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en homenaje a una mujer con una intensa vida de rebeldía y compromiso feminista y social

'Juana García Ruiz, una intensa vida de rebeldía y compromiso social'

Política - Alfonso Martínez Foronda - Sábado, 22 de Abril de 2023
Alfonso Martínez Foronda nos ofrece un extraordinario retrato de una mujer, que se distinguió en la lucha antifranquista, con una intensa vida de rebeldía y compromiso feminista y social, que le llevó a las cárceles del régimen.
Juana García Ruiz.
Todas las imágenes de este reportaje han sido cedidas por Juana García Ruiz.
Juana García Ruiz.

Nace accidentalmente en Villacarrillo (Jaén) en 1953. Accidentalmente, porque su padre era Guardia Civil. A los tres años, lo trasladan a Cuenca, donde permanecen cinco años. Y cuando ella tiene ocho años, se vienen a Jaén capital donde vivirá –exceptuando los cinco años que estudia en Granada- hasta 1982, en que se va a vivir a Cádiz. Sin embargo, nunca vivirá en el cuartel porque su padre, al ser sanitario, era Jefe de la Unidad de Auxilio en carretera y, eso, le permitía residir fuera de los recintos militares. Desgraciadamente, cuando Juana tiene 14 años, sufrirá la pérdida de su madre, de forma repentina, una edad complicada en cualquier adolescencia, lo que marca una etapa de crisis importante para ella.

Ya en Jaén, estudiará en el Instituto Virgen del Carmen, el conocido como “Femenino”, donde confluirá con otros estudiantes que serán, pasados los años, uno de los núcleos más activos del PCE en la Universidad de Granada

Ya en Jaén, estudiará en el Instituto Virgen del Carmen, el conocido como “Femenino”, donde confluirá con otros estudiantes que serán, pasados los años, uno de los núcleos más activos del PCE en la Universidad de Granada. Una forma de canalizar sus inquietudes fue integrarse en el grupo llamado de “los fornelianos”. (Véase Mujeres Antifranquistas granadinas: Ana Ortega Serrano, una vida de compromiso social, en El Independiente de Granada). Ya señalamos que el Padre Forner, jesuita canario, era admirador de Teilhard de Chardin y de los demócratas cristianos europeístas del momento. Ocupaba en el centro el cargo de director espiritual y eso –como señala Miguel Conejero- le permitió acceder al alumnado más inquieto del “Femenino” y contribuirá activamente a ir formando una conciencia de rebeldía contra las injusticias, dentro de los esquemas cristianos a los que pertenecía. Un grupo donde Juana García se integra junto a otros estudiantes como Juan Martos Quesada, Emilio Fuentes Romero, Manuel Monereo Pérez, Paco Menéndez Martos, Mariano Zamora Arriaza “Josechu”, Ana Ortega Serrano o  María José Robles, entre otros. Juana reconoce que estas relaciones con el padre Forner, con las contradicciones que hemos señalado en otros artículos, le ayudó, no obstante, a escapar de ese Jaén provinciano y reaccionario que la asfixiaba.

Sus inquietudes, además, la llevaron a formar parte de un grupo de teatro independiente, poniendo en escena la Medea de Eurípides con la que ganaron varios premios a nivel nacional

Eso, y la influencia en el Instituto de dos profesores excepcionales: uno, don Carlos, que formó un pequeño grupo que discutían textos de marxismo; y, otro, muy especial, al que le debe su amor por la Literatura y por el que estudió Filología Románica, don Alfonso Sancho, su particular Juan de Mairena como ella misma afirma. De él hemos escrito en otros artículos en el que concita el reconocimiento de todo su alumnado. Sus inquietudes, además, la llevaron a formar parte de un grupo de teatro independiente, poniendo en escena la Medea de Eurípides con la que ganaron varios premios a nivel nacional; o El pan de todos, de Alfonso Sastre, que la prohibieron el día del estreno, como no podía ser menos; o Antígona, de Sófocles, que no la pudieron estrenar.

Durante su último curso en el Instituto, un grupo de ellos comenzará a tener reuniones de formación marxista

Así, entre el grupo de alumnos “fornelianos”, se irán conformando relaciones de amistad o de noviazgo, pero también de compromiso social. Durante su último curso en el Instituto, un grupo de ellos comenzará a tener reuniones de formación marxista. Solían reunirse en casa de Manuel Monereo Pérez o en la trastienda de la joyería de su padre. Allí analizaban textos marxistas o leían el Mundo Obrero. Recuerda que la primera vez que tuvo que llevarse a su casa ese periódico clandestino le temblaba todo el cuerpo, porque sabía –y más ella que vivía con un Guardia Civil- que, si se le lo descubrían, el castigo sería inmediato. Lo escondió debajo del colchón y esa noche no pudo dormir. Una anécdota, sin duda, pero era el inicio de un camino sin retorno que, poco más tarde, la llevaría a la comisaría y a la cárcel.

Juana García Ruiz, en una imagen de 1972.

Terminado el COU, Juana García recalará, como la mayoría de este grupo, en Granada, donde viene a estudiar Filología Románica

Terminado el COU, Juana García recalará, como la mayoría de este grupo, en Granada, donde viene a estudiar Filología Románica. Tuvo la suerte, que ya era un decir, que su padre no la enviase a una residencia de monjas, como era su deseo, para “domar su rebeldía”, como solía decir, y eso le permitió alquilar un piso con otras amigas como Lola Parras Chica, Dolores Huertas y ella misma. Se daba la circunstancia que tanto ella como Lola Parras partían de la ventaja, que también es un decir, de que sus dos padres se conocían, los dos se habían casado en segundas nupcias y, ambos, eran miembros de la Benemérita. 

Menos mal otro camarada con amabilidad exquisita, pidió calma, le ofreció  un café y un bocadillo mientras arreglaban un poco el coche y se marchó esa misma tarde noche para Granada, pero ya el cristal estaba subido. Su cara no se le olvidó nunca y un día, años más tarde, lo vio por televisión. Era Julio Anguita

Su militancia en el PCE se inicia antes de llegar a Granada y, una vez aquí, se integra en una célula con otros estudiantes de Comunes como Isidoro García, Lola Parras…. Su actividad es incesante: asambleas, reuniones, movilizaciones constantes, Además, como tenía carnet de conducir, algo inusual en ese tiempo, le permitió que la organización aprovechara esa circunstancia para llevar propaganda clandestina a otros lugares en coches que, por seguridad, no se sabía a quiénes pertenecían. Recuerda la anécdota de que, en un viaje a Córdoba, llevando propaganda en un coche que no era el suyo, que desconocía el nombre del propietario, tuvo un percance a la entrada a la ciudad cuando la embistió un camión por la parte izquierda. El conductor, hecho un energúmeno y ella temblando, cuando aparece la Guardia Civil. Menos mal que la vieron jovencilla y muy nerviosa, y como el azar es caprichoso, no le abrieron el maletero; antes, al contrario, le enderezaron el alero que rozaba la rueda para que lo pudiera llevar al taller. Y, por si faltaba poco, llegó tarde a la cita de entrega y el camarada también se puso nervioso porque los ponía en peligro también a ellos y la conminó a que tenía que irse a Granada de inmediato. Menos mal otro camarada con amabilidad exquisita, pidió calma, le ofreció un café y un bocadillo mientras arreglaban un poco el coche y se marchó esa misma tarde noche para Granada, pero ya el cristal se podía subir. Su cara no se le olvidó nunca y un día, años más tarde, lo vio por televisión. Era Julio Anguita.

En fin, que tanto fue el cántaro a la fuente que…

Un día frío de febrero de 1974, con sus huesos en Comisaría

Era un 27 de febrero. Ese día el PCE había iniciado unas jornadas de lucha contra la carestía de la vida y contra la condena muerte de Puig Antich y sus compañeros. (Recordemos que fue ejecutado en la madrugada del 2 de marzo de 1974).  Algunos de sus militantes habían repartido, como en el caso de Juana, unas octavillas.  A ella le tocó repartirlas en el mercado de San Agustín. Se había vestido para la ocasión con medias finas, faldita corta y chaquetita, camuflaje apropiado de una señorita para no despertar las sospechas de la Brigada Político Social. Terminada la acción, más helada que una llave, tras cumplir con las citas de seguridad, regresa a su piso. Ya habían llegado las otras amigas como Lola Parra y Dolores Huertas y también estaba su novio Mariano Zamora “Josechu” y Felipe Santana Gálvez “Pipe”.

No sospechó que la BPS ya tenía identificado ese piso y era su respuesta a esa “siembra” de propaganda que venía firmada por el “Comité en Granada del Partido Comunista de España”

No sospechó que la BPS ya tenía identificado ese piso y era su respuesta a esa “siembra” de propaganda que venía firmada por el “Comité en Granada del Partido Comunista de España”. Cuando sonó el timbre de la puerta, al ver que tapaban la mirilla, -costumbre a modo de broma que a veces tenía su camarada Paco Menéndez, novio, a su vez, de Lola Parras- lanzó un improperio ante tanta insistencia y descorrió el cerrojo. No le dio tiempo a cerrar la puerta porque una placa policial se la meten en las narices y un zapato negro lo impide. La acción es vertiginosa y, tras empujarla, hasta seis “secretas” penetran en el piso y comienzan un registro salvaje. Casa patas arriba. Se llevaron todos los libros, incluso los que usaban para las clases porque para ellos todo era marxismo y, por tanto, subversivo. Y, en medio del registro, llega Juan Martos Quesada, que venía a avisarles de otras detenciones. Y, por si faltaba alguien, cuando todavía la policía destrozaba lo que encontraba a su paso, se presenta también Antonia Picazo “Toni”. Ya estaban casi todos. Hay que imaginarse las miradas que se cruzan entre ellos, el silencio tenso y el terror de quienes se saben que han caído innecesariamente en las garras policiales.

Quedaron detenidos. Esposados y esposadas, a los “zetas” y de allí a la Comisaría de Los Lobos, incomunicados. Nombre apropiado. Demasiados para tan pocas celdas –la de los Lobos tenía cinco- y los distribuyen por otras comisarías

Quedaron detenidos. Esposados y esposadas, a los “zetas” y de allí a la Comisaría de Los Lobos, incomunicados. Nombre apropiado. Demasiados para tan pocas celdas –la de los Lobos tenía cinco- y los distribuyen por otras comisarías. A Juana la llevan después a la del Albayzín, de triste recuerdo para los antifranquistas. Si todas las comisarías son terribles, las condiciones de ésta eran más que lamentables: las paredes rezumaban agua, el suelo es un charco y el frío calaba los huesos. Incluso los mismos policías, como recuerda Juana, decían que no reunía las condiciones para dejar a esa jovencita. Le darán una manta, o algo parecido, de la que recuerda todavía ese “olor ácido espantoso” que más que calor, le daba “asco”. Además, todavía con las medias finas, la faldita corta y la chaquetita, el frío y la humedad, se le pegaba a su piel y los pies, en medio del charco, mojados. Uno de los “grises”, algo humanitario, le pregunta de vez en cuando, cómo está y a lo más que atina es a decirle que se muere de frío. No le responde nunca, pero regresa enseguida con una fregona para recoger el agua del suelo.

Y la angustia de no saber nada de cuándo comenzaría el interrogatorio, ni el destino de sus camaradas. El tiempo es eterno. Es el tiempo para la maduración de los detenidos, ese que muestra las fortalezas o las debilidades

Y la angustia de no saber nada de cuándo comenzaría el interrogatorio, ni el destino de sus camaradas. El tiempo es eterno. Es el tiempo para la maduración de los detenidos, ese que muestra las fortalezas o las debilidades, de las que nadie estaba a salvo y más, cuando en el imaginario de los antifranquistas, aparecían hechos terribles de torturas a otros militantes. Le extrañó que el policía mostrase una amabilidad inusual, sacándola de la celda y llevándola a un cuartito con estufa de gas y sofá, al tiempo que le advertía que “ni se te ocurra decirle a nadie que te he traído aquí” y la invitaba a sentarse junto a la estufa, que durmiera y que la despertaría antes del cambio de guardia, al tiempo que le ofrecía un café con leche y de una fiambrera saca un trozo de tortilla de patatas. Las fisuras de régimen son evidentes. Y, aún así, Juana desconfiaba del “gris” al que siempre se asociaba a la represión, pero él le confiesa que se había compadecido de las condiciones inhumanas de la celda. Cumple su palabra y con el cambio de guardia la despierta –recordándole de nuevo que no debía decir nada de esto para no ponerlo en un aprieto- y vuelve la tensa espera.

La llevan a una sala y comienza el interrogatorio, no sin que antes le quitaran las esposas y, de un empujón, la sentaran en la silla

Sobre las tres y media de la tarde la trasladan a la Comisaría de los Lobos, de nuevo esposada. La llevan a una sala y comienza el interrogatorio, no sin que antes le quitaran las esposas y, de un empujón, la sentaran en la silla. Será Fernández quien comienza preguntando por “ese vasco” que se llama “Josechu”. Y como ella repitiera como un loro, una y otra vez, que no era vasco, que era su novio, que no era el nombre de guerra y vuelta a empezar, la insultarán y le gritarán, pero comienza a ponerse serio cuando entran en el PCE.

— Eres militante del PCE, ¿no? –le preguntan.

— No.

— No lo niegues porque los demás lo han confirmado.

Era una técnica burda: la de hacerle creer a la persona detenida que otros camaradas ya habían cantado. Pero el Partido aleccionaba sobre esto y lo que debían hacer es negar la mayor. No. No. No. Y en esa rueda infernal le preguntarán sobre las personas que vivían en el piso, sobre Lola Parras o Dolores Huertas o por qué había ido al piso Antonia Picazo. Y volver sobre las preguntas iniciales para constatar algún resquicio. Pero, como al estar incomunicados no tenían noticia de toda la caída, algunas veces la sorpresa aparecía cuando le preguntaban por otros detenidos como Manolo Monereo, Paco Menéndez o Araceli Ortiz. En esos momentos, había que poner cara de gárgola, aunque en su interior la preocupación iba en aumento. Sus negativas exasperan al policía y, como nada sacan, Fernández vuelve a darle un empujón y a insultarla; la tira al suelo, al tiempo que le pregunta si cree que él es un “gilipollas”. Recuerda que:

“El empujón me tira al suelo con la silla. Me duele mucho la mano sobre la que ha caído todo el peso del cuerpo. Me siento ridícula con la falda subida, las piernas abiertas, los pies en alto. Me levanto todo lo rápida que puedo. El otro policía me sienta en la silla con otro empujón. Hablan entre ellos. Fernández se va. El que se queda empieza otra vez con quién es Josechu y que si es vasco y que cómo lo conocí. Esta vez no insiste mucho. Me lleva a la puerta. Al salir veo a Toni [Picazo] sentada en un banco. Me esposan, me montan en un zeta, que coge dirección del Albayzín”. (Todos los entrecomillados, en Formulario a Juana García Ruiz, en AHCCOO-A).

Pierde la noción del tiempo y el frío sigue incrustado en sus huesos, en medio de la suciedad, con unas letrinas repugnantes y, por si faltaba poco, le viene la menstruación. Por favor, unas compresas. No hay

Y, de nuevo, a la misma comisaría, el mismo policía amable que le ofrece estufa y café, pero esta vez no hay tortilla. Es la misma celda, pero han secado el suelo y la manta ya no tiene el olor nauseabundo de la noche anterior. Algo es algo, aunque no podía sustraerse al paternalismo del guardia cuando le dice que era muy joven para meterse en líos o si sus padres sabían que era comunista. Amable, pero policía. Pierde la noción del tiempo y el frío sigue incrustado en sus huesos, en medio de la suciedad, con unas letrinas repugnantes y, por si faltaba poco, le viene la menstruación. Por favor, unas compresas. No hay. Tardaron mucho tiempo en traerlas. Y, mientras, como mecanismo de evasión, los recuerdos de las reuniones en Jaén el año anterior, la ilusión de venir a Granada, salir de la opresión del Jaén provinciano, el de tener un piso propio con sus amigas en el que vivían con sus novios; recuerdos de los zafarranchos cuando algún padre decidía visitarlas y tenían que eliminar cualquier rastro que evidenciara la presencia masculina…

El cerrojo de la celda, con su estruendo, la devuelve a la realidad. Vuelta a esposarla y, de nuevo, a los Lobos. Y vuelta a empezar, solo que ahora se encuentra al brutal Francisco González Huertas “El Jirafa”, con otro policía, que llevan esposado, a empujones, a Pepe Guardia Rodríguez “El Chaquetas”, dirigente del PCE. 

“Tiemblo al ver su cara ensangrentada, cómo me mira y qué quería decirme con aquella mirada. Si está detenido el secretario general del Partido, ¿cuántos estamos detenidos? ¿Han ido a por todos nosotros? Los temblores no paran, no los puedo controlar; siento la acidez del vómito en la boca, lo contengo con mucho esfuerzo; y en la cabeza un terrible dolor".

Juana no podía saber, que a esas alturas ya habían sido detenidos once militantes del PCE –al final serían catorce-, aquellos que habían sido activistas en las Facultades de Filosofía y Derecho, a los que se les añadía el propio Pepe Guardia y la trabajadora Ana Ortega Serrano

Juana no podía saber, que a esas alturas ya habían sido detenidos once militantes del PCE –al final serían catorce-, aquellos que habían sido activistas en las Facultades de Filosofía y Derecho, a los que se les añadía el propio Pepe Guardia y la trabajadora Ana Ortega Serrano. La presencia de Pepe Guardia la llenó de inquietud. Tenía que tranquilizarse, se decía continuamente, pero la falta de sueño y la incertidumbre por su futuro inmediato y el miedo a nuevos interrogatorios le produjo un inmenso dolor de cabeza. Ni siquiera se fía de una aspirina que le ofrece un policía joven que pasa de poli bueno a poli borde cuando Juana se resiste a meterse la pastilla en la boca. No se fía de ellos. Se niega insistentemente y el policía intenta por la fuerza introducirla como fuera porque “por cojones te la tienes que tomar”. Siente asco y rabia y, en el forcejeo, aparece, de nuevo, Fernández. Pánico.

—  ¿Qué crees, que te vamos a dar pentotal para que cantes, eh, gilipollas? -le gritó Fernández. Yo tengo otros métodos mejores para hacerte hablar.

Y, de nuevo, el interrogatorio. La intimidación de su cuerpo próximo a la detenida, muy cerca de ella, asfixiando el espacio. En esos momentos los sentidos en alerta perciben su respiración, su olor a tabaco y el sudor del cancerbero. El miedo rehúye la mirada de pedernal de quien va a triturarla. Y, de nuevo, le recuerda que otros ya han “cantado”, que sabe de sus reuniones en Jaén, de quién dirigen las asambleas de Filosofía, de sus relaciones de amistad y noviazgo, dándole todos los nombres de los que han sido detenidos. En esos momentos se tienen que tener fuerzas suficientes para no caer en la trampa de una declaración auto inculpatoria, y más, cuando zarandea su silla violentamente y las amenazas son continuas:

— ¿Qué pasa? ¿Crees que soy gilipollas? ¿Qué? ¿Sois las putas que os folláis a los comunistas? … porque estáis muy buenas.

Otra vez Juana había logrado zafarse de sus garras. Y, de nuevo, al Albayzín, pero esta vez no está el policía bueno, ni el sofá, ni la estufa, ni el café. Y el frío, siempre el frío, en un duermevela infinito. Hasta la mañana siguiente en que, de vuelta a Los Lobos, la obligan a firmar una declaración porque habían pasado las 72 horas de rigor. Y, al salir, un furgón esperándolos, donde se encuentra con otros detenidos como Manolo Monereo, Paco Menéndez Martos e Isabel Alonso. Y de allí, sin poder hablar entre ellos –hay un gris a cada lado- pasan por el Juzgado de Instrucción. Nunca está de más repetir que muchos de estos jueces franquistas eran la prolongación de la policía y, sin más, decreta la prisión de todos ellos, excepto Isabel Alonso Dávila y Toni Picazo, que quedan en libertad. El juez dio por buenos los informes policiales, esos que, como hemos señalado en otros artículos, habían fabricado pruebas falsas que los incriminaban, nada menos, que de terroristas. (Véase: Terroristas en la Universidad, una represión cochanbrosa, en El Independiente de Granada).

A la cárcel de Granada

La cárcel, paradójicamente, suponía un respiro comparado con las sórdidas comisarías. Llegaron muy tarde, agotadas y tristes por las acusaciones que se les hacían. Pero mejor, lo cuenta ella:

“En el instante en que atravesé el umbral de la cárcel, sentí que ingresaba de golpe en otro mundo. Después de realizar todos los formalismos y darnos las instrucciones, nos subieron a una nave inmensa. Aquellas inmensas naves, en penumbra. Allí estaban los camastros donde íbamos a dormir. Estábamos juntas las cuatro amigas. No había nadie más. Una puerta con rejas inmensas, ruido de llaves, un cerrojo enorme que se cierra y nosotras nos quedamos dentro de una enorme jaula. Nos abrazamos.

¡Cuánto placer al ducharnos! Limpiábamos el cuerpo de suciedad, de la indignidad y de la humillación acumulada. Nos acostamos. Estábamos agotadas física y mentalmente".

Y frío, mucho frío ese mes de febrero de 1974. A la mañana, tras el recuento, conocerán a la entrañable camarada jiennense Rosario Ramírez Mora, como una madre para todas ellas. Juana recuerda su ternura, sus cuidados, pendiente de todo lo que les pasaba, las animaba constantemente

Y frío, mucho frío ese mes de febrero de 1974. A la mañana, tras el recuento, conocerán a la entrañable camarada jiennense Rosario Ramírez Mora, como una madre para todas ellas. Juana recuerda su ternura, sus cuidados, pendiente de todo lo que les pasaba, las animaba constantemente. Cocinaba para compensar aquella porquería de comida de la prisión. Nunca supo cómo conseguía las comunicaciones con nuestros compañeros ni, por supuesto, cómo llegaban a sus manos los ejemplares de Mundo Obrero, que nos repartía recién salidos. Juana todavía vive la emoción de los días que Rosario avisaba de que podían escribir notas para pasarlas a sus parejas y permanecen en sus ojos aquellas miradas que les lanzaba cuando recibían las notas de respuesta. Las leían a escondidas en el aseo. Inmediatamente había que picarlas y tirarlas por el váter. Aquel desfile al váter, una detrás de otra, y aquellas caras de alegría con las que salían, la puesta en común de lo que les decían, eran momentos muy agradables. Pero también Rosario las puso al tanto de las normas y de las tres funcionarias de prisiones que tenían asignadas. Dos eran terribles, en cambio la mayor de las tres, Margarita, era un encanto de mujer porque las apoyaba, les informaba de la situación en el exterior, como concertar una visita con su padre. (Para ampliar la figura de Rosario, véase Rosario Ramírez Mora: la “prima” Rosario, en El Independiente de Granada).

Tarjeta de una empresa tapadera creada en Granada por el PCE, denominada GESESA, para gestionar las actividades clandestinas.
Carnet de CCOO de Marruecos, cuando trabajó en Tetuán (Marruecos).

Pero la situación de las detenidas seguía siendo difícil por la acusación que pesaba sobre ellas y más, cuando vieron que también encarcelaron a Pepe Guardia o a Ana Ortega, en una redada que iba más allá del ámbito universitario

Pero la situación de las detenidas seguía siendo difícil por la acusación que pesaba sobre ellas y más, cuando vieron que también encarcelaron a Pepe Guardia o a Ana Ortega, en una redada que iba más allá del ámbito universitario. Juana, además, tenía una especial amistad con Ana Ortega “Nani”, amigas desde Jaén. Y más difícil aún cuando tenían que verse con sus padres. Este es un recuerdo especialmente doloroso para Juana. Su padre, a la sazón Teniente de la Guardia Civil, pretendiendo hacer uso de su autoridad, quería hablar con el Director de la prisión para que le permitieran una visita fuera del horario y cara a cara, no en el locutorio. Fue Margarita quien le aconsejó que lo viera en el locutorio porque estaba visiblemente alterado. Y Juana, agradecida, pensó que mejor que los separara una reja porque, como recuerda Juana:

“… era imprevisible lo que podía pasar.  Fue un encuentro muy tenso. Si no hubiera estado la reja, me hubiera dado un bofetón. Venía de la plaza de los Lobos. Le habían dicho que yo era del PCE y que nos habían encontrado armas. Lo negué todo. Me dijo que yo era una terrorista, que era la deshonra de la familia… Como se iba poniendo por momentos muy violento, me levanté y salí. Le oía incluso fuera del locutorio”. 

 El anuncio de las armas se lo comunicaron los abogados -algunos del bufete de Atocha y otros del de Cristina Almeida-, las fueron poniendo al día de los delitos que les imputaban. Nunca en los interrogatorios mencionaron nada de armas, ni el juez tampoco

Y es que el anuncio de las armas se lo comunicaron los abogados -algunos del bufete de Atocha y otros del de Cristina Almeida-, las fueron poniendo al día de los delitos que les imputaban. Nunca en los interrogatorios mencionaron nada de armas, ni el juez tampoco. Pero mientras se aclaraba la situación, como otras presas, mantenían la rutina todos los días. El horario de estudio que tenían era muy estricto. Le agradecerá siempre a Araceli Ortiz su empeño porque cumplieran con ese horario, siempre en silencio. Estudió muchísimo. Cuando salió, ya habían sido los cuatrimestrales. Jesús Lens, decano de su Facultad, se portó muy bien. Habló con el profesorado y todos le hicieron los exámenes orales. Sacó unas notas buenísimas, gracias a la disciplina de estudio que Araceli les aplicó. Y mantenían reuniones de debate político, escribir y leer cartas que les pedían las presas –la mayoría no sabía ni leer ni escribir- o recibir las enormes muestras de solidaridad de sus compañeros en la Facultad. Fue extraordinaria la cantidad de comida que les llegaba por la solidaridad de los y las compañeras de fuera. Agradecía a Isidoro García su constante empeño en recoger dinero en la clase, -estaban en el mismo curso y eran compañeros de célula-. En los paquetes de comida no faltaron ni el café, ni un riquísimo surtido de galletas ni, por supuesto, el chocolate, muchas tabletas de chocolate. A ella le trajeron ropa, libros, apuntes, tabaco. Isidoro se inventó que eran primos hermanos, por la coincidencia de apellidos, para que lo dejaran entregar todo aquello.

Y, alguna anécdota que reflejaba el ambiente, todavía en 1974, sombrío y patético que se vivía en las cárceles españolas. Juana recuerda que:

“Un día aparecieron unas señoras enfundadas en unos abrigos de pieles que venían a hacer su obra de caridad. Les traían ropas usadas, y, sobre todo, les daban la charla moralista y religiosa. Estaban muy enfadadas porque les habían dicho las funcionarias que algunas no querían entrar a misa. Las amenazaron con que no les traerían nada si no asistían a la “Santa Misa”. El asunto fue que nosotras no entrábamos a misa, a pesar de las presiones de las dos funcionarias fascistas. Así que algunas presas comenzaron a decir que ellas tampoco querían entrar, pero las obligaban. Estas señoras que vinieron pretendían darnos la charla para que fuésemos buenas cristianas. Era patético verlas allí con aquellos abrigos de pieles, tan bien peinadas y pintadas, tan arregladas para hacer la obra de caridad del día”.

Al final, los abogados pudieron desmontar las acusaciones policiales, dejando al descubierto la chapuza de las incriminaciones. Aunque se les abrió diligencias en el Tribunal de Orden Público, nunca se sustanció porque terminó archivándose. Todas ellas fueron saliendo por parejas en libertad condicional. Juana, al salir, se llevó la sorpresa de que en la puerta de la cárcel estaban esperándolas su novio, “Josechu” y Felipe Santana.

Primer carnet del PCE entregado en 1976.

Y en libertad, de una cárcel a otra

El franquismo creó muchas cárceles y no sólo de piedra. Una de ellas, la fortificación del patriarcado, que concebía que la vida de una mujer –ya se sabe saber pisar, saber mirar y saber sonreír- no pasaba, precisamente, por el activismo político, más aún el que se derivaba de sus actividades clandestinas. Se presuponía la falta de voluntad de una joven para participar en determinados actos, culpando siempre a agentes externos, ya fueran amigos o compañeros sentimentales o a la propia organización política de que, voluntariamente, formaron parte. Y, más hiriente, aún, era el caso de las hijas del régimen que, en el caso de Juana García, hija de un Guardia Civil, manchaba la imagen de la propia familia.

Juana García Ruiz, en una imagen de 1975.

No era de extrañar que, al salir de la cárcel, respirando el aire de la libertad, Juana temía aún más la reacción de su padre. Cuando llega a Jaén le montan una reunión familiar, a modo de Inquisición, para decidir su futuro. La tensión se mascó en el ambiente que se resumía así:

—  Se acabó Granada, se acabaron los estudios, se acabó salir a la calle porque eres la vergüenza familiar –más o menos, le dijeron.

El tribunal familiar, donde su padre era el juez supremo, querían “lo mejor” para ella y dictaminó la sentencia inapelable para que, definitivamente, fuera una “mujer de bien”. Se acabaron sus veleidades políticas. Y, para rematar la faena, su padre la llevó a otra habitación y reprodujo los interrogatorios de los Lobos. Hasta tal punto llegó la tensión que Juana se hartó y “dejé a mi padre con la palabra en la boca y me encerré en mi habitación. No quise seguir con aquella farsa y no volví a hablar con ninguno de ellos”.

Había pasado de una cárcel a otra, sustituyendo la fría celda del Albayzín por la de la habitación de su casa. Hasta la llave de su casa le quitaron. Y, en esos días, la incertidumbre de qué hacer con su vida, sin saber de qué iba a vivir, ni en qué podía trabajar

Había pasado de una cárcel a otra, sustituyendo la fría celda del Albayzín por la de la habitación de su casa. Hasta la llave de su casa le quitaron. Y, en esos días, la incertidumbre de qué hacer con su vida, sin saber de qué iba a vivir, ni en qué podía trabajar. Y, desesperada, un día hizo las maletas, dejando una nota en la que les pedía que no la buscaran hasta que cambiaran de actitud. Y, como las malas noticias no vienen solas, a “Josechu” le negaron la prórroga de estudios y lo envían para cumplir el servicio militar a un batallón de castigo a Ronda. En fin, que desde la detención su vida había dado un giro copernicano.

Se vino a Granada a casa de unos amigos y, buscando trabajo, había que sobrevivir, tuvo la fortuna de ser aceptada en Galerías Preciados que necesitaba personal para la próxima apertura de sus grandes almacenes. Su trabajo: convencer a futuros clientes de tener una tarjeta de Galerías. Su ganancia: un porcentaje por cada tarjeta que colocara. Claro que, entre sus clientes, las fuerzas vivas de Granada y, entre ellas, las del Gobierno Civil. Y por allí no iba a pasar. Tuvo éxito porque era buena vendedora, pero no iba a meterse de nuevo en la boca del lobo después de pasar por la de Los Lobos. Su jefa, aunque barruntara algo, no le pidió explicaciones. Siempre hay buena gente y acabaron siendo amigas. Y, además, la puso en contacto con una agencia de Madrid para trabajar de guía turística. Y como le hacía falta el dinero esa Semana Santa y el verano guió a turistas –algunos grupos eran franceses, yo hablaba bastante bien francés- por diversos lugares de España y de Baleares.

Primer mitin del PCE en Granada, ya legalizado, en el Estadio Sánchez Herrera, en 1977. De izquierda a derecha María José Robles, Antonio Cruz Jiménez, Juana García y Mariano Zamora “Josechu”. 

En poco tiempo, se encontró con que la autoridad político-social y la paternal le expedían certificados de libertad condicional

Siguió estudiando y mantuvo su militancia política, redoblando sus esfuerzos. Posiblemente, la mala conciencia de su padre le llevó al curso siguiente a proponerle un trato: que la acogerían en la casa familiar se dedicaba exclusivamente a estudiar quedándose en una residencia de monjas. En poco tiempo, se encontró con que la autoridad político-social y la paternal le expedían certificados de libertad condicional. Rechazó, lógicamente, a las monjas, pero estuvo en otra residencia nada estricta en horarios que le permitió reanudar sus estudios. A veces hay mal que por bien no venga y allí compartirá habitación con Aurora García, una mujer encantadora, dulce y cariñosa, casada posteriormente con Manuel Quesada Quesada, “El Borreguito”.

Y, aunque corrió el riesgo de que la pudieran detener de nuevo, siguió en la frenética actividad política del final de la dictadura y la transición, desempeñando en el Partido distintas responsabilidades de la Ejecutiva de la Universidad, así como en el Secretariado, junto a Francisco Ríos, hasta la legalización y las primeras elecciones democráticas

Y, aunque corrió el riesgo de que la pudieran detener de nuevo, siguió en la frenética actividad política del final de la dictadura y la transición, desempeñando en el Partido distintas responsabilidades de la Ejecutiva de la Universidad, así como en el Secretariado, junto a Francisco Ríos, hasta la legalización y las primeras elecciones democráticas. Al final, cumplió el contrato con su padre y finalizó la carrera de Filología Románica. Desde entonces se ha dedicado a la enseñanza porque pronto la contrataron en Jaén como profesora interina y, posteriormente, sacó oposiciones en 1981. Estando en Jaén intentó en los primeros años de la legalización de partidos y sindicatos crear el Sindicato de Enseñanza de CCOO con otro compañero, Pepe Aguilar, pero no fue posible porque al año siguiente será destinada a Cádiz donde ha permanecido durante todo este tiempo. Ella afirma que, aunque quiso volver en algún momento a Granada, donde mataron a Federico “cuando la luz asomaba”, la luz y el mar de Cádiz la sedujeron definitivamente.

Juana García, junto al Secretario General de la Federación Estatal de Enseñanza de CCOO, Fernando Lezcano, en el centro. 

Su compromiso social, su compromiso feminista

Y en Cádiz mantuvo su compromiso con el Sindicato Provincial de Enseñanza CCOO, la llevará a ser delegada en las distintas Juntas de Personal Docente en Cádiz y con liberación parcial de miércoles desde 1987 hasta 1995 en que es elegida como Secretaría General de Enseñanza de CCOO de Cádiz hasta el 2001. Y ya en su Centro en 2005 seguirá con su compromiso feminista, se presenta a la convocatoria de la Consejería de Educación de La Junta de Andalucía, Licencia por Estudios, en la modalidad Proyectos. El proyecto que presentó “La Acción Tutorial desde una Perspectiva de Género en el Proceso de Formación Inicial del Profesorado”, para su desarrollo en la Cátedra de Género, Sexología y Educación Sexual, en la Facultad de Pedagogía de La Habana (Cuba). Su duración era de un año, sin financiación.

Entrevista a Juana García recién elegida como Secretaria Provincial de CCOO de Enseñanza de Cádiz.
Intervención de Juana García durante un Congreso de CCOO en Cádiz.
Intervención de Juana García en el 10 Congreso de la Unión Provincial de CCOO de Cádiz en 2000. En el centro de pie, el Secretario General, Juan Pérez.
Juana García en un programa de cooperación con Marruecos, Interreg II, con sindicalistas del norte de Marruecos.

Al tener conocimiento del desarrollo del proyecto que estaban llevando a cabo en La Cátedra de Género, La Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se interesa por el proyecto y les pide que hagan una propuesta de proyecto más amplio y con financiación

Al tener conocimiento del desarrollo del proyecto que estaban llevando a cabo en La Cátedra de Género, La Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se interesa por el proyecto y les pide que hagan una propuesta de proyecto más amplio y con financiación. Se aprobó el proyecto “El Fortalecimiento Institucional de la Cátedra de Género  Sexología y Educación Sexual (CAGSES) de la Universidad Pedagógica “Enrique J. Varona” en el Marco de los Acuerdos Recogidos en el Acta de la VIII reunión de la Comisión Mixta Hispano-Cubana de Cooperación, en su objetivo de identificar y erradicar toda forma de discriminación y violencia por motivos de sexo en el contexto académico, específicamente, en las Facultades de Ciencias de la Educación y Lenguas Extranjeras. Se aprueba el proyecto durante cinco años más y se le ofrece la Coordinación y Asistencia Técnica del Proyecto. Se pidió una excedencia para poder desarrollar el proyecto.

Juana García con Aitana, la hija de Rafael Alberti, en La Habana en un homenaje a García Lorca.
Permiso de trabajo de la República de Cuba a Juana García como cooperante durante su estancia en Cuba.
Miembros de la Cátedra de Género en La Habana (Cuba).

Permanecerá seis años en Cuba en una experiencia inolvidable a nivel formativo, pero sobre todo humano, regresando a Cádiz en 2011. Volvía cargada de ilusiones, pero con un feminismo intacto desde sus tiempos de militancia en la Universidad. Ella misma lo resume de esta forma:

“Mi compromiso feminista chocaba con unas estructuras muy patriarcales y machistas dentro del Partido, aunque en la Universidad era menos patente. Mis contradicciones, ya no se trataba sólo de exigir la igualdad de derechos, sino hacer una crítica al poder en las sociedades capitalistas y patriarcales. Los debates a partir de las Primeras Jornadas de Liberación de la Mujer, celebradas en Madrid en 1975 y, sobre todo, las II Jornadas Feministas Estatales celebradas en Granada en 1979, generaron un debate determinante para el avance del feminismo en España. Después de 40 años de dictadura franquista, estaba casi todo por hacer. Fueron años de efervescencia en los debates: educación, sexismo, legalización de los anticonceptivos, el derecho al cuerpo, la amnistía para las mujeres encarceladas por adulterio, aborto, anticoncepción o prostitución. Pero para quienes militábamos en partidos de izquierdas y éramos feministas marxistas, seguíamos viendo que poco evolucionaban las cosas en los partidos de izquierdas desde el tiempo en que Alexandra Kollontai fue separada del primer gobierno revolucionario. No se consideraba prioritario o de especial importancia la lucha feminista y los debates sobre feminismo de la igualdad, feminismo de la diferencia, suponía un proceso personal muy complejo y contradictorio, pero muy enriquecedor”.
Juana García, a la derecha de la imagen, en las Jornadas de Coeducación celebradas en La Habana en 2009.
Juana García con Marcela Lagarde en el Congreso de Coeducación celebrado en la Habana en 2010.
Visita del Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, a las actividades de la Cátedra de Género de La Habana en 2010.

Ese compromiso feminista la llevó participar en 1995 en la Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Beijing. A ella fueron varias compañeras como Socorro Robles Vizcaíno, Carmela Carrillo, Charo Rizo o Rosa Jaén, entre muchas otras mujeres de diversas organizaciones. Allí pudo corroborar cómo hay varias velocidades entre países para avanzar en temas de derechos para las mujeres, cómo la pobreza en el mundo tiene rostro de mujer. Comprobaron cuánto quedaba por hacer y, aún hoy, cuánto queda por conseguir. De hecho, todavía no se han cumplido los objetivos del milenio de acuerdos mínimos de la Conferencia.

Juana García, en la Conferencia de Beijing. En la imagen, de izquierda a derecha: Lola Quesada, Juana Ruiz, Carmela Carrillo y Socorro Robles Vizcaíno.

Lo dicho: una intensa vida de rebeldía y compromiso feminista y social.

Bibliografía:

  • CONEJERO FERNÁNDEZ, Miguel: “Aproximación a los orígenes del movimiento estudiantil en Jaén (1969-1980), en MARTÍNEZ FORONDA, Alfonso (et all); La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-1981), Vol. I y II, Córdoba, El Páramo, 2012.
  • MARTÍNEZ FORONDA, Alfonso y SÁNCHEZ RODRIGO, Pedro: Mujeres en Granada por las libertades democráticas. Resistencia y represión (1960-1981). Fundación de Estudios y Cooperación CCOO-A, Gráficas La Madraza, Granada, 2017.
  • MARTÍNEZ FORONDA, Alfonso y SÁNCHEZ RODRIGO, Pedro: Mujeres en Granada por las libertades democráticas. Resistencia y represión (1960-1981). Fundación de Estudios y Cooperación CCOO-A, Gráficas La Madraza, Granada, 2017.
  • Formulario de Juana García Ruiz, en AHCCOO-A.
  • Archivo Histórico del PCE, Nacionalidades y Regiones, Andalucía, carpeta 1-4, ref. 154/8.
  • Diario Ideal del 3 de marzo de 1974, Portada y p. 23; 5 y 6 de marzo de 1974 pp. 13 y 16 respectivamente.

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Alfonso Martínez Foronda es licenciado en Filosofía y Letras, profesor de Secundaria e históricamente vinculado al sindicato CCOO, en el que ocupó distintas responsabilidades, como investigador ha profundizado en el movimiento obrero y estudiantil.

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Sobre la historia del PCE, en el año de su centenario: