Sierra Nevada, Copa del Mundo 24
Historia del Partido Comunista, por Juan Francisco Arenas de Soria

Táctica y estrategia del PCE en los años de la dictadura (y IV): 'El viraje definitivo'

Política - Juan Francisco Arenas de Soria - Viernes, 1 de Julio de 2022
Último episodio del análisis de la táctica y estrategia del PCE en los años de la dictadura, que concluye con la celebrada legalización del partido, del extraordinario serial que, sobre su historia, nos ofrece Juan Francisco Arenas Soria. No te lo pierdas.
Mundo Obrero de 27/01/1977 “Un pueblo en marcha hacia la libertad”.
Mundo Obrero de 27/01/1977 “Un pueblo en marcha hacia la libertad”.
"Para la libertad, sangro, lucho, pervivo

Para la libertad, mis ojos y mis manos

Como un árbol carnal, generoso y cautivo

Doy a los cirujanos"

Miguel Hernández

 

Conscientes de la situación, desde el propio Gobierno se facilita el desarrollo del PSOE autorizando su primer congreso legal en España desde los años treinta, en diciembre de 1976; mientras tanto denegaba la celebración del Comité Central del PCE en España -acabaría celebrándose en Roma- y Santiago Carrillo era detenido

Tras el fracaso de la “ruptura democrática” defendida por el PCE, éste se enfrentaba ahora a una realidad mucho más compleja ante la posibilidad de quedar al margen de los procesos de cambio en España, pues por un lado la construcción de la sociedad franquista desde las premisas ideológicas del anticomunismo acérrimo, junto con un contexto internacional desfavorable al surgimiento de alternativas comunistas dentro del espacio geoestratégico de occidente y con un PSOE deseoso de ocupar el puesto de liderazgo ejercido por el PCE durante casi cuatro décadas, ponía al Partido contra las cuerdas. Era necesaria la visibilización del PCE en la sociedad española, había que romper el cerco de silencio y oscuridad que se había puesto entorno al mismo, produciéndose de manera paulatina la llegada a España de una dirección exiliada y alejada del contacto directo con la sociedad española, tieniendo en cuenta que seguía siendo una organización ilegal y perseguida, y teniendo a la mayoría de sus componentes en busca y captura por parte de las fuerzas del orden público.

Conscientes de la situación, desde el propio Gobierno se facilita el desarrollo del PSOE autorizando su primer congreso legal en España desde los años treinta, en diciembre de 1976; mientras tanto denegaba la celebración del Comité Central del PCE en España -acabaría celebrándose en Roma- y Santiago Carrillo era detenido, lo que a pesar de su pronta puesta en libertad, mostraba dos formas diferentes de actuar por parte del Gobierno Suárez[i].

Encabezamiento del Editorial de Nuestra Bandera enero 1977, escrito por Manuel Azcárate.

El pleno del Comité Central de Roma se convirtió en toda una “puesta en escena” en la que el PCE buscaba una amplia visualización, respaldado por las fuerzas democráticas italianas y las fuerzas de oposición en España

El pleno del Comité Central de Roma se convirtió en toda una “puesta en escena” en la que el PCE buscaba una amplia visualización, respaldado por las fuerzas democráticas italianas y las fuerzas de oposición en España. Sus líderes en los diferentes espacios de la sociedad española, desde los espacios cristianos, sindicales, intelectuales, artistas… aparecían públicamente identificándose con la fuerza política. La postura del PCE se abría a la negociación con el Gobierno, a una “ruptura negociada”, pero las sucesivas victorias políticas que suponían para Suárez el éxito limitado de la huelga de noviembre y la abrumadora victoria en el referéndum llevaría a la aceptación de la situación y a la lucha por su propio espacio político, llevando a un cambio en la organización del Partido con el desarrollo de las agrupaciones territoriales frente a las sectoriales[ii]

En el horizonte se atisbaban ya los procesos electorales que vendrían a legitimar el nuevo “status”, mostrando el triunfo del reformismo impuesto por el postfranquismo, lo que hacía que el PCE tuviera que replantear sus posicionamientos anteriores

En el horizonte se atisbaban ya los procesos electorales que vendrían a legitimar el nuevo “status”, mostrando el triunfo del reformismo impuesto por el postfranquismo, lo que hacía que el PCE tuviera que replantear sus posicionamientos anteriores por la inviabilidad de los postulados que defendía ante una correlación de fuerzas claramente desfavorable. Así Manuel Azcárate plantea en el Editorial que escribe para la revista del PCE Nuestra Bandera, el triunfo del reformismo frente a los planteamientos realizados por el Partido Comunista, planteando una hoja de ruta en la que se plantea la defensa de las libertades democráticas y el horizonte constitucional, con un necesario acuerdo para hacer frente a la profunda crisis económica internacional que hacía mella en la débil estructura económica española.[iii] Se abría paso el conocido como eurocomunismo[iv]. Así analizaba Azcárate el momento político:

“El gobierno Suárez ha introducido un factor en cierto modo imprevisto, sorprendente, a partir, sobre todo, de una correlación de fuerzas, nueva en el seno del bloque dominante: un debilitamiento radical, muy brusco del continuismo franquista propiamente dicho, incluso en el aparato estatal, y muy especialmente en el Ejército. Y la aparición, desde dentro del sistema estatal y del bloque exfranquista, de un proyecto verdaderamente reformista, con un porcentaje reducido de continuismo, y que tiende a establecer, con el mínimo de ruptura, un sistema político pluralista, con partidos y elecciones, si bien recortando en todo lo posible la democracia y privilegiando a los sectores de derecha, con el objetivo de conservar, en otro marco político, la dominación de los monopolios capitalistas.

El proceso de la segunda mitad de 1976 ha modificado profundamente el carácter de las contradicciones esenciales que definen la lucha política. El choque no se presenta ya entre dictadura o libertad, entre franquismo o democracia. El franquismo ya no existe. La democracia no es una realidad todavía. Estamos en plena transición. La contradicción que se trata de resolver, la opción ante el país se presenta de este modo: entre una democracia plena en la que la clase obrera y el pueblo gocen de todas las libertades y puedan hacer sentir su peso en la vida nacional, o una democracia cercenada, en la que los trabajadores estén marginados del juego político.

En esta coyuntura, el problema de la legalización del Partido Comunista adquiere una importancia decisiva no sólo para los comunistas, para la vanguardia, sino para toda la sociedad…”[v] (p.3)

El proceso de giro en la línea política del PCE bajo las premisas señaladas, será paulatina, aceptando de facto la nueva situación que marcba la aprobación de la Ley para la Reforma Política

El proceso de giro en la línea política del PCE bajo las premisas señaladas, será paulatina, aceptando de facto la nueva situación que marcba la aprobación de la Ley para la Reforma Política, símbolo del reformismo posfranquista que avanzaba hacia un nuevo momento político, buscando la aceptación internacional y las reformas progresivas en el interior sin causar una conmoción en la sociedad española que el franquismo había modelado a sangre y fuego durante cuarenta años. Se emprendía un camino en el que las concesiones a la oposición democrática era imprescindibles para la legitimación del propio proeso, por lo cual se ampliaba el proceso de amnistía de presos políticos y sindicales, nueva ley electoral, disolución de la caduca estructura política del franquismo (el Movimiento y el Sindicato Vertical) y la legalización de un primer bloque de partidos, entre los que no se encontraría el PCE[vi].

En esta situación, el salvaje asesinato de “los abogados de Atocha” pro grupos armados de la utraderecha, y cómo el PCE inundó las calles de la capital madrileña desde la indignación y la contención, pero con una muestra de fuerza desconocida hasta el momento, se convertía en un punto de inflexión claro

Comenzaba la “salida a la superficie” del PCE para visualizar su presencia en la sociedad española y forzar al reconocimiento que el Gobierno Suárez le negaba. Los cuadros comunistas se daban a conocer en sus localidades de origen al amparo de lo decidido en el Comité Central de Roma, y la propias estructura organizativa evolucionaba hacia un modelo territorial que se preparaba para los procesos electorales que estaban por venir y en los que habría que participar, a pesar de encontrarse aún en una situación de ilegalidad. Como en muchos otros lugares de España, en Granada se montan  puestos de venta de Mundo Obrero en lugares tan céntricos como Puerta Real, en los que referentes del Partido como Paco Portillo o Antonio Valdivia, se acercaban a una temerosa población ofreciéndoles la publicación comunista. Sin duda, las apariciones de Carrillo en Madrid, y su detención en diciembre de 1976 obligaban al Gobierno a plantearse la legalización o no del PCE. En esta situación, el salvaje asesinato de “los abogados de Atocha” pro grupos armados de la utraderecha, y cómo el PCE inundó las calles de la capital madrileña desde la indignación y la contención, pero con una muestra de fuerza desconocida hasta el momento, se convertía en un punto de inflexión claro.

Imagen del entierro de los abogados de Atocha. Mundo Obrero 27/01/1977.

La situación se convertía en insoportable, en el mismo Mundo Obrero en el que se informaba del asesinato de los abogados laboralistas, se referenciaba el asesinato también en Madrid del estudiante granadino Arturo Ruiz García, militante de la Joven Guardia y en una de las manifestaciones de repulsa ante el asesinato del joven estudiante, moría por el impacto de un bote de humo lanzado por la Polícía Armada en la represión de la misma, la estudiante de Sociología María Luz Nájera. Para el Gobierno reformista de Suárez era necesario mover ficha ante una situación cada vez más difícil y que podía llevar a encallar el proceso, así lo explicaba Santiago Carrillo en su Memoria de la Transición:

“…Evidentemente, el pacto para la reforama entre las fuerzas que la promueven incluye la cláusula de la no legalización del PCE. Pero en un momento dado, gracias a la firmeza del PCE, a la forma en que hemos conducido nuestra salida a la superficie en la primera fase de la transición, a nuestro prestigio democrático, Adolfo Suárez comprende que si la operación que realiza puede fallar legalizándonos, por la oposición del ejército y de los sectores más duros del gobierno, como desde luego va a fracasar es si mantiene al PCE en la ilegalidad…”[vii]

Las conversaciones entre el Gobierno y la dirección del PCE comienzan de una manera más o menos clandestina para no despertar viejos fantasmas, que no estaban precisamente durmiendo. Unas negociaciones que llevan personalmente Adolfo Suárez y Santiago Carrillo. Según el historiador Juan Andrade:

“…el acuerdo no sólo giró en torno a la aceptación de la bandera por parte del PCE, de la monarquía, la unidad de España y sus símbolos a cambio de su legalización inmediata. Debió incluir también un compromiso por parte de Carrillo consistente en contener o dosificar la potenica movilizadora de su partido para favorecer el modelo de cambio reformista…”[viii]

El 9 de abril se anunciaba públicamente la legalización del Partido, lo que producía sentimientos encontrados, de la alegría de las bases del Partido que organizaban manifestaciones en los pueblos de gran parte de la geografía peninsular, al “ruido de sables” que provocaba la misma en los cuartos de banderas del Ejército franquista. Pero muchas cosas habían cambiado…

Mundo Obrero semana 25 de abril a 1 de mayo de 1977.

Por primera vez desde el final de la Guerra de España se reunía de manera legal el Comité Central del PCE en territorio español, se había elegido el simbólico 14 de abril, una reunión que vendría a convalidar el acuerdo que Carrillo había aceptado para la legalización, que suponía un tremendo viraje en la línea defendida por el Partido hasta ese momento. Abría de esta manera Santiago Carrillo

“…No encontramos en la reunión más dificil que hayamos tenido hasta hoy desde la guerra… En estas horas, no digo en estos días, digo en estas horas, puede decidirse si se va hacia la democracia o si se entra en una involución gravísima que afectaría no sólo al Partido y a todas las fuerzas democráticas de la oposición, sino también a las reformistas e institucionales… Creo que no dramatizo, digo en este minuto lo que hay”[ix]

En el mismo Comité Central se aprobaba el programa electoral del Partido de cara a las elecciones de junio, una legalización exprés que permitía presentarse a las elecciones municipales convocadas para el 15 de junio de 1977, pero que suponía un profundo cambio difícil de digerir tras años de lucha antifranquista y que el IX Congreso del PCE celebrado un año después consolidaría.

Fuentes archivísticas:

  • Archivo Histórico del PCE (AHPCE)
  • Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Ministerio de Cultura

Fuentes:

  • Mundo Obrero
  • Nuestra Bandera

Bibliografía:

  • CARRILLO, Santiago, Memoria de la Transición, Barcelona, Ediciones Grijalbo, 1983
  • ERICE, Francisco (dir), Un siglo de comunismo en España, Madrid, Editorial Akal, 2021
  • SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, Juan, Teoría y práctica democrática en el PCE (1956-1982), Barcelona, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2004

Artículos:

Notas a pie de páginas:

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  • [i] ERICE, Francisco, “El triunfo de la reforma desde arriba frente a la ruptura democrática. Editorial de Nuestra Bandera (enero 1977)” en edición digital de Mundo Obrero, 7/03/2022
  • [ii] ERICE, Francisco, “Reunión del Comité Central del PCE en Roma (28 a 31 de julio de 1976)”, en edición digital de Mundo Obrero, 28/02/2022
  • [iii] ERICE, Francisco, “El triunfo de la reforma desde arriba frente a la ruptura democrática. Editorial de Nuestra Bandera (enero 1977)” en edición digital de Mundo Obrero, 7/03/2022
  • [iv] Se puede analizar el eurocomunismo en el artículo de Felipe ALCARAZ “El Estado y la no revolución: algunas notas sobre le Eurocomunismo”, en el diario digital El Independiente de Granada 20/05/2022
  • [v] AZCÁRATE, Manuel, “Editorial”, en Nuestra Bandera, enero de 1977, pp.3
  • [vi] ANDRADE, Juan, “De la necesidad virtud. Ruptura democrática, reforma pactada y legalización condicionada”, en ERICE, Francisco (dir), Un siglo de comunismo en España, Madrid, Editorial Akal, 2021, p.266
  • [vii] CARRILLO, Santiago, Memoria de la Transición, Barcelona, Ediciones Grijalbo, 1983, pp.45-46
  • [viii] ANDRADE, Juan, “De la necesidad virtud. Ruptura democrática, reforma pactada y legalización condicionada”, en ERICE, Francisco (dir) (2021), p.268
  • [ix] Mudo Obrero, semana del 25/04 al 1/05 1977, portada

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Juan Francisco Arenas de Soria es profesor de Geografía e Historia y Miembro de la Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación.

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Si no tuviste la oportunidad de leer o quieres volver a hacerlo, te ofrecemos la presentación de la serie que, cada viernes, Juan Francisco Arenas de Soria nos ofrecerá semanalmente sobre la historia del Partido Comunista que, en noviembre, cumplirá 'cien años al servicio de la clase trabajadora', con la intención de que los artículos 'nos aproximen a la realidad de un movimiento social clave para entender nuestro país, su lucha por la democracia y la libertad en contextos realmente complejos, y eso sí, siempre desde una perspectiva granadina":