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FORO DE LA MEMORIA

'Agustín Penón, Ian Gibson, Marta Osorio (Josefina Garrido) tras la huella de Federico García Lorca, asesinado entre Víznar y Alfacar'

Política - Rafael Gil Bracero - Jueves, 17 de Agosto de 2023
Otro extraordinario trabajo de Rafael Gil Bracero, al cumplirse el 87 aniversario del asesinato del poeta universal. No dejes de leerlo.
Agustín Penón, Marta Osorio e Ian Gibson.
IndeGranada
Agustín Penón, Marta Osorio e Ian Gibson.

Ian Gibson, conocedor de las investigaciones de Gerald Brenan (1949-50) y de las de Agustín Penón entre 1955 y 1956, -redactadas éstas últimas, por tanto, unos diez años antes que el propio Gibson se hubiera desplazado a Granada-[1]- ubicará el lugar de la muerte de Federico García Lorca en Fuente Grande, paraje del término municipal de Alfacar (Granada). Fuente Grande sería pues lugar de muerte y lugar de enterramiento del poeta universal Federico García Lorca.

Gibson confirma, en gran parte, las conclusiones de Penón. Su principal fuente de información fue “M.C” –iniciales que se corresponden con el “enterrador” Manuel Castilla Blanco, El Comunista, quien ya relató las circunstancias de la muerte del poeta a Agustín Penón, en 1956, según veremos más adelante-. Veamos los pasajes relacionados con la desaparición del poeta y el lugar de enterramiento, tal como se recoge en la obra de Gibson:

En 1966 nos dirigimos a la Fuente Grande acompañados de M.C., el enterrador de García Lorca, quien nos señaló el sitio donde le esperaban los cadáveres aquella mañana, a la derecha de los chalets luego edificados junto al camino que corre de Víznar a Alfacar. Allí crecía en 1936 un viejo olivar que, salvo dos únicos olivos, ha desaparecido actualmente bajo los chalets.

Los presos habían sido conducidos hacia la Fuente Grande en un coche venido desde “La Colonia”. M.C, sin embargo, llegó andando al lugar. Notó inmediat6amente que uno de los muertos era cojo. Cuando volvió a “La Colonia”, alguien le dijo se traba del maestro nacional Galindo González. M.C. había observado que otra de las víctimas llevaba una corbata de lazo (“de esas que llevan los artistas”) y a su vuelta le informaron que ése era el poeta García Lorca. A las otras dos víctimas, los banderilleros Cabezas y Galadí, les conocía de vista.

El 24 de agosto de 1978 tuvimos ocasión de volver a Fuente Grande con M.C. y un sobrino de Carmela “la de los pajaritos”. M.C. nos confirmó y amplió entonces los detalles que habíamos recibido de él en 1966. Pero esta vez ya no tenía miedo de la Guardia Civil, que antes patrullaba el camino entre Víznar y Fuente Grande, llegando a detener a algunos “investigadores” (caso del doctor Dickie, que tuvo que pasar una noche en el cuartel de la Benemérita de Víznar). M.C. se sentía esta vez seguro de sí, sin recelo ninguno. Como atraído por un imán nos condujo sin titubeos hasta el mismo lugar que la vez anterior, emplazado a la derecha de unos chalets nuevos, allí donde hay una plantación de pinos y cerca del camino, una especie de cuneta (“barranquillo lo llamaba M.C) que asciende hacia arriba. En la mano derecha de los pinos, algo apartados subsisten dos olivos, los únicos que resta del antiguo olivar que allí había en 1936. M.C., absorto en sus recuerdos, hablaba como para sí en una especie de monólogo que quedó registro en cinta:

Aquí era, seguro… Había entonces más olivos…; estarán por encima los pinos…. Estos pinos no existían. Todo esto es nuevo… Aquí no hay nada más que éstos. Aquí no están nada más que el maestro de Pulianas, el Galadí, el Cabezas y este, el Lorca. Aquí ya no hubo más. Aquí no hay nada más ésos… En este rodal de aquí; sí, en teste rodal de aquí desde luego que es; más arriba o más abajo, pero en este rodal… En invierno baja un arroyo por el barranquilo. Es en este rodal de aquí. Entonces allí había más olivos, o pegado al barranco había más olivos y los han arrancado para poner los pinos, ¿no? Allí han quedado unos olivuchos, pero aquí había más olivos…

Estaban medio enterrados ya y nosotros solamente teníamos que acabar de enterrarlos. Estaban medio cubiertos…. Aquí están enterrados…. En estos contornos sí está… Aquellos olivuchos son del mismo olivar, antiguos… Sí, por estos alrededores…

Un señor, La Alegría, era dueño de todo eso. Ahora lo tiene todo el yerno… Aquí no había nada; no había nada más que la casilla al lado de la fuente; ni el bar donde hemos estado, ni la piscina, ni nada de eso… Esos pinos son nuevos… Aquí no había nada[2].

De acuerdo con tal testimonio el poeta García Lorca no murió solo; le acompañaron al menos tres personas más: el maestro cojo de Pulianas –Dióscoro Galindo González y los banderilleros y activistas anarquistas Juan Arcoyas Cabezas y Francisco Galadí Melgar.[3] Afirma Gibson que:

No parece haber dudas de que M.C. enterró juntos a Galindo González y García Lorca. Y a García Lorca creemos que le mataron el 19 de agosto. Poco tiempo después de la muerte del maestro de Pulianas, su familia recibió noticias de que estaba enterrado junto a García Lorca, lo que sirve de apoyo a la narración de M.C.”.

Sobre la ubicación de la fosa donde reposarían los restos de los cuatro infortunados concluye:

Durante el primer mes de la represión los verdugos de “La Colonia” no efectuaban sus muertes en el barranco, sino al lado de la carretera, entre Víznar y Alfacar. Así ocurrió con García Lorca y no cabe duda de que el cuerpo del poeta no se encuentra entre los enterrados en el barranco.

Si se sigue por el camino de Fuente Grande, una vez dejado atrás el barranco de Víznar, se llega en unos momentos a una curva a cuya mano derecha se levanta un grupo de chalets modernos, construidos hace unos quince años. Al otro lado del camino se acaba de edificar un bloque de pisos. Un poco más lejos se descubre el famoso manantial conocido como Fuente Grande, que ha dado su nombre a este lugar.[4]

La versión más completa –y primera, cronológicamente hablando- sobre las circunstancias acaecidas a los infortunados que acompañaron a Federico García Lorca en sus últimos momentos, antes de ser fusilados, se debe al escrito Agustín Penón (nacido en Barcelona en 1920, pero nacionalizado norteamericano, tras el exilio de su familia al concluir la contienda civil en 1939)

La versión más completa –y primera, cronológicamente hablando- sobre las circunstancias acaecidas a los infortunados que acompañaron a Federico García Lorca en sus últimos momentos, antes de ser fusilados, se debe al escrito Agustín Penón (nacido en Barcelona en 1920, pero nacionalizado norteamericano, tras el exilio de su familia al concluir la contienda civil en 1939). Como ya hemos referido dicho investigador trabajó sobre aquellos hechos durante dos años -19955/1956- en Granada. Se entrevistó con decenas de granadinos y compartió confidencias que le ocasionaron problemas con las fuerzas de orden público, a él y a sus interlocutores. El resultado de sus investigaciones reposó -por diferentes motivos que nunca se aclararon- en una maleta-archivo hasta que fue dado a conocer por Marta Osorio en 2000 en una excelente edición que ha sido revisada[5] Los capítulos y las notas de trabajo redactados por Penón gozan ahora de otra ventaja: son las primeras páginas escritas apenas trascurridos veinte años de los hechos, por lo que aparecen personas y circunstancias como protagonistas directos de lo ocurrido, lo que dota de mayor credibilidad a lo narrado y, además, aparecen sus informantes/confidentes con nombre y apellidos, pues –como afirma Marta Osorio- el “anonimato de las personas que le ayudaron, algo que después de todos los cambios acaecidos en nuestro país y pasados ya tantos años, resulta innecesario”.[6]

Describe Penón el ambiente de represión que se implantó en Granada. Sus informantes fueron, entre otros, los hermanos Rosales Camacho, José y Miguel, quienes con Antonio eran jefes de Falange Española y personalidades de peso en el nuevo régimen tras la sublevación de julio 1936

Del conjunto de capítulos que ordena, transcribe y corrige Marta Osorio para su edición nos vamos a centrar en aquellos que directamente tratan sobre la represión de los sublevados y aquellos que se refieren a la búsqueda del lugar del fusilamiento y enterramiento de poeta y de las personas que –supuestamente- le acompañaron en sus últimos momentos: Terror en Granada (pp. 59-69); Víznar (343-356); Una tumba removida (453-465); El lugar que pudo ser (543-567); El Olivo (567-597). Finalmente referiremos las conclusiones de la editora insertos en la versión de 2009 que titula La Huella de Penón (709-731).

Describe Penón el ambiente de represión que se implantó en Granada. Sus informantes fueron, entre otros, los hermanos Rosales Camacho, José y Miguel, quienes con Antonio eran jefes de Falange Española y personalidades de peso en el nuevo régimen tras la sublevación de julio 1936. Granada fue “tomada desde un principio por bandas de asesinos al servicio de la causa iniciada por el Ejército”:

Con Miguel Rosales y sus innumerables amigos, con unos y otros, y a veces también solo, he recorrido todos los cafés, bares, tabernas y tabernillas que hay en la ciudad. Y entre copa y copa he ido sabiendo del terror que se implanto en Granda en los primeros tiempos de la rebelión, de los fusilamientos masivos, de los asesinatos incontrolados, los famosos “paseos”, de las denuncias, el miedo y las venganzas.   

Les escucho hablar sobre la Escuadra Negra (tristemente célebre por su actuación en aquellos días). Miguel me explica que fue una escuadra formada para matar. Sus componentes cuenca rebasaron el número de catorce y no fueron siempre los mismos, cambiaron varias veces. Eran una gente sedienta de sangre que rivalizaban entre ellos por conseguir como un triunfo, el mayor número de muertos. Estos individuos entraban en las casas para llevarse a sus víctimas, a las que muchas veces ejecutaban inmediatamente. También se encargaban de trasladar hasta la cárcel a los detenidos, y eran los que sacaban a los condenados a muerte de la misma cárcel para que fueran fusilados ante las tapias del cementerio. Unas veces obedecían órdenes de los mandos oficiales, aunque otra muchas se guiaban por denuncias particulares y acusaciones anónimas.

En los primeros días de la sublevación estos asesinos actuaron sin ningún control. Más adelante el mando desde el Gobierno los sujetó un poco, aunque siguieron actuando al servicio de Falange para tomar represalias sobre cualquiera que oliera a “rojo”. Uno de este siniestro grupo, el “Panaero” (fusilado antes de que acabara la guerra por los propios nacionales), parece que fue uno de los que trasladó a García Lorca desde el Gobierno Civil hasta Víznar. Posiblemente en el caso de Federico actuara a instancia de Ruiz Alonso, o puede que también lo hiciera cumpliendo simplemente uno de los trayectos rutinarios del traslado de presos que se hacía todos los días desde el Gobierno Civil a Víznar[7].

Víznar y Alfacar fueron lugares de asesinatos de esas “bandas” con la connivencia de las autoridades sublevadas. También las tapias del cementerio. Recordemos como describe Penon el terror vivido cerca de los parajes de ensueño de la Alhambra:

Cada vez que veo ahora pasar los lujosos autobuses llenos de turistas, que ansiosos y felices se disponen a visitar la Alhambra y sus maravillosos palacios, pienso en aquellos otros que recorrieron este mismo camina hacia un final muy distinto.

Unos hombres que hacinados en viejos camiones enfilarían por la empinada Cuesta de Gomérez encajonados entre las casas por la estrechez de la calle. El ruido del motor se haría ensordecedor en su lenta subida hasta llegar a la hermosa puerta de las Granadas. Un chirriar de frenos, que haría temblar el camión entero con toda su carga, al cambiar de marcha antes de entrar en el bosque. Y apenas traspasado el gran arco verían la cruz de piedra que abre piadosamente sus bazos con acogedora generosidad. Una generosidad que a aquellos condenaos les había sido negada. Pasarían después junto a ese otro arco trasplantado que se esconde entre la densa arboleda y que no conduce a ninguna parte. Después un giro hacia la derecha y el lento camino pasando junto al Generalife hasta el cementerio. Y allí, frente a las altas cumbres de Sierra Nevada y la feracidad del valle que bordeando el Genil se adentra hasta la Vega, al amanecer, ante la hermosura de un paisaje que invita al goce de la vida, el estampido de una descarga cerrada y una muerte implacable y desolada. Como testigos de tanta crueldad todavía pueden verse los muros que rodean al cementerio acribillados por las balas.  

Recoge Penón el testimonio de Antonio Pérez Funes, abogado socialista durante la Segunda República, y detenido en la Prisión Provincial de Granada desde 1936, sufrió cuatro años de condena en el penal de Burgos al finalizar la contienda siendo, además, inhabilitado para su profesión, una “muerte civil” que como a otros miles de profesionales (profesores, funcionarios, abogados o empleado) impuso la dictadura de Franco en “tiempos de paz”. Recuerda Pérez Funes que:

Cuando estalló la guerra lo encarcelaron enseguida y sobrevivió de milagro, porque la manera de matar de los encargados de los fusilamientos era puro azar, pues cuando llegaban a la cárcel muchas veces elegían a las víctimas por número suelto a voleo, otras decidiéndose por los pares o los impares de las listas de encarcelados, y así los sacaban para asesinarlos junto a las tapias del cementerio. El que no le tocar en suerte alguno de esos números fatídicos es lo que me hizo sobrevivir...

 Cada día ocurría lo mismo cuando por la noche, en la cárcel, las luces se encendían de pronto- ¡Aquellas terribles luces encendidas de repente es algo que nunca podré olvidar! –dice Pérez Funes-. Era la señal de que ya habían llegado, de que el pelotón de fusilamientos estaba allí. Y aterrados, desde nuestras camas, íbamos sintiendo los pasos que se acercaban y escuchando los nombres que iban pronunciando porque todos sabíamos que a cualquiera de nosotros nos podía tocar[8].

Terror en Granada que confirma a Penón el titular del Juzgado nº 1 José López Ruiz, cuando tramitó el expediente de defunción de Federico García Lorca:

Recuerda –el juez- los días atroces en que cientos de personas fueron asesinadas. Los camiones abarrotados de condenados que eran subidos al cementerio para ser fusilados, muchos de ellos por motivos insignificantes, o sencillamente atribuyéndoles hechos delirantes, como ocurrió con el ingeniero Santa Cruz, al que acusaron de haber querido volar la ciudad.

-Desde luego –me dice-, es difícil entender por qué mataron a Federico. Tanto como el tratar de entender por qué mataron a todos los demás. A medidas que hablamos lo voy sintiendo tan cordial y cercano que me atrevo a preguntarle: -¿Y cómo es posible que los amigos de Federico no hicieran nada, ni intervinieran para salvarle? Los ojos oscuros del juez se vuelven hacia mí y me miran fijamente. Después dice con desesperanza: -Usted viene de otro país. No estuvo aquí, no vivió aquellos días terribles…No, no puede comprenderlo.

-¿Fue el miedo?- le apunto- ¿ese terror que paraliza, que le hacía a uno sospechar hasta de su propia sombra…?

-Sí –reconoce extrañado de que lo haya comprendido-. Un miedo espantoso que nos envolvió a todos, porque sabíamos que no había seguridad para nadie, una frase dicha sin darle importancia, cualquier sospecha, aunque fueras más allegado a los partidos de derecha que a los de la izquierda, o se supiera que eras católico prácticamente, no importaba, porque aquellos a los estaban asesinando eran tan inocentes y tan respetables como cualquiera de nosotros. Y a medida que las muertes de tantos amigos y conocidos se sucedían, el miedo de los que quedábamos aumentaba. ¿Y quién era capaz de ir a pedir clemencia por cualquiera de ellos si sabías que nos volverías, con vida, o quedarías marcado en un fichero que podía hacer que en cualquier momento llamara a tu puerta para hacerte corre la misma suerte de tantos otros…? ¿Y si ahora se produjera otro cambio, aunque fuera en sentido contrario, cuántas vidas inocentes se perderían de nuevo en el caos de los odios acumulados y las venganzas…? Porque muchos de nosotros no matamos a nadie. Pero tampoco fuimos capaces de defender a los que cayeron.

(Es el mismo razonamiento que ya le he escuchado a Cerón, a Roca y a otros muchos granadinos. Todos ellos profesionales distinguidos y pertenecientes a la misma clase media alta).[9]

Pero tal confidencia le conduce más allá a Penón, porque encuentra un lugar similar al que practicara el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Ese lugar será Víznar-Alfacar

Esta era la impresión que transmite un hombre de leyes sobre la Granada sublevada: inseguridad jurídica y represión indiscriminada. Pero tal confidencia le conduce más allá a Penón, porque encuentra un lugar similar al que practicara el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Ese lugar será Víznar-Alfacar. En efecto, cuando visita en esos meses centrales de 1955 los lugares entre Alfacar y Víznar, donde le conducen, entre otros, el dramaturgo José Martín Recuerda y Emilia Llanos deja escrito que “tanta tragedia”, tantos asesinatos y fosas en aquellos parajes es “un preludio de Auschwitz”.

El sitio al que vamos no está en el mismo pueblo de Víznar; Federico dicen que fue llevado primero a Las Colonias y desde allí conducido al camino que hay entre Víznar y Alfacar. Al final de este camino hay un nacimiento de agua, Fuente Grande. Recientemente han construido alrededor de este manantial un hoy y varias casitas para veraneantes. El aire por aquí es limpio y cortante, el ambiente muy fresco, lo que es todo un alivio si se compara con el calor asfixiante que padecemos en Granada.

Si viniendo desde Las Colonias se sigue por el camino que va a Alfacar, en la primera revuelta se encuentra uno con el barranco, el lugar en donde la mayoría de los fusilados están enterrados.

Más adelante, todo este camino forma una especie de anfiteatro natural colocado ante la Vega de Granada y respaldado por suaves colinas formadas por las lomas de una sierra caliza. Todavía hay olivos (los restos de un viejo olivar) en toda esta parte de monte bajo. Desde el barranco las laderas y paratas de alrededor están llenas de tumbas anónimas de miles de fusilados que fueron enterrados sin ninguna clase de señalización.

Son las siete y media de la tarde. A esta hora la luz brillante del atardecer hace destacar en las paratas el relieve suave de las sepulturas escondidas, como si fueran dunas en un desierto desolado. Las tumbas aparecen claramente dibujadas con los bordes marcados simétricamente. Hay también, entre las hierbas muy altas, dos grandes hoyas en las que dicen que hay al menos cincuenta muertos en cada una, y ahí, en una de ellas, es donde algunos suponen que está Federico. Desde el barranco toda esta parte a la derecha del camino, donde hay tantos fusilados bajo tierra, está cercada por alambre de espino, igual que un campo de concentración.

Vamos siguiendo los pasos que Federico y tantos otros debieron dar en aquellas madrugadas terribles. Avanzaría el camión con todos ellos y en la primera curva del camino pararía, resonarían los gritos ordenando a los prisioneros que se apearan y marcharan hacia delante monte arriba. Tal vez, los condenados aún seguirían sin poder creer lo que estaba sucediendo… Treparían por las laderas intentando escapar… Las luces del camión iluminarían la escena… algunos darían unos cuantos pasos hasta detenerse asustados ante la grieta del barranco, un inmenso agujero abierto a sus pies… El miedo alcanzaría en ese momento su punto más álgido… Y en cuestión de segundos sonarían los primeros disparos, la cacería había empezado…. Correrían unos, otros retrocederían espantados…Los gritos y los lamentos estallarían en el aire… Y los cuerpos abatidos irían quedando esparcidos en las laderas, caídos en el barranco… después el tiro de gracia y otra vez el silencio… Los verdugos se marcharían rápidamente con prisa por volver a Granada para jactarse de su hazaña por bares y cafés, contando con pelos y señales los hombres que habían matado… Y en el campo solo quedarían los muertos abandonados… Hasta que otros desgraciados, los prisioneros que aún seguían con vida en Las Colonias se encargaran de enterrarlos.

…En todos los terrenos vallados que hay en los alrededores de este camino han plantado y siguen plantando pinos. Sobre muchas tumbas hay ya un pino pequeño. Cuando crezcan se convertirá en un bosque que entrelazará sus raíces a los cuerpos enterrados acabando por deshacerlos… Y la gente olvidará.

Sobre la fosa en donde dice que está Federico entre tanto otros se levantan cuatro pinillos. Los he arrancado uno a uno, –afirma Penón-, aunque seguramente los plantarán otra vez. No quiero pensar que sus raíces puedan impedir que algún día se encuentre el cuerpo de Federico.[10]

Penón consigue de sus confidentes el señalamiento –con todas las dudas razonables y con los “miedos de la época[11]- de los lugares concretos donde se ubicaría la fosa y el lugar donde pudieran descansar los restos del poeta García Lorca y de sus “desgraciados acompañantes”.

Gerardo Ruiz Castillo, vecino de Víznar, señala a Penón un lugar no muy distante al que le señalara Martín Recuerda, en las inmediaciones de Fuente Grande:

Gerardo mientras me escucha –escribirá Agustín Penón- está lanzando miradas hacia el punto en que los pinos marcan la última vuelta del camino que va a Alfacar. Desde allí se ve claramente toda la zona donde hay tantas sepulturas. Caminamos en dirección a Fuente Grande. Le pregunto a Gerardo si cree que el sitio queda dentro de uno de los terrenos cercados también por alambradas de espino que hay cerca de la fuente. Me dice que no voy descaminado, pero que él cree que está a unos metros de distancia fuera ya de las cercas.

Nos metemos en un pequeño olivar en el que acaban de segar el trigo y todavía quedan los rastrojos. Y con toda sinceridad Gerardo me dice que no se acuerda exactamente, pero que casi está seguro de que la tumba tiene que estar por debajo de los olivos que me señala: “Sí”, afirma, “son estos dos olivos”. Lo dice después de haber examinado cuidadosamente varios árboles en el olivar. Son dos grandes olivos muy cercanos el uno del otro. Todo parece confirmarlo, pues están muy próximos a la carretera por donde eran conducidos los que llevaban a fusilar.

Saco muchas fotografías de este nuevo emplazamiento, que no es el mismo lugar, más cercano al barranco, que visité con Emilia y Martín Recuerda. Esta búsqueda es como un juego de azar en el que cuenta la suerte. No tengo ninguna seguridad de que García Lorca pueda estar aquí, pero tampoco este dato se puede tomar a la ligera y descartarlo. Y yo tengo una especie de corazonada que me hace sentir un gran respeto por este sitio. Lo que ahora me falta por investigar es si coincide y es éste, junto a estos dos olivos, el mismo lugar que, según Blas, el cuñado del alcalde (Requena) le señaló como el emplazamiento exacto de la tumba. Y del que cuentan alguno, según la leyenda que corre por el pueblo, que ésta enterrado Federico junto a dos fusilados más.

El mismo interlocutor aclarará algunos detalles a Penón:

Gerardo me repite que quiere ayudarme en todo lo que pueda a aclarar en el lugar en donde puede estar enterrado Federico antes de que me vaya de Granada. Que debo confiar en los datos que ya tengo, que son los más importantes y los más seguros de los conseguidos hasta ahora por un extranjero. Me pide que le enseñe todas las fotografías y después de examinarlas detenidamente me vuelve a repetir que el sigue creyendo que le cuerpo de García Lorca está bajo los dos olivos. Le digo que tenga en cuenta que los dos olivos quedan a unos cincuenta metros de la gran piedra que el cuñado del alcalde le señalo a su hermano Blas como el lugar exacto. Sobre estas diferencias, Gerardo, con muy buen sentido, repite que, aunque él tiene la impresión que el sitio es bajo los dos olivos, ni él ni su hermano pueden señalarlo con total seguridad, porque nunca, ninguno de ellos ha estado allí con Requena, que solo le ha explicado de palabra; al él le dijo “ENTRE LOS OLIVOS Y MIRANDO A FUENTE GRANDE”.[12]

Blas Ruiz Castillo –que es hermano de Gerardo y a la sazón dueño de la hospedería donde se aloja Agustín Penón en su estancia en Víznar- refiere que el cuñado del alcalde de la población –José Requena- le “aseguró que estaba enterrado Federico a unos 50 metros del sitio que señalo su hermano Gerardo, y más cercana a la alambrada, junto a una gran piedra…”

Blas Ruiz Castillo –que es hermano de Gerardo y a la sazón dueño de la hospedería donde se aloja Agustín Penón en su estancia en Víznar- refiere que el cuñado del alcalde de la población –José Requena- le “aseguró que estaba enterrado Federico a unos 50 metros del sitio que señalo su hermano Gerardo, y más cercana a la alambrada, junto a una gran piedra…”[13].

Emilio Moreno Olmedo -un militar retirado y mutilado que tuvo curiosidad por saber el paradero del poeta granadino universal- refiere a Penón en 1955 las dificultades para conocer los lugares donde pudiera estar enterrado Federico García Lorca. Lo refiere con toda clase de prevenciones, porque “en aquel momento” -1936- “demostrar mucho interés por García Lorca podía resultar sospecho” y difícil “porque las escuadras encargadas de los fusilamientos operaban de noche y procuraban ocultar su identidad”:

Tras una cuidadosa investigación, Moreno Olmedo pudo encontrar el sitio: es una de las fosas donde enterraban a los fusilados. Me hizo un dibujo señalando el lugar exacto, queda muy cerca de Fuente Granda. Ya en Fuente Grande, Moreno Olmedo no tuvo ninguna dificultad para dar con el lugar y llevarnos hasta él. La fosa, claramente visible todavía, está un poco más debajo de la carretera nueva.

Moreno Olmedo, cuenta que cada día, cuando volvía del frente, situado a unos kilómetros más arriba, en la Alfaguara, arrancaba unas flores de las que brotan en los campos y las echaba sobre la tumba disimuladamente.

Hay otro dato importante que este militar me confirma y yo ya le había escuchado a Jover: que Federico estuvo en Las Colonias. Incluso me da el detalle de la presencia de un maestro cojo, y después llegó Federico solo. A Moreno Olmedo también le dijeron que habían llevado entre los presos a una prostituta[14].

Rafael Fernández Mejías, dueño del hotel Fuente Grande y propietario de un terreno donde se alzarán casas edificadas en las cercanías del manantial construye un relato de especial trascendencia, según Agustín Penón:

Él conoce esta zona muy bien, es el dueño de todos estos terrenos alrededor de Fuente Grande en donde también hay dos terrenos que están vallados con alambre de espino y en los que han sembrado pinos. Nos dijo que dentro de su propiedad existen tres fosas, dos en este terreno vallado en la parte baja de la carretera que estamos visitando ahora, más otra gran poza que queda en el otro terreno vallado en la parte de arriba de la carretera, en donde también hay algunos olivos. Que son los tres únicos lugares donde hay cuerpos enterrados y que está muy seguro porque conoce la zona palmo a palmo, y nos acompañó a visitar de nuevo el lugar donde está cada una de estas tres fosas.

Nos describe –continúa Penón- la gran poza que queda en la parte de arriba de la carretera como una vieja excavación que se había hecho buscando agua. Tiene bastantes metros de profundidad y al no encontrar agua abandonaron su búsqueda. Y cuando en la guerra empezaron los fusilamientos la aprovecharon para sepultar los cadáveres. Contiene muchos cuerpos.

Las otras dos fosas más pequeñas, las que quedan en la parte baja de la carretera, muy cercanas a Fuente Grande, fueron hechas para enterrar a los muertos en el momento de ser fusilados. Y Fernández Mejías cree que en cada una de ellas puede haber pocos cuerpos, tres, cuatro o cinco lo más.

Como estas dos fosas quedaban muy cercana a la acequia que va al depósito principal que abastece de agua a Granada, Fernández Mejía cuenta que, en la época de los fusilamientos, un médico de Alfacar oyó decir que estaban enterrando a la gente allí y les dijo que dejaran de hacerlo, puesto que el agua corría demasiado cerca de las fosas y podría haber filtraciones hacia el agua potable. Y ya no hicieron enterramientos en aquel lugar.

Dice que una de esas fosas, la más cercana a la carretera, es donde con más probabilidades pueda estar el cuerpo de Federico (es la misma que ya nos había indicado Moreno Olmedo antes de que llegara este hombre).

Agustín Penón dejará escrito que “DESPUÉS DE TODAS ESTAS COMPROBACIONES” –base a los relatos de Moreno Olmedo y Fernández Mejías- “ME SIENTO LO BASTANTE CONVENCIDO PARA CREER QUE EL CUERPO DE FEDERICO GARCIA LORCA PODRÍA ESTAR EN UNA DE ESTAS TRES FOSAS. Y con más probabilidad en la que nos ha señalado Emilio Moreno Olmedo coincidiendo con lo declarado después por Rafal Fernández Mejías. POR QUE CONSIDERO QUE CUALQUIER BÚSQUEDA DE SU CUERPO DEBERIA COMENZAR POR ESTAS TRES FOSAS.[15]

“Si Federico está enterrado en la fosa señalada por Moreno Olmedo y Fernández Mejías” –concluye Penón-, el valor profético de uno de sus poemas es impresionante” “dado que hay solo una veintena de metros hasta la acequia de Aynadamar por donde corre el agua: Mi corazón reposa junto a la fuente fría/ (llénalo con tus hilos/ araña del olvido…) (“Sueño” mayo 1919, Libro de poemas, 1921

“Si Federico está enterrado en la fosa señalada por Moreno Olmedo y Fernández Mejías” –concluye Penón-, el valor profético de uno de sus poemas es impresionante” “dado que hay solo una veintena de metros hasta la acequia de Aynadamar por donde corre el agua: Mi corazón reposa junto a la fuente fría/ (llénalo con tus hilos/ araña del olvido…) (“Sueño” mayo 1919, Libro de poemas, 1921).

La “araña que tejía la madeja del olvido” para los cientos de fusilados en Víznar-Alfacar durante la guerra civil de Granada hubiera quedado así para la posteridad si Agustín Penón no hubiera recogido el testimonio de Manuel Castilla Blanco. En 1955 Manuel Castilla Blanco –más conocido por el apodo Manolo el Comunista- era un joven de unos treinta años que trabajaba de camarero en el Bar Zeluán, situado a la entrada de la calle San Juan de Dios, desde la Avenida de La Constitución. Penón conoce a Manuel Castilla gracias al contacto que le proporciona el abogado socialista Antonio Pérez Funes con un anterior masón, Antonio Mendoza de la Fuente. Este último en compañía de un grupo de prisioneros masones y otros individuos –entre los que se encontraba en 1936 Manuel Castilla Blanco- hicieron las veces de “enterradores” de las personas fusiladas entre Víznar-Alfacar. Todos residían en el edificio de Las Colonias de Víznar y quedaron a las órdenes del jefe militar de la demarcación del sector militar, el capitán José María Nestares Cuéllar:

Al día siguiente, sábado 29 de octubre, -deja constancia Penón- Manolo llega a la hora que nos citamos. Con Emilia simpatiza enseguida, como ya me figuraba, y los tres nos vamos en un taxi hasta el camino de Víznar.

Manolo hace parar al taxista en la primera curva del camino y le dice que nos espere ahí. Después camina en línea recta. Emilia y yo le seguimos. Vemos cómo va orientándose y buscando en uno y otro lado, haciendo sus mediciones en relación con la carretera cuando llega al barranquito. Y sorprendidos vemos cómo después se queda parado ante el olivo que ya el cuñado del alcalde había señalado. Emilia se apoya en mi brazo con fuerza. Los dos estamos muy emocionados. Manolo se vuelve hacia nosotros y nos dice que aunque no puede precisarlo con exactitud Federico está enterrado allí, EN UN ÁREA CIRCULAR DE CINCO METROS HACIA ARRIBA DEL OLIVO Y A UNA PROFUNDIDADAD DE MÁS DE DOS METROS.

Le pregunto si Federico tenía mucha sangre por la cara y cómo iba vestido. Me contesta que lo siente pero que no lo recuerda. Manolo nos dice que aquel día en aquella fosa enterraron con Federico a cuatro más: el maestro cojo de Pulianas (el mismo hombre que Jover me había dicho, hacía ya seis meses, que llegó a Las Colonias antes que Federico), a su hijo y a dos banderilleros, el Galadí y el Cabezas. Pusimos unas flores bajo el olivo y nos quedamos todavía unos minutos allí. Después Manolo nos preguntó si querríamos visitar Las Colonias, pues sabe el interés que tengo por la casa.

En cuanto llamamos a la puerta, la mujer que sale a abrirnos reconoce a Manolo y grita:

 -¡Manolo el comunista![16]

Agustín Penón ha conseguido ir hilvanando los recuerdos que ubican el lugar de enterramiento de Federico García Lorca y sus desgraciados compañeros de fosa en las cercanías de Fuente Grande, en una zona colindante a parcelas con alambradas de espino donde se alzaran casas de verano, bien arriba, bien hacia debajo de la carretera que comunica Víznar con Alfacar

Agustín Penón ha conseguido ir hilvanando los recuerdos que ubican el lugar de enterramiento de Federico García Lorca y sus desgraciados compañeros de fosa en las cercanías de Fuente Grande, en una zona colindante a parcelas con alambradas de espino donde se alzaran casas de verano, bien arriba, bien hacia debajo de la carretera que comunica Víznar con Alfacar; bien cerca de una gran piedra, bien cerca de unos olivos. Finalmente, lanza la posibilidad de que la “tumba del poeta hubiese sido removida”. Dicha versión se sustenta en la información que su amiga Emilia Llanos le transmite procedente de Antonio Gallego Burín –por aquel entonces, director general de Bellas Artes y anterior alcalde de Granada, entre 1938 y 1951- y de su hijo Antonio Gallego Morell, profesor de Literatura de la Universidad de Granada, quien fuera Rector Magnífico de la misma Universidad de Granada. Veámoslo:

Emilia…me dice que me ha llamado con tanta urgencia porque tiene que contarme algo que le parece de gran importancia. Durante mi ausencia había vuelto a hablar con Antonio Gallego Burín, amigo suyo de toda la vida, que hoy es director de Bellas Artes y fue anteriormente alcalde de Granada. Emilia le había insistido en que le contara todo lo que supiera sobre el lugar donde podía estar enterrado Federico. Y él le aseguró que el sitio, como ya otros me habían indicado, era el camino entre Víznar y Alfacar, en la parte que nosotros llamamos el anfiteatro, y que está en una de las pozas.

Y con todo detalle Emilia me repite lo que Antonio Gallego Burín escuchó en Capitanía:

Federico García Lorca había sido asesinado junto a un betunero y una prostituta. Cuando Federico se dio cuenta de que lo iban a matar, allí mismo, en el camino pidió confesión. Cosa que le fue denegada, y entonces él les suplico: “Os pido que me dejéis un momento a solas con mi conciencia, el tiempo de rezar un Padrenuestro”. Y arrodillado se recogió con gran fervor. Cuando terminó le dijeron que se levantara y echara a andar, mejor dicho, se lo ordenaron en un lenguaje soez.

Federico caminó hacia un olivo, estaba ya muy cerca del árbol cuando sonó el primer disparo. Federico dio unos cuantos pasos tambaleándose y a punto de caer se abrazó al olivo y volviendo la cabeza en un movimiento violento hacia sus verdugos, los miró con fiera y reprobadora acusación. No murió inmediatamente, la sangre le corría por la cara, pero su enorme vitalidad le hacía intentar levantarse una y otra vez estando ya herido de muerte. Vivió lo bastante para sentirse morir. Después lo remataron con una nueva ráfaga de disparos.

Dejaron su cuerpo allí mismo, donde había caído, debajo del olivo, hasta que otros presos cavaran su fosa.

Lo enterraron debajo del mismo olivo, o quizás cerca de una piedra (es la misma duda que he encontrado ya en otras informaciones).

Fueron motivaciones estrictamente políticas, parece ser, las que determinaron –hipotéticamente- “remover la tumba” de Federico. Esta sería la versión de los mandos militares que controlan la Capitanía sublevada:

Días después, –transmitiría Gallego Burín- dándose cuenta las autoridades del revuelo que esta muerte había causado, vino una orden probablemente desde el Gobierno Civil, para que el cuerpo de García Lorca fuera desenterrado y trasladado a una de las pozas, una fosa común donde ya había sepultadas treinta víctimas más. El comentario que se hizo a esta orden fue: “Vamos a ver si ahora son capaces de encontrarlo”.

Antonio Gallego Burín afirmó que quien contó con gran orgullo, esta versión de la muerte de Federico, fue uno de los que intervinieron directamente en el fusilamiento.

Refiere Penón que esa misma versión la conoció de Antonio Gallego Morell cuando “me facilitó el poder hacer las copias de las revistas Gallo. Lo que Antonio Gallego Morell me dijo entonces, y que yo apunté fue lo siguiente: que “el lugar de la tumba de Federico en Víznar había sido cambiado por orden de las autoridades

Refiere Penón que esa misma versión la conoció de Antonio Gallego Morell cuando “me facilitó el poder hacer las copias de las revistas Gallo. Lo que Antonio Gallego Morell me dijo entonces, y que yo apunté fue lo siguiente: que “el lugar de la tumba de Federico en Víznar había sido cambiado por orden de las autoridades, que temiendo las consecuencias de aquel asesinato cuando embajadas de otros países y sociedades internacionales empezaron a indagar el paradero de García Lorca, decidieron ocultarlo para impedir que pudiera convertirse en un arma propagandística de enorme valor para el bando republicano.” Concluye que “entonces yo no le había dado importancia a este hecho, porque Gallego Morel también me habló de que García Lorca podía haber muerto con los grupos que resistieron en el Albayzín en julio de 1936, según otra versión. Y creí que en los dos casos eran simplemente rumores. Ahora me parece que puede tratarse de una posibilidad más seria. Estos nuevos datos hacen aumentar aún más la confusión sobre dónde puede estar ahora el cuerpo de Federico: debajo de un olivo, cercano a una piedra o en una de las fosas comunes. ”[17]

Marta Osorio –quien ha editado, como decimos la monumental investigación que viajó en la “maleta de Agustín Penón-[18] se inclina por la hipótesis de la “tumba removida”:

Agustín Penón, tal como él dejó escrito, tuvo muy en cuenta la información que Antonio Gallego Burín, a través de Emilia Llanos, le hizo llegar, de lo escuchado por él en Capitanía a uno de los que habían intervenido directamente en el asesinato de Federico. Algo que por descabellado que pueda parecernos ahora, pudo ocurrir en el clima de odios y venganzas desenfrenados surgidos durante la guerra.
Si este dato que Agustín Penón, por las circunstancias que se daban en España en los años 1955 y 1956, no pudo comprobar, corresponde a la verdad, condensaría en una sola las distintas opiniones que durante tantos años se han dado sobre estos hechos, al dar por resultado: que a Federico García Lorca lo asesinaron bajo el olivo que le señalaron y en sus cercanía fue inmediatamente enterrado, siendo después trasladado, para evitar que su cuerpo se pudiera encontrar, a una de las grandes fosas donde ya estaban los cadáveres de muchas otras víctimas.

Josefina Garrido (Marta Osorio).

Citas bibliográficas:



  • [1] Véanse Las primeras investigaciones de Ian Gibson: La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca, Ruedo Ibérico, París, 1971; Granada, 1936. El asesinato de García Lorca. Ed. Crítica, Barcelona. Las siguientes monografías de Gibson sobre Lorca y sus trágicas circunstancias que le llevaron hasta el fusilamiento por fuerzas sublevadas en 1936 –es decir: Federico García Lorca. Vol. 2 De Nueva York a Fuente Grande, 1939-1936. Ed. Grijalbo, 1987; y El asesinato de García Lorca. Ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1996- se editaron con una circunstancia añadida que el mismo Gibson no aclara suficientemente en sus relatos. Nos referimos a que desde 1979 –y por un espacio de más de diez años- tiene en su poder las investigaciones realizadas por Agustín Penón. Marta Osorio dejó escrito sobre el particular:
“Diario de una búsqueda lorquiana (1955-1956)” fue un libro que pasó desapercibido y que la editorial, seguramente por motivos puramente comerciales, decidió no seguir editando. Y es posible que este resultado pudiera deberse a la manera en que fue editado. Reducidísimos e incompletos los textos de Agustín, con muy pocas fotografías y tan vinculado a la obra del propio Gibson que parecía más una confirmación del trabajo de este conocido y gran investigador que lo que realmente es: una investigación distinta hecha por un investigador distinto.

Después de ocurridos todos estos hechos, William Layton me pidió que me hiciera cargo del archivo de Agustín Penón y que decidiera definitivamente lo que, fracasado el libro, se podría hacer con él.

A partir de 1995 será la propia Marta OSORIO quien trabaje a fondo en los documentos del Archivo de Penón. Los primeros resultados fueron publicados años más tarde con el significativo título Miedo, olvido y fantasía: Agustín Penón. Crónica de su investigación sobre Federico García Lorca (1955-1956). Editorial Comares, Granada, 2000. Se trata de una investigación novedosa que ve la luz, ¡casi cincuenta años de que se redactara!. (En esto, también, Granada es diferente.).

  • [2] GIBSON, I, Granada, 1936. El asesinato de García Lorca, Ed. Crítica, Barcelona, 1979, pp. 209-223.
  • [3] Una recreación de los hechos en VIGUERAS, F., Los “paseados” con Lorca. El maestro cojo y los dos banderilleros. Ed. Comunicación social. Ediciones y Publicaciones, Sevilla-Zamora, 2007.
  • [4] GIBSON, I., op. cit. 1979, pp. 218-220. Los chalets se construirían –de acuerdo a estas manifestaciones- a mediados de los sesenta y el bloque de pisos sobre 1977-1979.
  • [5] OSORIO, M., (Editora) Miedo, olvido y fantasía. Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955-1956). Ed. Comares, Granada, 2009.
  • [6] En opinión de Marta Osorio, la investigación de Agustín Penón “no es lo que se conoce usualmente, a pesar de todos los datos verdaderos y comprobados que se dan en ella, por un trabajo biográfico, ni él quiso que así lo fuera. Es una preciosa aproximación a la obra y a la calidad humana de Federico y a la tragedia de su muerte, recogida de manera más veraz posible, en unos textos en los que palpita la autenticidad del que recoge y muestra un trozo de vida que ya es y forma parte de la historia de esta ciudad, Granada, vid. OSORIO, M., (Editora) Miedo, olvido y fantasía…op. cit. Granada, 2009, p. XVIII.
  • [7] OSORIO, M., (Editora), op. cit. Granada, 2009, pp. 61-65. Relata Penón el asesinato de dos insignes personalidades en la Granada de 1936: el asesinato del director del diario El Defensor de Granada, Constantino Ruiz Carnero y del Ingeniero de Obras Públicas y diputado a Cortes Constituyentes de 1931, Juan José Santa Cruz Garcés.
  • [8] OSORIO, M., op. cit. Granada, 2009, pp. 567-569.
  • [9] OSORIO, M., (Editora), op. cit. Granada, 2009, pp. 405-419.
  • [10] OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, pp. 343-347. Penón describe la zona, según testimonio del dramaturgo José Martín Recuerda, que le lleva a la zona alambrada frente a Fuente Grande, donde décadas después se construyeron pequeños chalets y se plantaron pinos.
  • [11] Agustín Penón recoge un escalofriante “relato de miedo” de uno de sus informantes –en este caso, el testimonio de Blas Ruiz Castillo, su casero en Víznar durante 1955: “Es que a mí me podrían matar en la calle sin que nunca se supiera nada más. Y usted no estaría allí entonces para ayudarme y gritar que se hiciera justicia. Ni nadie se atrevería a averiguar el por qué me habían disparado ni dónde estaba enterrado, como usted está haciendo ahora con Federico; a mí me matarían y se acabó” OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, p.422
  • [12] OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, pp. 422-424.
  • [13] OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, pp. 406-407.
  • [14] OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, pp. 545-546. Emilio Moreno Olmedo confirma a Agustín Penón que el franquismo investigó a finales de los cuarenta o a principios de los cincuenta la “muerte de García Lorca” aunque -parece ser- ni los inspectores tenían interés por esclarecer la verdad ni fueron informados, “solo se les dijo lo que a los mandos de la ciudad les convino. Ya de entrada, eliminaron de sus entrevistas a todo el que podía decirles algo de la verdad. DE AHÍ SALIO ESA FALSA VERSIÓN DE QUE FEDERICO HABIA SIDO ASESINADO POR INCONTROLADOS ANTES DE LLEGAR A VIZNAR. Así se dejaba a salvo la responsabilidad de los mandos al haber autorizado esta muerte. (Miguel Rosales ya me había hablado de la superficialidad y de la frivolidad de estos investigadores).
  • [15] Penón añade más datos en la reconstrucción del lugar del hipotético enterramiento de Federico García Lorca –todo ello, según testimonio de Fernández Mejías-. (Vid.: OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, pp. 545-553):
Las dos fosas pequeñas se encuentran dentro de un área sembrada de pinos que ahora tienen alrededor de siete años, la mayoría han alcanzado ya la altura de ocho pies, aunque algunos se han quedado más pequeños. …Que este pinar se usará como zona de recreo para el hotel. Y que la poza grande, al otro lado de la carretera, QUEDARÁ ENTRE LOS CIMIENTOS DE UNAS CASAS PARA VERANEANTES QUE QUIERE CONSTRUIR COMO AMPLIACIÓN DE SU NEGOCIO.

Cuando mataron a Federico y fue enterrado en este lugar, ninguna de las casas que hay ahora alrededor de Fuente Grande existía. Era todo campo, monte bajo plantado de olivos que rodeaban el manantial donde el agua bruta burbujeante constantemente; los árabes llamaron Aynadamar (fuente de lágrimas), a su orilla crece un árbol gigantesco, de los que aquí llaman plátanos, que esparce una reconfortante sombra…

Fosa nº 1: (En la que parece que hay más probabilidades de encontrar el cuerpo de García Lorca). Medidas tomadas desde el centro de la fosa: 20 metros hacia arriba hasta la actual valla de la carretera; 22’30 metros hacia abajo hasta la acequia; 34 metros hasta el puente de la cañada en la carretera.

Fosa nº 2: 1’10 metros, desde el borde la fosa nº 1 hacia la acequia, cae el centro de la fosa nº 2. Cerca de la acequia el terreno se inclina en un pequeño declive, estas medidas están tomadas siguiendo la inclinación del terreno hasta el borde izquierdo de la acequia.

Fosa nº 3: (La antigua excavación, la mayor de las tres y la que contiene más cuerpos). Medidas tomadas desde el terreno vallado con alambre de espino al otro lado de la carretera y desde el centro de la fosa.; 10 metros hasta el borde la carretera; 9’50 metros hasta los límites de la propiedad.
  • [16] OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, pp.582-585. Según Marta OSORIO el hijo del maestro no fue fusilado y apareció terminada la guerra. Véase al respecto la monografía de VIGUERAS, F., Los paseados con Lorca op. cit.pp. 25-133. Esta versión y localización concreta del lugar de enterramiento coincide con la versión que el mismo Manuel Castilla Blanco ofrece a Ian Gibson, en 1965, diez años después del relato que recoge Agustín Penón.
  • [17] OSORIO, M., (Editora) op. cit. Granada, 2009, pp 454-457, p. 705. En uno de los capítulos de cierre titulado ADIOS A TANTOS AMIGOS, Penón se pregunta a modo de conclusión ¿DÓNDE ESTÁ ENTERRADO? Y se contesta lo siguiente:
Después de varios intentos por encontrar la tumba donde Federico García Lorca puede estar enterrado en los terrenos de monte bajo cercanos a Fuente Grande, en el camino entre Víznar y Alfacar, y de haber depositado en compañía de Emilia Llanos un ramos de flores en cada nuevo sitio que nos fue señalado como la “verdadera sepultura”, creo finalmente poder haber encontrado el lugar exacto, por las varias y diferentes fuentes de información, absolutamente fiables y al mismo tiempo tan independientes entre sí, que no dejan lugar para dudas, y que coinciden en apuntar hacia un olivo solitario bajo el cual Federico recibió los disparos que le causaron la muerte y donde después, en sus cercanías, fue inmediatamente enterrado…Paradójicamente otra fuente de información completamente responsable me ha hecho saber que los restos de Federico García Lorca habían sido secretamente exhumados y trasladados de su tumba original. Y esto es algo que, en las circunstancias actuales, me he visto en la imposibilidad de poder confirmar.

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Rafael Gil Bracero, referente del memorialismo histórico y democrático, profesor de Historia Contemporánea de la UGR, Rafael Gil Bracero es presidente de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica. 

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