Piropos poéticos
LEYENDAS DE LOS NUESTROS

Capítulo II: 'Aquella niña de la Quinta'

Ciudadanía - José María García Labrac - Domingo, 20 de Septiembre de 2020
Segunda entrega de Leyendas de los Nuestros, la serie de historias y anécdotas familiares de José María García Labrac. ¿Te animas a seguir viajando por la memoria íntima y colectiva de varias generaciones de granadinos? Porque fueron, somos; porque somos, serán.
Pilar Jiménez de Toro, la madrina y Antonio García López, el novio, el día de la boda de Antonio con Teresa, hermana menor de Pili (04-07-1948).
J.M.G.L.
Pilar Jiménez de Toro, la madrina y Antonio García López, el novio, el día de la boda de Antonio con Teresa, hermana menor de Pili (04-07-1948).
Leyendas de los Nuestros es un espacio en el que José María García Labrac, un apasionado de la historia de Granada y de sus gentes, desgranará la memoria íntima y colectiva de su familia y allegados, a través del amplio archivo fotográfico y documental que ha ido consiguiendo a lo largo del tiempo. Las conversaciones con sus mayores y sus investigaciones genealógicas le animaron un día a empezar a escribir en Facebook sobre la vida y milagros de sus antepasados. Ahora tenemos la oportunidad de descubrir o rememorar estas leyendas en las páginas de El Independiente de Granada.

Porque fueron, somos; porque somos, serán.

Hace justo un año, en la madrugada del 19 de septiembre de 2019, falleció en Madrid la última superviviente de la saga de los Jiménez de Toro, mi tía abuela Pilar, la única hija viva de los bisabuelos Loreto de Toro Vela (1891-1975) y Antonio Jiménez Ortiz (1884-1956). La tita Pili, desaparecida apenas tres semanas antes de cumplir los 95 (los hubiera alcanzado el 12/10/2019), era una de las hermanas mayores de la madre de mi padre, Teresa Jiménez de Toro (1927-2014).

Nuestra protagonista nació en el día del Pilar de 1924, en la granadina calle Santo Sepulcro de la Quinta, paralela a la actual avenida Cervantes y cercana al antiguo cuartel de las Palmas, en el que trabajaba entonces su padre, número de la Guardia Civil

Nuestra protagonista nació en el día del Pilar de 1924, en la granadina calle Santo Sepulcro de la Quinta, paralela a la actual avenida Cervantes y cercana al antiguo cuartel de las Palmas, en el que trabajaba entonces su padre, número de la Guardia Civil. La calle Santo Sepulcro estaba ya edificada cuando la avenida Cervantes era el Camino Alto de Huétor, una histórica vía de entrada a la ciudad, rodeada de huertas, campos de labor y palacetes burgueses como la Quinta Alegre, propiedad de los banqueros Rodríguez-Acosta; la Casa de la Viuda de las Heras, ahora residencia de las monjas ancianas de la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl; o Villa Felisa, cuyos terrenos ocupan hoy la sede de Canal Sur y el nuevo centro de salud de la Bola de Oro.

Curiosamente, Loreto estaba embarazada de Pilar a la vez que una vecina de la misma calle, Antonia López Romero (1899-1976), gestaba en su vientre a mi abuelo paterno, el futuro cuñado de Pili, Antonio García López (1925-1977). La coincidencia de los embarazos y nacimientos en el tiempo (Antonio vino al mundo el 23 de febrero del 25), provocó que las dos bisabuelas dieran de mamar indistintamente a ambos niños. El caprichoso destino quiso también que, casi un cuarto de siglo después, Pilar ejerciera de madrina en la boda de su hermana Teresa con Antonio, celebrada el 4 de julio de 1948, en la iglesia de San Pedro y San Pablo de la Carrera del Darro.

La calle Santo Sepulcro, a la izquierda, y el antiguo Camino Alto de Huétor (hoy avenida Cervantes), a la dcha., a finales del siglo XIX (foto del maestro Rafael Garzón Rodríguez).

Pilar era una bellísima persona, una mujer de gran corazón que ayudó a criar a los hijos y a los nietos de otra de sus hermanas, Araceli Jiménez de Toro (1920-1974), la mayor de las féminas de la familia. Nunca se casó y nunca tuvo vástagos, pero fue madre y abuela en los afectos y en los cuidados

La tita Pili, modista de profesión, se marchó muy joven a la capital de España, volviendo a Granada solo esporádicamente, durante algunas vacaciones y fiestas de guardar. Desde que la conocí siendo un chavea, me llamó la atención su acento tan madrileño, tan distinto a nuestra forma de hablar. Pilar era una bellísima persona, una mujer de gran corazón que ayudó a criar a los hijos y a los nietos de otra de sus hermanas, Araceli Jiménez de Toro (1920-1974), la mayor de las féminas de la familia. Nunca se casó y nunca tuvo vástagos, pero fue madre y abuela en los afectos y en los cuidados.

El azar todavía guardaba un as en la manga: la última Jiménez de Toro (*), la última descendiente directa de aquel humilde matrimonio alpujarreño que fundó una dinastía que habita a caballo entre Europa y América, murió en el día de mi 34 cumpleaños. Así se cerraba un ciclo que empezó hace una centuria en el barrio de la Quinta, cuando dos bebés compartieron leche materna en un hermoso gesto de solidaridad popular.

Otra perspectiva de Santo Sepulcro en 1915, tomada desde el actual palacete de Quinta Alegre, en la que podemos ver las iglesias de Montserrat y los Escolapios (Archivo Municipal).

(*) En febrero escribimos en el Foro de la Memoria de El Independiente de Granada sobre la trayectoria vital de José Jiménez de Toro (1912-1970), otro de los hermanos de Pili:

José María García Labrac, natural de Granada (1985), es el presidente de la asociación Granada Republicana UCAR, fundada en 2005 en la ciudad de los cármenes. Empeñado en hacer realidad una España distinta, se dedica profesionalmente a la asesoría laboral y es un apasionado de la historia de su tierra y de sus gentes

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SI no pudiste leer el primer capítulo o quieres volver a disfrutarlo: