Piropos poéticos
Historia del Partido Comunista, por Juan Francisco Arenas de Soria

Capítulo XXVI: 'La resistencia al franquismo en la década de los 60 (I). Aspectos generales'

Política - Juan Francisco Arenas de Soria - Viernes, 10 de Diciembre de 2021
Llega a la resistencia antifranquista de los años 60 la gran serie sobre la historia del PCE, en el año de su centenario, que, cada viernes, nos ofrece Juan Francisco Arenas de Soria.
Plenario del VI Congreso del PCE (1960) celebrado en Praga.
Archivo Histórico del PCE (AHPCE)
Plenario del VI Congreso del PCE (1960) celebrado en Praga.
“…Luchamos por salir de las tinieblas a la luz aunque duelan los ojos, aunque sea difícil acostumbrarnos. Y para salir de las tinieblas tenemos en el marxismo el hilo de Ariadna que nos conduce…”

Dolores Ibarruri. Discurso a la juventud VI Congreso del PCE (1960)

El comienzo de una década

Un nuevo marco internacional ponía fin a la década de los 50 y abría la de los 60, con el inicio del período que conocemos como “coexistencia pacífica”, dejando atrás los duros momentos vividos en el final de la década de los 40 y década de los 50. La muerte de Stalin en 1953 y la política emprendida por el nuevo Secretario General del PCUS y Presidente de la Unión Soviética, Nikita Kruschev, a partir del XX Congreso, produce un viraje en el campo socialista, a partir de 1956, que lleva a las primeras propuestas de desarme de los dos bloques. Un contexto mundial convulso en el que los pueblos de África y Asia accedían a su independencia, China tomaba un nuevo protagonismo y en América Latina los movimientos de liberación configuraban un nuevo escenario, destacando la Revolución Cubana. En la misma línea, la Conferencia de Roma en noviembre de 1959 unía a los Partidos Comunistas de la Europa Occidental con una declaración que reclamaba la democratización dando la palabra a los pueblos y limitando el papel de los monopolios capitalistas, señalando directamente la situación de Portugal, España y Grecia[1]. Una política de “coexistencia pacífica” que no ponía fin a la Guerra Fría, como mostró la URSS con la invasión de Hungría en noviembre de 1956, como advertencia de que no permitiría injerencias en sus zonas de influencia.

Enrique Lister junto a Ernesto Guevara. Archivo Histórico del PCE (AHPCE)

Entre finales de diciembre de 1959 y comienzos de enero de 1960 se celebraba en Praga el VI Congreso del PCE, tras las movilizaciones en el interior, que aún sin haber sido un éxito, si mostraban la fortaleza de la organización y su capacidad de movilizar dentro y fuera del país

España vivía una situación económica compleja, que le lleva a impulsar con la colaboración de los EE.UU los conocidos como “planes de estabilización”, ingresando en la OCDE. La crisis económica afectó duramente al país, iniciándose un proceso de emigración interior y exterior, ante la falta de perspectivas que el país daba a una población que se encontraba en una dinámica de crecimiento demográfico[2].

Entre finales de diciembre de 1959 y comienzos de enero de 1960 se celebraba en Praga el VI Congreso del PCE, tras las movilizaciones en el interior, que aún sin haber sido un éxito, si mostraban la fortaleza de la organización y su capacidad de movilizar dentro y fuera del país. Un Congreso que contaría con una amplia participación de la delegación del interior, lo que vinculaba los resultados del mismo con la realidad de la España del momento.

Las principales líneas de trabajo, como explica el profesor Francisco Erice[3] son las siguientes:

1. Mantenimiento de los cambios emprendidos en el V Congreso (1954) y en 1956. Cambios que venían simbolizados en el nombramiento de Santiago Carrillo como Secretario General, pasando Dolores Ibarruri a la Presidencia.

2. Revisión de la política de Reconciliación Nacional, con dos claras consignas: movilización social y fortalecimiento del aparato del Partido en el interior

3. Actualización del programa político liderada por Fernando Claudín bajo las premisas de una revolución en dos fases: conquista de la democracia y construcción del socialismo. Entre los aspectos a destacar está la centralidad de la reforma agraria.

4. Fortalecimiento de la organización y de la organicidad

5. Presentación en el marco del 40 aniversario del PCE de la Historia del PCE, proyecto liderado por Dolores Ibarruri, con una clara intención de fortalecimiento identitario.

Para el PCE, junto a las claves exteriores que favorecían la pervivencia de la dictadura, se unían otras que afectaban a las organizaciones que conformaban la oposición democrática:

“…Si la dictadura subsistía no era sólo por las asistencias externas ni tampoco por su fuerza propia. La razón radicaba principalmente en que no existía un acuerdo entre las fuerzas de oposición para una acción conjunta capaz de desplazar a Franco del poder. Las vacilaciones, la pasividad de una gran parte de las fuerzas de oposición burguesa y del PSOE, su negativa a entenderse con los comunistas: he ahí lo que retrasaba la liberación de España…”

Había que seguir trabajando para favorecer la unidad de todas las fuerzas antifranquistas, impulsándose desde el propio VI Congreso una misiva a todas las fuerzas democráticas con la intención de abrir espacios de diálogo que llevasen a crear un frente único contra la dictadura, con los claros objetivos de la democratización de España, amnistía para los presos políticos, mejora de las condiciones de vida de la población, política exterior basada en la coexistencia pacífica, proceso constituyente…

El VI Congreso había supuesto el relevo generacional en el Partido a la vez que la primacía de la visión política de España desde el interior, frente a la anterior desde el exilio. Compartiendo las líneas políticas, se producían divergencias en la aplicación práctica de la misma.

Cambios y recambios bajo la mirada del general

España enfrentaba un proceso de cambio profundo en sus estructuras económicas y sociales, que desgraciadamente no afectaría al sistema político. Se abandonaba la autarquía  intervencionista en un proceso de apertura económica a la sombra de los dictados de los EE.UU. La española era una economía poco competitiva y de baja productividad, lo que dificultaba los cambios que suponía su inserción en el mercado internacional tal y como pretendía el Plan de Estabilización aprobado en 1959. Las primeras consecuencias no se hicieron esperar y afectaron de lleno a la clase trabajadora, víctima de restricciones salariales, desempleo… reduciéndose de manera considerable su calidad de vida y abriendo la puerta a la emigración interior hacia las zonas más dinámicas (campo-ciudad, focos industriales) y al exterior.

La década de los 60 supone la progresiva incorporación de España al mercado internacional, con un cambio en una estructura productiva que se había basado en la agricultura con un importante peso de la mano de obra sin cualificar, lo que suponía una transformación que afectaba a la población con un importante éxodo hacia los espacios urbanos, con el consecuente crecimiento de los mismos

La década de los 60 supone la progresiva incorporación de España al mercado internacional, con un cambio en una estructura productiva que se había basado en la agricultura con un importante peso de la mano de obra sin cualificar, lo que suponía una transformación que afectaba a la población con un importante éxodo hacia los espacios urbanos, con el consecuente crecimiento de los mismos. Unos cambios que se enmarcarán en el denominado como “desarrollismo”, los cuales transformarán de manera radical la España del momento[4]. El historiador Eric Hobswan afirma que entre 1950-1970 se reducirá la población rural en España en un 50%, cambios que se producen en nuestro país pero que son parte de una transformación mucho más amplia en el contexto occidental, lo que ha venido a denominar la “revolución social”[5].

Los movimientos poblacionales provocados por esta situación, tanto las migraciones interiores como exteriores, a la vez que la llegada cada vez más importante de turistas a nuestro país, rompía el férreo control que la dictadura había podido ejercer sobre la población hasta el momento, propiciándose de manera paulatina una importante transformación social.  Una sociedad que seguía manteniendo profundas desigualdades, mientras mejoraba la situación de una parte de la clase trabajadora, la que acabaría denominándose como “clase media”, que no dejaban de ser trabajadores/as con una situación algo más desahogada y unas posibilidades de abrirse a la “sociedad de consumo” mucho más amplias. Una década después, en los 70, se encontraban fuera de España 2.223.883 personas en el continente americano y 1.182.264 en los países europeos (especialmente a Francia, Suiza y la RFA), lo que había supuesto un alivio para un país que no generaba empleo al ritmo necesario y que con el desarrollo tecnológico habían convertido el paro en un problema estructural del país[6].

La lucha sindical tendrá una importante impronta en todo el período de los 60, abriéndose la puerta tímidamente a la negociación colectiva -no comparable a la existente en los países democráticos- con la aprobación en 1958 de la Ley de Convenios Colectivos Sindicales.

La lucha sindical tendrá una importante impronta en todo el período de los 60, abriéndose la puerta tímidamente a la negociación colectiva -no comparable a la existente en los países democráticos- con la aprobación en 1958 de la Ley de Convenios Colectivos Sindicales. De la misma manera el modelo del “sindicalismo vertical” o “nacionalsindicalismo” entraba en crisis, permitiendo una mayor infiltración en el mismo por parte las incipientes Comisiones Obreras. La protesta social tuvo un papel central en esta etapa, vinculada tanto a la reivindicación política como a la laboral. El incremento de la protesta tuvo como contrapartida una mayor dureza en la represión, con una nueva Ley de Orden Público (1959), aunque la jurisdicción militar se seguía aplicando a los considerados delitos contra la seguridad del Estado, manteniéndose los Consejos de Guerra sumarísimos. En 1963 nacía el Tribunal de Orden Público (TOP), que iría sustituyendo progresivamente a la jurisdicción militar, exceptuando los casos de “terrorismo”[7].

 Ante todos los cambios que se estaban produciendo en la sociedad española desde finales de los 50 y muy especialmente en la década de los 60, Carme Molinero y Pere Ysàs afirmarán que

“…si el PCE se convirtió en el partido del antifranquismo por antonomasia, fue en buena medida fue porque intentó acomodar su voluntad inflexible de derrotar el franquismo a las posibilidades que ofrecía la sociedad española de extender y visualizar la disidencia y, a partir de esta, la oposición al régimen[8]…”

La compleja situación que vive la sociedad española en esta etapa de profundos cambios se refleja en el estallido que se produce en 1962, pues frente al “despegue” económico las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora no se habían modificado, lo que llevará a la movilización exigiendo mejores condiciones laborales y salariales. La huelga de Asturias de 1962 se convirtió en todo un símbolo de la lucha obrera, dándose esta fecha como el inicio de las Comisiones Obreras. Las movilizaciones y la huelga comenzaron en abril, en Mieres, en el conocido como pozo Nicolasa, extendiéndose en unas pocas semanas a otros puntos del país. El miedo que esto despertó en el régimen llevó a la declaración del estado de excepción en Vizcaya, Guipúzcoa y Asturias, desatándose la represión con gran cantidad de detenciones. La repercusión internacional de la movilización fue de gran calado, teniendo finalmente que ceder el régimen a las reivindicaciones de los huelguistas. Dos meses de huelga que ponían sobre la mesa la fuerza del movimiento obrero organizado frente a la dictadura.

“…Las huelgas mineras asturianas de la primavera de 1962, extendidas luego a otros sectores y lugares de España, constituyen un punto de inflexión en la resistencia frente a la dictadura. El estallido social alcanzó una amplitud sin precedentes en movimientos anteriores de esta naturaleza por las cifras de obreros movilizados (en este caso, cientos de miles en todo el país), rompiendo el bloqueo informativo sobre los conflictos (aunque no, obviamente, su orientación favorable al régimen) y además obligando al gobierno a hacer concesiones y al propio Sindicato Vertical a aceptar negociar con comisiones elegidas por los trabajadores…”[9]
Mundo Obrero 1/09/1962, Archivo Histórico del PCE (AHPCE).

Este modelo de organización en comisiones obreras se extendió, con un importante impulso por parte del PCE pero con un carácter claramente plural. Nacían de esta manera las CC.OO que en septiembre de 1967 a través de la Coordinadora General de Comisiones Obreras lanzaba uno de sus primeros comunicados, con una clara impronta ideológica[10].  El PCE defenderá dos líneas claras de acción en el ámbito sindical, la infiltración en el Sindicato Vertical y el apoyo a las iniciativas obreras que, como las comisiones, suponían retar desde la clandestinidad al régimen[11].

Una movilización social que a partir de 1966 vivirá un importante crecimiento, visualizándose la resistencia antifranquista junto a las reivindicaciones en lo concreto de una sociedad a la que las costuras del franquismo comenzaban a apretarle sobremanera, la consolidación de las Comisiones Obreras será un factor clave en todo esto

Una movilización social que a partir de 1966 vivirá un importante crecimiento, visualizándose la resistencia antifranquista junto a las reivindicaciones en lo concreto de una sociedad a la que las costuras del franquismo comenzaban a apretarle sobremanera, la consolidación de las Comisiones Obreras será un factor clave en todo esto. La intelectualidad y la Universidad se convertirán igualmente en un destacado apoyo de las políticas comunistas que buscaban el aislamiento de Franco y la unidad de la oposición democrática.

El final de la década de los 60 sería un bullir ante un contexto internacional en el que los estudiantes tomaban la palabra y en procesos como el “mayo francés” o “la primavera de Praga”, se producía la confrontación dialéctica y en la calle con el orden establecido en la postguerra mundial. En este contexto el propio PCE confrontará con el PCUS ante la invasión de Checoslovaquia, considerando que se producía un tremendo error al aplastar con los tanques del Pacto de Varsovia el nacimiento de una corriente comunista con la que se compartían gran cantidad de postulados[12].

El PCE

La coyuntura de finales de los años 50 y la década de los 60 es de una gran complejidad para el movimiento comunista internacional. Desde 1917 se había producido una transformación radical del mundo conocido hasta el momento, donde la Revolución de Octubre había sido su motor incontestable. Pero la Guerra Fría había supuesto en cierto modo la pérdida de dinamismo que el movimiento comunista había introducido a la transformación social global, estancándose en una confrontación de estados por la hegemonía mundial, donde la Unión Soviética pasaba a desempeñar el papel de superpotencia y la vía insurreccional como acceso al cambio social iba quedando aparcada. La propia política de Reconciliación Nacional es un símbolo del cambio de estrategia en el PCE, donde se produce el abandono de la lucha guerrillera, se orienta la intervención política a propiciar la creación de una masa social crítica liderada por el PCE, pero desde la unidad de las fuerzas democráticas, que pudiera hacer caer al sistema dictatorial… Postura desde la que defiende en primer lugar la transformación democrática como primer objetivo, sin renunciar lógicamente al ideal del socialismo, pero posponiéndolo necesariamente a una segunda fase. Un proceso de cambio en las líneas políticas del PCE que le llevará a encabezar el proceso de transformación de los partidos comunistas de la Europa Occidental, en el conocido como “eurocomunismo”[13].

Frente a esta postura el PSOE realiza lo que denominan Sergio Gálvez y Gustavo Muñoz[14] como la “refundación anticomunista del PSOE” en los Congresos de Toulousse de 1944 y 1945, buscando romper con las políticas frente populistas y con sus vinculaciones con el PCE, intentando aislar políticamente a este último

Frente a esta postura el PSOE realiza lo que denominan Sergio Gálvez y Gustavo Muñoz[14] como la “refundación anticomunista del PSOE” en los Congresos de Toulousse de 1944 y 1945, buscando romper con las políticas frente populistas y con sus vinculaciones con el PCE, intentando aislar políticamente a este último. En los 60 el PSOE vive una dura crisis política que contrasta con el crecimiento comunista y su visibilidad en la lucha antifranquista en el interior, lo que en el campo sindical muestra la absoluta hegemonía de las Comisiones Obreras, frente a tímidos intentos de la UGT a través de la creación de los “Comités de Fábrica”. En 1970 el Pacto por la Libertad supondrá la recuperación de las relaciones entre el PSOE y el PCE, con la intención de plantear una alternativa real al régimen franquista[15].

Por otro lado entre los posibles aliados el PCE ve en los movimientos de Acción Católica y la HOAC un elemento de disensión desde dentro con el régimen que puede ser aprovechado para seguir sumando apoyos, como expresa en la Declaración del Comité Ejecutivo del PCE (julio 1960)[16].

Desde el PCE se impulsará la reconstitución de Juventudes Comunistas que nacían en 1921 y que dieron paso con la unificación con las Juventudes Socialistas a las JSU. Unas organizaciones juveniles que habían dado al Partido gran cantidad de valiosos cuadros, como el propio Secretario General, Santiago Carrillo. Formalmente la UJCE retomaba el testigo de la Juventud Comunista de 1921, aunque el proceso de articulación y su puesta en funcionamiento será desigual y mucho más laborioso.

“…el Comité Central del PCE convoca a los y las jóvenes obreros, campesinos o estudiantes, a crear una organización formalmente independiente pero encuadrada en la política del partido, y con la función esencial de transformar la creciente rebeldía antifranquista en combatividad consciente…”[17]
Grupo de Redacción de REI en 1964. Archivo Histórico del PCE (AHPCE).

Una de las políticas más destacadas del PCE se centran en su propuesta agraria, ya que en un país eminentemente agrícola, aunque en proceso de transformación, esta era una clave para llegar a miles de personas

Una de las políticas más destacadas del PCE se centran en su propuesta agraria, ya que en un país eminentemente agrícola, aunque en proceso de transformación, esta era una clave para llegar a miles de personas. El modelo autárquico e intervencionista impuesto en los años 40 había fracasado estrepitosamente, lo que abrirá la puerta a cambios en las políticas agrarias de la dictadura, comenzándose una mecanización que provocaría que sobrara la mano de obra que había sido esencial para el desarrollo de las tareas agrícolas. La destrucción de empleo tuvo como consecuencia la emigración a las ciudades, a los principales polos de atracción de mano de obra en Madrid, Cataluña o Euskadi, y en último término al extranjero. Desde el VI Congreso (1960) el PCE apuesta claramente por una política antilatifundista que ve en la Reforma Agraria su principal instrumento para erradicar la pervivencia feudal y monopolista que estos suponían. Bajo el lema “la tierra para quien la trabaja” se planteaba la expropiación de los latifundios y su reparto entre los trabajadores[18], mientras se respetaba el papel de la mediana y pequeña propiedad, en un intento de búsqueda de alianzas para luchar contra el latifundismo. Para el PCE era necesario movilizar a la sociedad rural para que se llegase a producir realmente un cambio democrático en España[19]. Desde mediados de los 50 comenzarán a darse los primeros síntomas de descontento en el medio agrario, el PCE buscará organizar la protesta para darle más visibilidad y efectividad, poniendo su aparato de propaganda al servicio de las demandas campesinas y jornaleras, con las denuncias desde Radio Independiente de España “La Pirenaica”, el reparto de octavillas, pintadas, su reflejo en Mundo Obrero… El PCE intentaba ligar el discurso de la Reforma Agraria y la propiedad de la tierra al de la conquista de la democracia, clave en la necesidad de sumar al campesinado y obreros agrícolas en la lucha contra la dictadura. Así en el VII Congreso del PCE en 1965 se reivindica las raíces campesinas y jornaleras del Partido, afirmado en su Resolución Política

“…La consigna `la tierra para el que la trabaja´ será el norte de nuestros esfuerzos para promover en todas partes comisiones de obreros agrícolas, comisiones de campesinos que recojan la carga explosiva acumulada en el agro. ¡Debemos llevar al campo el ejemplo de organización de la clase obrera y los universitarios!

A los cientos de miles de obreros agrícolas, el Partido Comunista les dice: ¡Ahí está la tierra de los grandes latifundios! ¡Ahí está la solución a vuestro angustioso problema!...”[20]

El VII Congreso (agosto 1965) es “una clara apuesta por la reinstauración en España de un régimen democrático, republicano y pluralista con un fuerte contenido de democracia social”. El PCE trabajaba denodadamente en la construcción de una alternativa unitaria a la dictadura franquista[21].

La represión como respuesta

“A pesar de los pesares” el franquismo en los comienzos de la década de los 60 no se había debilitado, aunque vivía un proceso de transformación interna con las luchas de las diferentes “familias” que componían el régimen -falangistas, católicos, tecnócratas, militares…- disputándose el poder y esferas de influencia. Sin lugar a dudas el régimen observará con preocupación el inicio de un ciclo de movilizaciones y de reorganización de la oposición al mismo, a la vez que el surgimiento de la disidencia interna y líneas aperturistas dentro del mismo que agudizaba las contradicciones con los sectores más reaccionarios. Como señalábamos anteriormente se aprobará en 1959 una nueva Ley de Orden Público y en 1963 nacería el conocido como Tribunal de Orden Público (TOP), una transformación de las políticas represivas, que no eran ni más ni menos que la continuación de lo que el historiador Santiago Vega denominará “la política del miedo”[22]

Son miles las personas que acabarán pasando por los calabozos de la Brigada Político-Social, siendo prática habitual las palizas, torturas, vejaciones de todo tipo… pero en el asesinato de Julián Grimau será, sin lugar a dudas, uno de los que más impacto alcancen por su repercusión internacional, lo que analizaremos más adelante.

Bibliografía:

  • AA.VV. Historia del Partido Comunista de España, París, Editions Sociales, 1960, pp.253-256
  • AA.VV. I Congreso de Historia del PCE (1920-1977), Barcelona, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2007
  • AMORÓS, Mario, ¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibarruri, Pasionaria, Madrid, Akal, 2021
  • FUENTES NAVARRO, MªCandelaria, y COBO ROMERO, Francisco, La tierra para quien la trabaja. Los comunistas, la sociedad rural andaluza y la conquista de la democracia (1956-1983), Granada, Universidad de Granada, 2016
  • HOBSBAWM, Eric, Historia del Siglo XX, Barcelona, Editorial Crítica, 1996
  • MATEOS, Abdón y SOTO, Álvaro, El final del franquismo (1959-1975). La transformación de la sociedad española, Madrid, Historia 16-temas de hoy, 1997.
  • VEGA SOMBRÍA, Santiago, La política del miedo. El papel de la represión en el franquismo, Barcelona, Editorial Crítica, 2011

Artículos:

  • ERICE, Francisco, “La apertura del VI Congreso (diciembre de 1959): testimonios sonoros”, en la edición digital de Mundo Obrero, 11/08/2021. Enlace: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=11675
  • ERICE, Francisco, “Declaración del Comité Ejecutivo del PCE sobre la situación española e internacional (julio de 1960)”, edición digital Mundo Obrero, 23/08/2021. Enlace: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=11724
  • ERICE, Francisco, “Declaración del PCE sobre las elecciones sindicales y la organización y las luchas obreras (Diciembre de 1960)”, en la edición digital de Mundo Obrero, 29/08/2021. Enlace: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=11741
  • ERICE, Francisco, “Sobre la Reconstitución de la Unión de Juventudes Comunistas (Octubre de 1961)” en la edición digital de Mundo Obrero, 05/09/2021. Enlace: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=11778
  • ERICE, Francisco,  'Franco, no; Asturias, sí'. Sobre las huelgas mineras de Asturias. Hacia la Huelga Política (septiembre de 1962)” en la edición digital de Mundo Obrero, 14/09/2021. Enlace: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=11833

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  • [1] AA.VV. Historia del Partido Comunista de España, París, Editions Sociales, 1960, pp.253-256
  • [2] AA.VV (1960), pp.256-257
  • [3] ERICE, Francisco, “La apertura del VI Congreso (diciembre de 1959): testimonios sonoros”, en la edición digital de Mundo Obrero, 11/08/2021
  • [4] MATEOS, Abdón y SOTO, Álvaro, El final del franquismo (1959-1975). La transformación de la sociedad española, Madrid, Historia 16-temas de hoy, 1997, pp.6-21
  • [5] HOBSBAWM, Eric, Historia del Siglo XX, Barcelona, Editorial Crítica, 1996, p.293
  • [6] MATEOS, Abdón y SOTO, Álvaro (1997), pp.22-45
  • [7] MATEOS, Abdón y SOTO, Álvaro (1997), pp.46-60
  • [8] MOLINERO, Carmen y YSÀS, Pere, “El partido del antifranquismo (1956-1977)”, en AA.VV. I Congreso de Historia del PCE (1920-1977), Barcelona, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2007, p.14
  • [9] ERICE, Francisco,  “'Franco, no; Asturias, sí'. Sobre las huelgas mineras de Asturias. Hacia la Huelga Política (septiembre de 1962)” en la edición digital de Mundo Obrero, 14/09/2021
  • [10] AMORÓS, Mario, ¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibarruri, Pasionaria, Madrid, Akal, 2021, pp.449-453
  • [11] ERICE, Francisco, “Declaración del PCE sobre las elecciones sindicales y la organización y las luchas obreras (Diciembre de 1960)”, en la edición digital de Mundo Obrero, 29/08/2021
  • [12] MOLINERO, Carmen y YSÀS, Pere (2007), pp.13-25
  • [13] SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, Jesús, “Teoría y práctica democrática en el PCE 1956-82”, en A.VV. I Congreso de Historia del PCE (1920-1977), Barcelona, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2007, pp.33-40
  • [14] GÁLVEZ, Sergio y MUÑOZ, Gustavo, “Historia de una colaboración y competición política durante el franquismo: las relaciones PCE-PSOE (1944-1974)” en A.VV. I Congreso de Historia del PCE (1920-1977), Barcelona, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2007, pp.45-46
  • [15] GÁLVEZ, Sergio y MUÑOZ, Gustavo (2007), pp.46-58
  • [16] ERICE, Francisco, “Declaración del Comité Ejecutivo del PCE sobre la situación española e internacional (julio de 1960)”, edición digital Mundo Obrero, 23/08/2021
  • [17] ERICE, Francisco, “Sobre la Reconstitución de la Unión de Juventudes Comunistas (Octubre de 1961)” en la edición digital de Mundo Obrero, 05/09/2021
  • [18] COBO ROMERO, Francisco y ORTEGA LÓPEZ, Mª Teresa, “El PCE y la cuestión agraria en Andalucía durante el tardofranquismo y la transición política a la democracia 1956-1977”, en A.VV. I Congreso de Historia del PCE (1920-1977), Barcelona, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2007, pp.87-106
  • [19] FUENTES NAVARRO, MªCandelaria, y COBO ROMERO, Francisco, La tierra para quien la trabaja. Los comunistas, la sociedad rural andaluza y la conquista de la democracia (1956-1983), Granada, Universidad de Granada, 2016, pp.76-87
  • [20] FUENTES NAVARRO, MªCandelaria, y COBO ROMERO, Francisco (2016), p. 161
  • [21] FUENTES NAVARRO, MªCandelaria, y COBO ROMERO, Francisco (2016), pp.160-161
  • [22] VEGA SOMBRÍA, Santiago, La política del miedo. El papel de la represión en el franquismo, Barcelona, Editorial Crítica, 2011
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Juan Francisco Arenas de Soria es profesor de Geografía e Historia y miembro de la Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación.

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Si no tuviste la oportunidad de leer o quieres volver a hacerlo, te ofrecemos la presentación de la serie que, cada viernes, Juan Francisco Arenas de Soria nos ofrecerá semanalmente sobre la historia del Partido Comunista que, en noviembre, cumplirá 'cien años al servicio de la clase trabajadora', con la intención de que los artículos 'nos aproximen a la realidad de un movimiento social clave para entender nuestro país, su lucha por la democracia y la libertad en contextos realmente complejos, y eso sí, siempre desde una perspectiva granadina":