir sus memorias.

Teniente coronel Eulogio Limia Pérez. Foto en la que luce la Encomienda concedida por Franco el 18 de julio de 1952 por haber acabado con la guerrilla en las sierras de Granada-Málaga.
El gobernador civil Servando Fernández-Victorio Camps dio por concluida su estancia en Granada y se fue al mismo cargo a Burgos. Posteriormente presidió durante muchos años el Tribunal de Cuentas. Franco condecoró a Eulogio Limia Pérez con la Encomienda con Placa de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas (18 de julio de 1952) por haber acabado con los guerrilleros.
 

Algunos de los maquis granadinos que tuvieron la suerte de no ser condenados a muerte, no salieron de la cárcel hasta 1969; la mayoría de exiliados murieron fuera de España. Muy pocos consiguieron regresar a morir a su tierra andaluza a partir de la ley de amnistía política de 1977.

  • PRÓXIMO CAPÍTULO:  LAS RUTAS DEL EXILIO DE LOS ÚLTIMOS MAQUIS
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA Y RECOMENDADA:

-Tiempo de lucha. Granada-Málaga, 1939-52. Represión, resistencia y guerrilla, de José María Azuaga Rico.

-José Muñoz Lozano, Roberto. Un jefe enigmático, de José Aurelio Romero Navas.

Si no pudiste leerlos o quieres volver a recuperar las dos primeras partes de la excepcional serie de Gabriel Pozo Felguera Auge y caída de la guerrilla antifranquista en Granada: