Piropos poéticos
Historia del Partido Comunista, por Juan Francisco Arenas de Soria

Capítulo XXXIX: 'Los años finales de la dictadura 1975-1977'

Política - Juan Francisco Arenas de Soria - Viernes, 1 de Abril de 2022
Un nuevo y excepcional capitulo de la historia del PC que, con motivo de su centenario, nos ofrece Juan Francisco Arenas de Soria.
Portada del sindicalista IG Metal de la RF Alemana, en Mundo Obrero 25/11/1975.
Portada del sindicalista IG Metal de la RF Alemana, en Mundo Obrero 25/11/1975.
“…En la tradición católica los días de duelo proyectan una imagen falseada de las actitudes hacia el difunto. Los allegados expresan su desconsuelo ante propios y extraños; una parte de la comunidad cumple sin más con la liturgia del pésame; y los agraviados guardan ese día un incómodo silencio. Cuando el difunto es un tirano que ha sido derrocado, ni las costumbres o preceptos impiden la celebración pública. El acontecimiento se despersonaliza, se vive como liberación colectiva y una entusiasta perspectiva de cambio arroja ese cuerpo al pasado. Pero si el dictador muere sin ser depuesto, las sensaciones se amalgaman y se expresan condicionadas por la vigencia de sus herederos…”[i]

                La muerte del general Franco el 20 de noviembre de 1975 suponía un fuerte revés para un régimen dictorial construido entorno a la figura de su líder político y militar, vencedor de la “Cruzada Nacional” y constructor de la “Nueva España”. El Gobierno ponía en marcha la “Operación Lucero”[ii], diseñada desde 1974 por los servicios de inteligencia españoles (Servicio Central de Documentación-SECED) para las posibles contingencias que pudieran darse en los primeros momentos tras la muerte del dictador. Se desencadenan pues una oleada de detenciones de personas supuestamente “peligrosas” pertenecientes en su mayoría al PCE.

Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Ministerio de Cultura. Mundo Obrero 25/11/1975.

 Ese mismo día Dolores Ibarruri, en una alocución desde Radio España Independiente,  titulada “La hora de la democracia” expresaba de esta manera tan crucial momento:

“…Como el despertar de una angustiosa pesadilla, nuestro pueblo ha conocido la muerte de Franco.

Francisco  Franco, principal responsable de tantos crímenes, de tantas depredaciones, de tantos lutos, de tantos dolores, ha muerto. ¡Que la tierra le sea leve!

Franco, el hombre que sobre su conciencia llevaba la responsabilidad directa de una guerra fraticida que constó al pueblo español más de un millón de muertos y cuarenta años de represión, de ejecuciones, de cárceles y de presidios, ha desaparecido físicamente a pesar de los esfuerzos de sus familiares y beneficiarios del régimen por conservarle la vida, aunque fuera momificada levantada sobre una terrible huesera, para continuar la sombra de su cadáver el monopolio de la vida política, económica y social de España…”[iii]

Santiago Carrillo llama a tomar la iniciativa poniendo sobre la mesa la necesidad de crear un gobierno provisional compuesto por todas las fuerzas políticas que defendiesen la salida democrática:

“…La larga espera ha terminado. Un periodo de la historia de España toca a su fin. Ahora las fuerzas de la oposición: izquierda, centro y derecha incluídas, tienen que salir a la luz pública, ofreciendo un gobierno provisional y un programa realista capaz de hacer la más amplia unidad nacional…”

La Jefatura del Estado era asumida con carácter inmediato por Juan Carlos de Borbón sobre la base de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947) y en aplicación de la designación de su persona realizada por Franco, aprobada por las Cortes del Régimen en julio de 1969, saltándose la legitimidad dinástica. En el mensaje de Navidad de ese año 1969 Franco afirmaba que:

“..todo queda atado y bien atado con mi propuesta y la aprobación por las Cortes con la designación como sucesor a título de rey, del príncipe don Juan Carlos de Borbón”.

Con toda presteza se procederá a la toma de posesión del nuevo Jefe del Estado el 22 de noviembre, sin haber sido aún enterrado Franco, lo cuál sucedía al día siguiente. En el discurso de Juan Carlos de Borbón ante las Cortes franquistas afirmará

“…Como Rey de España, título que me confieren la tradición histórica, las Leyes Fundamentales del Reino y el mandato legítimo de los españoles, me honro en dirigiros el primer mensaje de la Corona, que brota de lo más profundo de mi corazón. Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio…” [iv]

La respuesta del PCE ante los acontecimientos suponía una clara denuncia del “continuísmo franquista” en la persona de Juan Carlos, muy especialmente tras escuchar este primer discurso del nuevo Jefe del Estado:

“¡Fiel guardián de la herencia de Franco, de su sistema constitucional, de las Leyes Fundamentales!. Como tal se ha presentado Juan Carlos de Borbón ante las Cortes (…) Nuestra lucha prosigue, en efecto, hasta la victoria final de la democracia; hasta arrancar a todos los presos políticos, sin excepciones, de las cárceles; hasta el libre retorno de todos los exiliados; hasta el pleno ejercicio de los derechos de asociación política y sindical. Continúa para hacer posible el propósito ratificado conjuntamente hace unos días por la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia, de Madrid: el total ejercicio de las libertades políticas mediante la apertura de un periodo constituyente basado en el sufragio universal”[v]

Dolores Ibarruri lo advertía claramente en su discurso de 20 de noviembre:

“…Mas que nadie piense con la muerte del llamado “caudillo” todo va a ser fácil. Ningún poder impuesto por arriba, a espaldas del pueblo, ninguna monarquía franquista puede ser una solución viable en España. Las raíces del franquismo están ahí, quedan y hay que arrancarlas hasta hasta el fin; y arrancarlas no con los criminales métodos que los franquistas emplearon contra las fuerzas democráticas, contra todo el pubelo, sino con la acción común de todas las fuerzas democráticas bajo la bandera de la reconciliación nacional, que entierre para siempre el abismo de sangre y de odios que la sublevación fascista de 1936 y la larga etapa de dictadura abrió entre los españoles…”[vi]

Marcelino Camacho, líder de las Comisiones Obreras, escribía desde la cárcel:

“… Los cambios de personas, la aparición de un rey en lugar de un caudillo, puede tener su importancia, sin duda, pero la clave para la solución de todas las incógnitas sociales, económicas, políticas yreligiosas, se llama libertad, sin la cual no habrña participación ni compromiso de ningún tipo. Y el primer paso para un efectivo consenso de concordia nacional pasa por la concesión de una inmediata amnistía para todos los presos por motivaciones políticas y sindicales, sin exclusión y para los exiliados…”[vii]

El desarrollo de los acontecimientos hicieron ver a unos y otros que una transición sin el PCE sería un claro paso en falso, por lo que en 1976 se funden ambas plataformas en la Coordinación Democrática o “Platajunta”

El PCE planteaba poner en funcionamiento la política de convergencia que desde 1974 había iniciado con la creación de la Junta Democrática, un espacio plural y abierto en el que participaban fuerzas políticas y sindicales, a la vez que personas sin filiación política, con el objetivo de plantear un gobierno provisional de concentración “democrática” que fuera la clara alternativa al continuísmo franquista y una muestra clara de “ruptura democrática”. Mientras desde el PCE se hacían estos planteamientos, para otras organizaciones políticas era fundamental acabar con el protagonismo de los comunistas, cuestionando su carácter democrático, el PSOE lanzaba en junio de 1975 la Plataforma de Convergencia Democrática. El desarrollo de los acontecimientos hicieron ver a unos y otros que una transición sin el PCE sería un claro paso en falso, por lo que en 1976 se funden ambas plataformas en la Coordinación Democrática o “Platajunta”. Un paso que se daba frente al miedo al aislamiento político, pero que de facto implicaba renunciar a la “ruptura democrática” por parte del PCE, en favor de una “reforma pactada”, lo que suponía un cambio en la línea política trabajada desde el Partido en la última década. Pero son muchas las cosas que comienzan a moverse dentro del PCE con todos estos acontecimientos, entre el 28-31 de julio de 1976 se celebra un Comité Central en Roma[viii], produciéndose importantes cambios como la conceptualización de la “vía democrática al socialismo”, democratización de las estructuras internas, adaptación a la posible legalización pasando de las “células” a las “agrupaciones”, apertura de una línea de negociación con el gobierno Suárez… se atisva en el horizonte lo que más tarde pasaría a llamarse “eurocomunismo”.

Primera rueda de Prensa de Santiago Carrillo en Madrid. Diciembre, 1976. Archivo Histórico del PCE (AHPCE).

Será clave la sustitución del presidente del gobierno Carlos Arias Navarro por Adolfo Suarez desde comienzos de julio del 76. Se mantiene la presión en la calle, pero a pesar del éxito de la convocatoria de huelga general de 24 horas de la Coordinadora Sidical (CC.OO-UGT-USO) en noveimbre, el pulso con el Gobierno se acaba dirimiendo como un “empate”[ix].  La Ley de Reforma Política y el abrumador apoyo que tuvo la misma a través del referéndum de diciembre de 1976, 94% de voto favorable, a pesar de la llamada a la abstención por parte de la “Platajunta”, ponía las cartas sobre la mesa: el gobierno seguía controlando todos los resortes de poder mediático y de control social. Según el historiador de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) Francisco Erice:

“…El gobierno de Suárez había logrado cambiar la correlación de fuerzas dentro del bloque dominante, consiguiendo alumbrar un proyecto verdaderamente reformista desde el régimen, y tendiendo a establecer “con un mínimo de ruptura”, un sistema político pluripartidista, “si bien recortando en todo lo posible la democracia y privilegiando a los sectores de derecha, con el objetivo de conservar, en otro marco político, la dominación de los monopolios capitalistas”. La lucha no se dirimía ya entre democracia y dictadura, sino entre democracia “plena” y democracia “cercenada”…”[x]

Para el historiador Josep Fontana:

“…Así se llegó a los momentos finales del Caudillo, cuando los mismos herederos del franquismo eran conscientes de que necesitaban realizar un mínimo de cambios para asegurarse la impunidad personal y la supervivencia política, pactándolos con las fuerzas de izquierda, después de haber demostrado durante cuarenta años que eran incapaces de amenazar seriamente al dictador…”[xi]

A pesar de la debilidad de las organizaciones políticas democráticas, para Adolfo Suárez era fundamental su inclusión en el proceso de transformación, pues la complejidad económica y social de la coyuntura hacía que fueran claves para amortiguar la contestación ante la crisis que se vivía, espacio en el cual el verdadero peligro era la capacidad movilizadora de las Comisiones Obreras. Para el historiador Juan Andrade:

“…Lo que se puso de manifiesto entonces fue que la oposición había tenido la fueza suficiente para impedir el continuismo, pero que adolecía de la capacidad necesaria para imponer la ruptura. Para la dirección del PCE la única salida al franquismo pasaba por respaldar el proceso reformista de Suárez, forzando sus límites hasta que desembocara en unas Cortes Constituyentes…”[xii]
Simón Sánchez Montero, Santiago Álvarez y José Unanué, salen de la cárcel de Carabanchel. 1976. (AHPCE).

Desde finales de 1976 el PCE inicia una política de visibilización ante el intento de condenarle al ostracismo, por lo que su actividad política comienza a realizarse a cara descubierta, con mesas para la venta de Mundo Obrero, actos públicos, pintadas, reparto de octavillas… El propio Santiago Carrillo tomará la decisión de volver a España, siendo detenido el 22 de diciembre. El Partido presionaba buscando la legalización de cara a los procesos electorales que se atisvaban, su legalización a porteriori hubiera sido un rotundo fracaso, por lo que ponía en estos momentos “toda la carne sobre el asador”.

Armando López Salinas, Leonor Bornao y José Sandoval, tras la presentación de los estatutos del PCE, ante el Gobierno Civil de Madrid. Marzo, 1977. Archivo Histórico del PCE (AHPCE).

 

1977 se perfilaba como un año de crucial importancia para el devenir de España y comenzaba con el tremendo impacto de los asesinatos de “los abogados de Atocha” que provocan una tremenda movilización de CC.OO y el PCE ante esta agresión directa

1977 se perfilaba como un año de crucial importancia para el devenir de España y comenzaba con el tremendo impacto de los asesinatos de “los abogados de Atocha” que provocan una tremenda movilización de CC.OO y el PCE ante esta agresión directa. A penas unas semanas después se publicaba el Decreto-ley de 8 de febrero de 1977 sobre el derecho de asociación política, que abría la puerta a la legalización de los partidos políticos.  El PCE presentaba en marzo sus estatutos en el Gobierno Civil de Madrid siendo legalizado el 9 de abril ante la sorpresa de muchos, especialmente de los sectores más reaccionarios del régimen. El presidente del Gobierno Adolfo Suárez, se expresaba de esta manera en TVE

“… yo señores, no sólo no soy comunista, sino que rechazo firmemente su ideología, como la rechazan los demás miembros del gabinete que presido. Pero sí soy demócrata, y sinceramente demócrata, por ello pienso que nuestro pueblo es suficientemente maduro y lo demuestra a diario,como para asimilar su propio pluralismo. Pienso que este pueblo nuestro no quiere encontrarse fatalmente obligado a ver las cárceles llenas de gente por motivos ideológicos…”
Edición de Mundo Obrero de 10 de abril de 1977. Archivo Histórico del PCE (AHPCE).

 Este fue un hecho crucial en todo el proceso que se había abierto desde la muerte del dictador. El “ruido de sables” que sigue a esta decisión se visualiza claramente:

“…En ciertos medios militares se ha sabido que el pasado lunes en la sede del Alto Estado Mayor, en la calle de Vitruvio, se observó durante la tarde del lunes y todo el día de ayer un gran movimiento de vehículos y personas. Se han celebrado reuniones a diversos niveles de representantes de las tres Armas y una general, en la que participaron la gran mayoría de jefes, oficiales y funcionarios del alto organismo militar; en esta última, según parece, se produjeron intervenciones abiertamente contrarias a la medida gubernamental que, al parecer, ha provocado la actual crisis...”[xiii]

Lógicamente el PCE tuvo que hacer sus concesiones, lo que suponía un duro trance para la formación política. Para el historiador Josep Fontana:

“…Carrillo tuvo entonces que resignarse a cumplir con las condiciones que imponía Suárez, que le exigía la aceptación de la monarquía, de la bandera monárquica y de la unidad de España, y se apresuró a olvidar su vocación revolucionaria y las promesas de cambio radical que el partido había hecho…”[xiv]

Fuentes archivísticas:

  • Archivo Histórico Partido Comunista de España (AHPCE)
  • Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Ministerio de Cultura

Fuentes hemerográficas:

  • Periódico Mundo Obrero
  • Periódico El País

Artículos:

Bibliografía:

  • CAMACHO, Marcelino, Confieso que he luchado, Sevilla, Atrapasueños, 2015
  • ERICE, Francisco (dir.), Un siglo de comunismo en España I, Madrid, Editorial Akal, 2021

Citas bibliográficas:

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  • [i] ANDRADE, Juan “El PCE en (la) transición (1975-1982)”, en ERICE, Francisco (dir.), Un siglo de comunismo en España I, Madrid, Editorial Akal, 2021, p.257
  • [ii] SANZ, Luis, “Así fue el entierro de Franco en el valle de los Caídos: todo estaba atado y bien atado”, diario digital Público, 23/10/2019
  • [iii] Mundo Obrero, 25/11/1975, p.3
  • [iv] Fragmento del discurso de Juan Carlos de Borbón el día 22 de noviembre de 1975 ante las Cortes franquistas.
  • [v] Mundo Obrero, 25/11/1975, pp.1-2
  • [vi] Mundo Obrero, 25/11/1975, p.3
  • [vii] CAMACHO, Marcelino, Confieso que he luchado, Sevilla, Atrapasueños, 2015, p.316
  • [viii] ERICE, Francisco, “Reunión del Comité Central del PCE en Roma (28 al 31 de julio de 1976)”, en diario digital Mundo Obrero, 07/03/2022
  • [ix] ERICE, Francisco, “El triunfo de la reforma desde arriba frente a la ruptura democrática. Editorial de Nuestra Bandera (enero de 1977)”, en diario digital Mundo Obrero, 28/02/2022
  • [x] ERICE, Francisco, “Reunión del Comité Central del PCE en Roma (28 al 31 de julio de 1976)”, en diario digital Mundo Obrero, 07/03/2022
  • [xi] FONTANA, Josep, “Los comunistas ante la transición”, en la revista Mientras Tanto núm.104-105, Barcelona, Icaria Editorial, 2007, p.26
  • [xii] ANDRADE, Juan (2021), p.265
  • [xiii] Diario El País, “Dimite el Ministro de Marina”, 13/04/1977
  • [xiv] FONTANA, Josep (2007) p.27

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Juan Francisco Arenas de Soria es profesor de Geografía e Historia y miembro de la Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación.

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Si no tuviste la oportunidad de leer o quieres volver a hacerlo, te ofrecemos la presentación de la serie que, cada viernes, Juan Francisco Arenas de Soria nos ofrecerá semanalmente sobre la historia del Partido Comunista que, en noviembre, cumplirá 'cien años al servicio de la clase trabajadora', con la intención de que los artículos 'nos aproximen a la realidad de un movimiento social clave para entender nuestro país, su lucha por la democracia y la libertad en contextos realmente complejos, y eso sí, siempre desde una perspectiva granadina":