Ven en primavera a Sierra Nevada
Perfil del último presidente de la caja de ahorros granadina, que acabó con ella

Antonio Jara, el 'enterrador' de CajaGranada que perdió el crédito acumulado como alcalde del cambio

E+I+D+i - Juan I. Pérez - Domingo, 24 de Diciembre de 2017
Antonio Jara Andreu ha sido una de los personajes del año que se va. En sentido negativo. Esta semana se despidió por la puerta de atrás de CajaGranada, tras certificar la defunción de la entidad tras 125 años de historia. Desentrañamos al último presidente de la caja granadina que, tras su etapa de banquero, perdió el reconocimiento de la ciudad de la que fue el alcalde que propició su modernización durante la Transición.


Este es el retrato de un hombre que antes de ser banquero y acabar con CajaGranada fue el alcalde más reverenciado de Granada, con su halo de sabio profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada. Bajo su etapa como regidor, que se prolongó durante 12 años, -desde  1979 a 1991-, impulsó la modernización de Granada, tras la gris etapa franquista, con la creación de algunas de las infraestructuras necesarias que propiciaron los cimientos de futuro de la capital.

Mucho antes de ser alcalde, y como tantos otros en aquella duros años del franquismo sintió la llamada de Dios y cursó estudios eclesiásticos en el Seminario de los Padres  Franciscanos de Cehegín (Murcia) hasta que decidió trasladarse a Granada, donde se matriculó en Derecho en la Universidad de Granada, donde bien que aprovechó el tiempo.

Fue premio extraordinario tanto en la licenciatura como en el doctorado. En 1976 consiguió la plaza de profesor adjunto de la Universidad de Granada, y dos años más tarde, en 1978, se afilió al PSOE para empezar una fulgurante carrera política que le llevó accidentalmente a la alcaldía de Granada, primero, y luego, al Parlamento andaluz y el Congreso de los Diputados.

Con 33 años accedió a la alcaldía, en sustitución del histórico militante socialista Juan Tapia Sánchez, elegido concejal por primera vez en tiempos de la Segunda República y responsable de la organización del partido tras la muerte del dictador de Francisco Franco y su presidente de honor provincial.

Quien aún se pregunte, siete años después, qué llevó a un prestigioso jurista y ex alcalde a ser banquero, aun a costa de perder el prestigio acumulado, quizá le ayuda que Jara ha percibido de media 278.000 euros al año de media. Luis González, 219.000 y José Antonio Montilla, uno de los hombres del presidente, 127.000 euros

Juan Tapia Sánchez fue el alcalde que ocupó durante menos tiempo ese cargo en la historia de España. Tomo posesión de su cargo en 1979, en la sesión en la que el también socialista Antonio Camacho dimitió tras 6 meses de alcaldía por motivos personales, para seguidamente renunciar antes del final del acto.

Una carrera política fulgurante

Como se sabe el PSOE accede a la Alcaldía de Granada en el primer Ayuntamiento democrático tras el franquismo por un vergonzoso acuerdo entre socialistas y andalucistas, que se intercambiaron Sevilla y Granada, dentro de un acuerdo global, que implicaba también al PC, por el que se repartieron el mando de las ocho capitales andaluzas.

Aquellos tiempos de la Transición fueron una época de alcaldes emblemáticos, por su propia personalidad, y porque fueron los primeros de una ilusionante etapa democrática. Pero Jara brilló con luz propia, con discursos radicales que situaron a Granada en el mapa municipal.

Bajo su mandato se construyó el Palacio de Exposiciones y Congresos, y Granada creció hacia la zona sur, por el barrio del Zaidín.

Tiempos de político reconocido. Imagen de Juan Ferreras.

En un enconado debate, defendió hasta el extremo la construcción de la circunvalación, aunque para ello se comiera parte de la Vega. El imparable desarrollo. También se construyeron el Palacio de los Deportes, zonas verdes y equipamientos, en una ciudad que sufrió como pocas el abandono del dictador. También bajo su mandato, el Consistorio lógicamente se endeudó. Jara fue el alcalde que defendió la Democracia en el golpe de Estado del 23-F, y tuvo que afrontar los graves incendios del Auditorio Manuel de Falla y de la Curia.

Compaginó su cargo de alcalde con el de diputado en el Parlamento andaluz y en el Congreso de los Diputados. Y fue uno de los asesores como experto en la redacción del primer Estatuto de Autonomía de Andalucía.

Sus desavenencias internas en el PSOE le hicieron abandonar la alcaldía que dejó a Jesús Quero.

Dedicado a la docencia en la Facultad de Derecho, en 2002 fue designado por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía miembro del Consejo Consultivo de Andalucía.

El banquero que certificó la defunción de una entidad con 125 años de historia

Finiquitado Antonio Claret como presidente de CajaGranada por su defensa de la independencia y autonomía de la entidad, Jara le sustituye en la primera semana de febrero 2010.

El nombramiento de Jara fue el único acuerdo de calado entre socialistas y populares en Granada en lustros, como continuación del famoso (e inservible) Pacto del Saray, por el que agentes políticos y económicos ratificaban la independencia de CajaGranada.

Como el procedimiento reglado de la antigua Ley de Cajas obligaba a que el presidente debía de pertenecer a la Asamblea, aprovechando la renovación de 80 de sus 155 consejeros, fue propuesto paradójicamente en representación de la Junta de Andalucía, contra quien se rebeló en su mandato para tomar el camino equivocado que llevó a la agonía y muerte de la entidad, fundada en 1892.

Antonio Jara, en una de sus últimas apariciones públicas, en el Foro Granada-Motril. A.F.

Así que Jara, con todos los parabienes de la sociedad granadina, asume el mando de una caja que por entonces era la decimocuarta de España en volumen de negocios, gozaba de cierto prestigio, y era motor de desarrollo económico, social y cultural de Granada y Jaén, esto último gracias a la apuesta de Claret, que dejó en marcha el Centro Cultural, un imponente edificio, que daba vida a un agitador recinto de todas las culturas, dirigido por el ex consejero de Cultura, Enrique Moratalla.

Cegados por el arrollador halo de Jara, muy pocos percibieron que el profesor mucho antes de ser nombrado, ejercía ya inexplicablemente como presidente de CajaGranada en una visita a los empresarios de Jaén y hasta dio una rueda de prensa de hora y media en un hotel de la capital en la que se explayó sobre la entidad, que asumiría con el compromiso insoslayable –término que empleaba con la misma determinación que luego incumplió- de mantener su liderazgo, independencia y autonomía

Cegados por el arrollador halo de Jara, muy pocos percibieron que el profesor mucho antes de ser nombrado, ejercía ya inexplicablemente como presidente de CajaGranada en una visita a los empresarios de Jaén y hasta dio una rueda de prensa de hora y media en un hotel de la capital en la que se explayó sobre la entidad, que asumiría con el compromiso insoslayable -término que empleaba con la misma determinación que luego incumplió- de mantener su liderazgo, independencia y autonomía.

Con un despacho habilitado en el edificio de la caja en Gran Vía, propiedad que luego vendió a Tomás Olivo, preparaba su acceso al cargo de presidente de CajaGranada.

Como de economía bien poco sabía, la dirección de la caja le preparó un curso acelerado para que al menos comenzara a habituarse a los términos financieros de referencia.  Algunos de los que participaron en su acelerado aprendizaje revelaban que el presidente, ajeno a sus limitaciones, despreciaba las enseñanzas, con esa superioridad intelectual tan suya, que le hace aparentar que sabe todo de todo.

En esa peculiar forma de ser, que marca a un personaje, cuando dio el pregón en 2010 de las Fiestas del Zaidín no tuvo reparos en repetir literalmente párrafos del mismo discurso que 31 años pronunció en el mismo barrio

Ya al frente de la entidad, confió sobre todo en un reducido equipo de formación en Derecho, especalmente en José Antonio Montilla, además, lógicamente, en el equipo directivo financiero. Pronto se percibió que, a diferencia de su antecesor, poco le importaba la apuesta social y cultural de la Caja, que dejó en manos de su vicepresidente primero, el popular Luis González, hoy senador, como supervisor de la Obra Social, aunque su mando tan solo se dejó notar cuando alguna actividad le parecía demasiado moderna. Y en el reparto de subvenciones.

Luis González, que el PP puso en Emasagra, vivió una segunda vida en CajaGranada, después de su destierro cuando ocupaba el área de Comunicación al ser culpado de aquel lamentable informe Operación Ataujía, que en 1999, en tiempos de Julio Rodríguez, el desaparecido presidente provincial del PP Juan de Dios Martínez Soriano destapó y que no era más que un peregrino informe que aleccionaba a la caja a ayudar al PSOE a ganar las elecciones municipales, firmado por una extraña consultoría: Parralejo Jiménez.

En pleno movimiento telúrico que hace cimbrear a las cajas, Jara, que rechaza de plano tan siquiera pensar en la idea de una gran caja andaluza, se inclina, primero, por iniciar contactos con Cajastur y Caja Cantabria.

Presionan las cajas andaluzas, Unicaja y Cajasol, alimentadas por la Junta gobernada por José Antonio Griñán, pero Jara insiste en que no.

"Estamos trabajando y lo estamos haciendo con discreción, con rigor. Ni un centímetro andaremos que ponga en riesgo o perjudique el sistema financiero andaluz, ni un paso dará CajaGranada que pueda lesionar los intereses de Andalucía", decía el presidente de la entidad en abril de 2010.

Pero la lejanía territorial, hace descartar a la caja esta posibilidad para entregarse a la fusión fría con Caja Murcia, Caixa Penedès y la balear Sa Nostra. En su defensa, reitera una y otra vez que no había planes serios de crear una gran caja andaluza y que la unión con las otras entidades mediterráneas era la mejor alternativa. La que el PP alimentó.

De la fusión fría se pasó inevitablemente a la fusión bancaria para crear BMN.

Pese a las advertencias, BMN se constituyó finalmente el 22 de diciembre de 2010, participado en un 41% por Caja Murcia; un 28% por Caixa Penedès; un 18% por Caja Granada y un 13% por Sa Nostra.

Creyendo Jara que en este grupo pintaría más, la realidad mostró lo contrario: CajaGranada comenzó a diluirse, tras un brutal ERE, y una revisión de cuentas en las cajas que obligó al Estado a inyectar en dos momentos un total de 1.645 millones, para evitar su quiebra. Con ella, el Estado a través del Fondo de Restructuración Bancaria (Frob) controlaba la mayoría del banco intervenido y la caja, a través de la Fundación, apenas contaba con el 2,79 por ciento de una entidad fallida y agonizante.

En marzo de 2016, cuando el fracaso de BMN era ya más que evidente, no tuvo inconveniente en una entrevista con la Cadena Ser Andalucía de negarse a sí mismo y lanzar la idea de crear un gran banco andaluz. El PSOE andaluz se rio de él.

Por encima de todos, el que aseguró cuando tomó posesión que la caja siempre será autónoma, y que a él le sustituirá otro presidente de CajaGranada, el lunes se marchó de la Fundación de CajaGranada, curiosamente, y por primera vez en su vida, sin querer llamar la atención. Por la puerta trasera. Quizá a sus 71 años, ya se dio cuenta de que al menos en su etapa de banquero, muy poco hizo para presumir

Nunca quiso Jara revelar lo que cobraba en CajaGranada, primero, y en BMN, después, pese al interés de la prensa. Quien aún se pregunte, siete años después, qué llevó a un prestigioso jurista y ex alcalde a ser banquero, aun a costa de perder el prestigio acumulado, quizá le ayude saber que Jara ha percibido de media 278.000 euros al año. Luis González, 219.000 y José Antonio Montilla, uno de los hombres del presidente, 127.000 euros.

Y lo que ha dejado de gastar, con chófer y domicilio en Madrid, bien lujoso para atender sus requerimientos en sus quehaceres como miembro del consejo de administración de BMN.

Cuando la ley le obligó a no percibir remuneraciones en la Fundación CajaGranada, recurrió al PSOE para tratar de arreglar una solución que le permitiera ingresos.

En su etapa, no se distinguió precisamente por el diálogo con la plantilla, a través de los sindicatos y en privado y público reprochó la actitud de los trabajadores cuando muchos de ellos tuvieron que marchar a Madrid para constituir unos servicios centrales de BMN que luego, desmanteló, pese al coste invertido. Tampoco por la paridad en los nombramientos. Y contrario a la devolución de las cláusulas suelo.

Famosos han sido sus discursos y declaraciones en las que trazaba líneas rojas, todas ellas, empero, traspasadas: desde la más evidente autonomía y peso de la entidad, hasta la (no) defensa de los trabajadores.

Cuando ya era inevitable la absorción de BMN por Bankia, primero, trataba de negarlo, y, luego, lo trataba de justificar como el mejor plan de futuro para lo que su día fue CajaGranada.

Se va Jara gastando todas las palabras de defensa de una entidad, que se ha diluido, ha cerrado como nunca oficinas, dejando una sombra de duda que se extiende sobre el futuro de la Fundación CajaGranada, dueña del 0,8 por ciento de Bankia, del cubo y del Centro Cultural y de sus trabajadores. 

Por encima de todos, el que aseguró cuando tomó posesión que la caja siempre será autónoma, y que a él le sustituirá otro presidente de CajaGranada, el lunes se marchó de la Fundación de CajaGranada, curiosamente, y por primera vez en su vida, sin querer llamar la atención. Por la puerta trasera. Quizá a sus 71 años, ya se dio cuenta de que al menos en su etapa de banquero, muy poco hizo para presumir.